lunes, 21 de mayo de 2012

TERRORISMO SIN ALMA


Colombia ha sufrido durante décadas el implacable embate de la violencia y de un terrorismo sin alma con múltiples rostros: ayer, el del M-19, actualmente reinsertado a la vida democrática, movimiento que fuera protagonista del ataque al Palacio de Justicia en 1985, y por cuyo rescate paradójicamente pagan penas oficiales militares que lo comandaron, como también de la toma de la Embajada de la República Dominicana en Bogotá en 1980; el del narcotráfico, cuya figura más emblemática fue Pablo Escobar, autor de inimaginables atrocidades; el de las FARC y el ELN, que han asolado profundamente a Colombia, asociados al narcotráfico, al reclutamiento de niños, el secuestro, el uso de explosivos o minas quiebra patas; el paramilitarismo en todas sus expresiones, el cual degeneró en absurda violencia; y finalmente el de las bandas criminales o “bacrim”, delincuentes provenientes de las autodefensas o de la guerrilla, que viven del ejercicio del narcotráfico y la extorsión en varias regiones del país.
En los últimos diez años, dicha situación dio un importante vuelco en favor de la seguridad e institucionalidad democrática de Colombia. Pero, cuando se creía que episodios de triste recordación para los colombianos habían quedado atrás, como fueron los asesinatos de Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Rodrigo Lara Bonilla, o los atentados contra Álvaro Uribe Vélez, Ernesto Samper, Germán Vargas Lleras o el General Manuel José Bonett, entre otros, he aquí que el pasado martes 15 de mayo, la nación y el mundo fueron conmovidos por un sangriento atentado contra el ex Ministro Fernando Londoño Hoyos, director del programa radial “La Hora de la Verdad”, con una bomba de colocación magnética. De esa forma se pretendía silenciar una voz que desde el periodismo radial y escrito denuncia y combate con firmeza por igual a todas las agrupaciones irregulares, o al fanatismo ideológico que se ha enseñoreado en el vecindario, a costa de la libertad y de la democracia. Ese mismo día las autoridades desactivaron un carro bomba en Bogotá cerca de una central de policía, que de haber estallado habría tenido impredecibles consecuencias. El país se ha condolido del fallecimiento en el atentado del conductor y uno de los escoltas del Dr. Londoño, así como por los daños y heridas causados a vecinos y transeúntes, pero celebra que éste haya podido sobrevivir de una manera absolutamente milagrosa.
Más allá de que se compartan o no sus ideas, Londoño es a no dudar un colombiano y un latinoamericano de excepción, con una formación y nivel cultural superiores, que ejerce un estilo de periodismo lúcido, definido y documentado, aunque frontal. Quizás por ello sus posturas resulten controversiales ante sus detractores, pero no es menos cierto que son cientos de miles los colombianos y residentes en el exterior que cada mañana encienden sus transmisores para seguir los análisis y reflexiones de Londoño y su equipo periodístico en “La Hora de la Verdad”. Y es que en un mundo relativista, las personas que defienden con determinación sus convicciones, se ganan el respeto de muchos ciudadanos, incluyendo el de contradictores de pensamiento democrático.
Fernando Londoño expresó después del atentado, que se arrodilla ante Dios por proporcionarle una nueva oportunidad, estando de vuelta de las orillas de la muerte. Pero añadió que esa oportunidad no es para la fuga, para el silencio cobarde, o para una claudicación. Será, dijo, para continuar la lucha por lo que considera grande y bueno, en especial la libertad de prensa, la de sus compatriotas, la justicia, la dignidad humana y la del pueblo colombiano.
En Colombia, en Venezuela y en el mundo, millones de personas han seguido con atención los hechos y el posterior proceso de recuperación de Londoño, y se han solidarizado con él y su familia en los aciagos momentos vividos. Muchos concuerdan con lo por él expresado, de que nada lo silenciará mientras tenga un aliento de vida, y desean que continúe defendiendo con convicción la causa de la libertad, el progreso y la democracia en Colombia y en nuestra desveladora América Latina.
Pese a las naturales angustias que este hecho ha generado, en lo personal me ha complacido haber tenido el privilegio de escuchar el pasado viernes 18 de mayo, en el marco del VIII Congreso Internacional de Minería y Petróleo en Cartagena, una brillante intervención del joven Ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, en la cual expuso con amplitud la estrategia que adelanta el actual gobierno de Colombia para hacer frente a los grupos irregulares y a la violencia, en una nueva fase de la política de seguridad iniciada bajo la administración precedente. La nación y el mundo confían en el pleno éxito de tales estrategias, para sosiego ciudadano, y para que un eventual recrudecimiento de la violencia no lesione el favorable momento de confianza a la inversión y al desarrollo que experimenta la economía colombiana, única garantía para el pueblo de un futuro más promisorio y de mejoramiento de su nivel de vida.    
Desde todos los rincones del pensamiento, los latinoamericanos de bien deseamos pronta recuperación y larga vida al Doctor Londoño, y que los autores del oprobioso atentado sean identificados y juzgados conforme a Derecho, en aras de una Colombia de paz, progreso y fortalecimiento de su institucionalidad democrática.   

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

miércoles, 11 de abril de 2012

ENTREVISTA DEL PERIODISTA JUAN JOSÉ OJEDA A PEDRO CARMONA

Pedro Carmona Estanga: "Venezuela vive uno de los momentos más oscuros de su historia"

Bogotá 11/04/12. (PS - ESPECIAL).- Conocer a Pedro Carmona Estanga en persona, produce una mezcla de sensaciones encontradas, además del surgimiento de una gran cantidad de incógnitas, porque para la mayoría de los venezolanos, tras los hechos del 11 de abril de 2002 existe aun una historia no contada.

Carmona Estanga, hombre de mediana estatura, pasa desapercibido entre la gente. Llega puntual a nuestra cita y con un claro acento bogotano, comienza nuestra conversación.

¿Cómo ve a Venezuela a 10 años de los hechos del 11 de abril de 2002?

- "En uno de los momentos más oscuros de su historia. Con una sociedad fracturada y un país empujado a un modelo castro-comunista que buena parte de la población no comparte. Con Instituciones destruidas, una economía en bancarrota, además de una política internacional que responde a intereses ajenos. Veo un país armado y una delincuencia fuera de control. Con su economía endeudada, hipotecada e intervenida por el Estado. Venezuela vive un innecesario gasto en armamento, a la par de un aparato productivo en ruinas, con variables macroeconómicas desarticuladas. Su infraestructura está en una evidente decadencia. En fin, un país abatido, con un gran éxodo de talento humano, sin vigencia alguna de reglas de juego ni respeto al Estado de Derecho. El país debería estar a la vanguardia de América Latina, y en todos los indicadores se encuentra a la zaga, junto a los más atrasados países del África subsahariana".

¿Tuvo contacto con Hugo Chávez el 11A?

- "A Chávez le tendí puentes de oro al diálogo cuando fui electo Presidente de Fedecámaras en julio de 2001 y me esmeré genuinamente en persuadirlo de que era necesario para los intereses nacionales y para su propio gobierno. Pero llegué al lamentable convencimiento de que Chávez sólo quería imponer un modelo revolucionario, y que los revolucionarios no dialogan sino que imponen. Ello llevó al fracaso de los 100 días de conversaciones que sostuvimos entre agosto y noviembre de 2001 por mi iniciativa, tras la imposición de los 48 Decretos-Leyes mediante Ley Habilitante. El 11 A, los únicos que tuvieron contacto con Chávez fueron sus colegas militares, y al final, sólo dos testigos civiles: Monseñores Baltasar Porras y Azuaje. El primero de los cuales había sido llamado para garantizar la integridad del Presidente".

El 11 A se movilizó cerca de un millón de personas en la ciudad de Caracas en la marcha más grande que haya conocido el país. ¿Qué opinión tiene acerca de que al día siguiente, cuando usted se encontraba en Miraflores, no hubiese una cantidad de gente similar en las calles?
- "El país estaba en expectativa y se encontraba aún conmocionado con la masacre de Puente Llaguno por parte de fuerzas afectas al oficialismo. No tenía por qué haber una marcha similar a la del día anterior, ni habría sido explicable que así fuera. Lo cierto fue que no hubo presos ni en el alto mando militar renunciante, ni en altos voceros de los Poderes Públicos. Algunos dirigentes políticos chavistas exhortaron a los círculos bolivarianos a protestar, lo cual ocurrió aisladamente. No es cierto que haya sido por una manifestación popular lo que haya determinado el retorno de Chávez al poder. Se trató de una crisis política y militar que no permitió la consolidación de la provisionalidad, y que motivó mi renuncia a la encomienda que me había sido formulada de establecer un efímero gobierno, para llamar al pueblo a elecciones limpias que relegitimaran los poderes públicos, que en ese entonces ya se encontraban conculcados en su legitimidad e independencia. Alguna información adicional y mi libro "Mi Testimonio ante la Historia", pueden encontrarse en el Blog: www.pcarmonae.blogspot.com <http://www.pcarmonae.blogspot.com/> ".

¿Existía un plan de gobierno?
- "No había un plan de gobierno como tal, pues no existió una acción premeditada, y el gobierno provisional surgía de una crisis. El propósito definido de la transición era el de llamar a elecciones en 90 días para elegir un nuevo Parlamento, que tuviera a su cargo la relegitimación de los poderes, y en 180 días la realización de una elección presidencial sin que yo pudiera ser candidato. Todo ello bajo la supervisión de la OEA, para que ésta fuere garante del pleno restablecimiento del orden constitucional en el país. El nuevo Poder Legislativo tendría la posibilidad de considerar cuatro eventuales enmiendas a la Constitución de 1999: a) El regreso de los militares a sus cuarteles sin un papel deliberante ni beligerante; b) Doble vuelta electoral para la elección presidencial; c) Una sola reelección de Presidente de la República, con períodos de cuatro años; y d) La restitución del nombre de la República de Venezuela".

¿Qué opina sobre la posición que adoptaron los países de mayor cercanía a Venezuela?
- "La mayoría de los países dieron como un hecho cierto que se había producido una crisis que había motivado una acefalía y vacío en el Poder Ejecutivo en Venezuela. Consideraban fundamental que se asegurara la normalización constitucional en el país en corto plazo. Ello estaba garantizado con el más firme compromiso ante la comunidad internacional de celebrar rápidas elecciones. De hecho, el día 13 de abril, no sólo notifiqué a la OEA la invocatoria de la Carta Democrática Interamericana, sino que solicité el envío inmediato de una misión integrada por el Secretario General de la OEA y por el Presidente del Consejo Permanente del organismo, para que se hicieran presente en Venezuela y se iniciara el proceso de transición teniendo a la OEA como institución garante".

¿Cómo califica la actuación de los militares en esos días de abril de 2002?
- "Así como hubo militares valientes y con determinación, algunos vacilaron y mostraron debilidades que en nada ayudaron al difícil momento que se vivía. Hubo también divisiones iniciales en el Ejército y no pocas aspiraciones presentes. Ello llevó a que se perdiera un tiempo valioso en la conformación de un alto mando de unidad, cosa que se logró tardíamente el 13 de abril después del mediodía. El factor que más contribuyó a complicar la situación, fue la decisión en las primeras horas, antes de que yo recibiera la encomienda de parte de un segmento importante del estamento castrense, de que Chávez no debía salir a Cuba como estuvo dispuesto, pues debía ser juzgado. Ello determinó su permanencia en el país bajo custodia de la FA. A las pocas horas, Chávez negaba la renuncia en un fax que logró transmitir desde la Base Naval de Turiamo, lo cual contribuyó a un reflujo de fuerzas en cuadros medios que deseaban ver su renuncia escrita. Situación que también ocurrió en el grupo que comandó el General Raúl Isaías Baduel, factor determinante en la parte final de la crisis".

¿A qué se ha dedicado luego de su salida del país?
- "Desde mi llegada a Colombia, he estado dedicado a actividades académicas y al estudio. Esto me ha llenado y enriquecido intelectualmente, y me ha permitido vivir desde la perspectiva de la juventud colombiana, la realidad de un país que pese a sus problemas, progresa sin pausa. Terminé con éxito una Maestría en Educación, y un Doctorado en Economía, los cuales me tomaron casi ocho años de los diez de exilio. No paro de estudiar. El proceso educativo de una persona debe ser desde el nacimiento hasta la muerte. De resto, estoy dedicado a la lectura, y a compartir más con mi esposa, inseparable compañera de camino, en las buenas y en las malas".

¿Ha sentido persecución en estos años?
- "Desde luego que he sufrido ofensas, amenazas públicas del régimen, satanización por parte de mis adversarios, e incomprensiones o inconsecuencias en otros. Ello es propio de la condición humana. La victoria tiene muchos amigos, la derrota es huérfana, decía Bonaparte. Un pensamiento anónimo afirma: "La prosperidad hace amistades, la adversidad las prueba". Con todo, creo que basta con que haya un buen amigo, o un hombre justo en la tierra para decir: vale la pena vivir. La adversidad fortalece y tiempla el carácter del ser humano. No puedo decir que haya recibido amenazas de muerte, sino malintencionadas expresiones de deseos de muerte de algunas mentes fanatizadas del chavismo. Sólo Dios es dueño de la vida".

¿Ha sido contactado por la prensa venezolana?
- "En ocasiones sí, pero hay que comprender que en las circunstancias actuales de limitaciones a la libertad de expresión en Venezuela, muchos se sienten cohibidos de solicitar mis opiniones, cosa que en el fondo agradezco, pues he optado por una política de bajo perfil ante los medios. En Colombia jamás he dado una declaración pública, no porque no pueda, sino porque prefiero que el tiempo permita cicatrizar heridas, y porque no deseo causar problemas al país que me brinda humanitario asilo. No podría afirmar tampoco que los medios en Venezuela se hayan portado bien conmigo".

Si pudiera retroceder el tiempo, ¿qué cambiaría?
- "Si tuviéramos el don de retroceder el tiempo, haríamos muchas cosas diferentes en la vida. Con respecto a abril del 2002, no confiaría en ofertas de apoyo sin realidades en la mano, ni asumiría unipersonalmente una responsabilidad de tal magnitud ante una crisis de tan profundas proporciones. Después vienen las duras experiencias del lavatorio de manos, del yo no fui, de las críticas y de la construcción del chivo expiatorio. No me arrepiento de no haber sido timorato o cobarde".

¿Tiene planificado regresar a Venezuela?
- "Venezuela requerirá en el futuro el concurso de todos sus hijos dispersos por el mundo para su reconstrucción, tras tan dura y nefasta experiencia. No aspiro a nada, pues es el tiempo actual el de las nuevas generaciones. En mi patria están mis raíces de siglos, mis recuerdos, mis vivencias, y mi compromiso. Espero que Dios me dé vida para ver un cambio en la sufrida patria, y que los venezolanos podamos reencontrarnos un día y abrazarnos en reconciliación como hermanos, en el suelo patrio que nos ha sido arrebatado".

Juan José Ojeda Díaz / Prensa de Solidaridad

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

miércoles, 4 de abril de 2012

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Se conmemoran diez años de la crisis política del 11 de abril del 2002. El régimen gobernante, ante la proximidad de los comicios del 7 de octubre, se esmerará en convertir dicha fecha en un acto proselitista más. Vociferarán, siempre mirando hacia atrás, afirmando que se trató de un golpe de Estado de la derecha pro imperialista, y la letanía de que después del 11 A hubo un 13 A, refiriéndose al retorno “triunfal” del caudillo, tras la renuncia que yo presentara ante el país ese último día, a la encomienda de formar un corto gobierno de transición. El objetivo era, valga recordarlo, llamar al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a decidir el destino de la nación, eligiendo rápidamente a una Asamblea Nacional que tendría a su cargo la relegitimación de los poderes públicos, ya en ese entonces subyugados por el Poder Ejecutivo, y realizar luego elecciones presidenciales, sin que por expresa disposición, pudiera yo ser candidato. Mal se ha dicho que se pretendió derogar la Constitución de 1999, pues mi juramento estuvo explícitamente dirigido a rescatarla, tras un brevísimo período de facto.

En un documento que escribí hace un año, inserto en mi Blog bajo el link: http://pcarmonae.blogspot.com/2011_04_01_archive.html, intenté aclarar dudas e imprecisiones sobre los acontecimientos de abril, que merced a la propaganda oficialista o a la desinformación, han flotado en el ambiente. El régimen, con su poder mediático sigue hablando de golpe, cuando se trató de un vacío de poder, y ha tenido el descaro de atribuir los muertos de Puente Llaguno a la oposición. Pero el mundo fue testigo de quiénes fueron sus autores, y la sangre de los caídos clama aún por justicia. La sistemática mentira oficialista movió a la contratación de periodistas europeos para elaborar un documental que se ha proyectado en el mundo, destinado a falsear la verdad, y a colocar al régimen en el papel de víctima. Otros me adjudican la responsabilidad exclusiva de una oportunidad perdida, bajo una visión simplista, pues sin eludir mis ejecutorias, fueron momentos de una compleja crisis política, en que ocurrieron errores, omisiones y debilidades tanto en el ámbito castrense, como de quienes con ingenuidad o mala fe contribuyeron a erosionar la provisionalidad. No había en ese momento otro propósito que no fuera restablecer el orden constitucional bajo supervisión internacional, para salvar a una democracia secuestrada por la insaciable sed de poder del gobernante. ¿Habría sido acaso posible lograr una transición de salvamento democrático con instituciones controladas por el oficialismo, o era legítimo llamar al pueblo a definir el destino de la nación, al amparo del artículo 350 de la Constitución? Diez años después, los hechos hablan por sí solos, y con respeto por los juicios críticos, hay que valorar con la mano puesta en el corazón, cuán lejos ha llegado el régimen en su afán de imponer un proyecto castro-comunista que era previsible desde 1998, y si el 11A era posible actuar con total apego jurídico ante un orden institucional vulnerado, o se justificaba la apertura de un efímero período de facto para salvar a un sistema político amenazado, en la actualidad agonizante.

Hoy rememoramos la masacre del 11 A de manos de militantes oficialistas contra una marcha pacífica, que jamás hay que olvidar. Como tampoco, que Chávez quiso ir más lejos al invocar el Plan Ávila, cuya aplicación habría supuesto el uso de armas de guerra contra una población indefensa, al más puro estilo sirio. Está documentado en los videos de ese día, que el único dirigente de la sociedad civil que trató infructuosa pero insistentemente de impedir que la marcha llegara a Miraflores fue quien esto escribe. Luego, los desacatos militares a las órdenes del presidente desencadenaron la crisis que llevó a la anunciada renuncia de Chávez por parte del más alto vocero militar, “la cual aceptó”. Pero no es menos cierto que, como balance, se perdió una oportunidad que a todos duele, pues la acción de la sociedad civil, del sector militar, de la Iglesia, de profesionales y venezolanos del común, no condujo a la salida deseable. Vale por tanto recordar algunos de los hechos que, entre tantos, contribuyeron al revés de esos días:

a)      En el estamento castrense prevaleció una corriente, alentada por las emociones del momento, que se opuso a la salida de Chávez a Cuba en la madrugada del 12 A, alegando que debía ser juzgado, y ello motivó que el presidente renunciante permaneciera en territorio nacional bajo custodia de la F.A. Pocas horas después, desde la Base Naval de Turiamo, Chávez negaba su renuncia en un fax que logró hacer llegar a todas las guarniciones del país, estimulando un reflujo de fuerzas en cuadros medios y en el grupo liderado por el General Baduel, hoy preso de Chávez. Desde mi óptica, ese fue el error que sentenció el fin de la provisionalidad.

b)      La ausencia de un plan previamente estructurado, la incomprensión sobre el Decreto y un alud de acontecimientos no previstos, dificultaron transmitir con claridad al país el propósito de la provisionalidad de llamar a elecciones parlamentarias en 90 días y presidenciales en 180 días, bajo la supervisión de la OEA, invocando la Carta Democrática Interamericana, para que dicho organismo sirviera de garante de la restitución del orden constitucional. No llegó tampoco a conocerse en su totalidad, la decisión de conformar un equipo de gobierno integrado por valiosos profesionales independientes, y un Consejo Consultivo de la presidencia, con participación de las principales organizaciones políticas.

c)      La irreparable pérdida de tiempo el 12 A para consolidar la unidad de mando en la Fuerza Armada, pues hubo divisiones en el seno del Ejército, hasta que el día 13 en horas de la tarde, fue posible conformar un Alto Mando que lo garantizara, y ubicar al más antiguo General del Ejército al frente del Ministerio de la Defensa. Hay quienes aún cuestionan la designación inicial de un Vicealmirante en dicho Ministerio, pero fue la opción válida del momento. A la caída de Pérez Jiménez en enero de 1958, la Junta de Gobierno estuvo presidida por un Contralmirante, y su integración debió modificarse a las pocas horas, dadas las reacciones que generó la inclusión de algunos oficiales del Ejército en su seno. Todo ello está explicado en el libro “Mi Testimonio ante la Historia”, cuya venta fue prohibida en Venezuela por acción de una jurista, pero cuyo texto puede hallarse en el Blog:  http://www.pcarmonae.blogspot.com/2011/03/mi-testimonio-ante-la-historia-pedro.html

d)      La actitud de algunos analistas hacia la provisionalidad, aún antes de conocerse el Decreto de conformación del gobierno de transición, pese a que luego se haría pública la intención de conformar un amplio Consejo Consultivo de la Presidencia, y se invitaría a un dirigente de la principal central sindical, la CTV, a ocupar la Vicepresidencia Ejecutiva, amén del compromiso de celebrar rápidas elecciones y de respetar los derechos humanos, políticos, laborales, y los de Gobernadores y Alcaldes. Algunos actores se rasgaron así las vestiduras por una legalidad inexistente, pues el régimen se había deslegitimado a raíz de la elección espuria de integrantes de varios de los Poderes Públicos, la conculcación de su independencia, y la aprobación arbitraria de Decretos-Leyes, algunos de rango superior, al amparo de Leyes Habilitantes. Con todo, el día 13 de abril se rectificó el Decreto original para llamar al Parlamento a que sesionara y definiera el destino de la transición. Cuando reapareció el Vicepresidente Diosdado Cabello, quien permanecía oculto, y fue juramentado por el Presidente de la Asamblea Nacional, yo ya había renunciado y acaté dicha decisión, aunque el juramento no fue tomado en sesión plenaria de la AN. Es apenas una conjetura que hubiese existido un acuerdo en grupos de parlamentarios para darle legitimidad al gobierno provisional.

e)      La politización de PDVSA, marcada por la designación de una Junta Directiva no meritocrática afín al presidente, y la destitución de numerosos funcionarios de la empresa, constituyó el principal detonante de las protestas que desembocaron en el paro y la gran marcha del 11 A. Posteriormente, Chávez reconoció públicamente que había provocado deliberadamente la crisis de PDVSA. Los temores de ese entonces han quedado confirmados con el tiempo: PDVSA fue tomada políticamente, convertida en caja chica del gobierno, y su gestión financiera y operativa han quedado gravemente comprometidas, en contra de los intereses nacionales.

f)       La febril actividad desplegada desde La Habana por Fidel Castro, primero para solicitar a Chávez que no se inmolara como Allende, luego para ofrecerle asilo y encarecerle que no firmara su renuncia para intentar desde Cuba soliviantar al pueblo y recuperar el poder, y finalmente, al no materializarse el viaje del presidente a Cuba por la decisión castrense, Castro realizó insistentes llamadas a Generales venezolanos para conminarlos a restituir al mandatario en el poder, acción explicable no sólo en defensa de su pupilo, sino para asegurar el apoyo económico vital que se le brindaba, el cual ha seguido incrementándose en años posteriores. Dicha acción estuvo acompañada por la solidaridad de algunos movimientos y medios de comunicación ligados al Foro de Sao Paulo.

A diez años de distancia, pese al interés oficialista de mantener latente un 11 A reescrito a su conveniencia, es bueno recordar que al reasumir funciones, Chávez prometió con un crucifijo en la mano rectificar en todo cuanto fuese necesario, y la creación de una comisión de la verdad sobre la masacre de ese día. Nada de ello fue cumplido. El diálogo iniciado bajo la conducción de José Vicente Rangel constituyó una burla, como fue una burla la mesa de diálogo que funcionó entre agosto y noviembre de 2001, encabezada por el Ministro Giordani, en virtud de mi insistencia en nombre de Fedecámaras ante el Presidente Chávez. Dicho  esfuerzo culminó con la imposición de 48 Decretos-Leyes en temas vitales, hecho que marcó el inicio de una etapa de protestas con el paro nacional de 12 horas que lideré en nombre del empresariado el 10 de diciembre de 2001, al cual se sumó el 90% del país, ante la ira e incredulidad del Jefe del Estado. En ese momento comprobé que Chávez quería pasar a la historia no como un estadista sino como un revolucionario, y que su talante democrático era inexistente.  

Hay que recordar además que el Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia dictada en agosto de 2002, que tanto perturbó a Chávez con gruesos insultos al TSJ, obligando a la posterior derogatoria de la misma, no sólo se reconoció que el 11 A ocurrió un vacío de poder, sino que respecto a la transición, expresó lo siguiente:

“…como ya se dijo, una vez que se anunció por el General en Jefe la renuncia del presidente y del Alto Mando Militar, todo el País tenía el derecho y la obligación de creer tal como sucedió con la OEA, que en Venezuela existía crisis en el poder ejecutivo por carencia de titular de la Presidencia. Fue en esas condiciones cuando los militares anunciaron el nombramiento del Presidente provisorio. Evidentemente que carecían de competencia para esa actuación, aun cuando por mandato legal se les deba reconocer la buena fe en su actuación y no puede la Sala aplaudir ni silenciar esa conducta por mucho que se acepte que estuvo preñada de buenas intenciones.

Ahora, si no existía Presidente en ejercicio y antes se habían producido los graves acontecimientos que los militares como móvil de sus pronunciamientos; que la OEA condenó tal y como lo hiciera este Alto Tribunal, no puede decirse que con ello se pretendía impedir u obstaculizar el ejercicio de un poder ejecutivo sin titular, ni alterar el orden y la paz interior de la nación, que ya se había roto por elementos exógenos a los imputados. Más aún, afirmó el general Vásquez Velazco e hicieron público los medios de comunicación social, que al no conseguir a ninguno de los llamados a suceder al Presidente en caso de falta absoluta, llamó al Presidente de este Tribunal para preguntarle si a él, correspondía la asunción de ese cargo pero éste le aseguró que tocaba al Vicepresidente.

Esta forma de actuar, claramente evidenciaba que no era su intención la toma del poder sino la de restaurar la paz interior y la buena marcha de las instituciones ya que de lo contrario, no se puede explicar esa pregunta”.

Ha llegado el momento de dar vuelta a la estratagema gubernamental de mantener la mira puesta en el pasado, y de asumir sin complejos el revés del 11 A, pues lo que se pretende es seguir tendiendo cortinas de humo, dividir a las fuerzas democráticas, y esconder el trágico balance de una crisis múltiple de 13 años de gobierno, expresada en un revanchismo exacerbado, la cubanización del país, la construcción de estrechas relaciones con nefastas dictaduras del mundo y cercanías con las FARC y el ELN, el armamentismo, la siembra de odios y lucha de clases, la inseguridad y anomia prevalecientes, la destrucción del aparato productivo y de la infraestructura, la crisis de los servicios de electricidad y agua, la exportación del Socialismo del Siglo XXI, el aberrante endeudamiento, la venta de petróleo a futuro, y la pretensión de aplicar un Plan Socialista 2013-2019 para asegurar la irreversibilidad del proceso. Son hechos de gravedad suficiente para no embestir más el trapo rojo del 11 A, como no sea para recordar a las víctimas de la masacre oficialista.

Hay que asumir el presente y el futuro, evidenciando ante el mundo cómo el régimen conduce al país a su antojo, sin rendición de cuentas ni apego a las más elementales normas del Estado de Derecho. La democracia no consiste solo en elecciones, que son manipulables, sino en la legitimidad en el desempeño. El de Chávez es un gobierno arbitrario con espíritu totalitario, ineficiente, corrupto y despilfarrador de recursos públicos, que destruye y divide en lugar de dedicar sus energías a la tarea constructiva; que ha comprometido como nunca la soberanía nacional ante Cuba y otros países; que barrió con las instituciones, y que pretende abolir el modelo republicano consagrado en las constituciones desde que Venezuela es nación independiente. Gómez y Pérez Jiménez fueron déspotas censurables, pero al menos se rodearon de gente preparada, pusieron orden en la economía, crearon instituciones, garantizaron seguridad al común de la población, y construyeron obras públicas. El daño causado al país por el prolongado régimen chavista es inconmensurable y se proyectará por décadas en lo económico, social e institucional. Hay que admitir no obstante, una cuota de responsabilidad de la sociedad venezolana, al haber tolerado que el proyecto totalitario avanzara sin pausa, bajo la falacia oficialista de que la revolución está por encima de la Constitución, que todos los poderes deben estar a su servicio, que Cuba y Venezuela conforman una sola nación, y por no haber exigido con firmeza cambios en las reglas del juego, para garantizar el respeto al voto.

Considero que el reto que hoy enfrenta el país es aún mayor que el de abril de 2002. La vía electoral no representa el cambio normal de un gobierno democrático a otro, sino la sustitución de un sistema totalitario marxista por uno apegado al Estado de Derecho, y a una economía de mercado socialmente responsable, lo cual implica serias complejidades. Es por tanto indispensable: 1) Garantizar una sólida unidad en las fuerzas democráticas de cambio. 2) Contrarrestar el ventajismo oficialista, exigiendo depurar el Registro Electoral Permanente, y organizando la defensa del voto mediante un eficaz operativo de testigos en todas las mesas electorales, para acopiar las actas y facilitar el conteo rápido de sufragios. 3) Generar confianza entre indecisos y chavistas desencantados respecto al futuro de una Venezuela sin Chávez, para desvirtuar la consigna de que si no es Chávez habrá guerra o caos. 4) Sembrar en el alma de los venezolanos un mensaje de no violencia, contrario al que transmite a diario el discurso presidencial y de sus allegados, aunado a la acción de grupos de choque que intimidan a la población y tratan de impedir que el candidato de unidad visite los barrios populares, y así estimular la abstención. 5) Prepararse para escenarios de alta complejidad política, dada la acción de quienes pretenden perpetuarse en el poder o enguerrillar al país, ante lo cual solo un amplio acuerdo nacional permitiría neutralizar la potencial acción desestabilizadora. No hay que olvidar que Rómulo Betancourt enfrentó con éxito entre 1959 y 1964 los embates de la lucha armada pro cubana y de la extrema derecha nostálgica del perezjimenismo, y ello fue posible gracias al denostado Pacto de Punto Fijo, el cual es un referente bajo realidades históricas distintas, como lo fue la concertación nacional en Chile después de Pinochet, en cuyo contexto la estadista Michele Bachelet,  víctima de la dictadura, asumió el poder sin resentimientos expresando: “el pasado nos divide, el futuro nos une hacia la construcción de un gran porvenir”.         

Un análisis sobre los retos principales de un gobierno de cambio en Venezuela, fue recogido en mi Blog:  http://www.pcarmonae.blogspot.com/2012_01_01_archive.html.

En pocas semanas cumpliré también 10 años de exilio, que han significado un profundo cambio de vida, y pese a haber sufrido en carne propia las flaquezas de la condición humana, he recogido una enriquecedora experiencia académica y profesional en el país hermano que me brinda humanitaria protección conforme al Derecho Internacional, ante la falta de garantías al debido proceso, a la legítima defensa, y al riesgo que corría mi integridad personal. Me satisface haber sido investigado por el régimen desde que fui concebido, y que se me ataque políticamente pero no moralmente, pues hay detrás una trayectoria de vida limpia, de principios, y de suprema valoración a la vida, incluyendo la de Chávez, ahora y en el 2002. No podría decirse lo mismo de quienes se aferran patológicamente al poder, con cerca de 160.000 muertos por la inseguridad que campea en el país, que han arrasado las finanzas públicas, amén de cientos de presos políticos, exiliados, un país de inmigrantes convertido en uno de emigrantes, y las graves limitaciones impuestas a la libertad de expresión y de información. Recuerdo que Teodoro Petkoff expresó a César Miguel Rondón en una entrevista el 12 A, que si bien los poderes recibidos el 12 A lucían excesivos, consideraba que yo era un hombre prudente y sensato, y que confiaba en que sabría ejercerlos con buen criterio. Pero la Fiscal Ortega Díaz sigue hablando de órdenes de captura contra la disidencia, existiendo tantos delincuentes allegados al régimen protegidos en solidaria camaradería, en tanto que Diosdado Cabello, el mismo que desapareció el 11 A, y  a quien se atribuye tanto poder económico, anuncia que leerá de nuevo en la Asamblea Nacional la lista de firmantes del Decreto de constitución del gobierno provisional, para atacarlos y descalificarlos. 

Si se perdió una importante batalla en abril de 2002, no se ha perdido la guerra contra el totalitarismo. Produce perplejidad la destrucción provocada por un régimen militarista, ideológicamente fanatizado, que no cree en instituciones sino en la consigna “ceresoliana” de “caudillo, ejército, pueblo”, y que ahora impone como saludo militar el: “bolivarianos, revolucionarios, antimperialistas, socialistas y chavistas”, en un insólito empeño de politizar a una institución que constitucionalmente está al servicio de la nación y no de persona o parcialidad política alguna, sembrando en ella el más pernicioso culto a la personalidad del gobernante. El régimen se apega también a la dialéctica marxista de que el fin justifica los medios, pero ha desperdiciado una oportunidad histórica irrepetible, para colocar a Venezuela a la vanguardia de América Latina. Siento por ello íntima tranquilidad al definirme como un disidente, aunque sin activismo político. Mal me sentiría si fuese o hubiese sido cobarde o apático, sin negar que si pudiese dar marcha atrás al reloj, algunas cosas haría de manera diferente. Pero cuando se está ante un tsunami, no hay opción para decisiones sosegadas, ya que todo es arrasado por su furia.

Para fortuna de los venezolanos y del mundo, se ha abierto un rayo de luz de esperanzas en torno al proceso electoral del próximo 7 de octubre. Pese a las inmensas asimetrías derivadas del ventajismo oficialista, no es imposible un triunfo electoral, si el país reacciona como lo hizo en procesos previos en que fue capaz de derrotar al poderoso aparato oficialista. De esa manera, no sería por un acto de Dios que no deseamos, dada la precaria salud del presidente, pues además implica riesgos de que se erijan mitos políticos futuros, sino mediante una avalancha de votos, o la resistencia pacífica y constitucional, que se rescate la democracia en Venezuela. De ser así, ni la poderosa maquinaria propagandista del chavismo, ni el discurso de que la revolución llegó para quedarse, o la compra de conciencias y de encuestas, serían capaces de acallar la voluntad popular.  

Escribo estas reflexiones durante la Semana Santa. Ello me mueve a invocar con fe al Dios Todopoderoso, para que vuelva los ojos sobre la sufrida patria, y le restituya, con el necesario tesón del pueblo, el don preciado de la libertad.

“Cuando los pueblos están en riesgo de desaparecer por obra de los hombres o de las instituciones, el grito de alarma es sagrado; someterse o callar no es solo debilidad, sino un delito público”. Julio César Salas, Venezuela, 1919.

"Cuando me desespero, recuerdo que a través de la Historia los caminos de la verdad y del amor siempre han triunfado. Ha habido tiranos, asesinos, y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero, al final, siempre caen", Mahatma Gandhi.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 3 de marzo de 2012

NUEVAS ESPERANZAS

Entramos en el mes de marzo, con la rapidez de la vida arrolladora de nuestros tiempos. En apenas siete meses, Venezuela enfrentará una crucial coyuntura en que deberá optar por la alternabilidad democrática y un cambio de sistema, o adentrarse en la etapa más oscura y costosa de su historia contemporánea. Y es que lejos de avanzar, el país retrocede sin pausa, y ello lo reflejan indicadores que lo ubican entre las naciones de peor desempeño del planeta, llámese el índice mundial de competitividad, o los de libertades económicas, corrupción o criminalidad, en el cual Caracas ocupa la triste segunda posición en el hemisferio. Faltaría un índice no existente: el del culto a la personalidad, pues Hitler, Stalin, Mussolini, Mao, Kim Il Sung, su hijo Kim Jong-Il, o Fidel Castro que ya no gobierna, se quedan pálidos ante escenas ignominiosas como la conmemoración de los 20 años del fallido intento de golpe de Estado de Chávez contra Carlos Andrés Pérez, o las de la “amorosa” despedida del pueblo con motivo del viaje a La Habana, por razones de salud. 
En la campaña electoral de 1998, muchos se engañaron con las banderas de Chávez de lucha contra la pobreza y la corrupción, ambas abiertamente incumplidas. En efecto, ante la pobreza, se ha destruido abundante empleo digno, producto de la falta de inversión y de la destrucción del aparato productivo, sin que el Estado sea capaz de sustituir el papel motor del sector privado. De otra parte, las costosas e ineficientes misiones han sido apenas limosnas que están lejos de resolver los problemas estructurales, además de generar perversas formas de subyugación de la voluntad popular, dado su componente ideológico y excluyente. Y en cuanto a la lucha contra la corrupción, duele decir que el país enfrenta una descomposición sin precedentes, alentada por la complicidad oficialista con sus seguidores, y por la abolición de la rendición de cuentas. El Poder Moral quedó en el papel y desapareció la función contralora, en violación a la Constitución de 1999, la misma que era proclamada como “la mejor del mundo”. El dogma de que la revolución está por encima de la Constitución, y de que todos los poderes deben estar al servicio del régimen, han afianzado la impunidad en quienes manejan recursos públicos, entre ellos las cajas negras o “fondos” a través de los cuales el Jefe del Estado dilapida cuantiosos montos sin control, mientras en el resto de la actividad pública, casi no hay decisión en que no estén de por medio lucrativas comisiones. Recuérdense como ejemplo, las denuncias de un ex Embajador argentino en Venezuela sobre cómo las operaciones del comercio bilateral enriquecen a camarillas de ambos gobiernos, o los vergonzosos casos del maletín Kirchner, la importación de alimentos a través de PDVSA, las especulaciones con bonos de la deuda pública, la compra de armas, y las divisas de CADIVI, entre tantos.
En cuanto a la inseguridad personal, muchos creyeron que un gobierno militarista garantizaría el orden y la seguridad, pero lamentablemente el régimen ha conducido al país a una situación de anomia, sólo comparable con la época de las montoneras del siglo XIX. ¿Son acaso pocos los 150.000 crímenes ocurridos en los últimos 13 años, o los asaltos y secuestros que siembran el terror en la población venezolana y la someten a un toque de queda? ¿O el estímulo a la formación de bandas o grupos paramilitares que operan con armas entregadas por el propio gobierno? La grave situación no sólo afecta a las clases pudientes sino a los pobres, que lloran amargamente en las puertas de las morgues y de las cárceles la muerte de sus seres queridos. Durante las dictaduras de Gómez o Pérez Jiménez, hacia quienes no siento admiración alguna, al menos la gente del común podía dormir con las puertas abiertas, y sus bienes estaban resguardados. Pero ahora el país vive el peor de los mundos: totalitarismo con caos. Pero, ¿olvidamos acaso que un día el líder del proceso expresó que robar por hambre no era delito? ¿O es que se piensa que la tolerancia ante el crimen produce réditos políticos ante los más desposeídos?
Pero no quedan allí los problemas, pues la economía continúa en franco deterioro. No sólo por la afectación del aparato productivo, que continuará merced a nuevas leyes intervencionistas y limitativas de la propiedad, sino que el endeudamiento asciende ya a cerca de los US$ 150 millardos, y porque se sigue echando mano de recursos de PDVSA y del Banco Central, llevando las reservas operativas al equivalente de dos meses de importaciones, amén de la hipoteca con las ventas a futuro de petróleo a China, y la injustificada compra de armamentos a Rusia. La economía se ha “descuadernado”, y la inflación se alimenta con un desbordado gasto público, sin que sea excusa que en el pasado haya existido inflación. Miremos más bien a las largas décadas en que Venezuela exhibió una estabilidad económica envidiada por el mundo. Y como si fuera poco, ahora el país debe vigilar el manejo de las reservas internacionales por parte de los caporales de la hacienda Venezuela, pues no es inverosímil que pretendan vender lingotes de oro, o como se rumora, que una parte sea trasladada a Cuba, lo cual constituiría un delito de lesa patria.
Pero nació una esperanza. El pasado 12 de febrero, 3.100.000 votantes otorgaron a Capriles Radonski el mandato de liderar la alternativa democrática de cara a los comicios del 7 de octubre. Capriles no es el candidato de oligarcas, imperialistas o golpistas (¡oh caradurismo!), sino de millones de compatriotas de todos los estratos e ideologías, que pese al impúdico ventajismo oficialista, se volcarán a las urnas en esa fecha, para rescatar la libertad y la democracia. Que Dios conceda salud al Presidente para que abandere el continuismo de su proyecto marxista, del cual el país está cada día más decepcionado. Así lo creemos las personas de bien, que privilegiamos el valor supremo de la vida sobre el de la muerte. Y de paso, que ello desmienta la absurda afirmación de que en abril del 2002 se iba a atentar contra la vida de Chávez -como sí lo pretendieron los golpistas del 4F de 1992 respecto del Presidente Pérez- pues ni por mi mente habría pasado jamás semejante exabrupto, ni las FAN habrían deshonrado el compromiso de garantizar plenamente su integridad personal.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 7 de febrero de 2012

ENTREVISTA DEL PERIODISTA RICARDO ANGOSO A PEDRO CARMONA, PARA LA REVISTA CAMBIO 16 DE ESPAÑA.

Introducción de Ricardo Angoso, periodista entrevistador.

La reciente retirada del candidato presidencial Leopoldo López, quien era uno de los favoritos en las elecciones primarias previstas dentro de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), despeja el camino para la casi segura elección –según las encuestas publicadas hasta la  fecha– del gobernador Henrique Capriles como candidato para disputar con Hugo Chávez la presidencia de país. Las elecciones presidenciales, previstas para octubre de este año, se celebrarán en un momento crucial para el régimen que enarbola como bandera al “socialismo del siglo XXI”, debido, sobre todo, a la inesperada enfermedad del máximo líder y al agravamiento de los problemas internos. Una vez retirado López, que era visto con grandes esperanzas por algunos sectores venezolanos pero con escasas posibilidades de derrotar a Chávez por varias razones, quedan en la escena política frente a Chávez el abogado Pablo Pérez, el sindicalista Pablo Medina, la ingeniera María Corina Machado, el exembajador Diego Arría y el ya citado Capriles. La elección del candidato será el 12 de febrero y, una vez elegido, todos los demás postulantes, tal como se ha previsto y salvo sorpresas, cerrarán filas en torno al ganador. ¿Será así? Veremos. La salida de López de la nómina de candidatos y su apoyo a Capriles no es algo desdeñable, pues sumaba en las encuestas un capital político que se situaba alrededor del 15 por ciento, y contribuye a clarificar el escenario. Una vez que Capriles salga elegido, pues por ahora no se perfila nadie que le pueda hacer sombra, a la oposición le esperan ocho largos meses de campaña muy duros, en donde las provocaciones, la manipulación informativa y la violencia –habituales armas del régimen chavista– estarán al orden del día. La disputa estará muy reñida, ya que la popularidad de Chávez sigue alta, aunque el debate de fondo sigue siendo la verdadera gravedad de la enfermedad del presidente y máximo caudillo. El cáncer del presidente se ha convertido en el epicentro de la vida política venezolana, ya que de su evolución depende, en gran medida, el futuro de la revolución bolivariana. Un régimen tan caudillista como el de Venezuela gravita sobre su máximo líder y las condiciones en que se produjera una posible sucesión, bien por defunción precipitada o por un agravamiento que provocara el relevo, están más presentes de lo que parece en el interior del movimiento que apoya a Chávez. Al parecer, cuentan los analistas venezolanos, el régimen está dividido entre los halcones que apoyan a Adán Chávez, verdadero ideólogo del régimen y consabido comunista, los pragmáticos que apoyarían al canciller Nicolás Maduro, un duro pero sin ideología conocida aunque muy cercano a los intereses de Cuba, y los izquierdistas de corte democrático que se decantarían por el vicepresidente Elías Jaua. Cualquiera de estos tres candidatos, si Chávez se apartase de la escena por cualquier razón, tiene serias posibilidades de suceder al controvertido caudillo, aunque no descartemos que finalmente llegue a las elecciones de octubre y así no se abriría la siempre compleja batalla sucesoria. Capriles tendrá que batirse con Chávez o bien con cualquiera de los ya citados postulantes. La campaña será larga, dura y, previsiblemente, sucia. El descarado ventajismo con el que juega el régimen, el monopolio informativo del oficialismo y el control del aparato electoral, junto con el descarado clientelismo con que cuenta a merced del manejo del dinero procedente de la industria petrolera, hacen que sea una lucha absolutamente desigual. Enormes retos y desafios Gane quien gane, sea del oficialismo o de la oposición, lo único que queda claro es que el próximo presidente tendrá que gestionar el colapso generado después de trece años de ineficacia, ineficiencia y despilfarro de los recursos públicos. El país sufre una profunda parálisis en lo económico, sobre todo por la dependencia de los ingresos del petróleo, e importa el 95 por ciento de lo que consume. No se produce nada de nada y Venezuela ocupa el último lugar en la recepción de inversiones extranjeras en América Latina. Hay cortes de luz periódicamente, suspensiones en los servicios públicos y el transporte, como el Metro de Caracas —antaño orgullo de todos los venezolanos—, también se ve interrumpido numerosas ocasiones, por citar tan sólo algunos ejemplos del caos cotidiano en que se vive. Luego está la inseguridad ciudadana, que han convertido a este país en uno de los más peligrosos del mundo; en la última década se han producido más de 100.000 homicidios y el pasado año la cifra alcanzó los 20.000. Solo en la ciudad de Caracas es normal que un fin de semana la cifra se acerque al centenar y el fin de año hubo 94 homicidios, una cifra escalofriante para una ciudad de apenas seis millones de habitantes y que ya es más peligrosa que Kabul o Bagdad, con tasas de homicidios incluso más bajas que la capital venezolana. Mención aparte merece el abandono generalizado de las infraestructuras, en una nación donde en los últimos años no se construyó nada y, lo que es peor, ni se reparó, con lo cual cuando uno atraviesa este antaño próspero país se tiene la sensación de estar circulando por un paisaje abandonado tras un ataque nuclear. Carreteras intransitables, baches –o cráteres– sin asfaltar desde hace años, puentes a punto de caerse, desprendimientos inesperados en casi toda la red vial y edificios abandonados a medio construir, junto un sinfín de escenas indescriptibles que conforman la realidad venezolana, hacen de Venezuela un país casi abatido por una guerra. Necesitará de un auténtico proceso de reconstrucción nacional si de veras quiere convertirse en un país del siglo XXI. A este cuadro que le espera al próximo presidente se le viene a unir la corrupción y la opacidad en las cuentas públicas por parte del régimen y del mismísimo presidente Chávez que pone y dispone de los fondos del petróleo al servicio del proyecto bolivariano y de los países de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), pero especialmente para Cuba y Nicaragua, cuyas ruinosas economías son financiadas a golpe de talonario. En fin, gane quien gane, la herencia por recibir será nefasta y fruto de una tragedia que dura ya casi tres lustros.



CAMBIO 16. 13 febrero 2012, Nº 1 800, internacional
Pedro Carmona: Economista y ex Presidente de la patronal venezolana. Desde su exilio colombiano, que comenzara hace ya una década, analiza la difícil coyuntura que atraviesa su país y el próximo desafío electoral que tiene ante sí la oposición, a la que advierte que debe ir con un solo liderazgo para derrotar a Chávez en las urnas.

RA:  Qué argumento tiene para sostener que Venezuela se cubaniza?
PC: Los hechos hablan por sí solos. La presencia de contingentes cubanos en Venezuela ha sido creciente, en sus inicios en los campos de la salud y educación, pero se ha extendido a sectores estratégicos como la seguridad e inteligencia; las notarías y registros; la identificación y extranjería; la protección del presidente, las llamadas “misiones” y, la sala situacional del Palacio de Miraflores, donde se gestan las decisiones cruciales del régimen. La cubanización es así una realidad que configura la mayor cesión de soberanía de la historia nacional, insólitamente justificada en el hecho de que ambos países conforman un solo proceso con objetivos comunes. Actualmente, se entregan a Cuba 112.000 barriles diarios de petróleo, que se dicen compensados por los 60 a 70.000 cubanos que prestan servicios en el país. Además, existe una relación de dependencia afectiva del presidente Chávez con Fidel Castro, líder indudable del proceso revolucionario cubano. El propio Chávez lo menciona como su maestro y mentor, e indica que gracias a él, ha podido avanzar en su proceso revolucionario.

RA:  Le he visto muy pesimista en sus últimos artículos con respecto a las próximas elecciones. ¿En qué se sustenta para serlo?
PC: No soy pesimista, trato de ser realista y de advertir que las reglas electorales están distorsionadas por el absoluto ventajismo oficialista. La oposición no tiene otras armas que las legales y electorales. Se requiere mayor firmeza en la denuncia del fraude, y garantizar el respeto al voto. A manera de ejemplo, la oposición no tiene acceso al padrón electoral, donde estarían ocultos varios millones de votos fantasmas, y el árbitro, el Consejo Nacional Electoral está integrado por afectos al régimen. Los especialistas coinciden en las máquinas electrónicas son susceptibles de manipulación, y por último, el régimen coloca a su servicio todos los recursos del Estado. En estas circunstancias, la lucha es asimétrica; el presidente y sus acólitos, incluyendo a la cúpula militar, afirman que se mantendrán en el poder hasta el 2031, que no aceptarán un gobierno de oposición, o que la vía electoral no es el único medio, pues la lucha armada no es descartable. Estas ilegales expresiones siembran temores e incertidumbre, y son la razón de mis interrogantes de cara al futuro.

RA: Hay quien dice que lo que está en juego en Venezuela en las próximas elecciones es quién gestiona el colapso del país. ¿Comparte esa lectura de la realidad venezolana?

PC: El panorama económico del país en el mediano y largo plazo es inviable. Solamente con altos precios del petróleo y mayor deuda es posible tapar el agujero fiscal, subsidiar, regalar dinero a otros países con fines políticos, y mantener el gasto público como centro de la economía. Hoy, el país es más dependiente que nunca del petróleo; el 95 por ciento de las exportaciones son petroleras, con sólo el 5 por ciento de no tradicionales. Como se requiere más caja, el Gobierno vende petróleo a futuro a China, en lo que constituye una hipoteca de primer grado para las nuevas generaciones de venezolanos. Por otra parte, la aplicación de estricto control de cambios plantea a las empresas privadas problemas para acceder a las divisas requeridas para el giro de sus negocios. Ello explica las crecientes importaciones, el desabastecimiento y la mayor inflación de toda América Latina, en promedios cercanos al 30 por ciento.

RA: ¿Cómo ve la salud de la oposición, más concretamente de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)?

PC: Ha ido evolucionando en términos alentadores. El registro de los candidatos y su campaña muestran voluntad de unidad y ella es un requisito sine qua non para enfrentar a ese complejo cuadro. El 12 de febrero de 2012 es la fecha crucial de las elecciones primarias, y a partir de allí, el “líder único” oficialista, Chávez, tendrá un contendor. Hace pocas semanas se celebraron dos refrescantes debates entre los seis precandidatos opositores, bajo una visión amplia a la cual los venezolanos estaban desacostumbrados, ante el pensamiento único del gobernante. No obstante, la candidatura única es un requisito necesario pero no suficiente. Se requiere estructurar un programa común que convenza al amplio segmento de indecisos y a quienes están preocupados porque las condiciones desfavorables en las que juega la oposición sirvieran sólo para legitimar a un régimen cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa.

RA: ¿Qué balance hace de la situación económica que vive el país?
PC: Muy compleja: continúa el proceso de progresivo endeudamiento del país, con una menor producción petrolera. Las condiciones para la inversión privada son cada vez más adversas, por una parte, por las masivas expropiaciones industriales, agropecuarias y de servicios. Más recientemente, se aprobaron nuevas leyes que restringen más las libertades económicas, como la Ley de Costos y Precios Justos, o una Ley Inmobiliaria que debilita seriamente el concepto de propiedad privada. El Estado venezolano avanza indetenible en la intervención de la economía, generando más desconfianza. Si ya había un nivel alto de desinversión por la obsesión expropiadora del Gobierno, las empresas sobrevivientes son más vulnerables al cierre o quiebra, lo cual agravará la situación del empleo, y la dependencia del sector petrolero. Pero al Gobierno sólo parece interesarle crear un Estado omnipotente e intervencionista, con el agravante de que muchas de las empresas estatizadas han dejado de ser productivas o eficientes.


RA: ¿Cree que de aquí a las elecciones la enfermedad de Chávez va a ser un elemento clave en el debate?
PC: Circulan muchos informes y conjeturas sobre la salud del presidente, y es indudable que si hubiera un agravamiento ello influiría sobre el proceso electoral de 2012. El Gobierno adelantó las elecciones para el mes de octubre, ante cualquier eventualidad, pues es clara la prioridad del régimen de asegurar la continuidad, incluso con un plan B si las cosas se complicaran, con influencia cubana, dada la dependencia de ese país de recursos venezolanos y el control que ejerce en los pasos estratégicos del régimen. Muchas encuestas muestran que un porcentaje considerable de la población le da su confianza a Chávez, pero que una clara mayoría cree que el presidente no debe permanecer más allá de los 13 años que ha gobernado, ello desde luego si hubiese elecciones limpias y no se intimidara al pueblo a cambio de dádivas o empleos.


RA: ¿Parece, no obstante, que la proyección exterior del régimen se ha debilitado, quizá incluso a cuenta de la enfermedad?

PC: Creo que sí, no solo por las violaciones sistemáticas al Estado de Derecho, la corrupción y la falta de independencia de los poderes públicos, sino por hechos internacionales como el desprecio por las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y las firmes alianzas tejidas con oprobiosas dictaduras en el mundo. La comunidad internacional sabe que las reglas de juego democrático son precarias en Venezuela, pero el poder del dinero y del petróleo puede más que las convicciones. La democracia es sólo un barniz útil en Venezuela. Hubo legalidad electoral en el origen en 1998, pero no existe legitimidad en el desempeño democrático, como lo establece la ahora “incómoda” Carta Democrática Interamericana de la OEA.


RA: ¿Parece que hay una crisis de lo que usted denominó un día como la ‘franquicia chavista’?

PC: Está circunscrita a los países del ALBA. Incluso en países de América Latina donde ha triunfado la izquierda prevalece el centro o centro-izquierda moderado, y no el radicalismo chavista, como ocurre en Brasil, Chile, El Salvador, Perú, Uruguay y hasta en Argentina, con sus particularidades. Creo que ese giro de la izquierda marca ciertas distancias con Chávez, aunque todos tratan de obtener beneficios económicos de su generoso y dilapidador bolsillo.


RA: ¿Cómo ve, en general, la salud democrática del continente?

PC: Con sensibles deterioros en los casos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y ahora Ecuador, donde se limita la libertad de prensa y proliferan los actos autoritarios. El caso de Nicaragua es insólito, pues mediante una violación constitucional avalada por órganos abyectos al Gobierno, se permitió la candidatura del presidente Daniel Ortega, y luego se perpetró un fraude electoral, denunciado por la oposición. En Guatemala, por el contrario, se realizaron elecciones limpias, que han llevado al país a un cambio de tendencias políticas, y en el caso del Perú, donde había muchas dudas, se aprecia por ahora una tendencia a preservar el sostenido desarrollo de la última década. Preocupa sí que la región se haga la vista gorda con el cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, lo que la ha convertido en letra muerta, y que, en otras instancias, Unasur y la CELAC se confeccionen nuevos textos que enfatizan sólo en las elecciones, y no en la legitimidad democrática de los gobiernos.


RA: ¿No tiene que ver esa tendencia con un desinterés de los Estados Unidos hacia los problemas de la región?

PC: No es algo propio de este Gobierno, sino que ya antes, en el de Bush, se percibía una débil visión estratégica respecto a América Latina, algo inconveniente que debería modificarse en los próximos años. Estados Unidos carece de una visión estratégica clara con el continente. Los recientes TLC con Panamá y Colombia, son positivos, pero faltó congruencia con la condición de Colombia como aliado estratégico de tantos años.

RA: Eso quizá lleve a los países del Continente a buscar nuevos mercados, ¿no cree?
PC: Es una tendencia que estimulará la diversificación exportadora de estas economías, como ha ocurrido en Chile y Perú, que se proyectan a Asia en forma clara. México, por el contrario, no puede escapar de la gran interrelación económica con su vecino Estados Unidos. Colombia se esfuerza ahora en la diversificación de mercados hacia el mercado asiático, y los de la Unión Europea, EFTA, Estados Unidos, Canadá y América Latina. Pero Chile representa el mejor ejemplo de apertura y diversificación exportadora de la región.

jueves, 26 de enero de 2012

LOS RETOS DE UN GOBIERNO DE CAMBIO EN VENEZUELA

Con el nuevo año, comienza la contienda electoral en Venezuela. En pocos días, la oposición designará en elecciones primarias al candidato único que enfrentará al todopoderoso presidente de la República, quien ya tiene la alforja henchida de recursos públicos, para soltar a la calle miles de millones con un solo objetivo: asegurar su triunfo en las elecciones del 7 de octubre. En la Venezuela actual están ausentes la planificación y la visión de largo plazo. No importa endeudar más al país, hipotecarlo con ventas de petróleo a futuro, o comprometer la salud financiera de PDVSA y las empresas del Estado. El objetivo vital del gobernante es el poder, y para ello se necesita abundante caja con fines políticos, haciendo caso omiso de los graves problemas estructurales que afectan a la nación entera, a los más necesitados, y al futuro de las nuevas generaciones.
Los anuncios recientes en la tolda opositora fortalecen la tendencia favorable a Henrique Capriles Radonski, pese al coraje mostrado por María Corina Machado y Diego Arria. Éstos sostienen la necesidad de contrastar con el gobierno, denunciar el fraude y hablar con la verdad al país sobre la crisis, mientras que Capriles orientaría su estrategia a captar votos independientes o pro gobierno, evitando polemizar en demasía con el candidato-presidente. En todo caso, el ungido en las primarias deberá afrontar una campaña asimétrica, con todos los recursos del Estado al servicio del candidato oficialista, expresión de un profundo ventajismo, lo cual sumado a las manipulaciones al sistema electoral, exige como expresara Oswaldo Álvarez Paz en reciente artículo, pasearse por escenarios de extrema complejidad política, entre ellos los riesgos de alteración de resultados o la utilización de bandas armadas para intimidar al país, e impedir la alternabilidad política.
No dudo que la dirigencia opositora conoce dichos escenarios y el deber de la defensa del voto, pero no es menos cierto que las reglas del juego son inequitativas y que en algunos procesos previos se mostró debilidad o impreparación. Las esperanzas de los venezolanos están puestas en octubre, conscientes de que es el momento del cambio, o de pérdida por largo tiempo de la institucionalidad democrática. De allí el desafío de transmitir al electorado un mensaje convincente, cuyos lineamientos están apenas esbozados, sin eludir el debate sobre el terrible estado de cosas imperante, y sobre las bases para la sustitución del modelo comunista en marcha, con garantías de gobernabilidad del país.
Desde la distancia, reflexiono a solas en torno a los difíciles retos a los cuales tendría que responder un nuevo gobierno de talante democrático, principalmente:
a)      El desmonte de los odios y lucha de clases en la sociedad venezolana, la libertad de los presos políticos, la reconciliación sin impunidad, y la tranquilidad a los segmentos más pobres afectos al régimen, de que no serán objeto de retaliaciones.
b)      La reinstitucionalización del Estado, destruido por un estilo personalista y discrecional, lo cual implica el rescate de PDVSA, de la Fuerza Armada, el sistema judicial, el Banco Central, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la recuperación de competencias y recursos de Gobernadores y Alcaldes, la libertad de expresión, y la lucha contra la corrupción y la anarquía que corroe las entrañas de la nación.
c)      El desarme del país para enfrentar el caos, la inseguridad personal y la existencia de bandas armadas que han sido alentadas desde el gobierno, y que han escapado de su control.
d)      El reordenamiento de la economía para revertir el desbordado endeudamiento e inflación; disciplinar el gasto público; exigir rendición de cuentas; reducir la exacerbada intervención del Estado; suspender los regalos al exterior sin perjuicio de la tradición de cooperación internacional de Venezuela; racionalizar los subsidios; restablecer la libertad cambiaria; recuperar la confianza a la inversión, e impulsar la diversificación económica y el desarrollo económico y social.
e)      El replanteamiento de una política exterior y de integración económica acorde con los más genuinos intereses geopolíticos de la nación, y no los de un gobierno de turno, con una visión ideológica autocrática y personalista.
f)       La reorientación de los programas de ayuda hacia los más necesitados, enfatizando en la generación de empleos dignos y estables como vía para erradicar la pobreza, en lugar del sólo otorgamiento de dádivas, estimulante de la subyugación y el ocio.
Los puntos anteriores, no limitativos, perfilan la magnitud de los retos que enfrentaría de un nuevo gobierno a partir de 2013. Son factores sensibles y de alto riesgo, agravados por las señales transmitidas por personeros del régimen como el General Rangel Silva o el Gobernador Adán Chávez, quienes han asomado el eventual desconocimiento de la voluntad popular si el resultado no les es favorable, o el recurso de la lucha armada. Luce por tanto indispensable un sólido acuerdo entre las organizaciones políticas e independientes con visión democrática, que asegure estabilidad política y el reemplazo de un modelo fracasado, como ocurrió en 1959, cuando bajo el recio liderazgo de Rómulo Betancourt, fue necesario preservar a la naciente democracia de los embates de la extrema izquierda pro cubana, y de la extrema derecha nostálgica del perezjimenismo. Resulta además vital que la Fuerza Armada se comprometa a acatar la voluntad popular, y a no reprimir al pueblo, si éste se viera en situación de defender el voto. Bienvenido sea pues el inicio de la campaña, ojala sin debilidades o complejos en la tolda opositora para denunciar el ventajismo, y con claridad de que no estamos en un proceso electoral normal, sino al margen del Estado de Derecho, y con el reto de relevar a un régimen totalitario, aliado a factores nacionales e internacionales que tratarán de impedir la restitución del orden democrático y de libertades en Venezuela, país clave en la geopolítica regional y mundial. Que Dios ilumine a nuestra sufrida patria.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

miércoles, 14 de diciembre de 2011

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Venezuela concluye otro año espeso, difícil, tras trece largos años de gobierno, con una alta proporción de sus habitantes apesadumbrado, otros emigrando hacia diversos destinos, aún a costa de la incertidumbre y del abandono de actividades, familia, amigos y raíces. La inseguridad personal y la falta de oportunidades han convertido al país del atractivo lugar de inmigración que siempre fue, en uno de emigrantes, provocando el drenaje de lo más valioso de una nación, el capital humano, en una lamentable diáspora hacia el mundo,

En Colombia escucho con frecuencia con un toque de ironía, un agradecimiento a Chávez por hacer posible que tantos profesionales valiosos, inversionistas, y familias de bien, hayan escogido a este país como su lugar de residencia. Igual ocurre en Panamá, Costa Rica, Estados Unidos, España, Canadá, y tantos otros. Pero el régimen, al mejor estilo cubano, considera excelente que los “escuálidos” emigren, pues así Chávez se queda con el país y con el “pueblo”. Con todo, millones de compatriotas permanecen luchando en Venezuela, pese al ostensible deterioro de las condiciones de vida, en tanto que otros aguardan el resultado electoral de octubre de 2012 para, en el evento de que el gobierno continúe aferrado al poder–como es su inocultable propósito- incorporarse a una nueva oleada migratoria, ante condiciones de vida insostenibles.
Pero, ni la enfermedad ablanda al gobernante. Antes bien, luce como que el deterioro en la salud presidencial, lo moviera a acelerar sus destructivos planes. Desde la distancia observo con perplejidad nuevos desarrollos del mismo guión: es el caso del ataque al Dr. Diego Arria en un acto académico en la UCV; el reconocimiento público hecho por Chávez al estudiante de la UCV que lideró el peor irrespeto de la historia de la Universidad a sus autoridades, afortunadamente repudiado por la comunidad estudiantil en las recientes elecciones realizadas. Luego, el episodio de violencia desatado por encapuchados chavistas ante la contundente derrota sufrida en dichos comicios, bajo el estilo de los grupos de choque fascistas o marxistas. La Universidad va así en vías de anarquización, y sin presupuesto, producto de la asfixia a la que la ha sometido el gobierno, mientras se dilapidan fortunas en demagogia nacional e internacional.
De otra parte, la sistemática campaña de envenenamiento de la mente de los venezolanos, movió de nuevo al gobernante a afirmar públicamente al país que si la oposición gana habrá guerra, que el pueblo no admitirá que la oposición conduzca a PDVSA, a la Fuerza Armada, que la oposición acabará con las misiones, etc. todo ello dentro de la línea de expresiones previas del General Rangel Silva y de Adán Chávez, que asoman aviesas intenciones de desconocer un resultado adverso, o la opción de la lucha armada o de enguerrillamiento del país. Adicionalmente, se descalifica ante el pueblo a los precandidatos opositores con términos peyorativos, hecho que en cualquier país serio serían objeto de sanción por la autoridad electoral. Para Chávez, no existe en Venezuela otra persona con capacidad para ser presidente, y por eso infunde temores, y reafirma la necesidad de su perpetuación en el poder, al estilo de los gerontócratas cubanos.
Como si no existiese una crisis de seguridad jurídica, la obsecuente presidenta del Tribunal Supremos de Justicia comunicó al país la despenalización de la invasión como delito, con lo cual quedan libres los reos incursos en dicha falta. Poco antes, una nueva ley inmobiliaria significó otro certero ataque contra la propiedad privada, que afecta no sólo a los ricos sino a familias de clase media y baja propietarias de inmuebles para alquiler, provocando que desde ese momento, muchos inquilinos se rebelaran contra los dueños de los inmuebles, negándose a pagar los alquileres, y hasta amenazándolos de muerte. La despenalización alentará nuevas invasiones a lo largo y ancho del país, que quedarán impunes, ante propietarios inermes en la defensa de sus derechos.
La guinda de la torta es el atropello de que están siendo objeto los empresarios privados a raíz de la Ley de Costos y Precios Justos, norma que llevará a una situación precaria o de quiebra a numerosos negocios, sumándose a las decenas de miles que ya han cerrado sus puertas o han sido expropiados. Recuerdo que durante mi gestión como Presidente de Conindustria entre 1995 y 1997, el país contaba con casi 14.000 empresas manufactureras productivas, de las cuales sólo quedan algo más de 6.000, es decir, menos de la mitad. Ello sin contar las invasiones, confiscaciones o expropiaciones de fundos agropecuarios en toda Venezuela, lo cual ha acarreado más escasez de bienes de primera necesidad, y la exacerbación de una economía importadora o de puertos.
El año cerrará de nuevo con una inflación cercana al 30%, el peor castigo al estómago y bolsillo de los venezolanos, pese a los subsidios al tipo de cambio, a los combustibles y a otros servicios públicos, excepción hecha de grupos privilegiados, como es el caso de los militares, a quienes se incrementan salarios generosamente, lo cual no es malo per se, pero discrimina con respecto a otros servidores públicos. Los niveles de endeudamiento del país superan ya los US$ 135 millardos, y la deuda militar con Rusia, así como los créditos del fondo chino se incrementan sin freno, pues permiten el manejo discrecional de recursos en el presente, aún a costa de hipotecar a las nuevas generaciones. No existe visión de mediano y largo plazo en lo económico, aunque sí en lo político.
Quiera Dios que en el 2012 el pueblo venezolano abra los ojos ante la incompetencia y el engaño, sin deslumbrarse por la multiplicación de las dádivas, y que la oposición sea capaz de consolidar la unidad y ofrecer mensajes firmes y convincentes, por encima de intereses personales o grupales. Es triste concluir con la expresión que escuché del precandidato Capriles hace poco: “el gobierno es como la saliva de chivo; lo que toca se seca”. Que ello sirva de meditación en las postrimerías del 2011, y para el comienzo de un año decisivo, dependiente de la actitud que el pueblo venezolano asuma ante la barbarie autoritaria.
Feliz Navidad y Año Nuevo para quienes amablemente compartan estas reflexiones.  



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"