sábado, 16 de abril de 2016

ENTREVISTA HECHA POR LA PERIODISTA SEBASTIANA BARRÁEZ, SEMANARIO QUINTO DÍA, CARACAS 15/04/2016

1)    El país está azotado por el problema económico, moral y de inseguridad.  ¿A la luz de la distancia, cómo percibe al país?

El país vive en efecto, la peor crisis económica, política, institucional y moral de su historia. El gobierno se niega a admitirlo, a asimilarlo, pese al estruendoso fracaso del modelo, pero no tiene capacidad para rectificar. Maduro está atrapado en un país colapsado, en quiebra, pero no se atreve a ordenar un giro que lo salvaría, sea por limitaciones, fanatismos, por la influencia cubana, o porque se siente heredero del discurso y políticas populistas del difunto Presidente, que eran solo sostenibles con el chorro petrolero, a las cuales cree que traicionaría si en algo se aparta de ellas. El ala radical que lo rodea le impide también moverse, y todo ello lo sufre amargamente el pueblo, que ha traspasado el límite de la escasez a una situación de hambruna, penurias, muertes por falta de medicinas y carencia de todo tipo de bienes de primera necesidad. ¿Hasta dónde es posible aguantar un cuadro de hiperinflación, depresión económica, desabastecimiento propio de una economía de guerra, colapso de los servicios públicos, inseguridad desbordada, fuga de talentos, envilecimiento del salario, pauperización de la clase media, represión política, corrupción rampante, desconocimiento de la voluntad popular expresada el 6D, y progresivo aislamiento internacional? Nadie lo sabe. Solo sé que es un cóctel explosivo, una olla de presión a punto de estallar, reflejada en un profundo malestar y en el abierto rechazo al régimen gobernante. 
  
2)    Las relaciones de nuestro país con Colombia han tenido altos y bajos momentos. La figura de Álvaro Uribe siempre aparece en el centro de esa álgida relación. ‎En realidad ¿hay  desde Colombia un plan para derrocar al gobierno venezolano?

Es triste ver cómo una relación bilateral que se desarrolló promisoriamente a lo largo de décadas en el marco de la CAN, ha sido destruida por el presente régimen, por políticas económicas incompatibles y porque no se cree en la integración económica como base para la construcción de valor. Fui actor en los esfuerzos de integración andina y latinoamericana, y me duele constatar la destrucción de valor ocurrida. El intercambio colombo-venezolano apenas supera hoy los US$ 1.000 millones, con barreras,  deudas, siendo que hasta 2008, había excedido los US$ 7.000 millones. La frontera lleva 7 meses cerrada, y ello no ha resuelto problemas que ameritan más entendimiento y cooperación entre las autoridades, atacando los males de la inseguridad, el contrabando, el crimen organizado y el narcotráfico. El cierre fronterizo ha agravado el sufrimiento de poblaciones que tienen un carácter transfronterizo, con nexos de sangre, cuyas realidades no son entendidas por el centralismo caraqueño y bogotano. Sobre supuestos planes desde Colombia para derrocar al gobierno venezolano y el presunto involucramiento de Uribe, ello es una de las manoseadas estrategias del régimen para buscar enemigos externos y tender cortinas de humo a su rotundo fracaso. No les doy ningún crédito ni importancia. 

‎3) Dr. Carmona, a usted lo respaldó un grupo de militares que pretendió llevarlo al poder, hoy seguiría considerando que los militares son una alternativa para Venezuela?

La alternativa para Venezuela es la de un gobierno civil, democrático, garante de la Constitución, del Estado de Derecho, de la independencia de los poderes públicos, capaz de aglutinar voluntades para rescatar a Venezuela de las cenizas. La recuperación de Venezuela será ardua, y comprenderá temas álgidos como: a) Reconciliación nacional sin impunidad; b) Reconstrucción institucional del país; c) Desarme de la población, de la delincuencia y de grupos violentos; d) Recuperación económica, productiva, cambiaria, de inversión, derrota de la inflación y puesta en orden de una economía desbarajustada; e) Los militares a sus cuarteles, a cumplir con el mandato legal de ser apolíticos, no deliberantes, subordinados al poder civil y encargados de velar por la paz, la soberanía y la seguridad nacionales; f) Lucha sin cuartel contra la corrupción; g) Reorientación de la política internacional en función de los verdaderos intereses nacionales.
 
4)    Han pasado 14 años desde aquellos días del 11 de abril. ¿Está arrepentido de su participación en aquel hecho histórico? 

Hay momentos de la vida que no se escogen, sino que lo impulsan a uno sin buscarlo, al ojo del huracán. El 11A fue un tsunami político, complejo, inesperado, cuyo único objetivo fue relegitimar los poderes públicos mediante elecciones limpias e inmediatas, pues ya en ese entonces estaban conculcados por el gobierno de Chávez, como parte esencial de su proyecto totalitario. La crisis de abril tuvo un importante detonante en la toma política de PDVSA, en la aprobación arbitraria del paquete de Decretos-Leyes, en la resistencia a la negociación de contratos colectivos pendientes, y en la insatisfacción nacional con el rumbo autocrático que Chávez imprimía a su gobierno. No habría jamás deseado que se desencadenara la crisis, y en aquél entonces fui sincero con Chávez, al advertirle lo que veía venir, y en proponerle un amplio diálogo; pero más pudo su afán revolucionario que la visión de estadista de que careció, con la cual habría evitado el choque de trenes.

5)    Los gobiernos de Chávez y de Maduro han usado siempre como excusa de la crisis económica y política del país lo que sucedió el 11A. ¿No se siente usted en parte responsable  de que Venezuela se mantenga en constante crisis?

El 11A y la crisis actual son una consecuencia de la obcecación del régimen y no una causa. Más consecuencias tuvo en su momento el paro petrolero de 2012-2013. Seamos claros: la crisis económica y política responde al afán oficialista de imponer al país un modelo estatista, controlista, intervencionista a ultranza, empeñado en estatizar y destruir empresas productivas y asumir sin éxito su control, que ha eliminado la autonomía del BCV para convertirlo en financista del gasto público con emisiones inorgánicas, aplicando una absurda política cambiaria controlada y múltiple, y avalando la liquidación de las reservas internacionales del país para proveer de liquidez al Ejecutivo. El gobierno derrochó la bonanza petrolera, apostó por un país sin sector privado y erró costosamente. En lo personal no comparto ese modelo, pues creo en la economía de mercado con responsabilidad social, con una paridad cambiaria única y libre, con estímulos a la inversión privada, precios justos y diversificación productiva. El gobierno arrasó con las exportaciones no petroleras y ha hecho depender como nunca a la economía del sector extractivo. En fin, no me siento responsable de los desaciertos del régimen, a los cuales adverso, pues han llevado al país a la ruina, colocándolo entre los países de peor desempeño económico del mundo, según todos los indicadores mundiales existentes.   

6)    Muchos venezolanos nos seguimos preguntando qué sería de este país hoy si usted se hubiese quedado en el poder. ¿Cómo lo imagina usted?

Habría sido efímero, de 90 a 180 días, apenas necesarios para convocar a elecciones parlamentarias y presidenciales limpias, sin que luego yo pudiera, por expresa voluntad personal, optar a cargo de elección popular alguno. Se habría salvado la democracia, y el país se habría enrumbado bajo los principios de libertad, progreso, respeto al Estado de Derecho, alternabilidad democrática, y estaría ubicado en el sitial de liderazgo que le corresponde en el contexto latinoamericano, mejorando cada día la calidad de vida de sus habitantes. Es triste ver lo contrario: aversión a la libertad, desconocimiento de la voluntad popular, aferramiento al poder “como sea”, persecución política, acosamiento al empresariado, populismo asistencialista que no resuelve los problemas estructurales del desempleo y la pobreza. Resultado: carencia total de bienes y servicios, envilecimiento del poder adquisitivo del salario, pauperización de la clase media, e índices de pobreza superiores al 81%. 

7)    Dr Carmona, ¿qué le pasó a nuestro país para que llegáramos a esta situación donde no hay alimentos, ni medicinas, la atención hospitalaria es cada día más precaria. La inflación, la inseguridad y las colas son las noticias principales? Hay una tendencia, sobre todo entre los jóvenes, de querer abandonar el país. ¿Qué le diría usted a esos jóvenes que quieren irse del país?

Su pregunta está recogida en las anteriores, pero destaco el ambiente de desesperanza, de pesimismo, de angustia que abate el espíritu de tantos venezolanos, por la falta de oportunidades, por las humillantes colas a las que deben dedicar parte de su vida, el desmejoramiento de la calidad de vida, la hiperinflación, y porque Venezuela se encuentra hoy entre los países más inseguros del mundo. Ello pesa en la decisión de muchos de abandonar el país, en un lamentable éxodo, en búsqueda de tranquilidad y de nuevos horizontes. La descapitalización del talento humano es la peor que pueda afectar a un país, pues ha invertido en ello millones de horas de formación que no se recuperarán fácilmente aunque haya un cambio. Cada joven con el cual me cruzo en el exilio me duele, pero comprendo que han sido impelidos al éxodo por fuerza de las circunstancias. Confío no obstante en que un porcentaje de ellos retornará al país cuando Venezuela vuelva a ser como fue, un país de talento creativo y de oportunidades.   



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 12 de abril de 2016

RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DE ROBERT GILLES REDONDO A PEDRO CARMONA ESTANGA

Estimado Robert:

Hoy 11 de abril de 2016, a 14 lejanos años de la crisis política ocurrida en Venezuela cuando eras apenas un adolescente, recibo la carta abierta que con altura me dirigieras, en la cual formulas densos comentarios que motivan esta pronta y no rebuscada respuesta. Valoro mucho los aportes que realizas a través de tus escritos a la formación de opinión en Venezuela y en el mundo, con una calidad intelectual sobresaliente, por lo cual te felicito. Estás como yo en el exilio, aunque en países diferentes, y ambos sabemos de los sacrificios que ello impone, pues lejos de significar exilios dorados representan cambios determinantes de vida, impuestos por las adversas circunstancias políticas del país. A estas alturas de mi vida, como adulto mayor nada habría deseado más  que ver en pleno Siglo XXI a una Venezuela próspera, incluyente, democrática, con familias unidas, e inserta en el mundo global a la par de los mejores países emergentes del mundo. 

Como sabes, la fecha del 11A es utilizada por el régimen como un hito en el cual se pretende distorsionar la historia, victimizarse y a través de un patológico empeño, endiosar la figura del difunto Chávez, habiendo sido el autor indiscutible de este fracasado ensayo revolucionario. La izquierda mantiene una doble moral ante las dictaduras: unas buenas, las de izquierda y otras malas las de derecha, cuando ambas son igualmente malas, y en igual sentido manipula los hechos políticos a su conveniencia. Así, los dos intentos de golpe de 1992 contra el gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez son para ellos fechas de exaltación patriótica, ocultando que fueron violentas rebeliones militares armadas, causantes de numerosos muertos, heridos, y daños a la institucionalidad. Pero cuando se trata de los acontecimientos del 2002, en que se derrumbó el régimen tras la masacre de Puente Llaguno y se produjo un vacío de poder, se insiste en cuestionar hechos que fueron tan inesperados como complejos. Y como señalas, a la hora de la verdad, actores militares o civiles escondieron luego la mano y me endosaron las culpas, que no eludo, lo cual no me quita el sueño, pues es consustancial a la frágil condición humana achacar la responsabilidad de todo fracaso a otros, sin admitir cuota alguna, individual o como parte de la sociedad como conjunto. Siempre tengo presente la frase atribuida a Napoleón Bonaparte: “La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana”.

El hecho es que con errores u omisiones propias de un verdadero ”tsunami” político, ante el vacío de poder provocado por la renuncia de Chávez comunicada al país por el General Lucas Rincón y el Alto Mando Militar, y la desaparición del gobierno de la escena, se intentó formar un gobierno provisional a cuya presidencia fui llamado sin buscarlo, con el único objetivo de relegitimar los poderes públicos, ya en ese entonces conculcados por el proyecto totalitario de Chávez, ello a través de rápidos comicios que serían convocados en 90 días para el Parlamento y en 180 días para la Presidencia, bajo la supervisión internacional de la OEA para garantizar el pleno restablecimiento del orden constitucional, y sin que yo pudiera por disposición expresa, optar posteriormente a ningún cargo de elección popular.

El régimen juzga con doble moral los hechos del 11A por violatorios de la Constitución, aunque tenían asidero en el artículo 350 de la Carta Magna, pero promueve con desparpajo violaciones continuas a la misma, fraudes electorales, subordina los poderes públicos a la causa revolucionaria, ideologiza a la Fuerza Armada, y desconoce sin rubor la voluntad popular, impidiendo que la AN ejerza sus atribuciones constitucionales, a través de su nuevo brazo político: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado en forma írrita por la AN saliente, en diciembre de 2015. El régimen justifica ahí sí sin pudor sus ejecutorias, empujando al país a una grave crisis político-institucional, de consecuencias aún impredecibles. Un oscuro y oportunista jurista, el Sr. Herman Escarrá, ha aconsejado a Maduro promover una enmienda para acortar el período de la AN, en una de las más lamentables cabriolas políticas de los anales de la historia. Eso sí es triste, pasar a la historia como un vendido o traidor, caso que no es único en el chavismo.  

Como comentas en tu carta, la actual crisis nacional no tiene precedentes. Mientras esto escribo, se conoce la declaratoria de inconstitucionalidad dictada por el TSJ a la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional aprobada por la AN, como antes lo hizo con la del BCV y otras. Maduro no tiene recato en ordenar públicamente al TSJ tal declaratoria, ni ese órgano en arrodillarse ante el Poder Ejecutivo, pues fueron designados para eso, para obedecer, siendo que para los áulicos del régimen, la revolución está por encima de la Constitución y de las leyes, y que según el dúo Maduro-Cabello “jamás entregaremos el poder“. Bien anotas que la recolección de firmas en la calle en contra de la Ley de Amnistía, valiéndose del hambre y las penurias del pueblo ha sido un acto denigrante, sin justificación moral alguna. El gobierno sigue sembrando la cultura del odio, y también del ocio, y estimula con sus políticas la mediocridad educativa, la ordinariez, y la castración del talento. Es la naturaleza totalitaria del chavismo, como en la fábula de Esopo en que un escorpión le pide a una rana que lo ayude a cruzar el río prometiendo no hacerle daño. La rana lo sube a sus espaldas pero a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Esta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo cual el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza".

Coincido en que el ejercicio de la fuerza por parte del gobierno en un ambiente de miseria coacciona al pueblo, no obstante lo cual no les resulta posible ocultar el inmenso rechazo nacional, a niveles que lo hacen tambalear peligrosamente. Maduro, movido por los Castro y por los grupos radicales del régimen no solo desconoce la voluntad popular ante la AN, sino que estira la cuerda a límites extremos, amenazando con la insurrección popular si perdieran el poder. Es “vox populi” que en el seno del chavismo crecen las opiniones que se inclinan por una salida de Maduro para evitar el derrumbe del régimen, pero el CNE, como apéndice que es del gobierno, elude los trámites de convocatoria a un referéndum revocatorio, pues si se realiza este año habría elecciones, en tanto que si ocurre el próximo año asumiría el Vicepresidente Ejecutivo por el resto del período constitucional.

En lo económico, ningún ser pensante en el mundo atina a comprender cómo por incompetencia, fanatismo y falta de transparencia, el país ha sido llevado a la bancarrota, a la hiperinflación, a la destrucción del sector privado, el colapso de los servicios públicos y la implantación de una economía de guerra, donde el nivel de desabastecimiento global se acerca al 85%, incluyendo alimentos, medicinas, artículos de aseo, y hasta ataúdes para que los muertos descansen en paz. La moneda nacional está envilecida, y con ello el poder adquisitivo de los salarios, sin que se entienda cómo un país rico en recursos esté sometido a tan humillantes colas. Las reservas internacionales se agotan y se empeñan los lingotes de oro para obtener algo de liquidez inmediata. Como indicas, el país se está acabando de muchas maneras y por muchas vías. Varios analistas consideran que se ha producido un estallido del Estado. A manera de ejemplo, el sistema eléctrico nacional está colapsado por improvisación, empresas como Sidor tienen tres meses sin producir una tonelada de acero, las comunicaciones de larga distancia han sido suspendidas por las empresas internacionales, muchas líneas aéreas cancelan sus vuelos al país, otras excluyen de sus estados financieros las operaciones en Venezuela, y al final, todo ello se traduce en una triste cifra: el 81% de los venezolanos se encuentra en situación de pobreza. Se ha pretendido erróneamente construir una sociedad sin propiedad privada, y lo demuestran las masivas y fracasadas expropiaciones, y la negativa a promulgar la ley de titularización de viviendas otorgadas por el gobierno a los estratos populares, pues así dispone de una herramienta más de coacción y chantaje, potenciando al Estado como empresario, interventor, empleador y proveedor de asistencialismo, no para resolver los problemas estructurales de la pobreza, sino para mantener subyugadas a las clases menos favorecidas, pieza clave de la estrategia del gobierno.

En cuanto a la rampante corrupción, apreciado Robert, algunos analistas estiman que el saqueo perpetrado al patrimonio nacional supera los US$ 300 millardos, con billonarias cuentas de un largo listado de figuras del chavismo en el sistema financiero internacional, sin hablar del regalo a causas políticas afines como las de Podemos en España y los países del ALBA. ¿Es acaso concebible que un país en quiebra y con hambre siga regalando petróleo y dinero a Cuba y a los países del Caribe? ¿No es natural que el país reaccione ante tamaña ignominia? ¿Y qué decir de las actividades de narcotráfico y lavado de activos que compromete a altos funcionarios, oficiales de la FA y hasta miembros del entorno presidencial? Las investigaciones internacionales seguirán ampliando lo que apenas aflora como la punta de un “iceberg”. El libro de Tablante y Tarre: “El Gran Saqueo”, aporta suficientes elementos de juicio a ese respecto.

Ha llegado el momento, estimado Robert, de elevar la voz, de salir a la calle sin violencia, y de propiciar por medios constitucionales un cambio de orientación política, en favor de lo cual se expresó el pueblo el 6D. He afirmado sin reservas que hay que otorgar un voto de confianza y de apoyo a la AN en una crisis tan delicada y profunda, pero si la Asamblea no fuese capaz de hacer valer sus atribuciones y defender el mandato popular, sería también desbordada por la crisis.

Bien dices que este régimen, sin talante democrático, aferrado al poder “con todo” (Maduro dixit), y amenazando con insurrección, no sale del poder por medios democráticos. Eso lo sentí en carne propia en meses anteriores al 11A, cuando le insistí con genuina vehemencia a Chávez  sobre la necesidad de un diálogo para evitar una crisis política e institucional de alcances insospechados. Pero Chávez quiso pasar a la historia como un revolucionario, disruptivo, que impone, y no como un estadista incluyente y de diálogo. Por ello, la resistencia activa no violenta ante las decisiones ilegítimas del régimen, la toma de la calle por medios pacíficos, las vías legales para el cambio de régimen, y la desobediencia civil a las atrocidades del régimen, lucen como único camino de salida.

Los presos políticos, los exiliados, los perseguidos e inhabilitados claman por la restitución de su libertad y derechos. Los medios de comunicación asfixiados por la hegemonía informativa del Estado  o la falta de papel, sucumben sin poder comunicar al país noticias y opiniones críticas. La comunidad internacional es cada vez más sensible a los crecientes atropellos al Estado de Derecho, en especial por la situación de los detenidos políticos y el intento de cercenamiento a las facultades de la AN, como ya lo hicieron con Gobernadores y Alcaldes incómodos para el régimen.

Pero a la vez, Robert, notables acontecimientos están ocurriendo en nuestro entorno regional. Gústeles o no, el sol comienza a brillar de espaldas a los regímenes de izquierda radical, por su incapacidad para atender las necesidades de los pueblos, por el abuso de poder, por su aversión a la libertad, y por tantos robos y atropellos. Los socialistas de convicción ven con horror cómo la carta de presentación del Socialismo del Siglo XXI es la de estruendosos fracasos, a la cabeza de los cuales se encuentra el cuestionable ejemplo de Venezuela. De allí que los resultados del 6D en nuestra patria, el triunfo de Macri en Argentina, la negativa boliviana a la reelección indefinida de Evo Morales, la crisis política en Brasil asociada a la corrupción en Petrobras y el PT, y los recientes balances comiciales en Perú, donde dos movimientos de centroderecha se disputarán la segunda vuelta, hagan recordar las palabras del difunto Chávez parafraseando las Sagradas Escrituras: “El que tenga ojos que vea; el que tenga oídos que oiga”.

Comparto tus inquietudes sobre la pasividad de muchos venezolanos. Creo con convicción en el papel vital que le corresponde a la nueva generación de venezolanos a la cual perteneces, en la construcción del futuro, y admiro el arrojo de tantos jóvenes que han sacrificado sus carreras y hasta han ofrendado sus vidas, por la libertad del país. Pero no considero justo colocar sobre sus espaldas el pesado fardo de sacar al país del marasmo en el cual está sumido, y frenar el inconmensurable costo del éxodo de más de un millón de venezolanos al exterior. A ello deben también responder las generaciones maduras, y quienes por acción u omisión permitieron que el país fuese llevado al difícil trance en el cual se encuentra, impensable hace tan solo 18 años.  

En fin, estimado amigo, el 11A se trató sin éxito de salvar al país de esta tragedia. En esa fecha no eludí, bajo el riesgo de mi integridad personal y de mi vida, la responsabilidad de tratar de impedir la actual crisis múltiple que agobia al país, y que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada. Comparto tu observación de que ya no es del caso mirar hacia atrás, como no sea para aprender de los errores. Eso sí, el tiempo transcurrido confirma que ante una dirigencia gubernamental corrupta, sin escrúpulos ni compromiso democrático alguno, cuyo único objetivo fue llegar al poder por la vía electoral para demoler la democracia desde adentro, apoderarse del botín, pauperizar a la clase media, sembrar la lucha de clases, destruir la inversión y la iniciativa privada, establecer un modelo de estatismo exacerbado, de entrega al país a los cubanos y de privilegio a intereses foráneos, todo ello explica por qué en ese difícil y distante abril, la forma elegida para salvar la democracia fue detener el proyecto castro comunista del régimen, para llamar prontamente al pueblo, en su condición de depositario del poder constituyente originario, a limpias elecciones para la relegitimación de los poderes, y de esa forma enrumbar de nuevo al país por la senda de la libertad, prosperidad y democracia. Venezuela no estaría como ahora a la zaga del mundo, sino a la cabeza del liderazgo de América Latina, y nuestra población estaría disfrutando de un merecido y justificado nivel de bienestar y de progreso.

Con amistad y sincera estima,

Pedro F. Carmona Estanga
Bogotá, 11 de abril de 2016

“Para la verdad el tiempo, para la justicia Dios”.


CARTA ABIERTA A PEDRO CARMONA ESTANGA, DE ROBERT GILLES REDONDO

Estimado Doctor,

Me es grato dirigirme a Usted en un aniversario más de los hechos de abril de 2002 que le condujeron de forma temporal a la silla de Miraflores, convirtiéndose en el 49° Presidente de Venezuela de facto

Sobre esos hechos de infeliz memoria para tantas familias que perdieron a sus seres queridos en las calles de nuestro país, no quiero hablar. La historia habrá de juzgar con razón esta época y los hechos que han sobrevenido en el camino, en la angustiosa búsqueda de libertad del pueblo venezolano. 

También la historia tendrá que dejar clara la responsabilidad de los actores del 11 de abril, especialmente la del fallecido Hugo Chávez y sus colaboradores, así como la responsabilidad moral de muchos opositores que, aferrados a intereses de diversa índole, cometieron errores que hoy no podemos sino lamentar.

Debo decirle que soy enemigo de esa tendencia que le ha satanizado en filas opositoras, yo también y por otras razones lo he sido, es parte de la dinámica política de estos últimos 17 años. Es normal que el chavismo tenga dedicación exclusiva a esa tarea porque fue el hombre que no dejó en limpio el expediente del fallecido comandante, el que le devolvió con el apoyo de la sociedad civil la misma estocada que en 1992 él le había dado a la democracia. Pero, la diferencia entre lo sucedido el 4 de febrero y el 11 de abril es abismal. Para entonces Venezuela sólo atravesaba una crisis circunstancial y se hubiese decidido temporal de la democracia; en 2002 Venezuela ya había hecho presidente al líder de aquella intentona golpista y el país se encaminaba de forma temprana a este precipicio en el que nos encontramos: el del Estado fallido, el del hambre, la miseria, la violencia sin control (política y social) y la penetración del narcotráfico como política de Estado. Curiosamente, al hacer la aclaratoria sobre la satanización a la que regularmente es sometida su persona, recuerdo cuántos de esos opositores participaron de forma activa en esos hechos que tras la renuncia de Hugo Chávez, “la cual aceptó”, el vacío de poder generado y el acuerdo del conglomerado de actores para que Usted asumiese la Presidencia. Muchos pues decidieron lavarse las manos, excepto Usted que como me dijo en Bogotá durante una conversación hizo lo que tenía que hacer.

Pero no quiero caer en la tentación de hablar más sobre el 2002. No fui arte ni parte de esos hechos, 
entonces apenas tenía dieciséis años.

El tema central que he querido abordar en esta misiva de carácter público es la situación actual de nuestra lejana patria venezolana que halla hundida en la peor de sus crisis. Lo que se vive es inédito, tanto así que al escribirle tengo presente la imagen de unas personas recogiendo agua en plena avenida Andrés Bello de Caracas porque en sus casas no tienen desde hace tiempo y reviso un vídeo que registra el momento en que una Alcaldía reparte bolsas de comida a cambio de firmar contra la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, aprobada recientemente por la Asamblea Nacional. Sin detallar en los casos de linchamientos y quema de personas en las vías públicas que, lejos de ser un acto de justicia con un delincuente, es prueba explicita de una muy grave crisis moral que ha sido auspiciada por el régimen chavista desde siempre al demostrar que aquel que puede debe hacerlo sin importarle nada. La política de fuerza a la que sido sometida la sociedad venezolana empieza a dar frutos.

Frente a este drama la promesa de cambiar el rumbo este 2016 nos llevó a elegir una nueva Asamblea Nacional en el diciembre próximo pasado y a cuatro meses de funcionamiento ha sido propuesto como mecanismo para echar a Maduro del poder que usurpa: el referéndum revocatorio, la enmienda y la reforma constitucional, así como la exigencia de su renuncia. Y la constante promesa de la movilización nacional en la calle.

La respuesta del régimen no se ha hecho esperar. Ha ejercido control pleno y descarado para que los actos legislativos de la Asamblea Nacional sean anulados en su totalidad por la Sala Constitucional del tribunal supremo de justicia y más recientemente ha llamado a sus muy escasos seguidores a una rebelión permanente contra este Poder del Estado, elegido democráticamente. Incluso el Ministro de la Defensa ha tenido el tupé de inmiscuirse públicamente en asuntos de carácter civil como el tema de la Ley de Amnistía, hecho que viola Constitución Nacional y denigra a la institución armada cuya obediencia a la institución civil es vital para el funcionamiento democrático de una República.

La verdad es que Nicolás Maduro, de dudosa nacionalidad, no tiene más respaldo que el de la cúpula militar y el tribunal supremo, como se ha venido advirtiendo. 

El pueblo se acabó, se consume diariamente en las colas que hay para adquirir los escasos productos que todavía quedan en el mercado. Habrá de recordar que se habla de hasta un 90% de desabastecimiento a nivel nacional. Sumado a ello está el trágico desabastecimiento de medicinas de todos los niveles que configura, sin lugar a duda, una verdadera crisis humanitaria que pocas personas pueden comprender en su verdadera dimensión y gravedad. De hecho, la falta de comprensión de lo que vivimos, de lo que fuimos y de lo que seguiremos siendo es responsabilidad de la apatía que mayoritariamente ha tenido y tiene la sociedad venezolana. Si bien es cierto que muchos están conscientes de la necesidad de salir de Maduro, muy pocos entiende que más que una necesidad (incluso de carácter histórica) es también y principalmente una conditio sine qua non para la existencia misma de la sociedad en el futuro inmediato. Porque sí es cierto que el país no va a desaparecer como se pregona hoy en día para reclamar esperanza en este momento, pero la aunque el territorio venezolano no desaparezca literalmente, puede acabarse de muchas otras, como por ejemplo la temida profecía popular de una guerra civil como desenlace de esta pesadilla. Nuestro país realmente se está acabando de muchas maneras.

Y es en medio de esta pesadilla donde las nuevas generaciones mantienen vivo el deseo de encontrar respuestas a sus más sentidas interrogantes sobre el futuro inmediato de la nación. Aunque la realidad nos obligue a estar resignados y a sentirnos aherrojados. Tales interrogantes podrían ser respondidas al paso con cualquier frase de consuelo-esperanza, pintoresca o no, como las que sentencian año tras año que “a diciembre no llegan”. Pero en el fondo sabemos que el carácter de la crisis venezolana significa también que las opciones –todas- para salir de ella son de carácter aporético (inviables en el orden racional), de ahí que sigamos alimentados por la falsa promesa mesiánica de salidas mágicas. ¿Significará esto que estamos atrapados?

Acaso ¿será que a los venezolanos nos tocó escenificar durante mucho tiempo aquel poema del nicaragüense Rubén Darío? un país:

 “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto y no saber, ni de dónde venimos, ni adónde vamos”.

De allí nace, estimado doctor Carmona, mi convicción sobre la importancia de su voz en el ágora de la discusión, todos los venezolanos, de aquí o allá están en la obligación de elevar su voz y no permanecer indiferentes. Pese a la satanización. Pese a todo, incluso pese al ímprobo pensamiento del exilio. La respuesta no puede ser que debemos estra tranquilos porque el país no se acaba nunca, porque “siempre los protagonistas sobreviven hasta el final de la película”. Aunque hay tristes ejemplos de que no siempre es así. En La vida es bella, excepcional pieza cinematográfica, el sacrificio del protagonista era necesario para el futuro de su hijito. El Dr. Emanuel Tanay, psiquiatra superviviente del Holocausto, habla sobre este tipo de actitudes y pone como ejemplo su propia historia y la de su pueblo en el inicio de la  barbarie nazi:

“…Y así las cosas, la inmensa mayoría se sentó a dejar que todo sucediera, y antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado…”.

Los venezolanos no podemos seguir esperando sentados que todo suceda. “Lo importante es pensar con claridad y abandonar toda esperanza”, como dejó escrito Albert Camus. Este tiempo tiene que ser para cada uno de nosotros una apasionante entrega y una firme decisión para luchar contra este adverso destino que sufrimos, lleno de peligros, manteniendo la dignidad y la libertad de nuestras consciencias, siendo solidarios con un mensaje claro que no signifique esperanzas mesiánicas o milagrosas porque nuestro camino es sólo para venezolanos decididos a luchar adentro o fuera del país.

Así, en la postrimería de este mensaje (si puede llamarse así), creo que debemos que desconfiar de las profecías de cuatro esquinas que advierten el final de lo que ya es-supuestamente- insostenible. Los lamentos bíblicos ya no tienen mayor sentido, es cierto, porque estamos denunciando un modelo que nunca existió y que hartamente prometió la destrucción desde el principio. No se vale generar expectativas sobre una salida inmediata al drama, las expectativas insatisfechas son causa de peores males. Mejor será comenzar por aquel cambio que no precisa para su realización de un cambio de gobierno ni del derrocamiento de una dictadura y que es, a lo sumo, el mayor ejercicio del bendito artículo 350 constitucional: ciudadanos en libertad que bajo el imperio de la ley, que no ejerce el Estado, luchan digna, pacífica y democráticamente en cada calle de Venezuela. La salida de este tipo de regímenes, excepto unos escasos ejemplos milagrosos, no es en votaciones, es a través de grandes movimientos de calle, insisto de forma pacífica y muy bien articulados.
Por más cárceles que haya y grandes represiones, la libertad es un don que nunca se pierde realmente. Cohesionando a los ciudadanos en un movimiento de calle muy bien organizado, estaremos iniciando el problema de fondo de nuestro país desde siempre: el sistema. Sistema que ha condenado a los ciudadanos a ser masas sin forma que viven su cotidianidad, sin mayor compromiso que el de respirar y trabajar para sobrevivir.

11 de abril de 2016
Robert Gilles Redondo