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miércoles, 14 de diciembre de 2011

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Venezuela concluye otro año espeso, difícil, tras trece largos años de gobierno, con una alta proporción de sus habitantes apesadumbrado, otros emigrando hacia diversos destinos, aún a costa de la incertidumbre y del abandono de actividades, familia, amigos y raíces. La inseguridad personal y la falta de oportunidades han convertido al país del atractivo lugar de inmigración que siempre fue, en uno de emigrantes, provocando el drenaje de lo más valioso de una nación, el capital humano, en una lamentable diáspora hacia el mundo,

En Colombia escucho con frecuencia con un toque de ironía, un agradecimiento a Chávez por hacer posible que tantos profesionales valiosos, inversionistas, y familias de bien, hayan escogido a este país como su lugar de residencia. Igual ocurre en Panamá, Costa Rica, Estados Unidos, España, Canadá, y tantos otros. Pero el régimen, al mejor estilo cubano, considera excelente que los “escuálidos” emigren, pues así Chávez se queda con el país y con el “pueblo”. Con todo, millones de compatriotas permanecen luchando en Venezuela, pese al ostensible deterioro de las condiciones de vida, en tanto que otros aguardan el resultado electoral de octubre de 2012 para, en el evento de que el gobierno continúe aferrado al poder–como es su inocultable propósito- incorporarse a una nueva oleada migratoria, ante condiciones de vida insostenibles.
Pero, ni la enfermedad ablanda al gobernante. Antes bien, luce como que el deterioro en la salud presidencial, lo moviera a acelerar sus destructivos planes. Desde la distancia observo con perplejidad nuevos desarrollos del mismo guión: es el caso del ataque al Dr. Diego Arria en un acto académico en la UCV; el reconocimiento público hecho por Chávez al estudiante de la UCV que lideró el peor irrespeto de la historia de la Universidad a sus autoridades, afortunadamente repudiado por la comunidad estudiantil en las recientes elecciones realizadas. Luego, el episodio de violencia desatado por encapuchados chavistas ante la contundente derrota sufrida en dichos comicios, bajo el estilo de los grupos de choque fascistas o marxistas. La Universidad va así en vías de anarquización, y sin presupuesto, producto de la asfixia a la que la ha sometido el gobierno, mientras se dilapidan fortunas en demagogia nacional e internacional.
De otra parte, la sistemática campaña de envenenamiento de la mente de los venezolanos, movió de nuevo al gobernante a afirmar públicamente al país que si la oposición gana habrá guerra, que el pueblo no admitirá que la oposición conduzca a PDVSA, a la Fuerza Armada, que la oposición acabará con las misiones, etc. todo ello dentro de la línea de expresiones previas del General Rangel Silva y de Adán Chávez, que asoman aviesas intenciones de desconocer un resultado adverso, o la opción de la lucha armada o de enguerrillamiento del país. Adicionalmente, se descalifica ante el pueblo a los precandidatos opositores con términos peyorativos, hecho que en cualquier país serio serían objeto de sanción por la autoridad electoral. Para Chávez, no existe en Venezuela otra persona con capacidad para ser presidente, y por eso infunde temores, y reafirma la necesidad de su perpetuación en el poder, al estilo de los gerontócratas cubanos.
Como si no existiese una crisis de seguridad jurídica, la obsecuente presidenta del Tribunal Supremos de Justicia comunicó al país la despenalización de la invasión como delito, con lo cual quedan libres los reos incursos en dicha falta. Poco antes, una nueva ley inmobiliaria significó otro certero ataque contra la propiedad privada, que afecta no sólo a los ricos sino a familias de clase media y baja propietarias de inmuebles para alquiler, provocando que desde ese momento, muchos inquilinos se rebelaran contra los dueños de los inmuebles, negándose a pagar los alquileres, y hasta amenazándolos de muerte. La despenalización alentará nuevas invasiones a lo largo y ancho del país, que quedarán impunes, ante propietarios inermes en la defensa de sus derechos.
La guinda de la torta es el atropello de que están siendo objeto los empresarios privados a raíz de la Ley de Costos y Precios Justos, norma que llevará a una situación precaria o de quiebra a numerosos negocios, sumándose a las decenas de miles que ya han cerrado sus puertas o han sido expropiados. Recuerdo que durante mi gestión como Presidente de Conindustria entre 1995 y 1997, el país contaba con casi 14.000 empresas manufactureras productivas, de las cuales sólo quedan algo más de 6.000, es decir, menos de la mitad. Ello sin contar las invasiones, confiscaciones o expropiaciones de fundos agropecuarios en toda Venezuela, lo cual ha acarreado más escasez de bienes de primera necesidad, y la exacerbación de una economía importadora o de puertos.
El año cerrará de nuevo con una inflación cercana al 30%, el peor castigo al estómago y bolsillo de los venezolanos, pese a los subsidios al tipo de cambio, a los combustibles y a otros servicios públicos, excepción hecha de grupos privilegiados, como es el caso de los militares, a quienes se incrementan salarios generosamente, lo cual no es malo per se, pero discrimina con respecto a otros servidores públicos. Los niveles de endeudamiento del país superan ya los US$ 135 millardos, y la deuda militar con Rusia, así como los créditos del fondo chino se incrementan sin freno, pues permiten el manejo discrecional de recursos en el presente, aún a costa de hipotecar a las nuevas generaciones. No existe visión de mediano y largo plazo en lo económico, aunque sí en lo político.
Quiera Dios que en el 2012 el pueblo venezolano abra los ojos ante la incompetencia y el engaño, sin deslumbrarse por la multiplicación de las dádivas, y que la oposición sea capaz de consolidar la unidad y ofrecer mensajes firmes y convincentes, por encima de intereses personales o grupales. Es triste concluir con la expresión que escuché del precandidato Capriles hace poco: “el gobierno es como la saliva de chivo; lo que toca se seca”. Que ello sirva de meditación en las postrimerías del 2011, y para el comienzo de un año decisivo, dependiente de la actitud que el pueblo venezolano asuma ante la barbarie autoritaria.
Feliz Navidad y Año Nuevo para quienes amablemente compartan estas reflexiones.  



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"