miércoles, 4 de abril de 2012

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Se conmemoran diez años de la crisis política del 11 de abril del 2002. El régimen gobernante, ante la proximidad de los comicios del 7 de octubre, se esmerará en convertir dicha fecha en un acto proselitista más. Vociferarán, siempre mirando hacia atrás, afirmando que se trató de un golpe de Estado de la derecha pro imperialista, y la letanía de que después del 11 A hubo un 13 A, refiriéndose al retorno “triunfal” del caudillo, tras la renuncia que yo presentara ante el país ese último día, a la encomienda de formar un corto gobierno de transición. El objetivo era, valga recordarlo, llamar al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a decidir el destino de la nación, eligiendo rápidamente a una Asamblea Nacional que tendría a su cargo la relegitimación de los poderes públicos, ya en ese entonces subyugados por el Poder Ejecutivo, y realizar luego elecciones presidenciales, sin que por expresa disposición, pudiera yo ser candidato. Mal se ha dicho que se pretendió derogar la Constitución de 1999, pues mi juramento estuvo explícitamente dirigido a rescatarla, tras un brevísimo período de facto.

En un documento que escribí hace un año, inserto en mi Blog bajo el link: http://pcarmonae.blogspot.com/2011_04_01_archive.html, intenté aclarar dudas e imprecisiones sobre los acontecimientos de abril, que merced a la propaganda oficialista o a la desinformación, han flotado en el ambiente. El régimen, con su poder mediático sigue hablando de golpe, cuando se trató de un vacío de poder, y ha tenido el descaro de atribuir los muertos de Puente Llaguno a la oposición. Pero el mundo fue testigo de quiénes fueron sus autores, y la sangre de los caídos clama aún por justicia. La sistemática mentira oficialista movió a la contratación de periodistas europeos para elaborar un documental que se ha proyectado en el mundo, destinado a falsear la verdad, y a colocar al régimen en el papel de víctima. Otros me adjudican la responsabilidad exclusiva de una oportunidad perdida, bajo una visión simplista, pues sin eludir mis ejecutorias, fueron momentos de una compleja crisis política, en que ocurrieron errores, omisiones y debilidades tanto en el ámbito castrense, como de quienes con ingenuidad o mala fe contribuyeron a erosionar la provisionalidad. No había en ese momento otro propósito que no fuera restablecer el orden constitucional bajo supervisión internacional, para salvar a una democracia secuestrada por la insaciable sed de poder del gobernante. ¿Habría sido acaso posible lograr una transición de salvamento democrático con instituciones controladas por el oficialismo, o era legítimo llamar al pueblo a definir el destino de la nación, al amparo del artículo 350 de la Constitución? Diez años después, los hechos hablan por sí solos, y con respeto por los juicios críticos, hay que valorar con la mano puesta en el corazón, cuán lejos ha llegado el régimen en su afán de imponer un proyecto castro-comunista que era previsible desde 1998, y si el 11A era posible actuar con total apego jurídico ante un orden institucional vulnerado, o se justificaba la apertura de un efímero período de facto para salvar a un sistema político amenazado, en la actualidad agonizante.

Hoy rememoramos la masacre del 11 A de manos de militantes oficialistas contra una marcha pacífica, que jamás hay que olvidar. Como tampoco, que Chávez quiso ir más lejos al invocar el Plan Ávila, cuya aplicación habría supuesto el uso de armas de guerra contra una población indefensa, al más puro estilo sirio. Está documentado en los videos de ese día, que el único dirigente de la sociedad civil que trató infructuosa pero insistentemente de impedir que la marcha llegara a Miraflores fue quien esto escribe. Luego, los desacatos militares a las órdenes del presidente desencadenaron la crisis que llevó a la anunciada renuncia de Chávez por parte del más alto vocero militar, “la cual aceptó”. Pero no es menos cierto que, como balance, se perdió una oportunidad que a todos duele, pues la acción de la sociedad civil, del sector militar, de la Iglesia, de profesionales y venezolanos del común, no condujo a la salida deseable. Vale por tanto recordar algunos de los hechos que, entre tantos, contribuyeron al revés de esos días:

a)      En el estamento castrense prevaleció una corriente, alentada por las emociones del momento, que se opuso a la salida de Chávez a Cuba en la madrugada del 12 A, alegando que debía ser juzgado, y ello motivó que el presidente renunciante permaneciera en territorio nacional bajo custodia de la F.A. Pocas horas después, desde la Base Naval de Turiamo, Chávez negaba su renuncia en un fax que logró hacer llegar a todas las guarniciones del país, estimulando un reflujo de fuerzas en cuadros medios y en el grupo liderado por el General Baduel, hoy preso de Chávez. Desde mi óptica, ese fue el error que sentenció el fin de la provisionalidad.

b)      La ausencia de un plan previamente estructurado, la incomprensión sobre el Decreto y un alud de acontecimientos no previstos, dificultaron transmitir con claridad al país el propósito de la provisionalidad de llamar a elecciones parlamentarias en 90 días y presidenciales en 180 días, bajo la supervisión de la OEA, invocando la Carta Democrática Interamericana, para que dicho organismo sirviera de garante de la restitución del orden constitucional. No llegó tampoco a conocerse en su totalidad, la decisión de conformar un equipo de gobierno integrado por valiosos profesionales independientes, y un Consejo Consultivo de la presidencia, con participación de las principales organizaciones políticas.

c)      La irreparable pérdida de tiempo el 12 A para consolidar la unidad de mando en la Fuerza Armada, pues hubo divisiones en el seno del Ejército, hasta que el día 13 en horas de la tarde, fue posible conformar un Alto Mando que lo garantizara, y ubicar al más antiguo General del Ejército al frente del Ministerio de la Defensa. Hay quienes aún cuestionan la designación inicial de un Vicealmirante en dicho Ministerio, pero fue la opción válida del momento. A la caída de Pérez Jiménez en enero de 1958, la Junta de Gobierno estuvo presidida por un Contralmirante, y su integración debió modificarse a las pocas horas, dadas las reacciones que generó la inclusión de algunos oficiales del Ejército en su seno. Todo ello está explicado en el libro “Mi Testimonio ante la Historia”, cuya venta fue prohibida en Venezuela por acción de una jurista, pero cuyo texto puede hallarse en el Blog:  http://www.pcarmonae.blogspot.com/2011/03/mi-testimonio-ante-la-historia-pedro.html

d)      La actitud de algunos analistas hacia la provisionalidad, aún antes de conocerse el Decreto de conformación del gobierno de transición, pese a que luego se haría pública la intención de conformar un amplio Consejo Consultivo de la Presidencia, y se invitaría a un dirigente de la principal central sindical, la CTV, a ocupar la Vicepresidencia Ejecutiva, amén del compromiso de celebrar rápidas elecciones y de respetar los derechos humanos, políticos, laborales, y los de Gobernadores y Alcaldes. Algunos actores se rasgaron así las vestiduras por una legalidad inexistente, pues el régimen se había deslegitimado a raíz de la elección espuria de integrantes de varios de los Poderes Públicos, la conculcación de su independencia, y la aprobación arbitraria de Decretos-Leyes, algunos de rango superior, al amparo de Leyes Habilitantes. Con todo, el día 13 de abril se rectificó el Decreto original para llamar al Parlamento a que sesionara y definiera el destino de la transición. Cuando reapareció el Vicepresidente Diosdado Cabello, quien permanecía oculto, y fue juramentado por el Presidente de la Asamblea Nacional, yo ya había renunciado y acaté dicha decisión, aunque el juramento no fue tomado en sesión plenaria de la AN. Es apenas una conjetura que hubiese existido un acuerdo en grupos de parlamentarios para darle legitimidad al gobierno provisional.

e)      La politización de PDVSA, marcada por la designación de una Junta Directiva no meritocrática afín al presidente, y la destitución de numerosos funcionarios de la empresa, constituyó el principal detonante de las protestas que desembocaron en el paro y la gran marcha del 11 A. Posteriormente, Chávez reconoció públicamente que había provocado deliberadamente la crisis de PDVSA. Los temores de ese entonces han quedado confirmados con el tiempo: PDVSA fue tomada políticamente, convertida en caja chica del gobierno, y su gestión financiera y operativa han quedado gravemente comprometidas, en contra de los intereses nacionales.

f)       La febril actividad desplegada desde La Habana por Fidel Castro, primero para solicitar a Chávez que no se inmolara como Allende, luego para ofrecerle asilo y encarecerle que no firmara su renuncia para intentar desde Cuba soliviantar al pueblo y recuperar el poder, y finalmente, al no materializarse el viaje del presidente a Cuba por la decisión castrense, Castro realizó insistentes llamadas a Generales venezolanos para conminarlos a restituir al mandatario en el poder, acción explicable no sólo en defensa de su pupilo, sino para asegurar el apoyo económico vital que se le brindaba, el cual ha seguido incrementándose en años posteriores. Dicha acción estuvo acompañada por la solidaridad de algunos movimientos y medios de comunicación ligados al Foro de Sao Paulo.

A diez años de distancia, pese al interés oficialista de mantener latente un 11 A reescrito a su conveniencia, es bueno recordar que al reasumir funciones, Chávez prometió con un crucifijo en la mano rectificar en todo cuanto fuese necesario, y la creación de una comisión de la verdad sobre la masacre de ese día. Nada de ello fue cumplido. El diálogo iniciado bajo la conducción de José Vicente Rangel constituyó una burla, como fue una burla la mesa de diálogo que funcionó entre agosto y noviembre de 2001, encabezada por el Ministro Giordani, en virtud de mi insistencia en nombre de Fedecámaras ante el Presidente Chávez. Dicho  esfuerzo culminó con la imposición de 48 Decretos-Leyes en temas vitales, hecho que marcó el inicio de una etapa de protestas con el paro nacional de 12 horas que lideré en nombre del empresariado el 10 de diciembre de 2001, al cual se sumó el 90% del país, ante la ira e incredulidad del Jefe del Estado. En ese momento comprobé que Chávez quería pasar a la historia no como un estadista sino como un revolucionario, y que su talante democrático era inexistente.  

Hay que recordar además que el Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia dictada en agosto de 2002, que tanto perturbó a Chávez con gruesos insultos al TSJ, obligando a la posterior derogatoria de la misma, no sólo se reconoció que el 11 A ocurrió un vacío de poder, sino que respecto a la transición, expresó lo siguiente:

“…como ya se dijo, una vez que se anunció por el General en Jefe la renuncia del presidente y del Alto Mando Militar, todo el País tenía el derecho y la obligación de creer tal como sucedió con la OEA, que en Venezuela existía crisis en el poder ejecutivo por carencia de titular de la Presidencia. Fue en esas condiciones cuando los militares anunciaron el nombramiento del Presidente provisorio. Evidentemente que carecían de competencia para esa actuación, aun cuando por mandato legal se les deba reconocer la buena fe en su actuación y no puede la Sala aplaudir ni silenciar esa conducta por mucho que se acepte que estuvo preñada de buenas intenciones.

Ahora, si no existía Presidente en ejercicio y antes se habían producido los graves acontecimientos que los militares como móvil de sus pronunciamientos; que la OEA condenó tal y como lo hiciera este Alto Tribunal, no puede decirse que con ello se pretendía impedir u obstaculizar el ejercicio de un poder ejecutivo sin titular, ni alterar el orden y la paz interior de la nación, que ya se había roto por elementos exógenos a los imputados. Más aún, afirmó el general Vásquez Velazco e hicieron público los medios de comunicación social, que al no conseguir a ninguno de los llamados a suceder al Presidente en caso de falta absoluta, llamó al Presidente de este Tribunal para preguntarle si a él, correspondía la asunción de ese cargo pero éste le aseguró que tocaba al Vicepresidente.

Esta forma de actuar, claramente evidenciaba que no era su intención la toma del poder sino la de restaurar la paz interior y la buena marcha de las instituciones ya que de lo contrario, no se puede explicar esa pregunta”.

Ha llegado el momento de dar vuelta a la estratagema gubernamental de mantener la mira puesta en el pasado, y de asumir sin complejos el revés del 11 A, pues lo que se pretende es seguir tendiendo cortinas de humo, dividir a las fuerzas democráticas, y esconder el trágico balance de una crisis múltiple de 13 años de gobierno, expresada en un revanchismo exacerbado, la cubanización del país, la construcción de estrechas relaciones con nefastas dictaduras del mundo y cercanías con las FARC y el ELN, el armamentismo, la siembra de odios y lucha de clases, la inseguridad y anomia prevalecientes, la destrucción del aparato productivo y de la infraestructura, la crisis de los servicios de electricidad y agua, la exportación del Socialismo del Siglo XXI, el aberrante endeudamiento, la venta de petróleo a futuro, y la pretensión de aplicar un Plan Socialista 2013-2019 para asegurar la irreversibilidad del proceso. Son hechos de gravedad suficiente para no embestir más el trapo rojo del 11 A, como no sea para recordar a las víctimas de la masacre oficialista.

Hay que asumir el presente y el futuro, evidenciando ante el mundo cómo el régimen conduce al país a su antojo, sin rendición de cuentas ni apego a las más elementales normas del Estado de Derecho. La democracia no consiste solo en elecciones, que son manipulables, sino en la legitimidad en el desempeño. El de Chávez es un gobierno arbitrario con espíritu totalitario, ineficiente, corrupto y despilfarrador de recursos públicos, que destruye y divide en lugar de dedicar sus energías a la tarea constructiva; que ha comprometido como nunca la soberanía nacional ante Cuba y otros países; que barrió con las instituciones, y que pretende abolir el modelo republicano consagrado en las constituciones desde que Venezuela es nación independiente. Gómez y Pérez Jiménez fueron déspotas censurables, pero al menos se rodearon de gente preparada, pusieron orden en la economía, crearon instituciones, garantizaron seguridad al común de la población, y construyeron obras públicas. El daño causado al país por el prolongado régimen chavista es inconmensurable y se proyectará por décadas en lo económico, social e institucional. Hay que admitir no obstante, una cuota de responsabilidad de la sociedad venezolana, al haber tolerado que el proyecto totalitario avanzara sin pausa, bajo la falacia oficialista de que la revolución está por encima de la Constitución, que todos los poderes deben estar a su servicio, que Cuba y Venezuela conforman una sola nación, y por no haber exigido con firmeza cambios en las reglas del juego, para garantizar el respeto al voto.

Considero que el reto que hoy enfrenta el país es aún mayor que el de abril de 2002. La vía electoral no representa el cambio normal de un gobierno democrático a otro, sino la sustitución de un sistema totalitario marxista por uno apegado al Estado de Derecho, y a una economía de mercado socialmente responsable, lo cual implica serias complejidades. Es por tanto indispensable: 1) Garantizar una sólida unidad en las fuerzas democráticas de cambio. 2) Contrarrestar el ventajismo oficialista, exigiendo depurar el Registro Electoral Permanente, y organizando la defensa del voto mediante un eficaz operativo de testigos en todas las mesas electorales, para acopiar las actas y facilitar el conteo rápido de sufragios. 3) Generar confianza entre indecisos y chavistas desencantados respecto al futuro de una Venezuela sin Chávez, para desvirtuar la consigna de que si no es Chávez habrá guerra o caos. 4) Sembrar en el alma de los venezolanos un mensaje de no violencia, contrario al que transmite a diario el discurso presidencial y de sus allegados, aunado a la acción de grupos de choque que intimidan a la población y tratan de impedir que el candidato de unidad visite los barrios populares, y así estimular la abstención. 5) Prepararse para escenarios de alta complejidad política, dada la acción de quienes pretenden perpetuarse en el poder o enguerrillar al país, ante lo cual solo un amplio acuerdo nacional permitiría neutralizar la potencial acción desestabilizadora. No hay que olvidar que Rómulo Betancourt enfrentó con éxito entre 1959 y 1964 los embates de la lucha armada pro cubana y de la extrema derecha nostálgica del perezjimenismo, y ello fue posible gracias al denostado Pacto de Punto Fijo, el cual es un referente bajo realidades históricas distintas, como lo fue la concertación nacional en Chile después de Pinochet, en cuyo contexto la estadista Michele Bachelet,  víctima de la dictadura, asumió el poder sin resentimientos expresando: “el pasado nos divide, el futuro nos une hacia la construcción de un gran porvenir”.         

Un análisis sobre los retos principales de un gobierno de cambio en Venezuela, fue recogido en mi Blog:  http://www.pcarmonae.blogspot.com/2012_01_01_archive.html.

En pocas semanas cumpliré también 10 años de exilio, que han significado un profundo cambio de vida, y pese a haber sufrido en carne propia las flaquezas de la condición humana, he recogido una enriquecedora experiencia académica y profesional en el país hermano que me brinda humanitaria protección conforme al Derecho Internacional, ante la falta de garantías al debido proceso, a la legítima defensa, y al riesgo que corría mi integridad personal. Me satisface haber sido investigado por el régimen desde que fui concebido, y que se me ataque políticamente pero no moralmente, pues hay detrás una trayectoria de vida limpia, de principios, y de suprema valoración a la vida, incluyendo la de Chávez, ahora y en el 2002. No podría decirse lo mismo de quienes se aferran patológicamente al poder, con cerca de 160.000 muertos por la inseguridad que campea en el país, que han arrasado las finanzas públicas, amén de cientos de presos políticos, exiliados, un país de inmigrantes convertido en uno de emigrantes, y las graves limitaciones impuestas a la libertad de expresión y de información. Recuerdo que Teodoro Petkoff expresó a César Miguel Rondón en una entrevista el 12 A, que si bien los poderes recibidos el 12 A lucían excesivos, consideraba que yo era un hombre prudente y sensato, y que confiaba en que sabría ejercerlos con buen criterio. Pero la Fiscal Ortega Díaz sigue hablando de órdenes de captura contra la disidencia, existiendo tantos delincuentes allegados al régimen protegidos en solidaria camaradería, en tanto que Diosdado Cabello, el mismo que desapareció el 11 A, y  a quien se atribuye tanto poder económico, anuncia que leerá de nuevo en la Asamblea Nacional la lista de firmantes del Decreto de constitución del gobierno provisional, para atacarlos y descalificarlos. 

Si se perdió una importante batalla en abril de 2002, no se ha perdido la guerra contra el totalitarismo. Produce perplejidad la destrucción provocada por un régimen militarista, ideológicamente fanatizado, que no cree en instituciones sino en la consigna “ceresoliana” de “caudillo, ejército, pueblo”, y que ahora impone como saludo militar el: “bolivarianos, revolucionarios, antimperialistas, socialistas y chavistas”, en un insólito empeño de politizar a una institución que constitucionalmente está al servicio de la nación y no de persona o parcialidad política alguna, sembrando en ella el más pernicioso culto a la personalidad del gobernante. El régimen se apega también a la dialéctica marxista de que el fin justifica los medios, pero ha desperdiciado una oportunidad histórica irrepetible, para colocar a Venezuela a la vanguardia de América Latina. Siento por ello íntima tranquilidad al definirme como un disidente, aunque sin activismo político. Mal me sentiría si fuese o hubiese sido cobarde o apático, sin negar que si pudiese dar marcha atrás al reloj, algunas cosas haría de manera diferente. Pero cuando se está ante un tsunami, no hay opción para decisiones sosegadas, ya que todo es arrasado por su furia.

Para fortuna de los venezolanos y del mundo, se ha abierto un rayo de luz de esperanzas en torno al proceso electoral del próximo 7 de octubre. Pese a las inmensas asimetrías derivadas del ventajismo oficialista, no es imposible un triunfo electoral, si el país reacciona como lo hizo en procesos previos en que fue capaz de derrotar al poderoso aparato oficialista. De esa manera, no sería por un acto de Dios que no deseamos, dada la precaria salud del presidente, pues además implica riesgos de que se erijan mitos políticos futuros, sino mediante una avalancha de votos, o la resistencia pacífica y constitucional, que se rescate la democracia en Venezuela. De ser así, ni la poderosa maquinaria propagandista del chavismo, ni el discurso de que la revolución llegó para quedarse, o la compra de conciencias y de encuestas, serían capaces de acallar la voluntad popular.  

Escribo estas reflexiones durante la Semana Santa. Ello me mueve a invocar con fe al Dios Todopoderoso, para que vuelva los ojos sobre la sufrida patria, y le restituya, con el necesario tesón del pueblo, el don preciado de la libertad.

“Cuando los pueblos están en riesgo de desaparecer por obra de los hombres o de las instituciones, el grito de alarma es sagrado; someterse o callar no es solo debilidad, sino un delito público”. Julio César Salas, Venezuela, 1919.

"Cuando me desespero, recuerdo que a través de la Historia los caminos de la verdad y del amor siempre han triunfado. Ha habido tiranos, asesinos, y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero, al final, siempre caen", Mahatma Gandhi.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 3 de marzo de 2012

NUEVAS ESPERANZAS

Entramos en el mes de marzo, con la rapidez de la vida arrolladora de nuestros tiempos. En apenas siete meses, Venezuela enfrentará una crucial coyuntura en que deberá optar por la alternabilidad democrática y un cambio de sistema, o adentrarse en la etapa más oscura y costosa de su historia contemporánea. Y es que lejos de avanzar, el país retrocede sin pausa, y ello lo reflejan indicadores que lo ubican entre las naciones de peor desempeño del planeta, llámese el índice mundial de competitividad, o los de libertades económicas, corrupción o criminalidad, en el cual Caracas ocupa la triste segunda posición en el hemisferio. Faltaría un índice no existente: el del culto a la personalidad, pues Hitler, Stalin, Mussolini, Mao, Kim Il Sung, su hijo Kim Jong-Il, o Fidel Castro que ya no gobierna, se quedan pálidos ante escenas ignominiosas como la conmemoración de los 20 años del fallido intento de golpe de Estado de Chávez contra Carlos Andrés Pérez, o las de la “amorosa” despedida del pueblo con motivo del viaje a La Habana, por razones de salud. 
En la campaña electoral de 1998, muchos se engañaron con las banderas de Chávez de lucha contra la pobreza y la corrupción, ambas abiertamente incumplidas. En efecto, ante la pobreza, se ha destruido abundante empleo digno, producto de la falta de inversión y de la destrucción del aparato productivo, sin que el Estado sea capaz de sustituir el papel motor del sector privado. De otra parte, las costosas e ineficientes misiones han sido apenas limosnas que están lejos de resolver los problemas estructurales, además de generar perversas formas de subyugación de la voluntad popular, dado su componente ideológico y excluyente. Y en cuanto a la lucha contra la corrupción, duele decir que el país enfrenta una descomposición sin precedentes, alentada por la complicidad oficialista con sus seguidores, y por la abolición de la rendición de cuentas. El Poder Moral quedó en el papel y desapareció la función contralora, en violación a la Constitución de 1999, la misma que era proclamada como “la mejor del mundo”. El dogma de que la revolución está por encima de la Constitución, y de que todos los poderes deben estar al servicio del régimen, han afianzado la impunidad en quienes manejan recursos públicos, entre ellos las cajas negras o “fondos” a través de los cuales el Jefe del Estado dilapida cuantiosos montos sin control, mientras en el resto de la actividad pública, casi no hay decisión en que no estén de por medio lucrativas comisiones. Recuérdense como ejemplo, las denuncias de un ex Embajador argentino en Venezuela sobre cómo las operaciones del comercio bilateral enriquecen a camarillas de ambos gobiernos, o los vergonzosos casos del maletín Kirchner, la importación de alimentos a través de PDVSA, las especulaciones con bonos de la deuda pública, la compra de armas, y las divisas de CADIVI, entre tantos.
En cuanto a la inseguridad personal, muchos creyeron que un gobierno militarista garantizaría el orden y la seguridad, pero lamentablemente el régimen ha conducido al país a una situación de anomia, sólo comparable con la época de las montoneras del siglo XIX. ¿Son acaso pocos los 150.000 crímenes ocurridos en los últimos 13 años, o los asaltos y secuestros que siembran el terror en la población venezolana y la someten a un toque de queda? ¿O el estímulo a la formación de bandas o grupos paramilitares que operan con armas entregadas por el propio gobierno? La grave situación no sólo afecta a las clases pudientes sino a los pobres, que lloran amargamente en las puertas de las morgues y de las cárceles la muerte de sus seres queridos. Durante las dictaduras de Gómez o Pérez Jiménez, hacia quienes no siento admiración alguna, al menos la gente del común podía dormir con las puertas abiertas, y sus bienes estaban resguardados. Pero ahora el país vive el peor de los mundos: totalitarismo con caos. Pero, ¿olvidamos acaso que un día el líder del proceso expresó que robar por hambre no era delito? ¿O es que se piensa que la tolerancia ante el crimen produce réditos políticos ante los más desposeídos?
Pero no quedan allí los problemas, pues la economía continúa en franco deterioro. No sólo por la afectación del aparato productivo, que continuará merced a nuevas leyes intervencionistas y limitativas de la propiedad, sino que el endeudamiento asciende ya a cerca de los US$ 150 millardos, y porque se sigue echando mano de recursos de PDVSA y del Banco Central, llevando las reservas operativas al equivalente de dos meses de importaciones, amén de la hipoteca con las ventas a futuro de petróleo a China, y la injustificada compra de armamentos a Rusia. La economía se ha “descuadernado”, y la inflación se alimenta con un desbordado gasto público, sin que sea excusa que en el pasado haya existido inflación. Miremos más bien a las largas décadas en que Venezuela exhibió una estabilidad económica envidiada por el mundo. Y como si fuera poco, ahora el país debe vigilar el manejo de las reservas internacionales por parte de los caporales de la hacienda Venezuela, pues no es inverosímil que pretendan vender lingotes de oro, o como se rumora, que una parte sea trasladada a Cuba, lo cual constituiría un delito de lesa patria.
Pero nació una esperanza. El pasado 12 de febrero, 3.100.000 votantes otorgaron a Capriles Radonski el mandato de liderar la alternativa democrática de cara a los comicios del 7 de octubre. Capriles no es el candidato de oligarcas, imperialistas o golpistas (¡oh caradurismo!), sino de millones de compatriotas de todos los estratos e ideologías, que pese al impúdico ventajismo oficialista, se volcarán a las urnas en esa fecha, para rescatar la libertad y la democracia. Que Dios conceda salud al Presidente para que abandere el continuismo de su proyecto marxista, del cual el país está cada día más decepcionado. Así lo creemos las personas de bien, que privilegiamos el valor supremo de la vida sobre el de la muerte. Y de paso, que ello desmienta la absurda afirmación de que en abril del 2002 se iba a atentar contra la vida de Chávez -como sí lo pretendieron los golpistas del 4F de 1992 respecto del Presidente Pérez- pues ni por mi mente habría pasado jamás semejante exabrupto, ni las FAN habrían deshonrado el compromiso de garantizar plenamente su integridad personal.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 7 de febrero de 2012

ENTREVISTA DEL PERIODISTA RICARDO ANGOSO A PEDRO CARMONA, PARA LA REVISTA CAMBIO 16 DE ESPAÑA.

Introducción de Ricardo Angoso, periodista entrevistador.

La reciente retirada del candidato presidencial Leopoldo López, quien era uno de los favoritos en las elecciones primarias previstas dentro de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), despeja el camino para la casi segura elección –según las encuestas publicadas hasta la  fecha– del gobernador Henrique Capriles como candidato para disputar con Hugo Chávez la presidencia de país. Las elecciones presidenciales, previstas para octubre de este año, se celebrarán en un momento crucial para el régimen que enarbola como bandera al “socialismo del siglo XXI”, debido, sobre todo, a la inesperada enfermedad del máximo líder y al agravamiento de los problemas internos. Una vez retirado López, que era visto con grandes esperanzas por algunos sectores venezolanos pero con escasas posibilidades de derrotar a Chávez por varias razones, quedan en la escena política frente a Chávez el abogado Pablo Pérez, el sindicalista Pablo Medina, la ingeniera María Corina Machado, el exembajador Diego Arría y el ya citado Capriles. La elección del candidato será el 12 de febrero y, una vez elegido, todos los demás postulantes, tal como se ha previsto y salvo sorpresas, cerrarán filas en torno al ganador. ¿Será así? Veremos. La salida de López de la nómina de candidatos y su apoyo a Capriles no es algo desdeñable, pues sumaba en las encuestas un capital político que se situaba alrededor del 15 por ciento, y contribuye a clarificar el escenario. Una vez que Capriles salga elegido, pues por ahora no se perfila nadie que le pueda hacer sombra, a la oposición le esperan ocho largos meses de campaña muy duros, en donde las provocaciones, la manipulación informativa y la violencia –habituales armas del régimen chavista– estarán al orden del día. La disputa estará muy reñida, ya que la popularidad de Chávez sigue alta, aunque el debate de fondo sigue siendo la verdadera gravedad de la enfermedad del presidente y máximo caudillo. El cáncer del presidente se ha convertido en el epicentro de la vida política venezolana, ya que de su evolución depende, en gran medida, el futuro de la revolución bolivariana. Un régimen tan caudillista como el de Venezuela gravita sobre su máximo líder y las condiciones en que se produjera una posible sucesión, bien por defunción precipitada o por un agravamiento que provocara el relevo, están más presentes de lo que parece en el interior del movimiento que apoya a Chávez. Al parecer, cuentan los analistas venezolanos, el régimen está dividido entre los halcones que apoyan a Adán Chávez, verdadero ideólogo del régimen y consabido comunista, los pragmáticos que apoyarían al canciller Nicolás Maduro, un duro pero sin ideología conocida aunque muy cercano a los intereses de Cuba, y los izquierdistas de corte democrático que se decantarían por el vicepresidente Elías Jaua. Cualquiera de estos tres candidatos, si Chávez se apartase de la escena por cualquier razón, tiene serias posibilidades de suceder al controvertido caudillo, aunque no descartemos que finalmente llegue a las elecciones de octubre y así no se abriría la siempre compleja batalla sucesoria. Capriles tendrá que batirse con Chávez o bien con cualquiera de los ya citados postulantes. La campaña será larga, dura y, previsiblemente, sucia. El descarado ventajismo con el que juega el régimen, el monopolio informativo del oficialismo y el control del aparato electoral, junto con el descarado clientelismo con que cuenta a merced del manejo del dinero procedente de la industria petrolera, hacen que sea una lucha absolutamente desigual. Enormes retos y desafios Gane quien gane, sea del oficialismo o de la oposición, lo único que queda claro es que el próximo presidente tendrá que gestionar el colapso generado después de trece años de ineficacia, ineficiencia y despilfarro de los recursos públicos. El país sufre una profunda parálisis en lo económico, sobre todo por la dependencia de los ingresos del petróleo, e importa el 95 por ciento de lo que consume. No se produce nada de nada y Venezuela ocupa el último lugar en la recepción de inversiones extranjeras en América Latina. Hay cortes de luz periódicamente, suspensiones en los servicios públicos y el transporte, como el Metro de Caracas —antaño orgullo de todos los venezolanos—, también se ve interrumpido numerosas ocasiones, por citar tan sólo algunos ejemplos del caos cotidiano en que se vive. Luego está la inseguridad ciudadana, que han convertido a este país en uno de los más peligrosos del mundo; en la última década se han producido más de 100.000 homicidios y el pasado año la cifra alcanzó los 20.000. Solo en la ciudad de Caracas es normal que un fin de semana la cifra se acerque al centenar y el fin de año hubo 94 homicidios, una cifra escalofriante para una ciudad de apenas seis millones de habitantes y que ya es más peligrosa que Kabul o Bagdad, con tasas de homicidios incluso más bajas que la capital venezolana. Mención aparte merece el abandono generalizado de las infraestructuras, en una nación donde en los últimos años no se construyó nada y, lo que es peor, ni se reparó, con lo cual cuando uno atraviesa este antaño próspero país se tiene la sensación de estar circulando por un paisaje abandonado tras un ataque nuclear. Carreteras intransitables, baches –o cráteres– sin asfaltar desde hace años, puentes a punto de caerse, desprendimientos inesperados en casi toda la red vial y edificios abandonados a medio construir, junto un sinfín de escenas indescriptibles que conforman la realidad venezolana, hacen de Venezuela un país casi abatido por una guerra. Necesitará de un auténtico proceso de reconstrucción nacional si de veras quiere convertirse en un país del siglo XXI. A este cuadro que le espera al próximo presidente se le viene a unir la corrupción y la opacidad en las cuentas públicas por parte del régimen y del mismísimo presidente Chávez que pone y dispone de los fondos del petróleo al servicio del proyecto bolivariano y de los países de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), pero especialmente para Cuba y Nicaragua, cuyas ruinosas economías son financiadas a golpe de talonario. En fin, gane quien gane, la herencia por recibir será nefasta y fruto de una tragedia que dura ya casi tres lustros.



CAMBIO 16. 13 febrero 2012, Nº 1 800, internacional
Pedro Carmona: Economista y ex Presidente de la patronal venezolana. Desde su exilio colombiano, que comenzara hace ya una década, analiza la difícil coyuntura que atraviesa su país y el próximo desafío electoral que tiene ante sí la oposición, a la que advierte que debe ir con un solo liderazgo para derrotar a Chávez en las urnas.

RA:  Qué argumento tiene para sostener que Venezuela se cubaniza?
PC: Los hechos hablan por sí solos. La presencia de contingentes cubanos en Venezuela ha sido creciente, en sus inicios en los campos de la salud y educación, pero se ha extendido a sectores estratégicos como la seguridad e inteligencia; las notarías y registros; la identificación y extranjería; la protección del presidente, las llamadas “misiones” y, la sala situacional del Palacio de Miraflores, donde se gestan las decisiones cruciales del régimen. La cubanización es así una realidad que configura la mayor cesión de soberanía de la historia nacional, insólitamente justificada en el hecho de que ambos países conforman un solo proceso con objetivos comunes. Actualmente, se entregan a Cuba 112.000 barriles diarios de petróleo, que se dicen compensados por los 60 a 70.000 cubanos que prestan servicios en el país. Además, existe una relación de dependencia afectiva del presidente Chávez con Fidel Castro, líder indudable del proceso revolucionario cubano. El propio Chávez lo menciona como su maestro y mentor, e indica que gracias a él, ha podido avanzar en su proceso revolucionario.

RA:  Le he visto muy pesimista en sus últimos artículos con respecto a las próximas elecciones. ¿En qué se sustenta para serlo?
PC: No soy pesimista, trato de ser realista y de advertir que las reglas electorales están distorsionadas por el absoluto ventajismo oficialista. La oposición no tiene otras armas que las legales y electorales. Se requiere mayor firmeza en la denuncia del fraude, y garantizar el respeto al voto. A manera de ejemplo, la oposición no tiene acceso al padrón electoral, donde estarían ocultos varios millones de votos fantasmas, y el árbitro, el Consejo Nacional Electoral está integrado por afectos al régimen. Los especialistas coinciden en las máquinas electrónicas son susceptibles de manipulación, y por último, el régimen coloca a su servicio todos los recursos del Estado. En estas circunstancias, la lucha es asimétrica; el presidente y sus acólitos, incluyendo a la cúpula militar, afirman que se mantendrán en el poder hasta el 2031, que no aceptarán un gobierno de oposición, o que la vía electoral no es el único medio, pues la lucha armada no es descartable. Estas ilegales expresiones siembran temores e incertidumbre, y son la razón de mis interrogantes de cara al futuro.

RA: Hay quien dice que lo que está en juego en Venezuela en las próximas elecciones es quién gestiona el colapso del país. ¿Comparte esa lectura de la realidad venezolana?

PC: El panorama económico del país en el mediano y largo plazo es inviable. Solamente con altos precios del petróleo y mayor deuda es posible tapar el agujero fiscal, subsidiar, regalar dinero a otros países con fines políticos, y mantener el gasto público como centro de la economía. Hoy, el país es más dependiente que nunca del petróleo; el 95 por ciento de las exportaciones son petroleras, con sólo el 5 por ciento de no tradicionales. Como se requiere más caja, el Gobierno vende petróleo a futuro a China, en lo que constituye una hipoteca de primer grado para las nuevas generaciones de venezolanos. Por otra parte, la aplicación de estricto control de cambios plantea a las empresas privadas problemas para acceder a las divisas requeridas para el giro de sus negocios. Ello explica las crecientes importaciones, el desabastecimiento y la mayor inflación de toda América Latina, en promedios cercanos al 30 por ciento.

RA: ¿Cómo ve la salud de la oposición, más concretamente de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)?

PC: Ha ido evolucionando en términos alentadores. El registro de los candidatos y su campaña muestran voluntad de unidad y ella es un requisito sine qua non para enfrentar a ese complejo cuadro. El 12 de febrero de 2012 es la fecha crucial de las elecciones primarias, y a partir de allí, el “líder único” oficialista, Chávez, tendrá un contendor. Hace pocas semanas se celebraron dos refrescantes debates entre los seis precandidatos opositores, bajo una visión amplia a la cual los venezolanos estaban desacostumbrados, ante el pensamiento único del gobernante. No obstante, la candidatura única es un requisito necesario pero no suficiente. Se requiere estructurar un programa común que convenza al amplio segmento de indecisos y a quienes están preocupados porque las condiciones desfavorables en las que juega la oposición sirvieran sólo para legitimar a un régimen cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa.

RA: ¿Qué balance hace de la situación económica que vive el país?
PC: Muy compleja: continúa el proceso de progresivo endeudamiento del país, con una menor producción petrolera. Las condiciones para la inversión privada son cada vez más adversas, por una parte, por las masivas expropiaciones industriales, agropecuarias y de servicios. Más recientemente, se aprobaron nuevas leyes que restringen más las libertades económicas, como la Ley de Costos y Precios Justos, o una Ley Inmobiliaria que debilita seriamente el concepto de propiedad privada. El Estado venezolano avanza indetenible en la intervención de la economía, generando más desconfianza. Si ya había un nivel alto de desinversión por la obsesión expropiadora del Gobierno, las empresas sobrevivientes son más vulnerables al cierre o quiebra, lo cual agravará la situación del empleo, y la dependencia del sector petrolero. Pero al Gobierno sólo parece interesarle crear un Estado omnipotente e intervencionista, con el agravante de que muchas de las empresas estatizadas han dejado de ser productivas o eficientes.


RA: ¿Cree que de aquí a las elecciones la enfermedad de Chávez va a ser un elemento clave en el debate?
PC: Circulan muchos informes y conjeturas sobre la salud del presidente, y es indudable que si hubiera un agravamiento ello influiría sobre el proceso electoral de 2012. El Gobierno adelantó las elecciones para el mes de octubre, ante cualquier eventualidad, pues es clara la prioridad del régimen de asegurar la continuidad, incluso con un plan B si las cosas se complicaran, con influencia cubana, dada la dependencia de ese país de recursos venezolanos y el control que ejerce en los pasos estratégicos del régimen. Muchas encuestas muestran que un porcentaje considerable de la población le da su confianza a Chávez, pero que una clara mayoría cree que el presidente no debe permanecer más allá de los 13 años que ha gobernado, ello desde luego si hubiese elecciones limpias y no se intimidara al pueblo a cambio de dádivas o empleos.


RA: ¿Parece, no obstante, que la proyección exterior del régimen se ha debilitado, quizá incluso a cuenta de la enfermedad?

PC: Creo que sí, no solo por las violaciones sistemáticas al Estado de Derecho, la corrupción y la falta de independencia de los poderes públicos, sino por hechos internacionales como el desprecio por las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y las firmes alianzas tejidas con oprobiosas dictaduras en el mundo. La comunidad internacional sabe que las reglas de juego democrático son precarias en Venezuela, pero el poder del dinero y del petróleo puede más que las convicciones. La democracia es sólo un barniz útil en Venezuela. Hubo legalidad electoral en el origen en 1998, pero no existe legitimidad en el desempeño democrático, como lo establece la ahora “incómoda” Carta Democrática Interamericana de la OEA.


RA: ¿Parece que hay una crisis de lo que usted denominó un día como la ‘franquicia chavista’?

PC: Está circunscrita a los países del ALBA. Incluso en países de América Latina donde ha triunfado la izquierda prevalece el centro o centro-izquierda moderado, y no el radicalismo chavista, como ocurre en Brasil, Chile, El Salvador, Perú, Uruguay y hasta en Argentina, con sus particularidades. Creo que ese giro de la izquierda marca ciertas distancias con Chávez, aunque todos tratan de obtener beneficios económicos de su generoso y dilapidador bolsillo.


RA: ¿Cómo ve, en general, la salud democrática del continente?

PC: Con sensibles deterioros en los casos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y ahora Ecuador, donde se limita la libertad de prensa y proliferan los actos autoritarios. El caso de Nicaragua es insólito, pues mediante una violación constitucional avalada por órganos abyectos al Gobierno, se permitió la candidatura del presidente Daniel Ortega, y luego se perpetró un fraude electoral, denunciado por la oposición. En Guatemala, por el contrario, se realizaron elecciones limpias, que han llevado al país a un cambio de tendencias políticas, y en el caso del Perú, donde había muchas dudas, se aprecia por ahora una tendencia a preservar el sostenido desarrollo de la última década. Preocupa sí que la región se haga la vista gorda con el cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, lo que la ha convertido en letra muerta, y que, en otras instancias, Unasur y la CELAC se confeccionen nuevos textos que enfatizan sólo en las elecciones, y no en la legitimidad democrática de los gobiernos.


RA: ¿No tiene que ver esa tendencia con un desinterés de los Estados Unidos hacia los problemas de la región?

PC: No es algo propio de este Gobierno, sino que ya antes, en el de Bush, se percibía una débil visión estratégica respecto a América Latina, algo inconveniente que debería modificarse en los próximos años. Estados Unidos carece de una visión estratégica clara con el continente. Los recientes TLC con Panamá y Colombia, son positivos, pero faltó congruencia con la condición de Colombia como aliado estratégico de tantos años.

RA: Eso quizá lleve a los países del Continente a buscar nuevos mercados, ¿no cree?
PC: Es una tendencia que estimulará la diversificación exportadora de estas economías, como ha ocurrido en Chile y Perú, que se proyectan a Asia en forma clara. México, por el contrario, no puede escapar de la gran interrelación económica con su vecino Estados Unidos. Colombia se esfuerza ahora en la diversificación de mercados hacia el mercado asiático, y los de la Unión Europea, EFTA, Estados Unidos, Canadá y América Latina. Pero Chile representa el mejor ejemplo de apertura y diversificación exportadora de la región.

jueves, 26 de enero de 2012

LOS RETOS DE UN GOBIERNO DE CAMBIO EN VENEZUELA

Con el nuevo año, comienza la contienda electoral en Venezuela. En pocos días, la oposición designará en elecciones primarias al candidato único que enfrentará al todopoderoso presidente de la República, quien ya tiene la alforja henchida de recursos públicos, para soltar a la calle miles de millones con un solo objetivo: asegurar su triunfo en las elecciones del 7 de octubre. En la Venezuela actual están ausentes la planificación y la visión de largo plazo. No importa endeudar más al país, hipotecarlo con ventas de petróleo a futuro, o comprometer la salud financiera de PDVSA y las empresas del Estado. El objetivo vital del gobernante es el poder, y para ello se necesita abundante caja con fines políticos, haciendo caso omiso de los graves problemas estructurales que afectan a la nación entera, a los más necesitados, y al futuro de las nuevas generaciones.
Los anuncios recientes en la tolda opositora fortalecen la tendencia favorable a Henrique Capriles Radonski, pese al coraje mostrado por María Corina Machado y Diego Arria. Éstos sostienen la necesidad de contrastar con el gobierno, denunciar el fraude y hablar con la verdad al país sobre la crisis, mientras que Capriles orientaría su estrategia a captar votos independientes o pro gobierno, evitando polemizar en demasía con el candidato-presidente. En todo caso, el ungido en las primarias deberá afrontar una campaña asimétrica, con todos los recursos del Estado al servicio del candidato oficialista, expresión de un profundo ventajismo, lo cual sumado a las manipulaciones al sistema electoral, exige como expresara Oswaldo Álvarez Paz en reciente artículo, pasearse por escenarios de extrema complejidad política, entre ellos los riesgos de alteración de resultados o la utilización de bandas armadas para intimidar al país, e impedir la alternabilidad política.
No dudo que la dirigencia opositora conoce dichos escenarios y el deber de la defensa del voto, pero no es menos cierto que las reglas del juego son inequitativas y que en algunos procesos previos se mostró debilidad o impreparación. Las esperanzas de los venezolanos están puestas en octubre, conscientes de que es el momento del cambio, o de pérdida por largo tiempo de la institucionalidad democrática. De allí el desafío de transmitir al electorado un mensaje convincente, cuyos lineamientos están apenas esbozados, sin eludir el debate sobre el terrible estado de cosas imperante, y sobre las bases para la sustitución del modelo comunista en marcha, con garantías de gobernabilidad del país.
Desde la distancia, reflexiono a solas en torno a los difíciles retos a los cuales tendría que responder un nuevo gobierno de talante democrático, principalmente:
a)      El desmonte de los odios y lucha de clases en la sociedad venezolana, la libertad de los presos políticos, la reconciliación sin impunidad, y la tranquilidad a los segmentos más pobres afectos al régimen, de que no serán objeto de retaliaciones.
b)      La reinstitucionalización del Estado, destruido por un estilo personalista y discrecional, lo cual implica el rescate de PDVSA, de la Fuerza Armada, el sistema judicial, el Banco Central, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la recuperación de competencias y recursos de Gobernadores y Alcaldes, la libertad de expresión, y la lucha contra la corrupción y la anarquía que corroe las entrañas de la nación.
c)      El desarme del país para enfrentar el caos, la inseguridad personal y la existencia de bandas armadas que han sido alentadas desde el gobierno, y que han escapado de su control.
d)      El reordenamiento de la economía para revertir el desbordado endeudamiento e inflación; disciplinar el gasto público; exigir rendición de cuentas; reducir la exacerbada intervención del Estado; suspender los regalos al exterior sin perjuicio de la tradición de cooperación internacional de Venezuela; racionalizar los subsidios; restablecer la libertad cambiaria; recuperar la confianza a la inversión, e impulsar la diversificación económica y el desarrollo económico y social.
e)      El replanteamiento de una política exterior y de integración económica acorde con los más genuinos intereses geopolíticos de la nación, y no los de un gobierno de turno, con una visión ideológica autocrática y personalista.
f)       La reorientación de los programas de ayuda hacia los más necesitados, enfatizando en la generación de empleos dignos y estables como vía para erradicar la pobreza, en lugar del sólo otorgamiento de dádivas, estimulante de la subyugación y el ocio.
Los puntos anteriores, no limitativos, perfilan la magnitud de los retos que enfrentaría de un nuevo gobierno a partir de 2013. Son factores sensibles y de alto riesgo, agravados por las señales transmitidas por personeros del régimen como el General Rangel Silva o el Gobernador Adán Chávez, quienes han asomado el eventual desconocimiento de la voluntad popular si el resultado no les es favorable, o el recurso de la lucha armada. Luce por tanto indispensable un sólido acuerdo entre las organizaciones políticas e independientes con visión democrática, que asegure estabilidad política y el reemplazo de un modelo fracasado, como ocurrió en 1959, cuando bajo el recio liderazgo de Rómulo Betancourt, fue necesario preservar a la naciente democracia de los embates de la extrema izquierda pro cubana, y de la extrema derecha nostálgica del perezjimenismo. Resulta además vital que la Fuerza Armada se comprometa a acatar la voluntad popular, y a no reprimir al pueblo, si éste se viera en situación de defender el voto. Bienvenido sea pues el inicio de la campaña, ojala sin debilidades o complejos en la tolda opositora para denunciar el ventajismo, y con claridad de que no estamos en un proceso electoral normal, sino al margen del Estado de Derecho, y con el reto de relevar a un régimen totalitario, aliado a factores nacionales e internacionales que tratarán de impedir la restitución del orden democrático y de libertades en Venezuela, país clave en la geopolítica regional y mundial. Que Dios ilumine a nuestra sufrida patria.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

miércoles, 14 de diciembre de 2011

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Venezuela concluye otro año espeso, difícil, tras trece largos años de gobierno, con una alta proporción de sus habitantes apesadumbrado, otros emigrando hacia diversos destinos, aún a costa de la incertidumbre y del abandono de actividades, familia, amigos y raíces. La inseguridad personal y la falta de oportunidades han convertido al país del atractivo lugar de inmigración que siempre fue, en uno de emigrantes, provocando el drenaje de lo más valioso de una nación, el capital humano, en una lamentable diáspora hacia el mundo,

En Colombia escucho con frecuencia con un toque de ironía, un agradecimiento a Chávez por hacer posible que tantos profesionales valiosos, inversionistas, y familias de bien, hayan escogido a este país como su lugar de residencia. Igual ocurre en Panamá, Costa Rica, Estados Unidos, España, Canadá, y tantos otros. Pero el régimen, al mejor estilo cubano, considera excelente que los “escuálidos” emigren, pues así Chávez se queda con el país y con el “pueblo”. Con todo, millones de compatriotas permanecen luchando en Venezuela, pese al ostensible deterioro de las condiciones de vida, en tanto que otros aguardan el resultado electoral de octubre de 2012 para, en el evento de que el gobierno continúe aferrado al poder–como es su inocultable propósito- incorporarse a una nueva oleada migratoria, ante condiciones de vida insostenibles.
Pero, ni la enfermedad ablanda al gobernante. Antes bien, luce como que el deterioro en la salud presidencial, lo moviera a acelerar sus destructivos planes. Desde la distancia observo con perplejidad nuevos desarrollos del mismo guión: es el caso del ataque al Dr. Diego Arria en un acto académico en la UCV; el reconocimiento público hecho por Chávez al estudiante de la UCV que lideró el peor irrespeto de la historia de la Universidad a sus autoridades, afortunadamente repudiado por la comunidad estudiantil en las recientes elecciones realizadas. Luego, el episodio de violencia desatado por encapuchados chavistas ante la contundente derrota sufrida en dichos comicios, bajo el estilo de los grupos de choque fascistas o marxistas. La Universidad va así en vías de anarquización, y sin presupuesto, producto de la asfixia a la que la ha sometido el gobierno, mientras se dilapidan fortunas en demagogia nacional e internacional.
De otra parte, la sistemática campaña de envenenamiento de la mente de los venezolanos, movió de nuevo al gobernante a afirmar públicamente al país que si la oposición gana habrá guerra, que el pueblo no admitirá que la oposición conduzca a PDVSA, a la Fuerza Armada, que la oposición acabará con las misiones, etc. todo ello dentro de la línea de expresiones previas del General Rangel Silva y de Adán Chávez, que asoman aviesas intenciones de desconocer un resultado adverso, o la opción de la lucha armada o de enguerrillamiento del país. Adicionalmente, se descalifica ante el pueblo a los precandidatos opositores con términos peyorativos, hecho que en cualquier país serio serían objeto de sanción por la autoridad electoral. Para Chávez, no existe en Venezuela otra persona con capacidad para ser presidente, y por eso infunde temores, y reafirma la necesidad de su perpetuación en el poder, al estilo de los gerontócratas cubanos.
Como si no existiese una crisis de seguridad jurídica, la obsecuente presidenta del Tribunal Supremos de Justicia comunicó al país la despenalización de la invasión como delito, con lo cual quedan libres los reos incursos en dicha falta. Poco antes, una nueva ley inmobiliaria significó otro certero ataque contra la propiedad privada, que afecta no sólo a los ricos sino a familias de clase media y baja propietarias de inmuebles para alquiler, provocando que desde ese momento, muchos inquilinos se rebelaran contra los dueños de los inmuebles, negándose a pagar los alquileres, y hasta amenazándolos de muerte. La despenalización alentará nuevas invasiones a lo largo y ancho del país, que quedarán impunes, ante propietarios inermes en la defensa de sus derechos.
La guinda de la torta es el atropello de que están siendo objeto los empresarios privados a raíz de la Ley de Costos y Precios Justos, norma que llevará a una situación precaria o de quiebra a numerosos negocios, sumándose a las decenas de miles que ya han cerrado sus puertas o han sido expropiados. Recuerdo que durante mi gestión como Presidente de Conindustria entre 1995 y 1997, el país contaba con casi 14.000 empresas manufactureras productivas, de las cuales sólo quedan algo más de 6.000, es decir, menos de la mitad. Ello sin contar las invasiones, confiscaciones o expropiaciones de fundos agropecuarios en toda Venezuela, lo cual ha acarreado más escasez de bienes de primera necesidad, y la exacerbación de una economía importadora o de puertos.
El año cerrará de nuevo con una inflación cercana al 30%, el peor castigo al estómago y bolsillo de los venezolanos, pese a los subsidios al tipo de cambio, a los combustibles y a otros servicios públicos, excepción hecha de grupos privilegiados, como es el caso de los militares, a quienes se incrementan salarios generosamente, lo cual no es malo per se, pero discrimina con respecto a otros servidores públicos. Los niveles de endeudamiento del país superan ya los US$ 135 millardos, y la deuda militar con Rusia, así como los créditos del fondo chino se incrementan sin freno, pues permiten el manejo discrecional de recursos en el presente, aún a costa de hipotecar a las nuevas generaciones. No existe visión de mediano y largo plazo en lo económico, aunque sí en lo político.
Quiera Dios que en el 2012 el pueblo venezolano abra los ojos ante la incompetencia y el engaño, sin deslumbrarse por la multiplicación de las dádivas, y que la oposición sea capaz de consolidar la unidad y ofrecer mensajes firmes y convincentes, por encima de intereses personales o grupales. Es triste concluir con la expresión que escuché del precandidato Capriles hace poco: “el gobierno es como la saliva de chivo; lo que toca se seca”. Que ello sirva de meditación en las postrimerías del 2011, y para el comienzo de un año decisivo, dependiente de la actitud que el pueblo venezolano asuma ante la barbarie autoritaria.
Feliz Navidad y Año Nuevo para quienes amablemente compartan estas reflexiones.  



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

lunes, 14 de noviembre de 2011

VENEZUELA: UN PANORAMA INCIERTO

Se aproximan tiempos cruciales para Venezuela. De una parte, la oposición decanta y define sus opciones para las elecciones primarias de febrero de 2012, y por la otra, el candidato insustituible del oficialismo trata de sobreponerse a la enfermedad, para aparecer como el invencible y único capaz de conducir los destinos de la nación, no obstante el totalitarismo, corrupción e intolerancia que ha caracterizado a su régimen durante los 13 años de existencia.
El reto para la unidad democrática es inmenso, pues debe sobreponerse al ventajismo y fraude electoral, lo cual supone lograr proporciones no inferiores al 60% para asegurar el triunfo, y ello implica ofrecer un mensaje convincente dirigido a dos grupos de venezolanos: los llamados “ni-nis”, cerca de un 30% del electorado, que no están ni con el gobierno ni con la oposición, y segundo, a quienes consideran que un sistema electoral viciado, sólo lleva a legitimar a un régimen que irrespeta sin pudor las reglas del juego democráticas y utiliza la maquinaria y recursos del Estado al servicio de la ilegalidad y de la concentración absoluta del poder. El uso de los recursos públicos en finalidades políticas proselitistas no hace sino acrecentarse con las denuncias sobre el caso del Fondo Chino, y antes el de Fonden, además de los medios a través de los cuales se escamotea la asignación de recursos constitucionales a gobernaciones y alcaldías, fijando el precio del petróleo a niveles sustancialmente inferiores a los del mercado.
Muchas conjeturas se tejen en estos días sobre la salud presidencial, estimuladas por el adelanto al mes de octubre de los comicios del 2012, y por la presunta intención del gobierno de propiciar una reforma constitucional para asegurarse de que si algo ocurre al Presidente, el Vicepresidente Ejecutivo concluya el mandato con prescindencia de la fecha en que falte, a diferencia de lo que estipula el artículo 233 de la Constitución, según el cual si la falta absoluta del Presidente ocurre durante los primeros 4 años del período constitucional se debe proceder a una nueva elección, en tanto que si se diera durante los últimos 2 años del período, el Vicepresidente debe completar el mandato. Ello no es descabellado en la maquiavélica mente de quienes pretenden que el régimen chavista se eternice, por las buenas  o por las malas.
Llama también la atención cómo algunas encuestas muestran una alta pero decreciente favorabilidad del Presidente, que no necesariamente supone intención de voto, pues la mayoría piensa que Chávez debe dejar el poder en enero de 2013. Ello amerita indagar más en la mente de los venezolanos. Un artículo reciente de Alfredo Michelena titulado “Managua, populismo y Anna Arentz”, expresa cómo el fraudulento proceso electoral en Nicaragua se mimetiza con el caso venezolano, donde “se desarrolla una ideología y una política que coloca al Estado como proveedor de bienes y servicios, y del otro lado, a una población dependiente de ésta en un modelo asistencialista”. Michelena cita a la filósofa Arentz, para quien existe el “mundo de la necesidad y el mundo de la satisfacción”. Para  el primero, los problemas son la supervivencia, comida, vestimenta, techo, en tanto que para el segundo la libertad, el tiempo libre, la carrera, el futuro. En función de ello, para Michelena existen dos Venezuelas: la primera de ellas es objeto del reparto parcial de renta y de la venta de ilusiones de que vendrán más dadivas y que “pronto me tocará mi turno”, manteniéndolos con la mano extendida, mientras se coarta la libertad que el otro grupo añora, y se les expropia y hostiga, incluyendo a las Universidades.
Bajo otra perspectiva, ¿cómo se explica que la destrucción de una nación, el debilitamiento de la propiedad privada y la dilapidación de los recursos de todos los venezolanos no provoquen una reacción de la población? Es bien conocida la conseja de la rana en el agua tibia, aplicable a la inacción del país para frenar a tiempo la insaciable sed de poder del régimen gobernante, pero hay que buscar también explicaciones en el modelo que lo inspira. Para el marxismo-leninismo, el poder depende de la exaltación de la violencia y del uso de las armas, el terror o la intimidación, para reprimir la libertad e implantar políticas totalitarias. Lenin y su sucesor Stalin propiciaron la guerra civil sobre la base de la lucha de clases y toda suerte de políticas basadas en el terror, como la descalificación, exterminio de grupos opositores, segregación, control, arrestos, incautación de bienes, represalias, etc., aderezado con una profunda ideologización, fanática e intolerante. La lucha de quienes propician la dialéctica de la lucha de clases contra la libertad y dignidad del ser humano, y la afirmación de que “el fin justifica los medios”, convierte en patológica el ansia de poder de un gobernante. En el caso venezolano, se añade el grado de anarquización imperante, evidenciada en la desbordada inseguridad personal, la actuación de grupos armados afines al gobierno, y la formación de “ghettos” políticos en Caracas. Y es que entre la filosofía marxista y la anarquista hay profundas coincidencias sobre la necesidad de propiciar la destrucción del orden preexistente, llámese democrático, burgués, imperial o capitalista, para que emerja el orden nuevo: el socialista, en nuestro caso del Siglo XXI.
No hay que olvidar que en febrero de 1917 fue primero depuesto el régimen zarista, y luego en octubre el gobierno provisional de Kerensky mediante el golpe militar bolchevique que supuso el ascenso de Lenin al poder. Ni tampoco olvidar que la justificación de Lenin para el golpe fue la convocatoria a una Asamblea Constituyente amplia, lo cual ocurrió en las elecciones celebradas en noviembre del mismo año, con el resultado de una total derrota para los bolcheviques y el triunfo de las corrientes socialistas moderadas o socialdemócratas. Ante ello, los bolcheviques irrumpieron con las armas contra la Asamblea, la cual había logrado instalarse con dificultad en enero de 1918, bajo el lema “todo el poder para los soviets”. Así, la minoría bolchevique aniquiló la Asamblea democrática e impuso el “terror rojo”, que barrió durante 70 años todo vestigio de democracia en Rusia e instauró la dictadura comunista soviética. Otro tanto podríamos decir del caso cubano, pues Fidel Castro juró en sus inicios que no implantaría un régimen comunista, y ya pronto cumplirá 53 años de absolutismo rojo.
La violencia, la anarquía, la lucha contra toda forma de disidencia, la liquidación de la propiedad privada y del régimen de libertades, están pues en la esencia de todo régimen de inspiración marxista, con particularidades tácticas que en el caso venezolano han sido concebidas bajo la inspiración de la indudable experiencia castrista. En efecto, el régimen venezolano no sólo ha sembrado odios y lucha de clases, sino formas inescrupulosas de desconocimiento del Estado de Derecho, y de imposición de su voluntad totalitaria. Es ese el panorama del país a 10 meses de los próximos comicios. ¿Está la nación consciente y preparada para enfrentar probables arremetidas de violencia, de represión miliciana, o el uso de toda suerte de artilugios para aferrarse al poder? Luciría como que algunos sectores de oposición se dirigen a un torneo electoral legalista y democrático, sin reparar en las amenazas y peligros que se ciernen sobre el futuro. Hay que prepararse bien, exhortar a votar masivamente, es el recurso que queda contra la tiranía castro-comunista, pero movilizándose, contrarrestando la inescrupulosa actuación del gobierno, denunciándola, y asegurando una firme y decidida defensa del voto.  



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 22 de octubre de 2011

LA ARREMETIDA AUTORITARIA

Las autocracias arremeten en varios países de la región, con la pretensión de atornillarse en el poder en forma hegemónica. Tras largos períodos dictatoriales, el avance democrático casi perfeccionado en América Latina en la década de los 90, que tantas esperanzas de estabilidad y madurez política trajo, ha cedido el paso a regímenes que, amparados en una legalidad en el origen, han luego subyugado a todos los poderes y se deslegitiman en su gestión gubernamental.  

Con excepción de Cuba, máxima expresión del totalitarismo, el retorno democrático ocurrido en Chile y Nicaragua en los años 90, y antes en Argentina, Bolivia, Ecuador, Haití, Panamá, Paraguay, R. Dominicana y Uruguay, hizo pensar que quedaba atrás el historial de nefastas dictaduras entronizadas en la región. En esos tiempos, Costa Rica, Colombia, Venezuela y México pese a la hegemonía unipartidista, se constituyeron en baluartes de la democracia, con líderes indoblegables como Figueres, Betancourt, Caldera, Villalba, Haya de la Torre, Lleras Camargo, Velasco Ibarra, Frei, y tantos otros que adversaron a las tiranías de Trujillo, Somoza, Duvalier, Pérez Jiménez, Stroessner, Pinochet, Batista y al régimen de los hermanos Castro, éste inexplicablemente medido por la comunidad internacional con una doble moral, pese a sus represivas ejecutorias.
Chávez llegó al poder en 1998 mediante elecciones, merced al error de quienes pensaron que encabezaría un cambio respetuoso del Estado de Derecho, y bajo la premisa de sólo le sería posible permanecer en el poder cinco años, como lo preveía la Constitución de 1961. El hecho es que el dos veces golpista presidente ha implantado un régimen caudillista de inspiración marxista, y no oculta su afán de perpetuarse en el mando, mientras demuele la democracia desde adentro, contando con Fidel Castro como mentor y colíder del proceso. No hay un solo paso relevante del régimen venezolano que no sea urdido con La Habana, como lo reconoce Chávez al referirse a sus estrategias de adoctrinamiento ideológico, la creación del ALBA, la formación de las milicias y el desarrollo de las misiones, entre ellas la más sibilina: la misión identidad, con la cual manipula las elecciones a su antojo. Dos ejemplos más de data reciente son la millonaria multa impuesta al canal Globovisión para tratar de quebrarlo sin tener que decretar su cierre, y el desconocimiento al fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la inhabilitación del precandidato Leopoldo López, en olímpico desconocimiento de los preceptos constitucionales respecto a la prevalencia de los Tratados Internacionales de derechos humanos sobre la legislación interna. Otro triste ejemplo ha sido la arbitraria y poco ética demanda del Presidente Rafael Correa de Ecuador, contra el diario El Universo de Guayaquil.  
La realidad es que con el dinero de todos los venezolanos se ha creado una poderosa maquinaria política y mediática al servicio de la toma absoluta del poder en Venezuela, cuyo guión se estimula en otras naciones mediante procesos constituyentes que terminan como instrumentos para constreñir el régimen de libertades, los medios de comunicación y subordinar a todos los poderes al Poder Ejecutivo. En el caso venezolano, la destrucción del sistema descansa en la absurda afirmación de que la revolución está por encima de la Constitución, ejemplo que cunde en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, con intentos en Argentina, El Salvador, Perú y Honduras, todo ello ante la inerme actitud de las fuerzas opositoras, debilitadas o atomizadas.
Uno de los más aberrantes casos, el de Nicaragua, es comentado por el disidente ex Vicepresidente de ese país Sergio Ramírez, en su columna en El Tiempo de Bogotá (16/10/2011), en la cual refiere cómo el Comandante Daniel Ortega se presenta de manera inverosímil como candidato a la presidencia, a pesar de una expresa prohibición constitucional, ello con el insólito aval de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, órganos irrestrictos al Presidente, y con el financiamiento de recursos del convenio petrolero con Venezuela. Afirma Ramírez que el partido de gobierno tiene la maquinaria lista para fabricar una mayoría en la Asamblea Nacional y luego sustituir la Constitución Política, aprobar la reelección indefinida y afianzar un régimen totalitario. Es claro que para Ortega la democracia es un estorbo, como lo es para los miembros del ALBA, los cuales cumplen con rituales electorales en busca de legitimidad. En efecto, los procesos constituyentes en Bolivia y en Ecuador promueven la concentración del poder a nivel presidencial, la limitación de las libertades políticas, y la apertura de graves fisuras que afectan la unidad de dichas sociedades.
Tampoco era imaginable hace tan sólo unos años que Venezuela devendría en el principal aliado de execrables despotismos como Cuba, Siria, Libia, Irán, Bielorrusia, Zimbabwe, China y Rusia, y de movimientos revolucionarios de distinta pelambre. Más grave aún es el total entreguismo a Cuba, sin precedentes en la historia patria, a través de la masiva presencia de contingentes cubanos que controlan sectores estratégicos como la identificación, extranjería, inteligencia, seguridad, notarías, registros, sanidad, educación, comunicaciones, la guardia presidencial y la salud misma del gobernante, la injerencia en delicados temas militares, o la sacrílega degradación de los símbolos patrios, con el izamiento y homenaje a la bandera cubana en un Fuerte Militar, o los tributos al Che Guevara, a Tiro Fijo y a Reyes. Es además injustificable el improvisado manejo de la reclamación territorial con Guyana, bajo el absurdo argumento de que el diferendo fue estimulado por el imperio, evidenciando así que por encima de los legítimos intereses de la patria, está el valor estratégico que se atribuye al apoyo de los países del Caricom, por consejo de Fidel Castro.  
Las venideras elecciones venezolanas en octubre de 2012 no ofrecen las debidas garantías, y ello genera inconformidad en círculos opositores, estimulada por la debilidad de la Mesa de la Unidad en exigir mayor transparencia y equidad, hasta el punto de que el Rector del CNE Vicente Díaz, único miembro independiente de dicho organismo, ha denunciado públicamente el abierto ventajismo presidencial, en contravención al Estado de Derecho. Los partidos políticos yerran al creer que las denuncias de fraude electoral alientan la abstención, cuando es todo lo contrario: muchos se abstienen al percibir que su voto no es debidamente respetado. Como una muestra reciente más, la inscripción de los venezolanos en el exterior está siendo deliberadamente demorada por el CNE y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Es justo por tanto exigir al CNE que permita la auditoría del Registro Electoral Permanente, el cual se encontraría inflado con millones de votantes fantasmas, y que se limite el descarado ventajismo oficialista, se haga buen uso de las máquinas de votación y se revierta la intimidante decisión de colocar captahuellas junto a las máquinas. Lo que está en juego no es cosa de niños. Se trata ni más ni menos del futuro político de la nación, y del sagrado destino de las nuevas generaciones de venezolanos.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"