martes, 7 de enero de 2014

Quince años de totalitarismo en Venezuela


Con los albores del 2014 se conmemoran en Venezuela 15 años de un régimen que llegó al poder en 1999 por medios democráticos, gracias a una combinación de ingenuidad y engaño, con el único propósito de copar todos los espacios y demoler la democracia desde adentro. Coincide dicho aniversario con los 55 años del régimen castrista en Cuba, una de las más longevas dictaduras de la historia, sin que haya atisbo alguno de que la gerontocracia gobernante en ese país tenga la intención de propiciar una apertura política, ello ante la mirada pasiva de quienes en el planeta todavía creen que las dictaduras de izquierda son tolerables pero no así las de derecha, cuando en realidad toda dictadura, independientemente de su signo, debe merecer sin dobles morales la censura de parte de la comunidad internacional.

El cierre del año 2013 evidenció para la economía venezolana un balance calamitoso, como resultado de la combinación entre fanatismo ideológico, incompetencia y desconocimiento de las reglas más elementales de la economía. Así, no obstante el maquillaje de cifras y la aplicación de costosos subsidios, la inflación cerró en 56,2%, en virtud de un gasto público desbordado, financiado inorgánicamente y con un creciente endeudamiento. El gobierno se rehúsa a entender que el ilegal financiamiento del Banco Central al gasto corriente, unas veces a través del techo impuesto al nivel de las reservas internacionales, otras a la entrega al Ejecutivo de las utilidades cambiarias, y finalmente el apoyo financiero a PDVSA, han hecho crecer brutalmente el circulante sin relación alguna con la masa de bienes y servicios producidos, siendo que la inflación es un fenómeno eminentemente monetario, cuya expresión final es el aumento en el índice de precios.

El desabastecimiento de bienes de primera necesidad se mantiene en torno al 23%, no obstante los millardos de dólares destinados a la importación, con lo cual se traslada la generación de empleo hacia otras naciones, mientras que el aparato productivo interno sigue abatido. El colmo es imaginar que con más intervención del Estado y regulaciones masivas de precios, hasta de los vehículos usados, se solucionarán problemas que responden a causas estructurales diferentes a la infantil cantaleta de la “guerra económica” propiciada por la oposición y el imperialismo. La incitación a los saqueos de meses precedentes y la conminación a los comerciantes a liquidar inventarios a bajos precios, no hará sino agravar los problemas en el presente año, pues sin dólares será imposible lograr la reposición de los inventarios, salvo que lo hagan al tipo de cambio paralelo, con la relación de precios que ello supone.

En el ámbito cambiario, luce inevitable una nueva devaluación del bolívar ante la profunda brecha de 1 a 10 entre el tipo de cambio oficial y el paralelo. Pero el gobierno no aprende de sus propios errores. Cuando devaluó el bolívar en enero de 2013 de 4,30 a 6,30, una paridad irreal, se vio obligado a restringir severamente el otorgamiento de divisas requeridas para cubrir las crecientes necesidades de importación de la nación. Por tanto, si se decreta una nueva devaluación y se mantiene cerrada la llave de la divisas, solo se “correrá la arruga”, el cambio paralelo seguirá disparándose, y con ello la corrupción y arbitrariedad que lo acompañan. El gobierno ha decidido estatizar más el comercio exterior mediante la creación del Centro Nacional de Comercio Exterior, pero ello resultará un intento fútil, aunque coherente con el modelo del Socialismo del Siglo XXI.

En el plano político, el régimen se radicaliza y Maduro se siente depositario del legado de Chávez para la plena implantación del castro comunismo, a través del llamado Plan de la Patria, programa a todas luces inconstitucional. La aprobación de una nueva Ley Habilitante por parte de la Asamblea Nacional permite a Maduro gobernar a su antojo, siguiendo los pasos de su predecesor, y por ello el esfuerzo para lograr el voto No. 99 requerido, constituyó otro capítulo ignominioso en la historia política del régimen. Pero, según la dialéctica marxista, el fin justifica los medios. El Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, en una muestra más de su creciente intolerancia, insiste en proclamar que no hay dialogo posible con los “enemigos”, a los cuales simplemente hay que derrotar, salvo que se subordinen incondicionalmente al orden existente.

Hoy, Día de Reyes, la opinión pública se ha conmovido con el vil asesinato en una importante arteria vial del país de la hermosa Miss Venezuela 2004 Mónica Spear y su esposo, dejando herida y huérfana a su hijita de tan solo 5 años. No se trata de politizar la noticia como lo afirman los áulicos del oficialismo. Simplemente es evidenciar que el país se les fue de las manos, por proteger a los malandros y propiciar la impunidad, y ahora recoger velas les resulta imposible. Y es que en Venezuela se vive el peor de los mundos. Se supone que las autocracias ofrecen seguridad y orden. Pero en el país prevalece una dictadura en medio de la más absoluta inseguridad y anarquía, lo que lleva a pensar que la misma obedece a políticas de Estado.  

En la tolda opositora, son crecientes las voces que demandan un replanteamiento de la estrategia y la eventual renovación de su liderazgo, pues ha quedado evidenciado que con las mismas prácticas ventajistas del oficialismo y la manipulación electoral, los votantes sienten que la expresión de su voluntad no ha sido respetada, y ello estimula la abstención, como ocurrió en las elecciones municipales del pasado diciembre. No es por tanto descartable que se abran espacio nuevas figuras en la dirigencia opositora, y que gane terreno la opción de la resistencia no violenta ante las prácticas antidemocráticas y violatorias del Estado de Derecho del gobierno, las cuales se han convertido en cotidianas e impúdicas, sin que ya ni siquiera se cuiden las formas.

Releyendo en los días navideños la autobiografía de Nelson Mandela “El largo camino hacia la libertad”, se  evidencia cómo ese ser superior al cual rinde justo homenaje el mundo entero, fijó su meta en la lucha contra la segregación, cosa que desde lo político y no de lo racial existe en la Venezuela de hoy; bajo un ideal del nacionalismo sudafricano y panafricano, concepto también pisoteado en un país entregado a Cuba; de unidad de todos los sudafricanos por encima de sus orígenes tribales o europeos, no de fractura como en Venezuela; y para ello promovió una movilización destinada a extender el derecho de representación de los sudafricanos negros como bandera en la lucha por la libertad. Mandela se distanció de las estrategias del Partido Comunista, pues no confiaba en su dirigencia e intereses, y se inspiró más en la campaña de resistencia pasiva emprendida en la India por Mahatma Gandhi, quien terminó derrotando al imperio británico con firmeza y persistencia, pero sin disparar ni un tiro.

Luce así que en la Venezuela de hoy, la resistencia pasiva no violenta, contra todo acto que sea aprobado por el régimen en forma ilegítima, respaldada en principios pétreos de la Constitución vigente, es el camino que se abre, pues de lo contrario el régimen seguirá afincando sus garras para perpetuarse en el poder e imponer sus designios, emulando a sus mentores y mandantes cubanos.   

El inicio de un nuevo año, tras tres lustros de totalitarismo y duras experiencias, obliga por tanto a una reflexión serena y prudente sobre las formas pacíficas de resistencia ante un régimen deslegitimado, que ha sembrado destrucción, corrupción, desinstitucionalización, fracturas y odios por doquier, y que no duda en utilizar todos los medios a su alcance para implantar un modelo ajeno a la idiosincrasia y deseos de los venezolanos, pulverizando el patrimonio nacional, pauperizando a la población, y entregando la soberanía a una nación extranjera y a sus aliados, para el logro de sus perversos fines.




"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

lunes, 7 de octubre de 2013

A MI MADRE, A LOS CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO


Se cumplen hoy, 8 de octubre de 2013, cien años del nacimiento de mi amada madre Elena Estanga de Carmona. Nacida en Ciudad Bolívar (Angostura), de la unión conyugal de Hortensia Sigurani y Celestino Estanga, una familia corta de antepasados foráneos, como tantas familias que llegaron a Guayana atraídas por el potencial que esa rica región ofrecía a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, en esa Venezuela entonces llamada “Tierra de Gracia”.

El apellido materno de mi madre, Sigurani, era de origen corso, y el del lado paterno Estanga, una castellanización del francés Estaing, sin árboles genealógicos ni heráldicas, pues era gente de trabajo, y como tantos venezolanos, producto del gran crisol que fue de razas y culturas.

Después del derrocamiento del Presidente Cipriano Castro en 1908, mi abuelo debió realizar un viaje de Ciudad Bolívar a Caracas, a cuyo efecto abordó el barco que surcaba el río Orinoco, principal medio de comunicación existente, con una escala en Puerto España, Trinidad, para continuar al día siguiente hacia el puerto de La Guaira. En las horas de escala en la capital trinitaria, mi joven abuelo, de 28 años de edad, decidió visitar al ex Presidente Castro, a quien había conocido en una visita que este hiciera a Ciudad Bolívar, lo cual fue de inmediato reportado telegráficamente a Caracas por los esbirros de Juan Vicente Gómez. Al desembarcar en La Guaira, mi pobre abuelo fue detenido y trasladado a la tenebrosa cárcel gomecista de La Rotunda en Caracas, donde sufrió privaciones y torturas, hasta ser vilmente asesinado.

Refiere la edición No. 101-106 del Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, publicado por el Ministerio de la Secretaría de la Presidencia de la República de Venezuela, que el joven Celestino Estanga murió envenenado en el Calabozo No. 15 de La Rotunda el día 17 de marzo de 1917, cuando mi madre tenía tan solo tres añitos de edad.

Relata Miguel Delgado Chalbaud, compañero de calabozo del abuelo, en carta dirigida a mi madre tras la muerte de Gómez, fechada el 20 de junio de 1936, lo siguiente:

“Efectivamente, yo fui el compañero que ayudó a su papá hasta el momento en que murió. Yo fui quien en 1923 cuando llegué a Ciudad Bolívar, entregué a su abuelita la cuchara de plata que mi buen amigo Celestino me confió para usted, su hijita adorada, a quien siempre recordaba el pobre cada día.

Deseaba ponerme en contacto con usted, porque quiero cumplirle a mi buen amigo muerto, la promesa que le hice de velar por usted, y ayudarla a hacer su reclamo contra el asesino que la privó a usted de su padre……Mis abogados introducirán su demanda contra los herederos de Gómez, para reclamarles el pago del daño que le hicieron a Ud. privándola de su padre y el que le hicieron Gómez y sus secuaces llevándolo injustamente a la cárcel”.

Empezó así una dura etapa para mi noble madre. Al conocer mi abuela Hortensia la trágica noticia, en la primavera de su vida, entró en un profundo estado de depresión que la condujo a la muerte. Mamá quedó así, como indefensa infante en la orfandad, al cuidado de su abuela y de las tías Cecilia y Elba.

Fue una niñez de irremplazables vacíos afectivos, que superó gracias a su inmensa fortaleza. De adolescente se trasladó a Caracas, donde comenzó a laborar en el diario El Impulso, fundado por mi abuelo Don Federico Carmona Álvarez, el cual operó durante varios años con ediciones simultáneas en Barquisimeto y Caracas. Allí conoció a mi padre, Roberto Carmona Figueroa, con quien contrajo nupcias en la capital de la República el 11 de noviembre de 1931. Más tarde decidieron trasladarse a Barquisimeto, tierra de origen secular de las familias Carmona, Figueroa y Álvarez, aunque más específicamente del Distrito Torres: Carora y Río Tocuyo.

De su inmenso amor procrearon varios hijos: Pedro Francisco el mayor, nacido en 1933, fallecido en un accidente automovilístico, a pocos días de cumplir sus 4 años, Norma Elena, América, María Luisa, yo Pedro Francisco como mi hermano mayor y varios antepasados, y Carmen Alicia la menor. Mi madre tuvo dos pérdidas que llegaron a ser bautizados: Juan Bautista (1937) y Aurita (Aura Rosa, 1945), y el menor, Abelardo Antonio, nacido el 14 de enero de 1949, murió en marzo de 1950 de una meningitis viral. De la pérdida de esos amados hijitos jamás se recuperaron mis padres, y muy en especial de mi homónimo, Pedro Francisco, a quien no conocí, pero que al decir de mis padres era un adorable angelito que se hacía querer de todo el mundo.

Al regresar a Barquisimeto, mi padre laboró un tiempo en el periódico familiar El Impulso, pero luego decidió fundar su propio negocio, la Tipografía El Impulso, que posteriormente rebautizó como Tipografía Carmona, la cual llegó a ser, aunque mediana, la más importante de ese pueblo grande que era la pacífica y musical capital larense a mediados del siglo pasado.

Mamá fue insigne esposa, inmejorable madre, y de una tenacidad indoblegable, en especial en la educación de sus hijos, haciendo buen complemento al temperamento apacible y de santidad de papá, para quien constituyó el apoyo fundamental de su vida. La familia creció en un ambiente de clase media, con la sobriedad propia de la Venezuela de la postguerra. Recuerdo a mamá acompañando laboralmente a papá, sin desatender las obligaciones del hogar, y cuando era necesario, llevando trabajo nocturno a la casa, a lo cual los hijos contribuíamos, hasta que abatidos por la fatiga se retiraban a descansar para comenzar al día siguiente una nueva jornada. Ambos salían a las 7:30 de la mañana caminando las pocas cuadras que separaban la casa del negocio, regresaban a la hora del almuerzo, para estar de vuelta a las dos de la tarde al frente de sus obligaciones, dando ejemplo de consagración, por lo cual eran admirados por amigos y vecinos.

La familia se levantó con dignidad, valores y aprecio por las cosas. Hoy recuerdo cómo mamá nos insistía en ahorrar, cuidar, y valernos por nuestros propios medios. Las alegrías nos las proporcionaban las cosas más sencillas. Siempre que requería algo, mamá no dudaba en decirme: tome, compre su ropa, inscríbase en el Colegio, vaya donde el dentista, sea responsable en sus estudios, y en vacaciones haga las cobranzas de la Tipografía, para que se gane unos bolívares. Así nos inculcó independencia e iniciativa, aunque siempre estaba pendiente de nuestra conducta y deberes, en una sociedad tan conservadora como era la barquisimetana de la época.  

Mamá fue una mujer devota, en especial de San Antonio de Padua, al que nunca dejó de rezar periódicamente la novena de los “trece martes”, aunque estuviera exhausta de cansancio. El Santo le retribuyó con bendiciones y favores. Todavía hoy, los hijos sentimos que la numerología de los 13 tiene una especial significación, para bien o para mal. En lo personal, San Antonio me acompaña en mi mesa de noche, y he peregrinado más de una vez al templo del milagroso Santo en Padua, Italia.

En momentos difíciles, cuando los cinco hijos estudiábamos, y mi hermana América lo hacía en Estados Unidos, papá llegó a plantear agobiado que ella debía regresar a Venezuela, ante lo cual  la respuesta de mamá fue terminante: aquí, ni un paso atrás, aunque haya que trabajar jornadas más largas. Así nos levantaron, con esfuerzo y grandeza generosa,  que los hijos tratamos de retribuir en vida con gratitud y afecto. Quizás les faltó disfrutar más de la vida, pero no había espacio para el ocio. La bondad de ambos era proverbial. Por la casa paterna y solariega de la Carrera 18 desfilaban menesterosos, parientes y gente sencilla de la ciudad y de pueblos apartados de Lara, y a nadie se negaba solidaridad y apoyo. Literalmente compartían el pan con los más necesitados, como muestra inequívoca de los verdaderos valores cristianos.

Rindo hoy homenaje a la memoria imborrable de esa madre que está en el cielo, pues hizo el bien en la tierra, y se preparó para entregar su alma a Dios, un 16 de febrero de 1990, a la edad de 76 años. Papá viajó a su encuentro año y medio después. Le sobreviven sus cinco hijos, 16 nietos, entre ellos mi amado hijo Gustavo Adolfo, y 23 biznietos, quienes la recordarán hoy como su amorosa Mamá Elena.

Madre: descansa en paz e intercede incesantemente ante Dios por tus seres queridos y por nuestra sufrida patria, hasta que nos reencontremos un día en la vida trascendente.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

jueves, 8 de agosto de 2013

DOLOR DE PATRIA


El título escogido para estas reflexiones, después de meses de silencio en el Blog, refleja el estado de ánimo que me embarga, al igual que a tantos compatriotas. Mi último escrito fue en la Navidad de 2012, transcurridos ya los procesos electorales de octubre y diciembre, en los cuales se consumaron múltiples irregularidades, abuso de poder e intimidaciones, sobre cuyas bases el régimen chavista se aferra al poder sin miramientos.

Es mucha el agua que ha corrido debajo del puente en lo que va del 2013. A la muerte de Chávez, Maduro, sucesor por gracia de su testamento político y de la voluntad de los hermanos Castro, se impuso en los comicios del 14 de abril, no solo con manipulaciones y la complicidad del CNE, sino con un abierto ventajismo en el manejo de los recursos públicos y el peso del aparato del Estado. La impugnación interpuesta por Henrique Capriles fue desestimada por un Tribunal Supremo de Justicia abyecto al oficialismo, evidenciando ante el mundo y Unasur, entidad que fue engañada, que en Venezuela no existen ni resquicios de equilibrio de poderes. A Capriles solo le queda ahora la opción de las instancias internacionales, pese a su dudosa independencia y viabilidad.

Muchos analistas han comentado el pobre balance de los primeros 100 días de gobierno de Maduro. Pocas palabras bastan: más restricciones a la libertad de información y toma de medios, entre ellos Globovision, dejando un gran vacío de opinión; el endiosamiento del caudillo fallecido para construir un mito imprescindible para afianzarse en el poder y ocultar las limitaciones del “hijo de Chávez”; el inocultable fracaso económico, legado del difunto, quien dejó en manos de Maduro una bomba de tiempo, ahora agravada por la incapacidad del régimen. Así, la inflación superará en 2013 el 40% (60% para alimentos); el desabastecimiento bate records históricos (20%), con paliativos a través de irracionales niveles de importación que favorecen a países “aliados” y a círculos de corrupción; la saturación de la capacidad de endeudamiento público; las propiedades en manos del Estado causan cuantiosas pérdidas fiscales, al igual que absurdos subsidios a combustibles, alimentos y servicios, en tanto que la política cambiaria constituye el cuello de botella que castiga al sector productivo y afecta la calidad de vida de los venezolanos.

Las frenéticas expropiaciones impulsadas por Chávez han hecho más vulnerable al país por la dependencia de las importaciones, con lo cual se genera empleo en otros países, no en Venezuela, y se desvían divisas que contribuirían al desarrollo nacional, sin contar las generosas dádivas que se otorgan con fines de proselitismo político al nivel nacional e internacional, contrastando con el pésimo estado de la infraestructura, la ausencia de obras públicas, y el deterioro de escuelas, hospitales y de la seguridad ciudadana.

Se anuncia un Plan Patria Segura contra la inseguridad, pero ocurren 70 asesinatos diarios, pues se armó al pueblo, a “malandros”, a bandas de motorizados, y se estimuló desde el propio gobierno una injustificable impunidad, caos carcelario y anarquización. Se anuncia además lucha contra la corrupción, pero apenas se investiga a pocos e insignificantes chivos expiatorios. Es sabido que en Venezuela no se mueve una hoja sin que medien “mordidas” y jugosas comisiones. ¿Hay dinero en las calles y nuevos ricos?: desde luego. Los “boliburgueses” y funcionarios públicos atesoran fortunas que se trasladan a cuentas en el secretísimo sistema financiero cubano-chino, o algunos más audaces, en el de occidente. El nepotismo continúa, con la boda entre el Presidente y la Procuradora, un hecho institucional sin precedentes. Además del daño al patrimonio, se manejan billones de dólares a través de fondos discrecionales, sin rendición de cuentas ni control político. Como dirigente gremial que fui, distingo también en el sector privado entre empresarios con principios, valores, arraigo y responsabilidad social, y negociantes, que abrevan en las fuentes del gobierno, compartiendo la riqueza con altos funcionarios del régimen.

De otra parte, irrita las fibras de la nacionalidad ver al país cubanizado, alienado en su soberanía a cambio de apoyos políticos y estratégicos necesarios para afianzar al régimen e irradiar la ideología castro comunista. Un gobierno que se entrega sin rubor a otra nación cediendo manejo estratégico, y que es controlado por fuerzas invasoras, no puede declararse independiente. El caso venezolano es pues único en la historia universal: el país fuerte financia al más débil para que lo domine, entregándole en aras de apoyo y un proyecto ideológico, los más sagrados valores de la nacionalidad. El espectáculo del pasado 26 de julio en Cuba, de Maduro rodeado del alto mando militar rindiendo pleitesía a los hermanos Castro y a la revolución de ese país es lesivo, como lo es el papel del siniestro G-2 cubano en los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado venezolano y en la Fuerza Armada.

Leía hace pocos días un escrito del actor Miguel Ángel Landa que me conmovió, en el cual relata su desconcierto ante una Venezuela destruida y arrebatada. Dice Landa:

“No tengo idea en donde estoy ni para donde voy. Las que fueron mis referencias para ubicarme en Venezuela han desaparecido. Es como volar en la niebla sin radio y sin instrumentos. Nací y crecí en Caracas pero ya no soy caraqueño: no me encuentro a mí mismo en este lugar convertido hoy en relleno sanitario y manicomio, poblado por sujetos extraños, impredecibles, sin taxonomía. A lo largo de mi vida recorrí casi todo el país, lo sentí, lo incorporé a mi ser, me hice parte de él. Hoy no lo reconozco, no lo encuentro.

El extranjero soy yo. Ocho generaciones de antepasados venezolanos no me ayudan a sentirme en casa. Nos cambiaron la comida, los olores de nuestra tierra, los recuerdos, los sonidos, las costumbres sociales, los nombres de las cosas, los horarios, nuestras palabras, nuestras caras y expresiones, nuestros chistes, nuestra forma de vivir el amor, los negocios, la parranda, o la amistad. Forzosamente nuestro cerebro y nuestro metabolismo se fueron al carajo, ese ignoto lugar carente de coordenadas. Hoy somos zombis, ajenos a todo, letras sin libros, biografías de nadie. Nos quedamos sin identidad y sin pertenencia. Una forma muy ocurrente de expatriarte: en lugar de botarte a ti del país, botaron al país y te dejaron a ti. Hoy Venezuela agoniza en algún exilio, pero no en un exilio geográfico. No, Venezuela se extingue aceleradamente en un exilio de antimateria, sin tiempo ni espacio. Cualquiera sea el intersticio cuántico en donde se desvanece Venezuela, no podremos llegar a él. El país desapareció de la memoria de las cosas universales; no existen unidades o instrumentos capaces de medir su extraña ausencia. No hay un cadáver que sepultar, ni sombra, huella, o testamento que atestigüen una muerte. Todo se perdió en un críptico agujero negro”.

Qué desgarradores sentimientos, comunes a muchos que sienten el predominio del poder por el poder, de una ideología foránea, de poderosos intereses internacionales y de antivalores, por encima de los principios que deberían inspirar a gobernantes con visión de estadistas, cuyo deber es aglutinar y construir, en lugar de fracturar y destruir. 

El desdén hacia la legalidad se acentúa, junto al abuso infinito de poder y la tendencia a confundir el patrimonio público con el personal (véase el reciente relato sobre la familia Chávez haciendo uso de la residencia presidencial de La Casona, patrimonio de la nación, con costos para el Estado). No habrá en el país salida electoral mientras prevalezca el afán oficialista de jugársela con todo, aún con fraudes, para perpetuarse en el poder. Pero es también triste la resignación de muchos venezolanos frente al estado de cosas imperante, con unos márgenes de indiferencia que acentúan el dolor de patria.

En el extranjero se nos pregunta si Venezuela es un país de atavismos dictatoriales y de frágiles valores institucionales, y si la bota militarista y la represión son la constante, y por excepción, breves períodos democráticos. Me niego a aceptarlo. Albergo la fe en que más temprano que tarde, los venezolanos harán frente mediante resistencia no violenta a una dictadura incapaz, que no respeta los derechos fundamentales (ni siquiera el de los exiliados a disponer de documentos de identidad), como tampoco el derecho a la legítima defensa y al debido proceso, ejemplo de lo cual son los casos emblemáticos de la juez Afiuni, de Peña Esclusa, Álvarez Paz, Simmonovis y del propio General Baduel, víctima del monstruo que contribuyó a crear, así como de tantos valientes luchadores estudiantiles que han experimentado una brutal represión por defender la libertad de los presos políticos o la autonomía universitaria, a la cual se busca doblegar mediante la asfixia presupuestaria. Dolor de patria no debe significar claudicación. Los venezolanos tenemos el derecho inalienable de defender la libertad, la democracia, la tolerancia, el pluralismo ideológico, la institucionalidad, el derecho al desarrollo, a vivir en una patria que es de todos, y a una política internacional que interprete los intereses nacionales, para lo cual debemos mantenernos activos en la lucha no violenta por el futuro mejor que merece nuestra sufrida patria. Aunque el régimen declina en encuestas ante la demostración fehaciente de su incapacidad, el pueblo tiene la última palabra.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 25 de diciembre de 2012

NAVIDAD 2012

Escribo estas reflexiones el día de la Natividad del Señor del año 2012. Las fiestas, el comercio o el jolgorio, nos llevan a ignorar lo que realmente se conmemora en este día: el nacimiento de Jesús de Nazareth, quien hace algo más de dos mil años trajo al mundo un mensaje de amor, de perdón y de paz que los seres humanos desdeñamos, envueltos en un mar de conflictos, egoísmos y antivalores. El legado de Jesús estará vigente por siempre, y la aplicación de sus enseñanzas harían sin duda del planeta, un tránsito mucho mejor hacia la vida trascendente.

Venezuela concluye el año con complejas situaciones, en especial: a) La derrota electoral del candidato opositor Henrique Capriles el 7 de octubre pasado, la cual conmovió el ánimo de quienes adversan al régimen; b) La elevada abstención en las elecciones regionales del día 16 de diciembre, pues las fuerzas opositoras se desmovilizaron a raíz de la derrota de octubre, facilitando el triunfo oficialista en la gran mayoría de los Estados de la República; c) La grave evolución de la enfermedad presidencial, planteando interrogantes sobre la eventual sucesión en la jefatura del Estado; y d) Una crisis económica en ciernes, derivada del manejo irresponsable e ineficiente de la política económica.

Respecto de lo primero, un hecho quedó evidenciado: si bien la concurrencia a las urnas el 7 de octubre fue masiva, y surgió una esperanza sobre el posible triunfo de Henrique Capriles, el ventajismo del régimen expresado en el abierto manejo de los recursos fiscales y de la poderosa maquinaria del Estado al servicio del candidato-presidente, a más de la intimidación, la hegemonía mediática y la manipulación del sistema electoral, revelan que no hay ni asomo de posibilidad de que la oposición llegue al poder por la vía electoral, si no media una reforma limpia en las reglas del juego, que aseguren equidad y transparencia entre los contendores políticos.

En relación con las elecciones regionales, la oposición se desmoralizó, y el 16 de diciembre optó de nuevo por la abstención, pues consideró que no hay respeto debido a la voluntad popular, y como señal de protesta por la pasividad de dirigentes y organizaciones políticas ante al abuso de poder del régimen, creando así condiciones para que el oficialismo se viera favorecido por el círculo perverso frustración-abstención. Es innegable la debacle que significa la pérdida de gobernaciones emblemáticas como Zulia, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta, y aunque se salvó el liderazgo de Capriles en Miranda y se preservaron los Estados Lara y Amazonas, ello representa apenas una ínfima minoría en un mapa electoral teñido de “rojo, rojito”. Los recursos fiscales de la nación estuvieron de nuevo al servicio de los candidatos ungidos por el dedo omnipotente del presidente, sin que faltaran como aderezo miles de contenedores cargados con electrodomésticos chinos que se repartieron a lo largo y ancho de la República, y los ofrecimientos de prebendas económicas o viviendas, con los cuales se compraron muchas conciencias al nivel nacional.

El tercero de los hechos, el de la enfermedad presidencial, plantea interrogantes sobre el futuro político del país. ¿Superará el presidente este difícil trance de su existencia? ¿Si no fuere así, que ocurrirá en el próximo futuro? El secretismo cubano sigue marcando la pauta, pero el mandatario hizo ya su testamento político: Nicolás Maduro es el ungido para abanderar al oficialismo si se produce la ausencia absoluta, o si el presidente electo no pudiere asumir el cargo en la fecha establecida por la Constitución, pese a que ahora los juristas del régimen tratan de interpretar la Carta Magna para que el 10 de enero no represente una fecha pétrea, pues para ellos las normas están hechas para moldearlas a la mejor conveniencia del establecimiento. En efecto, para el oficialismo, la revolución está por encima de la Constitución, y el “mandato popular” no está sujeto ni siquiera a la que en su momento fue calificada como la mejor Constitución del mundo. Aun así, ¿qué pasaría si ante una ausencia absoluta del presidente, es menester convocar a elecciones en 30 días? ¿Será Capriles el candidato de las fuerzas democráticas, por tener en su haber una reciente campaña que lo dio a conocer a nivel nacional, o surgirá una figura alternativa? Sea lo que fuere, pese al desgaste político de la derrota del 7 O, Capriles luce como el candidato natural, sin subestimar por ello el sentir predominante en las toldas de la oposición, que exige de la Mesa de la Unidad una posición más firme en la defensa del voto, y en denunciar con más determinación las continuas violaciones del régimen al Estado de Derecho, para enraizar una autocracia que evoluciona sin prisa pero sin pausa hacia el totalitarismo, como lo evidencia el proyecto de creación del Estado Comunal. Es de prever que si Maduro, el fiel escudero de Chávez y de los Castro asume como candidato, la maquinaria del régimen se volcará con renovada fuerza a su servicio, y tratará de convertir a Chávez en un mito al estilo de Perón en Argentina.

La cuarta consideración tiene que ver con las sombrías perspectivas de la economía, determinadas por un nivel creciente de endeudamiento público, la artificialidad del tipo de cambio, los subsidios generalizados, la ausencia de divisas, la destrucción de la inversión, de la propiedad privada, de la infraestructura y del aparato productivo nacional. Una devaluación cambiaria luce impostergable, además del ajuste a los precios de los combustibles, cuya irracionalidad causa un irreparable daño al patrimonio nacional, pues las pérdidas sobre costos de producción superan los US$ 13 mil millones por año, a lo cual se añade la inconmensurable carga de los apoyos a naciones políticamente afines.

Cabe también un comentario respecto de la iniciativa del Diputado Edgar Zambrano en nombre de la MUD, de iniciar un diálogo con el gobierno para propiciar medidas de gracia en favor de presos políticos y exiliados. Recibí su visita en Bogotá y agradecí la deferencia, como lo hizo con muchos desterrados en otros países, y más allá de cualquier interés personal, le expresé que la prioridad debía dirigirse hacia quienes están privados de la libertad en Venezuela, que sufren injustamente. Pero llegó la Navidad, que habría sido un tiempo propicio para un gesto de reconciliación sin condiciones, y la iniciativa no se materializó, dada la ausencia del país del gobernante.

Finalizo estas reflexiones destacando el torneo de radicalismos que hemos presenciado de parte de los llamados hijos del presidente, en particular Maduro y Cabello, quienes tratan de competir en méritos como los defensores del legado revolucionario. Así, quienes pensaron con optimismo que Maduro podría resultar una opción moderada del chavismo sin Chávez, han podido evidenciar anticipadamente la inmadurez y sumisión del ungido, que afloran sin dejar lugar a equívocos.

Una Feliz Navidad para todos, y un Año Nuevo de esperanzas de que más temprano que tarde, llegará el día en que los venezolanos rescatemos el régimen de libertades y nos reconciliemos como hermanos, y donde la figura de la jefatura del Estado nos cobije a todos, más allá de consideraciones ideológicas cargadas de fanatismo y exclusión.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL DESARROLLO PETROLERO COLOMBIANO: PRESENTE Y FUTURO *

Colombia ha experimentado en los últimos años una significativa expansión de su actividad petrolera. En la segunda mitad del siglo pasado, el descubrimiento de yacimientos como los de Caño Limón, Cusiana y Cupiagua impulsaron la producción petrolífera, pero ello ocurrió en esos favorables momentos, sin que luego estuviera acompañada de una sostenida y robusta actividad exploratoria. Las reservas petroleras probadas alcanzaron su mejor momento a comienzos de los años 90, al superar los 3.000 millones de barriles, pero en el presente solo bordean los 2.500 millones, equivalentes a 7 años de producción a la rata actual de 929.000 barriles diarios (b/d).

Fue así como Colombia alcanzó picos de producción del orden de los 800.000 b/d hacia el año 1999, pero posteriormente declinó entre los años 2004-2007, a un promedio apenas superior a los 500.000 b/d, para iniciar en 2008 un nuevo ciclo ascendente hasta el presente, pero sin una modificación equivalente en el nivel de reservas. De cualquier forma, la expectativa que existía en los años 80, de que en la presente década Colombia dejaría de exportar petróleo, y comenzaría a importar, dista de haberse cumplido. Por una parte, por las mayores inversiones realizadas por Ecopetrol, acompañadas de una expansión en la inversión extranjera directa en el sector (US$ 5.083 millones en 2011), así como por la utilización de mejores tecnologías para la extracción de crudos pesados, entre ellas la perforación horizontal, y de recuperación de pozos marginales. Se preveía que Colombia rompería en el 2012 la barrera meta emblemática del millón de barriles diarios, pero todo indica que ello no será posible este año, entre otros por limitaciones en la infraestructura de transportes, la normativa ambiental y de consulta previa, y la inseguridad que aún afecta a varias regiones productoras.

La prioridad nacional es pues impulsar las cuantiosas inversiones requeridas en la actividad exploratoria, no solo para alcanzar o sobrepasar el millón de barriles diarios, sino lo más importante, estar en capacidad de sostener en el tiempo, la producción de hidrocarburos en niveles elevados como los actuales. Para ello, es necesario que los planes de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) logren pleno éxito. La Ronda Colombia 2012 se convierte en el paso más relevante de los últimos tiempos, en la medida en que ofrece a los inversionistas internacionales 115 bloques, con interés inicial expresado por 67 empresas, cuyos resultados se conocerán antes de finalizar el 2012. Ello incluye la asignación de unos 12 bloques para exploración mar afuera u “off shore”, tema en el cual ha existido poca experiencia en Colombia.

Es de esperar que en función de los resultados de esta audaz empresa, Colombia incremente sus reservas probadas, aunque para muchos expertos, la geología nacional no ofrecería perspectivas de grandes descubrimientos, capaces de convertirla en un gran actor petrolero, pero sí de asegurar el autoabastecimiento hacia el largo plazo, el incremento de la capacidad de refinación con la ampliación en marcha de las refinerías de Cartagena y Barrancabermeja, y el sostenimiento de su capacidad exportadora en volúmenes medios, especialmente a Estados Unidos, con efectos benéficos sobre la actividad económica y la balanza de pagos.

En la actualidad, cerca de un 67% de la inversión extranjera se dirige al sector minero-energético, y allí se concentra también la actividad exportadora. En el período enero-julio de 2012 dichas actividades fueron responsables del 71,3% del total exportado, de los cuales un 51% fue de crudos. Además, las exportaciones minero-energéticas mostraron un dinamismo mayor que las de otros sectores, ya que mientras las primeras crecieron en un 13,7% en los siete primeros meses de 2012, las demás decrecieron en 0,8%. Ello estaría marcando una tendencia de “reprimarización” de la economía, y no de diversificación económica, en especial con los retos de internacionalización que plantea la negociación de un número importante de acuerdos de libre comercio con diversas naciones del mundo.

No puede ocultarse la inquietud existente por los efectos asociados al crecimiento del sector primario, principalmente por la llamada “enfermedad holandesa”, que no es otra cosa que la apreciación del tipo de cambio estimulada por el flujo de divisas proporcionada por los recursos naturales no renovables, en detrimento de otros sectores a los cuales resulta más difícil convivir con un tipo de cambio revaluado. Sobre este debate, conviene destacar que si bien corresponde al Banco de la República y al gobierno evitar que este efecto se acentúe, el tipo de cambio es solo un factor clave en la competitividad del sector exportador, pero no el único, ya que la productividad representa otra pieza fundamental para compensar los efectos de la apreciación cambiaria. Por ello, resulta de tanta relevancia la llamada Agenda Interna para la Competitividad, ya que Colombia no está mostrando avances en su posición relativa en el índice global de competitividad del World Economic Forum. Así, en el correspondiente a 2012-2013, se registra un desmejoramiento, al pasar de la posición 68 a la 69 entre los 144 países analizados, con un retroceso mayor en algunos subíndices como la infraestructura, educación, salud, e instituciones.

Otros debaten sobre si la expansión de los recursos naturales no renovables constituye o no  una “maldición”, dados sus efectos distorsionantes. Es cierto que muchos países minero-petroleros se caracterizan por un bajo nivel de desarrollo institucional, o por la generación de una mentalidad rentista que no favorece el espíritu innovador, de emprendimiento, o de esfuerzo hacia el trabajo. Y que con frecuencia los recursos petroleros fáciles no se “siembran” en aras de una mayor diversificación económica. No obstante, considero que el problema no es la abundancia de los recursos del sector extractivo, sino las políticas aplicadas por las naciones productoras. Existen muchos ejemplos de países como Noruega o Chile, que han sabido invertir los ingresos provenientes de los recursos naturales no renovables, y han constituido con éxito fondos de estabilización macroeconómica para atenuar los efectos de la enfermedad holandesa, y acumular ahorros en las épocas de abundancia, para los momentos de reducción de precios o en la actividad económica mundial.

Un ejemplo contrario ha sido el de un país como Venezuela, donde no solo se dejó de ahorrar en el ciclo de bonanza petrolera de los últimos años, congelando el Fondo de Estabilización Macroeconómica que existía, para enfatizar en un modelo en el cual el gasto público es el motor de la economía, e impulsando mayores niveles de endeudamiento, y notables niveles de ineficiencia en el gasto público. Otro caso a considerar es el de Colombia, pues la aplicación de las regalías, las cuales alcanzaron 8,2 billones de pesos en 2011, no ha estado ajena a la ineficiencia y la malversación, con un balance que mantiene a las regiones minero-energéticas en el atraso o la pobreza, en lugar de estimular la diversificación productiva y el bienestar social. Es de esperar por ello que la reforma reciente a la Ley de Regalías contribuya a una mejor supervisión de la aplicación de los recursos derivados de la explotación minero-energética, y a una distribución más equitativa de esos ingentes recursos en verdaderas prioridades en el territorio nacional.

 

*Publicado en la Revista Academia, de  la Universidad Sergio Arboleda, Bogotá.

 



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 27 de octubre de 2012

EL GUAYABO ELECTORAL


No ha sido fácil para los venezolanos reponerse del “guayabo” que nos dejó el proceso electoral del 7 de octubre. Esperé varias semanas para escribir de nuevo, pues yo mismo, que he vivido duras experiencias pasadas, y que por tanto no me ilusiono fácilmente, me contagié como millones de compatriotas, de la esperanza que generó la fulgurante campaña de Henrique Capriles Radonski, vigorosa expresión de la generación de relevo, quien ofreció reencauzar a la sufrida Venezuela por el extraviado camino de la paz, el progreso, la libertad, la honestidad y la inclusión, con lo cual logró sin duda conectar, bajo una visión futurista, con más de la mitad de los venezolanos.

En reflexiones pasadas recogidas en este Blog, insistí en las asimetrías, la iniquidad y ventajismo de un sistema electoral al servicio de un régimen aferrado al poder a cualquier costo, y en lo difícil que resultaba vencerlo, pues no se trataba de un proceso electoral limpio, ni de la sucesión de un gobierno normal a otro, sino de la sustitución de una dictadura por una opción realmente democrática. Pese a todo, el candidato de la unidad se empleó con gallardía en una batalla que él mismo calificó como la de David contra Goliat, pero esta vez no venció David sino Goliat, merced a la desproporción de recursos empleados por la poderosa maquinaria del Estado, incluyendo todo el fisco nacional, gobernaciones, alcaldías y empresas públicas, al servicio del candidato-presidente, quien además abusó de su hegemonía informativa, y movilizó en forma intimidante a la legión de empleados públicos, a la Fuerza Armada y a tantos ciudadanos subyugados por el asistencialismo, a sufragar por él. Chávez, con su nuevo triunfo, pasará a la historia con el triste record del déspota de mayor permanencia en el poder después de Juan Vicente Gómez.

Capriles fue así otra ilusión que se estrelló contra una maquinaria omnipotente, blindada en forma ilegítima, no obstante lo cual logró 6,5 millones de votos, ciertamente una proeza, pero en el fútbol se gana o se pierde por un gol. La derrota fue un duro golpe emocional para millones de compatriotas que anhelan vivamente un cambio, en aras de un futuro mejor para la patria, y para tantas familias disgregadas por el mundo, sea en búsqueda de oportunidades, o huyendo de la exclusión, la inseguridad y la anarquía que asuela al país. A pocos días del 7-O, muchos ciudadanos que aguardaban esa fecha para definir sus proyectos de vida, comienzan a acrecentar la lenta y dolorosa diáspora que profundiza la dispersión de la familia venezolana por el mundo, con el inconmensurable costo del desarraigo y la descapitalización del talento humano.

He vivido en carne propia lo que supone una oportunidad perdida, y me duele, como también la vivencia de héroes convertidos en villanos, a lo que somos dados los venezolanos. Así, Capriles, el líder, es tildado ahora como entreguista, por reconocer sin reservas el triunfo de Chávez. Es cierto que no fue una elección pulcra, ni entre demócratas, pero, ¿hubo acaso amenazas de violencia oficialista? No lo sabemos, excepto que Chávez no es un demócrata, y que ha utilizado el recurso electoral para perpetuarse en el poder, demoler el sistema desde adentro, y sustituir el modelo republicano por uno de inspiración castro-comunista del cual se ufana, y que anuncia profundizar. Fue además obvio que no solo estaba en juego el destino de la nación, sino el de fuertes intereses económicos, geopolíticos e ideológicos de dimensión universal. La izquierda internacional respaldó de lleno a Chávez, y un ejemplo fue Lula y el Foro Sao Paulo. No era pues imaginable que la sola voluntad de un pueblo que vibró en las concentraciones de la alternativa democrática serían suficientes para derrotar al gigante totalitario. No. El que escruta y maneja a discreción el tesoro nacional para comprar conciencias, gana. No fue un juego equitativo, pero así fue aceptado por las fuerzas reunidas en la MUD, coordinadas por el recto y culto dirigente político Ramón Guillermo Aveledo, quizás demasiado decente para enfrentar a un contendor sin valores ni principios.

¿Que faltó firmeza en denunciar y contrarrestar el ventajismo y la opacidad de las reglas del juego electorales? Sí. ¿Que la campaña no involucró más a los demás precandidatos de las primarias? También. Pero la mayor crítica de varios analistas fue el temprano reconocimiento de la derrota, sin comprobaciones, después de que los datos marcaban tendencias favorables. O que al menos se hubiesen dejado sentadas denuncias o solicitudes de investigación por el uso indebido de los recursos de todos los venezolanos, para el logro de sus perversos objetivos. También en el exterior causó perplejidad la reacción opositora, asumida bajo un silencio desconcertante.

Con todo, es impropio tratar de convertir a Capriles o a la MUD en villanos. El gobierno se frota las manos porque en las mismas toldas opositoras se cuestione al candidato y a los partidos. El oficialismo, empeñado ahora en ocupar los espacios restantes en las elecciones de gobernadores y alcaldes de diciembre y abril próximos, tratará de pulverizar al líder opositor, en el mismo trapiche en el que ha ido moliendo a tantos adversarios, desde quien esto escribe, protagonista de un complejo capítulo de la historia contemporánea destinado a llamar en 2002 a elecciones limpias e inmediatas para la relegitimación de los poderes públicos, ya en esa fecha conculcados, hasta los candidatos democráticos Rosales y Capriles, éste último escogido en comicios primarios, con excepción de la traición histórica que encarnó Francisco Arias Cárdenas, hoy convertido en uno de los más abyectos lacayos del gobierno, y aspirante a la gobernación del Estado Zulia. Pero también es impropio censurar a quienes desde visiones críticas, denuncian y sustentan un colosal fraude.

Hay pues razones para la decepción y la tristeza. Yo, como venezolano disidente, y como ser humano que vive diez largos años de exilio, no me excluyo de ese sentimiento, pues percibo que el país se hunde en el atraso, engañado o forzado a votar en contra de su futuro, y que pasarán años antes de que se retome una senda de paz, prosperidad y progreso. Pero no veo otra opción que impedir que el oficialismo termine de copar los espacios políticos como pretende, a la par de la necesidad de desplegar una firme batalla para que se modifique el viciado sistema electoral, y así garantizar el respeto al voto y la libre determinación del pueblo. En ello coincidirían las grandes mayorías, incluyendo a muchos chavistas, amparados en principios constitucionales pisoteados por un régimen corrupto e ineficiente, salvo en su empeño por aferrarse al poder y exportar su caduco modelo. La lucha, y la presión pacífica y democrática, hay que ejercerla sin temor. De lo contrario, la decepción degenerará en resignación o indignación, en esos 6,5 millones que votaron por un cambio, o en quienes acudieron a las urnas obligados o sobornados. Fraude no es solo el electrónico, sino el impúdico ventajismo que legitima a un régimen forajido. No hay otra opción que tratar de conquistar gobernaciones y alcaldías en las elecciones regionales, y librar una lucha sin cuartel por la defensa de la libertad y de los verdaderos valores democráticos. Con las actuales reglas del juego, el tirano y su entorno, jamás entregarán el poder. Que el “Bravo Pueblo”, lema de nuestro glorioso himno nacional, no degenere en palabras huecas, presas de la dictadura.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 22 de septiembre de 2012

LA GRAN ENCRUCIJADA


Hemos llegado al final de la contienda electoral, la más trascendente de la historia contemporánea de Venezuela. Sin maniqueísmos, si el 7 de octubre próximo –fraudulentamente o no- se confirmara en el poder al actual gobernante, se afianzaría un régimen despótico, en el cual todos los poderes están subordinados a una persona, sin control político alguno; donde el presidente se proyectaría en el poder por 20 años, el lapso más prolongado después de la dictadura de Juan Vicente Gómez, pues Pérez Jiménez solo ejerció el poder en forma unipersonal durante 5 años, nueve sumando la etapa de la Junta de Gobierno. Un régimen que ha tomado el poder por asalto, como un botín que ha enriquecido al entorno del Jefe de Estado y del partido de gobierno, ha dilapidado fortunas que no volverán, y ha sido pródigo en regalos a otras naciones en búsqueda de solidaridades, o en apoyo a proyectos políticos afines; donde el culto a la personalidad, la adulación, y la megalomanía han llegado a límites extremos; donde la mayoría de los medios de comunicación están en manos del oficialismo, para imponer una hegemonía informativa o la autocensura; donde no existen adversarios sino enemigos políticos que hay que aplastar; donde la inseguridad está fuera de control y tiene al país en un estado de paranoia colectiva que fuerza a muchos a emigrar por pura supervivencia; donde el régimen carcelario viola los más elementales derechos humanos; donde la mentira se constituye en política de Estado; una nación que en lugar de estar a la vanguardia del desarrollo regional ocupa los últimos lugares en los índices mundiales de competitividad, de libertades económicas, y de transparencia; donde los venezolanos viven una diáspora migratoria, que se potenciaría si Chávez permanece en el poder, agravando la peor de las descapitalizaciones de una nación: la del talento humano; donde el régimen ha entregado la soberanía en manos de Cuba en sectores vitales, estratégicos, como nunca antes en la historia; donde la democracia es vista solo bajo el cuestionable barniz de procesos electorales opacos, y no de la legitimidad en el ejercicio del poder bajo el imperio del Estado de Derecho; donde día a día se deteriora más la infraestructura, no hay inversión, se ha destruido el tejido productivo público y privado y se cercena el derecho a la propiedad; donde avanza la ideologización castro-comunista, desde los centros de educación pública hasta los cadetes de la Escuela Militar; donde la Fuerza Armada han mutado, de una institución profesional, con prohibición constitucional de estar al servicio de un persona o parcialidad política, a un partido político armado que responde al ignominioso lema de “revolucionaria, bolivariana, socialista y chavista”; donde las instituciones nacionales han sido sustituidas por estructuras político-caudillistas, incluyendo a PDVSA, la Fuerza Armada, el sistema judicial, las misiones; donde el militarismo ha impulsado una injustificada carrera armamentista, en un país lleno de necesidades insatisfechas, que lo que quiere es la paz, y no la preparación para ninguna guerra; donde ocurren continuos accidentes en instalaciones petroleras vitales, por incapacidad y politización en la PDVSA “revolucionaria” o por imperdonable falta de inversión y de capacidad de gestión; donde la política internacional del país se convirtió en tema ideológico del gobernante, y no de los intereses permanentes y de largo plazo de la República; donde la masiva importación de bienes de primera necesidad configuran una economía de puertos, amén de registrar la inflación más alta de América Latina y una de las mayores del mundo; un país donde no han bastado los cuantiosos recursos provistos por la pródiga naturaleza, sino que se le ha endeudado más, multiplicando por seis la deuda total a lo largo de los 14 años de gobierno, hasta niveles superiores a los US$ 200 millardos, y como si fuera poco, hipotecando al país con ventas de petróleo a futuro a China, pues la caja no le basta a un modelo voraz en recursos e ineficiente en su administración; donde se siembran antivalores desde el más alto nivel, entre ellos la impunidad ante la corrupción de los militantes del chavismo, y la exaltación al abuso de poder o a las violaciones constitucionales, desde el General Acosta Carlés a Rangel Silva, pasando por los pistoleros de Puente Llaguno. La lista luce inagotable, pero han sido catorce años de un profundo deterioro, de resquebrajamiento de valores, del orgullo de la venezolanidad, y de atraso en todos los órdenes de la vida nacional.

En el otro punto, pese a las asimetrías y los mecanismos ventajistas denunciados por tantos analistas, la candidatura de la unidad democrática que encabeza Henrique Capriles ha emergido con inusitado vigor, moviendo fibras dormidas en el corazón de muchos venezolanos, dado el peso de la bota autoritaria, tan bien reflejada por Weil, ese agudo caricaturista nacional. Así, pese a los chorros de dinero que han fluido en la campaña oficialista, todo el que proporciona el poder del Estado, y la sucia campaña desatada contra el candidato de la unidad, éste ha sorprendido a los más incrédulos, entre ellos en los inicios a quien esto escribe, con una campaña dinámica, comprometida, en que ha entregado todo lo que podía de sí, para presentar una opción de salvamento y de cambio democrático, a una nación que merece un destino mejor. Hemos presenciado nuevas promesas después de 14 años de fracasos e incumplimientos, la compra de “saltos de talanquera”, algunos de ellos denigrantes, o encuestas manipuladas o forjadas, pero ello no ha hecho mella en una tendencia creciente del candidato de la unidad en las mediciones reales de opinión, entre ellas las impresionantes concentraciones populares en todo el país, pueblo por pueblo, que muestran que el mensaje ha calado en todos los estratos, y que el triunfo está en sus manos, para reconstruir al país, y colocarlo en la senda del progreso, de la paz y del entendimiento civilizado y fraterno, en lugar de las amenazas de represión, de guerra y la lucha de clases del candidato-presidente. Capriles ha superado pues las expectativas, convirtiéndose en un fenómeno político, al manejar con acierto un nítido contraste de visiones, sin insultos, denuestos, ni la degradación moral a que somete al país el régimen gobernante en forma permanente.

Estas reflexiones de bloguero, mi espacio personal de desahogo, no suponen activismo en favor del candidato de la unidad, pues conozco a los mal intencionados. Pero sí afirmo, que su candidatura es la de todos los venezolanos de bien que anhelan un país fraterno, libre, inclusivo, con un futuro de paz, de progreso, y de atención a las necesidades vitales de la nación como un todo. Que el 8 de octubre signifique el alba de un nuevo amanecer, de esperanzas para quienes sufren, y para tantos que han sido expelidos del país en esta dura etapa de la historia. Ello sin olvidar que no estamos ad portas de la sustitución de un régimen democrático por otro, sino de una dictadura que se aferra sin escrúpulos al poder, y que amenaza con celadas represivas o desestabilizadoras para impedir el inevitable cambio. Pero el autócrata saldrá esta vez por la vía del voto. Cualquier intento de violencia o desconocimiento de la voluntad popular, será rechazado por el pueblo y por el mundo. Que Dios bendiga e ilumine a Venezuela en este trance vital de su historia.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 25 de agosto de 2012

DUELO EN VENEZUELA


Venezuela vive y sufre en silencio, de duelo en duelo. El más grave, el derivado de la desbordada ola de delincuencia que asuela al país, la cual ha alcanzado la  cifra de 160.000 homicidios desde que asumió el poder Hugo Chávez Frías en 1999, situación que luce indetenible ante la pasividad o incapacidad de las autoridades. Ello hace pensar a analistas que es parte de una política de Estado, pues es manifiesta la impunidad, la entrega o posesión de armas en manos de la población, y los antivalores que Chávez ha sembrado desde que, recién posesionado, afirmó que robar por necesidad no era delito. Hoy la población venezolana llora desconsolada a sus muertos a las puertas de las morgues del país, y está sometida a un virtual toque de queda desde tempranas horas de la noche, con grave afectación de su condición anímica y calidad de vida, hasta el punto de constituirse en uno de los principales factores de motivación de una corriente migratoria sin antecedentes en el pasado.  

Otro, el que hoy 25 de agosto de 2012 enluta a Venezuela, originado en un nuevo accidente en instalaciones de PDVSA, el de mayor magnitud que se haya registrado en la historia petrolera del país, ocurrido en el Centro de Refinación de Paraguaná, Estado Falcón, donde se asienta uno de los complejos de refinación más grandes del mundo, con dos importantes refinerías: Amuay y Cardón, en la primera de las cuales se produjo la explosión e incendio. Al momento de escribir estas líneas, se registran con dolor 39 muertos y 86 heridos, además de cuantiosos destrozos en las instalaciones del complejo, y en las comunidades adyacentes al mismo.

Un accidente puede ocurrir en procesos industriales riesgosos, como es el procesamiento de crudos y  combustibles, pero el hecho es que la situación tiende a hacerse recurrente. En efecto, según un comunicado de “La Gente del Petróleo”, suman 79 los percances graves previos en el Centro de Refinación de Paraguaná, con 19 trabajadores fallecidos y 67 lesionados, sin  contar las paralizaciones y averías que han sufrido las refinerías de El Palito y Puerto La Cruz. Todo ello se ha agravado desde que la actual administración decidió expulsar de la empresa a 23.000 de los más calificados recursos humanos de que disponía la nación, hoy dispersos por el mundo. Pero además, por la desinversión en mantenimiento y modernización de instalaciones, y la conversión de una empresa de excelencia en el pasado, en una dependencia política, en caja chica del gobierno, y en “holding” de más de 100 empresas, muchas de las cuales son ajenas al “core” o razón de ser de PDVSA, que es la operación de la industria petrolera nacional.

En mayo de 2011, escribí en este mismo Blog, bajo el link: 
reflexionando sobre las implicaciones de las erradas políticas gubernamentales en las actividades de PDVSA, la “gallina de los huevos de oro” de los venezolanos, operadora energética medular de un país que posee las mayores reservas petroleras del mundo, y que debería encontrarse a la vanguardia del progreso y del desarrollo de América Latina. Pero he aquí que la prioridad del gobierno no ha sido operar los recursos y activos de PDVSA con el criterio meritocrático que existió en años anteriores al actual gobierno, sino privilegiando la transferencia de recursos al Ejecutivo para financiar programas políticos, con descuido de la formación de su extensa nómina, la cual triplica a la existente en 1999, pero en cuyo reclutamiento prevalecen criterios de afinidad con el régimen, más que en la rigurosidad en la capacitación y desempeño. Además, la virtual desaparición de la universidad corporativa de PDVSA, el CIED, que cumplió  un papel relevante en la formación de los recursos humanos de la empresa, así como del INTEVEP, ente destinado a la investigación y desarrollo tecnológico, han tenido resultados nefastos sobre los recursos humanos de PDVSA, mientras que muchos fondos se han desviado a apoyar otros programas como las universidades bolivarianas y misiones de distinto orden, función que debería corresponder al gobierno central.

Aunque el gobierno se ha adelantado a desmentir que el grave accidente haya obedecido a la falta de mantenimiento, es manifiesto que PDVSA ha tenido que endeudarse para cubrir sus gastos operacionales, por un monto total que alcanzaba US$ 50 millardos a finales de 2011, sin sumar el fondo chino; dicha cifra podría elevarse a US$ 70 millardos en el presente año, según fuentes confiables. Nótese además que en la página web de PDVSA del año 2006, se afirmaba que la meta de producción petrolera para el presente año 2012 sería de 5,8 millones de barriles/día, cifra totalmente alejada de la realidad, pues en la actualidad apenas bordea los 2,4 millones de b/d., dado que los recursos de la empresa se manejan con criterios políticos.

Ignoramos cuál es la magnitud de los daños ocasionados en el Centro de Refinación de Paraguaná como consecuencia de este serio accidente, así como las consecuencias que tendrá sobre la producción de combustibles y lubricantes hacia los próximos meses, pero es previsible que la refinería de Amuay estará afectada durante un tiempo impredecible, y que PDVSA requerirá incrementar la importación de combustibles, cosa que contradictoriamente ya ocurre en el presente. Ello sin desdeñar el costo del inconmensurable subsidio que hoy se concede a los combustibles en el mercado doméstico, los cuales se expenden a precios irrisorios, muy por debajo de los costos de producción, ocasionando inmensas  pérdidas patrimoniales a PDVSA y a la nación.

El lamentable evento comentado debe merecer profundas investigaciones y  auditorías de calidad, extensivas a las demás instalaciones de PDVSA, pues constituyen una señal de alarma sobre el manejo operacional, de mantenimiento y de capacitación del personal, y de esa forma determinar si están a la altura de los estándares que deben imperar en la empresa bandera de la industria petrolera venezolana





"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"