viernes, 1 de mayo de 2015

TOTALITARISMO EN VENEZUELA

Ha corrido mucha agua bajo el puente desde mis últimas reflexiones en el Blog de marzo pasado. Hoy 1º de mayo, día de justificado descanso, me dispongo a expresar en estas líneas, renovados sentimientos de preocupación ante el totalitarismo que agobia a Venezuela, arrastrándola a una destrucción progresiva y continuada, sin precedentes en su historia como país independiente.

Hace poco recibí de manos de un amigo, el guion de una interesante charla dictada por Irene Pérez Schael,  inspirada en el libro de Paola Bautista de Alemán: “A callar que llegó la revolución. La imposición del monopolio comunicaciones en Venezuela”. Irene define al totalitarismo como “Un sistema de gobierno perverso que persigue la opresión con afán de dominación, que busca someter a toda la persona, al ser y su quehacer, y controlar la moralidad privada, sometiendo todos los espacios de socialización”, y agrega tres características orwellianas del totalitarismo socialista: “la escasez, un gobierno oligárquico imposible de desplazar del poder, y la manipulación del lenguaje”.

Irene distingue entre dictaduras, como las que por desgracia hemos sufrido en Venezuela en el pasado, y el totalitarismo alienante y destructivo que hoy asfixia a la nación. Citando a numerosos autores, identifica al totalitarismo con el control del Estado a toda la actividad política, económica, social y educativa; sus objetivos de moldear la conciencia para construir un “hombre nuevo”; el encarcelamiento de la sociedad dentro del Estado; y la inexistencia de límites ni restricciones a través de todos los medios: propaganda, terror, encarcelamientos o muerte. En tanto que, agrega, las dictaduras pueden llegar a altos grados de represión, violencia política y corrupción, sin pretender cambiar el sentido de la historia ni conducir a una sociedad hacia el hombre nuevo.

Así, el totalitarismo destruye instituciones o las modifica, cambia los símbolos patrios, se apodera de las instituciones públicas, engaña, viola las normas constitucionales, y concentra en forma absoluta el poder. Impulsa además el monopolio estatal de los medios de comunicación, ejerce el control total de la economía e implanta el terror y el castigo ideológico a la disidencia, ello bajo el barniz de una legalidad sometida a la voluntad y necesidades de un líder. Es lo que en otras palabras analiza el autor Ingo Müller en su obra “Los Juristas del Horror”, sobre el caso de la Alemania nazi.  

Irene agrega  una consideración sobre cómo a través de la comunicación se busca la dominación de la conciencia mediante la propaganda, el adoctrinamiento, la ideología, el lenguaje, la educación y el manejo de la información, todo lo cual necesita del monopolio comunicacional para inducir un cambio de valores, conducta y lenguaje, destruir al adversario, y falsear de la verdad. Es así como en la Venezuela chavista, se ha ido avanzando en estos 16 años hacia una “refundación” de la República, que ha profundizado la marca socialista en nuestra sufrida patria, con dinero, corrupción y aniquilamiento o “invisibilización” del adversario.

Irene hace suyo el planteamiento de la autora Bautista de Alemán, quien plantea la necesidad de resistir al totalitarismo, develando con creatividad las mentiras del régimen, en lugar del sometimiento por miedo, la enajenación o indiferencia, o menos aún el consentimiento a las prácticas del régimen. Esto, apenas resumido en esta líneas, es lo que deplorablemente ocurre en Venezuela, ante la mirada indiferente de segmentos de la población o de gobiernos “hermanos” que se hacen de la vista gorda, con el fútil argumento de la no injerencia en los asuntos internos del país, aunque sea claro que los Derechos Humanos constituyen un valor universal prevaleciente.

Al respecto, el brillante internacionalista venezolano Víctor Rodríguez Cedeño, sostiene en su reciente artículo: “El legítimo derecho a la autodeterminación”, que el Derecho Internacional se ha transformado a raíz del surgimiento de normas jurídicas de rango superior, imperativas, inderogables, como las relativas a los DDHH, respecto de las cuales la  soberanía de los Estados deja de ser absoluta, para constituirse en un tema de interés de la comunidad internacional, la cual debe velar legítimamente por su respeto. Sostiene también Rodríguez que la autodeterminación de los pueblos debe concebirse como el pilar sobre el cual se basan las sociedades nacionales para decidir libremente su futuro como nación, pero con sujeción a normas internacionales preminentes, y no como pretende el régimen venezolano:  “justificar con rigidez el principio de la soberanía, y de esa manera impedir escrutinios externos en materias que relevan de la competencia de la comunidad internacional, como la relativa a los DDHH, violados sistemáticamente por ellos, con el fin exclusivo de imponer un sistema que no es precisamente el reflejo de una decisión nacional de la mayoría”. En ello coincide el analista colombiano Manuel José Cárdenas, en artículo publicado en el Diario Portafolio de Bogotá, titulado “Venezuela y los Derechos Humanos”, el pasado 6 de abril.

El mes que concluyó, marca otra expresión del totalitarismo imperante en Venezuela, entre otros al convertir en burda propaganda la sanción aplicada por Estados Unidos a siete funcionarios violadores de DDHH; su pretensión sin éxito de convertir la Cumbre Interamericana de Panamá en un torneo antiimperialista que lo favoreciera; el desconocimiento a los pronunciamientos de numerosos Parlamentos del mundo, el de 33 ex Presidentes latinoamericanos y de España, el del Club de Madrid, los de organizaciones de DDHH, todos los cuales abogan por el cese de la represión y la liberación de los presos políticos en Venezuela. Ante ello, el gobernante Maduro reacciona anunciando la radicalización del proceso, amenazando a los empresarios, con más represalias contra los detenidos, o anunciando un “revolcón” socialista que al  momento de escribir estas líneas no sabemos en qué consistirá.

Lamentablemente, los claros postulados que en materia de DDHH recogió la Constitución de 1999 en su Título III, entre ellos el “goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos”, la obligatoriedad de “respeto y garantía para los órganos del Poder Público de conformidad con la Constitución, los tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que los desarrollen” (Art. 19), o la jerarquía constitucional de dichos tratados, pactos y convenciones, los cuales “prevalecen en el orden interno en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables a las establecidas en esta Constitución y en las leyes de la República, y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público” (Art. 23), pues bien, ellas se han convertido como tantas otras normas de la Carta Magna en letra muerta, o peor aún en violaciones abiertas por parte del régimen. Especial mención merecen el pronunciamiento de las NNUU sobre derechos humanos en Venezuela y las medidas cautelares adoptadas por la CIDH recientemente en favor de Leopoldo López y el Alcalde Daniel Ceballos, despreciadas olímpicamente por el gobierno.


No es posible cerrar esta entrega sin aludir a la catástrofe económica que se profundiza, en virtud de la demencial política adoptada por el gobierno en materia de endeudamiento, política cambiaria, precios, subsidios, ayudas externas, emisiones inorgánicas para financiar el gasto público, colapso del servicio eléctrico, desabastecimiento propio de una economía de guerra, improductividad, ausentismo laboral, estatizaciones fallidas, persecución y controles totalitarios contra el sector privado, la anarquía y la anomia prevalecientes, y la búsqueda de enemigos externos o internos por la llamada guerra económica, todo lo cual  está conduciendo a la peor debacle económica de la historia, en detrimento de la calidad de vida de la población, la cual se ve forzada a un indeseado éxodo que destruye el talento y la unidad de la familia venezolana. Es casi obvio que no todo puede ser errores o improvisación, sino políticas deliberadas orientadas a pauperizar a la clase media, y acabar con lo que queda de la empresa privada, para implantar el trasnochado totalitarismo estatal, pese al demostrado fracaso que ya se evidencia ante el mundo, reflejado en la ubicación de Venezuela entre los países de peor desempeño económico y de gestión de todo el planeta. Qué inmensa tristeza, apreciados lectores. Buen día del trabajador.  


Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

ENTREVISTA A PEDRO CARMONA E. POR EL SEMANARIO SEXTO PODER DE VENEZUELA

1-      ¿Cómo ha vivido la dura experiencia del exilio?

El exilio supone profundos cambios de vida. Estar lejos de familiares, amigos, recuerdos y raíces, es siempre una experiencia difícil. He sido tratado inmejorablemente en Colombia, país de gente buena y hospitalaria, al cual me siento arraigado y considero mi segunda patria; no obstante, inevitablemente, fuera de la patria se es siempre un extranjero. Esta etapa de la vida la he dedicado a la labor educativa de nivel superior, con intensa dedicación, y ello ha llenado mi existencia de manera enriquecedora y fructífera. He fundado y dirigido programas de postgrado y de alta dirección, y en lo personal no he perdido el tiempo. En estos años he cursado como estudiante una Especialización, una Maestría, dediqué cinco años con éxito a un Doctorado en Economía, y culminé un Programa de Alta Gerencia en Hidrocarburos. Haber vivido esta formidable experiencia académica me ha permitido conocer más profundamente al país que me acoge, al cual retribuyo con dedicación y afecto. Sufro sí mucho, viendo desde la distancia una realidad venezolana desgarradora y trágica, que el país no se merece. 
    
2-      Los hechos de abril de 2002 lo mantienen alejado de su país y de sus seres queridos. ¿Se arrepiente de haber participado?

No es posible dar marcha atrás a las manecillas del reloj. Dice una célebre frase: “Hay tres cosas que no tienen reversa: la flecha lanzada, la palabra dicha, y la oportunidad perdida”. No busqué un papel protagónico el 11 A, como no fuera el de representar a la sociedad civil en medio de una grave crisis política. Pero tampoco me arrepiento de haber intentado salvar a Venezuela de la destrucción moral, institucional y de valores a la cual ha estado sometida. Los acontecimientos de abril de 2002 se derivaron del empecinamiento de Chávez de imponer Decretos Leyes en forma inconsulta en temas vitales para la nación, de optar por la vía de la confrontación y no del diálogo como me cansé de planteárselo, del empeño en desconocer contratos colectivos de los trabajadores, y del deseo vital de convertir a PDVSA en una dependencia política y en caja chica del gobierno, cuyos resultados estamos sufriendo. Y finalmente, de la represión a la manifestación pacífica ocurrida ese día, con el saldo de varias decenas de muertos o heridos, lo cual condujo al desconocimiento militar a las órdenes de Chávez de invocar el llamado Plan Ávila. El 11 A fue así una suerte de tsunami político impredecible, y cuyo curso tampoco pudo anticiparse, proviniendo como dije, de una honda crisis política.   

3-      ¿Cómo fue ese momento en el que se toma la decisión de sacar a Chávez de Miraflores?

La historia es siempre reescrita por los vencedores. La decisión en aquél momento no fue sacar a Chávez por la fuerza. El 11A no se dio una rebelión, como sí la hubo el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, cuando se movilizaron batallones, aviones y tanques para tomar el poder por la fuerza. El 11A el gobierno de Chávez se derrumbó por los hechos anotados, y él se entregó solito a sus colegas de armas, únicos en tener interlocución directa, con la sola presencia ajena en Fuerte Tiuna de los Monseñores Porras y Azuaje. Fue evidente el vacío de poder en ese entonces, y frente a ello, la decisión de formar un gobierno de transición para llamar de inmediato al pueblo a elecciones limpias para la reinstauración plena de la institucionalidad democrática, que ya estaba conculcada, y sin que yo pudiera aspirar a cargo alguno de elección popular.  

4-      ¿Cuándo se dieron cuenta de que el plan no había funcionado y Chávez volvería a Miraflores?

Era predecible que ante errores como la negativa frontal del General Vásquez Velasco de cambiar a ningún comandante del Ejército, incluyendo a la Guardia de Honor de Miraflores, el plan de recuperación del Palacio, bajo las órdenes del General Raúl Isaías Baduel y del Comandante Vietri Vietri, se facilitó. Ambos han experimentado luego en carne propia aquello de que “así paga el diablo a quien bien le sirve”. Pero además, porque fue un error en el estamento militar, la resistencia de varios Generales a que Chávez saliera a Cuba, pues “debía ser juzgado”. Fue ese quizás el error capital del momento. Ello sin desdeñar que algunos se rasgaron las vestiduras en defensa de una legalidad inexistente, y no entendieron que el objetivo único del Decreto de constitución del gobierno provisional era llamar al pueblo, depositario del Poder Constituyente Originario, a decidir en inmediatos y limpios comicios la relegitimación de los Poderes, bajo la supervisión de la OEA como garante de la plena restitución del orden institucional.   

5-      ¿Si tuviera la oportunidad de devolver el tiempo, que cambiaría para haber aprovechado esa oportunidad histórica?

No aceptaría la figura de un gobierno provisional unipersonal sino de una Junta, y habría asegurado la salida de Chávez a Cuba, lo cual no estuvo en mis manos, pues fue una decisión militar previa a la encomienda de formación del gobierno provisional. Prevaleció pues el ambiente emocional sobre el racional, aunque desde luego, de haber salido Chávez a Cuba como se lo pidió Fidel Castro, la intención era desde La Habana incendiar al país y recuperar el poder, pero otras habrán sido las circunstancias.  

6-      Se dijo que a Ud lo querían asesinar. ¿Cómo se enteró de esto?

No sufro de paranoias como los gobernantes de turno, pero dos hechos estuvieron a la vista: al recuperar Fuerte Tiuna, un comando fuertemente armado dirigido por el entonces Coronel Montilla Pantoja, trató de sacarme por la fuerza, lo cual fue frustrado por la actuación de dos Generales; después, el mismo Motilla le comentó a un superior que tenía instrucciones de liquidarme. Otro día, el mismo Chávez comentó que el mesonero que servía el café en Miraflores iba a ser el encargado de darme un tiro. Y finalmente, en mayo de 2002, cuando se pretendió llevarme a la prisión de Yare, sentenciándome sin juicio, hecho que motivó mi asilo diplomático, el domingo siguiente estaba lista una reyerta carcelaria, donde había encargados de atacarme con un chuzo, y en esas circunstancias se habría repetido lo de Fuente Ovejuna “todos a una”.

7-      ¿El gran error fue no sacar a Chávez del país, enviarlo a Cuba por ejemplo?

Como dije, Chávez estuvo dispuesto a salir a Cuba, y Fidel había también preparado desde La Habana un operativo con aviones y diplomáticos extranjeros. Antes, Fidel lo llamó para exhortarlo de que no se inmolara como lo hizo Allende en 1973. Pero como indiqué, varios Generales se opusieron, alegando que el país no entendería que saliera impunemente teniendo las manos manchadas de sangre, todo ello favorecido por un ambiente emocional en Fuerte Tiuna, donde oficiales y civiles gritaban: “No pueden permitir que Chávez se vaya, eso sería una traición a la patria”, o cuando cerraron el aeropuerto de La Carlota, y pusieron obstáculos en la Autopista hacia La Guaira, para impedir que Chávez se fugara. Cuando se produjo el 13A la misión a La Orchila, con un avión a la orden para que Chávez confirmara la renuncia escrita y viajara a La Habana, ya fue demasiado tarde.

8. Muchos caudillos al ser atrapados, han sido asesinados para eliminar cualquier opción de que vuelva. ¿Era esa una opción? ¿Estaba en su poder esa decisión?

Jamás habría dado una instrucción de atentar contra la vida de Chávez. Habría sido contrario a mis principios morales, y además porque podría haber degenerado en una situación como la del 9 de abril de 1948 en Bogotá, con el asesinato de Gaitán. Las Fuerzas Armadas cumplieron cabalmente su palabra de garantizar la integridad de Chávez, quien se encontraba bajo su custodia. Qué diferencia con la actitud posterior del régimen.  

8-      Cuando Ud. hablaba con Chávez, ¿él escuchaba sus opiniones o se mostraba arrogante?

Chávez podía ser una persona cordial en su trato personal cuando lo deseaba, pero intransigente en sus objetivos. Ello condujo al país a un despeñadero. Pocas personas le dijeron a Chávez las cosas con tanta franqueza como yo. Primero persuadiéndolo de la necesidad de un diálogo constructivo, pues tenía en sus manos una coyuntura irrepetible de poder político y económico para transformar al país. Luego, antes de que se promulgaran los primeros 48 Decretos-Leyes por Ley Habilitante, le advertí personalmente que ello significaría la ruptura del diálogo emprendido entre septiembre y noviembre de 2001, y que ello conduciría a un “choque de trenes”. Pero los oídos fueron sordos. Fue así cómo en diciembre de 2001, me correspondió liderar el primer gran paro nacional de 12 horas en protesta por las decisiones arbitrarias del gobierno, y en ese momento llegué a la conclusión de que Chávez quería pasar a la historia no como un estadista que concierta y escucha, sino como un revolucionario disruptivo e impositivo. Finalmente, antes de la crisis de abril, mis mensajes continuos por la televisión eran: “Rectifique, Presidente, se lo pedimos cívicamente, democráticamente”, o clamando porque no se tomaran políticamente a PDVSA, y allí están los resultados. De aquéllos polvos vinieron estos lodos.  

9-      La derogación de la Constitución del 99, la destitución de los funcionarios públicos fueron decisiones radicales que pudieron desatar la ira del chavismo. ¿Pudo haber sido eso un error?

El error consistiría en afirmar que se derogó la Constitución del 99. El gobierno sí venía violando su propia Constitución del 99, al conculcar la independencia de los Poderes Públicos y subordinarlos al Poder Ejecutivo, aprovechando en la transición entre la Constitución del 61 y la del 99, los procedimientos para designar sus integrantes. Los subterfugios fueron muchos, entre ellos la creación de aquél famoso “Congresillo”, al cual en el año 2000 se le dieron poderes supraconstitucionales. El 12A mi juramento estuvo orientado al restablecimiento pleno del orden consagrado en la Constitución del 99. La historia demuestra que en circunstancias excepcionales de la vida de los países, una breve situación de facto puede ser la única vía de salvamento de la democracia. Juzguemos lo acontecido 13 años después, y se verá cómo el 11 A fue una oportunidad perdida para impedir que se llevara a Venezuela al totalitarismo y anomia en el cual se encuentra. Si en 2002 hubiese sido posible elegir en forma limpia a un Parlamento y a un Presidente sensato, como era el propósito único de la transición, Venezuela estaría hoy liderando el desarrollo de América Latina, y no se habrían destruido instituciones, aparato productivo, ni billones de dólares malversados en corrupción, regalos e ineficiencia.       

10-  ¿Considera a Chávez el peor presidente en la historia de Venezula?

Chávez perdió una coyuntura irrepetible económica y políticamente, que habrían permitido transformar profundamente a Venezuela en lo material y en lo social. Pero más pudo la obsesión revolucionaria, y la influencia de su padre espiritual y mentor político Fidel Castro, en marcar sus ejecutorias. Cuba se adueñó de Venezuela, configurando un caso único en la historia universal, en que el país más fuerte financia al más débil para que lo domine. Y los resultados, preñados de fanatismo, de revanchismo contra la disidencia y la iniciativa privada, han conducido al estruendoso fracaso del Socialismo del Siglo XXI que estamos presenciando. Hoy Venezuela está a la zaga, mostrando los peores índices de desempeño del planeta. Ha sido pues un fracaso, que pese a la campaña de mitificación de Chávez que adelanta al régimen, no puede desligar a su figura del balance de destrucción ocurrido en todos los aspectos de la vida nacional. No obstante, su sucesor ha rematado la obra, hundiendo a Venezuela en unas penurias sin precedentes en nuestra historia como nación independiente. Las cifras son ahora peores, pero Chávez es el responsable máximo, incluso de designar a una persona impreparada para sucederlo.    

11-  Ya que se mantiene actualizado de lo que ocurre en Venezuela, ¿cómo ve la situación actual del país bajo el mandato de Maduro?

Maduro no ha sido capaz de entender la gravedad de la crisis económica y social, y cree que con discursos y cadenas de radio y televisión se arreglan los problemas. Pero además se rodea mal, arremete con furia contra la disidencia, incrementa las violaciones a los Derechos Humanos, exacerba denuncias fantasiosas de enemigos externos que quieren derrocarlo, todo ello como cortinas de humo para esconder su pésima gestión. Las penurias de una población carente de todos los bienes y un entorno de inseguridad personal desbordado, hacen que dentro del chavismo cunda la inconformidad y el desconcierto. Muchos ven derrumbarse el régimen y por ello se habla de una hipótesis de golpe del propio chavismo. La imagen internacional del régimen está por los suelos, y con la detención arbitraria de dirigentes opositores y de estudiantes, todo se ha exacerbado, hasta el punto de que sus propios aliados ya no encuentran argumentos para defenderlo.      


12- ¿Alguna vez le ha solicitado al gobierno la posibilidad de volver a Venezuela?

No. No pensaría en volver a la amada patria que nos ha sido arrebatada, si no se produce un cambio. Tampoco pediría clemencia. Prefiero morir en el destierro. Cuando el Diputado Zambrano recorrió varios países hablando con exiliados sobre una iniciativa de amnistía, le manifesté que la mía sería la última de la lista, y que se ocupara con prioridad de casos de alto sufrimiento como los de Simmonovis, los comisarios, la juez Affiuni, o los de Alejandro Peña, Oswaldo Álvarez Paz, Leopoldo López, los estudiantes, y los que han ido agregándose lastimosamente en el camino, como Antonio Ledezma, y ojala no, María Corina Machado. El gobierno ha defenestrado a su antojo a muchos Alcaldes, Diputados, y a quien se le atraviese en el camino. Y en cárceles como “La Tumba” se ha torturado a jóvenes sin piedad, además de tantos otros muchachos que han sido víctimas de la crueldad sin límites del régimen.  

13- ¿Que es lo que más extraña de Venezuela?

La familia, los amigos, ver al país en caída libre en lugar de progresar y ofrecer calidad de vida a sus ciudadanos. Me produce dolor de patria ver la diáspora de los venezolanos al exterior, y la disgregación de la familia venezolana. No hay peor descapitalización para una nación que la del talento humano. Qué espantosa tragedia perder millones de años de formación de nuestra gente, muchos de los cuales no volverán. 

16- ¿Tiene algún mensaje para Leopoldo López, los otros perseguidos políticos y la población venezolana?


Creo firmemente en la juventud, generación a la cual corresponde legítimamente la lucha por el futuro que les pertenece. Leopoldo ha sabido acompañar sus ideales. Contra él se han cometido injustificables atropellos, ignorando las exhortaciones de las NNUU, de los organismos de DDHH y de líderes políticos del mundo. Leopoldo merece la solidaridad del país y de los perseguidos por disentir del absolutismo que se adueñó de Venezuela. Su fortaleza es encomiable, como la de su valiente esposa Lilian. Para él una palabra de aliento, en la seguridad de que sus luchas y sacrificios no caerán en terreno árido.  

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"