sábado, 16 de julio de 2016

REFLEXIONES DE VIDA AL LLEGAR A MIS 75 AÑOS

He llegado por la gracia de Dios a mis 75 años de existencia. Siento que la vida ha transcurrido en forma vertiginosa, porque es por naturaleza efímera, como son efímeros los aspectos materiales y de poder, siendo que al final lo que queda en buenos o malos tiempos es la familia y los buenos amigos ajenos a circunstancias e intereses, forjados en la comprensión y en valores compartidos.

Doy gracias a Dios por los años de vida concedidos, y por el preciado don de la salud y de la energía que conservo, con los cuales todo se puede, en especial una vida intelectual y laboralmente activa, dedicada hoy a contribuir al reto de la educación superior a nuevas generaciones de colombianos conscientes de la necesidad de formarse mejor en un mundo cada vez más exigente y competido, que requiere de talento humano sofisticado y de calidad. He superado así la esperanza de vida que en Colombia es de 71 años, cuando hace apenas 30 años era de 64. Lo que se agregue es ganancia, confiando sí que sea con calidad, pues he sido tan vital e independiente, que ruego a Dios que me mantenga en estos predios solo mientras pueda vivir dignamente y valerme por mis propios medios.

Los últimos 14 años de la vida han transcurrido en el exilio colombiano. Inicialmente imaginé que sería más corto, dadas las complejas situaciones a las cuales ha estado sometida mi natal Venezuela, pero no ha sido así. Los ciclos históricos deben cerrarse para que surja con fuerza y arraigo la necesidad de un cambio. Se dice que el momento más oscuro de la noche es el previo al amanecer. Y si bien esta etapa de la vida ha implicado importantes privaciones, ha resultado enriquecedora en experiencias, en un ambiente hospitalario, que mueve a que con el pasar del tiempo, el país que me acoge vaya convirtiéndose sin esfuerzos en una segunda patria.

Colombia es un país hermoso, de contrastes, de gente buena, laboriosa y acogedora, con escasas minorías violentas incubadas al abrigo de viejas confrontaciones políticas. Es un país de regiones: la meseta cundiboyacense, el eje cafetero, la costa atlántica, la costa Pacífica, la región andina, los llanos orientales, el sur nariñense, cada una de ellas con particularidades definidas a lo largo de siglos de aislamiento por una difícil topografía, cortada por tres cordilleras. El grado de arraigo a otro país se va midiendo cuando se es capaz de sentir esas realidades, idiosincrasias, costumbres y tradiciones. Y nada mejor que vivirlas de la mano de la juventud desde la academia, y a la par entender los profundos cambios generacionales que han ocurrido desde los “baby boomers” de los años 40-50” a la generación “X” de los años 70 y siguientes, hasta la generación “Y” o “millenials” de los 90 a la actualidad. Entender esos cambios es también esencial para educar con pertinencia.

Este tiempo me han servido igualmente para continuar formándome, rompiendo paradigmas y demostrando que no hay edad para mejorar. Terminé mi Doctorado en Economía en el año 2010, tras 5 años de intensa dedicación, y realicé también una Especialización, una Maestría, un Programa de Alta Gerencia, y varios cursos y Diplomados. Con ello he procurado a la vez predicar con el ejemplo a los más jóvenes, pues unos flaquean u otros se retiran tempranamente. La vida tiene que ser de retos permanentes, hasta el día de la partida de este tránsito terreno.

Hoy recuerdo con renovado afecto y gratitud a mis abnegados padres, a mis antepasados, a quienes tengo permanentemente a la vista en mi estudio en una hermosa foto familiar en la vieja casona caroreña donde mi abuelo Federico Carmona fundó el Diario El Impulso en 1904. Y agradezco con inmenso amor a Gladys, mi compañera inseparable de camino en las buenas y en las malas a lo largo de casi 50 años, así como a esos seres vitales del alma: mi amado hijo Gustavo Adolfo, mi noble nuera Anabela y mis adorables nietecitos Isabella, Nicolás y Tomás, quienes han iluminado con alegría esta etapa de la existencia. El “abuelazgo” es una hermosa experiencia cuando por ley natural el sol comienza a colocarse a las espaldas, e insufla nuevos bríos e ilusiones de vida. Y valoro más que nunca el afecto que me profesan mis hermanas, sobrinos y primos. 

Hoy recuerdo como si fuera una película mi niñez tan feliz en la casa paterna en Barquisimeto, los imborrables años de colegial en un mundo apacible y seguro; mi Universidad, la vida capitalina que me abrió horizontes amplios y promisorios, luego proyectados a lo global desde mis tempranas experiencias diplomáticas en Europa y América Latina. No olvido tampoco a tantos compañeros de luchas en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto de Comercio Exterior, el SELA, la Junta del Acuerdo de Cartagena, en Industrias Venoco, Avex, Asoquim, Conindustria, Fedecámaras y en la Academia. Y a muchos amigos y amados familiares que por designios de Dios ya no nos acompañan.

El camino de la existencia es más allá de los deseos y buenas intenciones, una ruta empavonada de logros y alegrías, junto a altibajos, reveses y frustraciones. Algunos pensadores nos ayudan a entenderlo. Churchill decía: “Si en su vida no hay fracasos, es porque no está tomando suficientes riesgos”, y para Ortega y Gasset: “El verdadero tesoro del hombre, es el tesoro de sus errores”, en tanto que para Benjamin Franklin: “El éxito es posible si existe también la posibilidad del fracaso”.

Pero jamás habría podido imaginar desde que vi la luz del mundo hasta los 60 años de edad en que salí al exilio, que Venezuela pudiese ser llevada a la destrucción económica, política, institucional y moral por el peor gobierno que haya tenido el país desde la independencia. Nací en una Venezuela pobre, en plena guerra mundial, con muchas limitaciones. Viví la alegría de la llegada a mi hogar de los primeros electrodomésticos, los automóviles citadinos, y a partir de allí he tenido la fortuna de ser testigo del más profundo cambio histórico sufrido por la humanidad, gracias a las revoluciones de la informática, las TIC, la medicina, los transportes, la biotecnología, la robótica y la nanotecnología. 

Vi por tanto la evolución de la Venezuela rural al país de oportunidades, en el cual emergió una próspera clase media. Era imposible avizorar que en lugar de seguir avanzando hacia la vanguardia de América Latina, asumiría el poder una banda de rapaces, resentidos, guiados por ideologías foráneas orientadas a demoler la democracia desde adentro, fracturar al país y llevarlo a la desinstitucionalización, la bancarrota económica y la violencia. Pero guardo esperanzas de que el estruendoso fracaso del llamado socialismo del siglo XXI, causante de una crisis humanitaria sin precedentes, llegará a su fin más temprano que tarde. Lo trágico es que el costo no es de 18 años sino de décadas de atraso, y de profundas distorsiones y cicatrices que será necesario restañar. En un momento de la vida traté de interponerme sin éxito a la tragedia que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada. Ahora solo le pido a Dios que pueda al menos ver los albores de un nuevo amanecer de libertad para mi amada patria.


Pero a la vez veo con angustia cómo este joven siglo, tan prometedor en avances del conocimiento, enfrenta peligrosos cuadros de violencia, inseguridad e intolerancia. Los populismos, corrupción, ultranacionalismos, el integrismo islámico, las oleadas migratorias e innegables problemas ambientales, de agua, calentamiento global y de distribución de la riqueza, están llevando al planeta por un camino incierto, que atenta contra la supervivencia del género humano.

¿Estamos acaso ante la inminencia del choque de civilizaciones de que habló Huntington? O como dice Yuval Harari en su fascinante libro “De animales a Dioses”, si bien el “homo erectus” sobrevivió cerca de dos millones de años, es improbable que el “homo sapiens” se mantenga en el planeta por 1.000 años más, es decir que dos millones más de existencia del ser humano están por fuera de toda previsión. Esa es la dimensión de tan admonitorio vaticinio.  


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 24 de mayo de 2016

MENSAJE ABIERTO A JULIO BORGES

Con indignación recibo su desafortunada intervención en la Asamblea Nacional, en la cual, pretendiendo atacar a Nicolás Maduro, lo asocia indebida y groseramente a mi nombre.

Pese a mi talante respetuoso, no puedo dejar pasar este agravio sin manifestarle el más firme rechazo. No es aceptable que por figuración, confunda usted a una persona de bien, con una trayectoria de vida limpia, libertaria, dedicada al estudio, al trabajo, a construir y a contribuir durante largos años al progreso y bienestar de la patria, y a la defensa de la libertad, para que con infeliz ironía me mencione junto al nombre de un depredador, líder del continuismo del régimen más nefasto y destructivo de que tenga registro la historia patria.

El 11 A afloró una crisis política que venía incubándose como reacción al talante totalitario de Hugo Chávez, a la masacre de Puente Llaguno, y a las órdenes de Chávez de masacrar a una inmensa manifestación pacífica. Se abrió así un brevísimo período de facto para llamar al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a rápidas elecciones limpias bajo la supervisión de la OEA, para relegitimar poderes públicos que ya se encontraban totalmente conculcados por Chávez, como parte del siniestro plan de demoler la democracia republicana y sustituirla por el Socialismo del Siglo XXI. En otras palabras, imponer un modelo de orientación castrocomunista, el cual, el tiempo se ha encargado de demostrar, ha liquidado la democracia, el aparato productivo, los derechos humanos, y ha llevado a Venezuela a una crisis económica y humanitaria de proporciones históricas mundiales.

Yo al menos no vacilé en dar un paso adelante no buscado, para tratar de evitar la tragedia que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada, y me jugué hasta la integridad personal para evitar la consumación del caos en el cual se encuentra sumida nuestra sufrida patria. No sé si usted pueda decir lo mismo. En la opinión pública, algunos lo califican de blando, colaboracionista o creen que ha conducido erráticamente a una organización política como Primero Justicia,  llamada en sus orígenes a ocupar enormes responsabilidades. No hay cosa más importante en un político que la coherencia, la dignidad, la firmeza y la claridad de ideas, y creo que a usted le está faltando.

No olvido sus halagos y palabras de aliento del pasado. Y le digo, soy contrario al canibalismo en las toldas opositoras y no creo que para salir de este nefasto régimen convenga la descalificación entre quienes luchan por el rescate de la institucionalidad democrática en el país. Pero su atropello me obliga a reaccionar enérgicamente, y a decirle que no tiene usted ningún derecho a ofender. Luche con vigor contra la dictadura, y no mancille a quienes estamos en el exilio, limitados en la capacidad de expresión, atacados sin tregua por el régimen y por quienes disfrutan haciendo leña del árbol caído. Le exijo se disculpe en forma pública. Ojala tenga la altura y valentía de hacerlo.   




"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 8 de mayo de 2016

LA RESPUESTA AL TOTALITARISMO


La crisis política en Venezuela evoluciona como la crónica de una muerte anunciada, con altas dosis de realismo mágico garcíamarquiano, y un silencio cómplice de la mayor parte de la comunidad internacional. En anteriores reflexiones expresamos que si el régimen se negaba a aceptar la voluntad popular y las reglas del juego institucionales, en abierto desafío al Estado de Derecho, como corresponde a su naturaleza totalitaria, la oposición no tendría otra opción que declararse en desobediencia cívica y resistencia no violenta, con base en claros preceptos constitucionales. Algunos dirigentes mundiales han exhortado al régimen gobernante para que abra espacios de diálogo nacional con tolerancia, pero ello ha caído de nuevo en terreno árido.   
 
También expresamos en nuestro última entrega que la Asamblea Nacional (AN) electa el 6D con amplia mayoría opositora, tenía el deber de garantizar el cumplimiento del mandato popular y de defender sus atribuciones, por encima del impúdico Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado de manera ilegítima en diciembre pasado por la AN saliente. Es así como la Sala Constitucional del TSJ, convertida en el brazo político de la dictadura, bloquea todos los actos legales aprobados por la AN y cercena sus atribuciones, hasta el punto de dejarla sin margen de acción, pese a que el Poder Legislativo y el Presidente de la República, son los únicos de elección popular, en tanto que los otros son poderes derivados. No se trata así de un conflicto de poderes, sino de la anulación del Poder Legislativo por parte del Ejecutivo y de uno de sus apéndices: el Poder Judicial. 
 
Tal ha sido el caso de la ley de amnistía, la reforma a la ley del Banco Central de Venezuela, la de titularización de la propiedad de viviendas populares a sus beneficiarios, la censura al Ministro de Alimentación, la ley que otorga un bono a pensionados o jubilados, el aval del TSJ a la emergencia económica previamente negada por la AN, y el bloqueo a las facultades de la AN para investigar o interpelar a altos funcionarios del gobierno, entre otros. Los Diputados oficialistas y el gobierno se regodean burlándose de la bancada opositora, y a las entradas de la AN grupos violentos oficialistas agreden a los Diputados, mientras el TSJ convierte actos legislativos o de control político, perdonen la expresión, en papel sanitario. Eso sí, con la habitual doble moral olvidan deliberadamente que cuando eran mayoría hicieron uso y abuso de la AN para defenestrar a parlamentarios o funcionarios de elección popular, designar funcionarios a su antojo, y violentar las mayorías requeridas para ciertas decisiones, entre ellas la aprobación de leyes orgánicas o la cesión de facultades al Ejecutivo para hacer y deshacer a través de leyes habilitantes. No olvidemos tampoco que en la etapa democrática, en la “malhadada cuarta República”, el Congreso llegó a destituir por causas no probadas a un Presidente constitucional en ejercicio, como fue el caso de Carlos Andrés Pérez, quien acató cívica y democráticamente la decisión para evitar conflictos institucionales, en una infeliz decisión, que ha tenido costosas secuelas políticas para el país.
 

La cereza del postre la ha constituido la reciente decisión de la Sala Constitucional del TSJ de modificar el reglamento interior y de debates de la AN, en un acto de naturaleza supraconstitucional que configura otro golpe de Estado más, orientado a sujetar los actos legislativos de la AN al visto bueno previo del Poder Ejecutivo, y a mecanismos de asambleísmo popular. El jurista Allan Brewer Carías, quien ha analizado el tema, considera que “con esa sentencia, la Sala Constitucional se colocó por encima de la Constitución, primero estableciendo con evidente usurpación de funciones una normativa para el funcionamiento de la Asamblea Nacional que solo esta puede dictar al aprobar su Reglamento Interior y de Debates; estableciendo obligaciones al Poder Ejecutivo que solo la Asamblea Nacional puede sancionar mediante ley, todo con el objetivo de eliminar totalmente la función legislativa de la Asamblea Nacional, al someter inconstitucionalmente la sanción de las leyes al visto bueno previo por parte del Ejecutivo Nacional”. Concluye Brewer afirmando que con esa sentencia del TSJ, “la Asamblea Nacional ha quedado incinerada por obra del Juez Constitucional”.  

 
Otro interesante informe del jurista José Amando Mejía, afirma que la Sala Constitucional a través de sus sentencias “ha tenido el propósito de provocar una degradación constitucional, al generar un vaciamiento y deterioro de la institucionalidad de la AN”. Por ello afirma que la AN “tiene el deber de desconocer a la Sala Constitucional del TSJ”, como mecanismo de rescate de la propia Constitución, la cual está siendo violada abiertamente por el TSJ. Expresa Mejía que el desconocimiento de la Sala Constitucional a la nueva Asamblea Nacional constituye un mecanismo constitucional legítimo, jurídicamente incuestionable y políticamente necesario, y que la AN tiene la obligación de activarlo para restablecer la efectiva vigencia de la Constitución, y que si no lo hace quebrantaría a su vez la Constitución, al someterse a una autoridad que como órgano del poder público ha violado gravemente la Constitución que estaba obligada a garantizar y respetar. Por tanto considera que el TSJ ha incurrido en una clara violación de la Constitución, y ello es una prueba fehaciente de que la Constitución del 99 perdió su efectiva vigencia. Mejía concluye en que: “La Sala Constitucional violó la Constitución al quitar y arrebatar la fuerza normativa de la Constitución para asumirla como propia y subyugar el texto constitucional para acomodarlo a su libre albedrío y a los intereses del Presidente de la República. La Constitución no es un una norma complaciente ni acomodaticia a los intereses del Poder Ejecutivo, ni un paraíso normativo donde el Presidente de la República como jefe del gobierno puede hacer lo que le da la gana, actuar sin control e ignorar las competencias de los otros poderes del Estado. La fuerza normativa de la Constitución es la misma que obliga a la Sala Constitucional, a los demás poderes públicos y a todos los venezolanos”.

En otro plano, la iniciativa opositora de convocar a un referéndum revocatorio del Jefe de Estado está siendo objeto de torpedeos para evitar que se concrete este año, mediante la dilación en la entrega de las planillas por parte del CNE, con lo cual ganó dos meses, y para el proceso de verificación de firmas el gobierno designa a una comisión de integristas presidida por el inefable Jorge Rodríguez, expresidente del CNE y hermano de la Canciller Delcy Rodríguez, la misma que declaró esta semana en la OEA que la crisis en Venezuela es mediática y obra del imperialismo, dejando boquiabierto al planeta entero. Es obvio que pese a los esfuerzos de la oposición y la entusiasta respuesta del pueblo en la recolección de firmas, el gobierno está convirtiendo el referéndum en una carrera de obstáculos, a lo cual Maduro añade sin rubor que los revocatorios constituyen una opción y no una obligación, mientras el inefable Diosdado amenaza e intimida al pueblo y a los funcionarios públicos que firmen, como si se tratara de un acto delictivo.

Dada la simultaneidad de tales hechos con la crisis política brasileña, comparemos cómo las instituciones de ese país no han vacilado en adelantar el juicio político contra la Presidenta Dilma Rouseff, cumpliendo todas las etapas previstas en la Constitución, sin dejarse arredrar por las denuncias de golpe y presiones de un régimen agonizante, envuelto en actos manifiestos de corrupción y desviación de fondos. Lo de Brasil no es ni la milésima parte del saqueo y malversación de recursos protagonizado impunemente por el régimen venezolano, agravado por delitos de abuso de poder, atropello a los Derechos Humanos y anomia a los cuales se ha conducido a la nación.
 
 
Sea por las razones expuestas, por la nacionalidad no demostrada de Maduro, por la desbordada corrupción, la debacle económica, la crisis humanitaria, o por los golpes continuados contra el Estado de Derecho, ha llegado el momento de levantarse pacífica y constitucionalmente ante el totalitarismo, para hacer prevalecer la voluntad democrática de la mayoría del pueblo venezolano, y desconocer con determinación a la tiranía imbricada entre el gobierno, el TSJ y el Poder Electoral. Mañana será quizás demasiado tarde, so pena de que el pueblo tome en sus manos caminos impredecibles, y no necesariamente deseables.  

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 16 de abril de 2016

ENTREVISTA HECHA POR LA PERIODISTA SEBASTIANA BARRÁEZ, SEMANARIO QUINTO DÍA, CARACAS 15/04/2016

1)    El país está azotado por el problema económico, moral y de inseguridad.  ¿A la luz de la distancia, cómo percibe al país?

El país vive en efecto, la peor crisis económica, política, institucional y moral de su historia. El gobierno se niega a admitirlo, a asimilarlo, pese al estruendoso fracaso del modelo, pero no tiene capacidad para rectificar. Maduro está atrapado en un país colapsado, en quiebra, pero no se atreve a ordenar un giro que lo salvaría, sea por limitaciones, fanatismos, por la influencia cubana, o porque se siente heredero del discurso y políticas populistas del difunto Presidente, que eran solo sostenibles con el chorro petrolero, a las cuales cree que traicionaría si en algo se aparta de ellas. El ala radical que lo rodea le impide también moverse, y todo ello lo sufre amargamente el pueblo, que ha traspasado el límite de la escasez a una situación de hambruna, penurias, muertes por falta de medicinas y carencia de todo tipo de bienes de primera necesidad. ¿Hasta dónde es posible aguantar un cuadro de hiperinflación, depresión económica, desabastecimiento propio de una economía de guerra, colapso de los servicios públicos, inseguridad desbordada, fuga de talentos, envilecimiento del salario, pauperización de la clase media, represión política, corrupción rampante, desconocimiento de la voluntad popular expresada el 6D, y progresivo aislamiento internacional? Nadie lo sabe. Solo sé que es un cóctel explosivo, una olla de presión a punto de estallar, reflejada en un profundo malestar y en el abierto rechazo al régimen gobernante. 
  
2)    Las relaciones de nuestro país con Colombia han tenido altos y bajos momentos. La figura de Álvaro Uribe siempre aparece en el centro de esa álgida relación. ‎En realidad ¿hay  desde Colombia un plan para derrocar al gobierno venezolano?

Es triste ver cómo una relación bilateral que se desarrolló promisoriamente a lo largo de décadas en el marco de la CAN, ha sido destruida por el presente régimen, por políticas económicas incompatibles y porque no se cree en la integración económica como base para la construcción de valor. Fui actor en los esfuerzos de integración andina y latinoamericana, y me duele constatar la destrucción de valor ocurrida. El intercambio colombo-venezolano apenas supera hoy los US$ 1.000 millones, con barreras,  deudas, siendo que hasta 2008, había excedido los US$ 7.000 millones. La frontera lleva 7 meses cerrada, y ello no ha resuelto problemas que ameritan más entendimiento y cooperación entre las autoridades, atacando los males de la inseguridad, el contrabando, el crimen organizado y el narcotráfico. El cierre fronterizo ha agravado el sufrimiento de poblaciones que tienen un carácter transfronterizo, con nexos de sangre, cuyas realidades no son entendidas por el centralismo caraqueño y bogotano. Sobre supuestos planes desde Colombia para derrocar al gobierno venezolano y el presunto involucramiento de Uribe, ello es una de las manoseadas estrategias del régimen para buscar enemigos externos y tender cortinas de humo a su rotundo fracaso. No les doy ningún crédito ni importancia. 

‎3) Dr. Carmona, a usted lo respaldó un grupo de militares que pretendió llevarlo al poder, hoy seguiría considerando que los militares son una alternativa para Venezuela?

La alternativa para Venezuela es la de un gobierno civil, democrático, garante de la Constitución, del Estado de Derecho, de la independencia de los poderes públicos, capaz de aglutinar voluntades para rescatar a Venezuela de las cenizas. La recuperación de Venezuela será ardua, y comprenderá temas álgidos como: a) Reconciliación nacional sin impunidad; b) Reconstrucción institucional del país; c) Desarme de la población, de la delincuencia y de grupos violentos; d) Recuperación económica, productiva, cambiaria, de inversión, derrota de la inflación y puesta en orden de una economía desbarajustada; e) Los militares a sus cuarteles, a cumplir con el mandato legal de ser apolíticos, no deliberantes, subordinados al poder civil y encargados de velar por la paz, la soberanía y la seguridad nacionales; f) Lucha sin cuartel contra la corrupción; g) Reorientación de la política internacional en función de los verdaderos intereses nacionales.
 
4)    Han pasado 14 años desde aquellos días del 11 de abril. ¿Está arrepentido de su participación en aquel hecho histórico? 

Hay momentos de la vida que no se escogen, sino que lo impulsan a uno sin buscarlo, al ojo del huracán. El 11A fue un tsunami político, complejo, inesperado, cuyo único objetivo fue relegitimar los poderes públicos mediante elecciones limpias e inmediatas, pues ya en ese entonces estaban conculcados por el gobierno de Chávez, como parte esencial de su proyecto totalitario. La crisis de abril tuvo un importante detonante en la toma política de PDVSA, en la aprobación arbitraria del paquete de Decretos-Leyes, en la resistencia a la negociación de contratos colectivos pendientes, y en la insatisfacción nacional con el rumbo autocrático que Chávez imprimía a su gobierno. No habría jamás deseado que se desencadenara la crisis, y en aquél entonces fui sincero con Chávez, al advertirle lo que veía venir, y en proponerle un amplio diálogo; pero más pudo su afán revolucionario que la visión de estadista de que careció, con la cual habría evitado el choque de trenes.

5)    Los gobiernos de Chávez y de Maduro han usado siempre como excusa de la crisis económica y política del país lo que sucedió el 11A. ¿No se siente usted en parte responsable  de que Venezuela se mantenga en constante crisis?

El 11A y la crisis actual son una consecuencia de la obcecación del régimen y no una causa. Más consecuencias tuvo en su momento el paro petrolero de 2012-2013. Seamos claros: la crisis económica y política responde al afán oficialista de imponer al país un modelo estatista, controlista, intervencionista a ultranza, empeñado en estatizar y destruir empresas productivas y asumir sin éxito su control, que ha eliminado la autonomía del BCV para convertirlo en financista del gasto público con emisiones inorgánicas, aplicando una absurda política cambiaria controlada y múltiple, y avalando la liquidación de las reservas internacionales del país para proveer de liquidez al Ejecutivo. El gobierno derrochó la bonanza petrolera, apostó por un país sin sector privado y erró costosamente. En lo personal no comparto ese modelo, pues creo en la economía de mercado con responsabilidad social, con una paridad cambiaria única y libre, con estímulos a la inversión privada, precios justos y diversificación productiva. El gobierno arrasó con las exportaciones no petroleras y ha hecho depender como nunca a la economía del sector extractivo. En fin, no me siento responsable de los desaciertos del régimen, a los cuales adverso, pues han llevado al país a la ruina, colocándolo entre los países de peor desempeño económico del mundo, según todos los indicadores mundiales existentes.   

6)    Muchos venezolanos nos seguimos preguntando qué sería de este país hoy si usted se hubiese quedado en el poder. ¿Cómo lo imagina usted?

Habría sido efímero, de 90 a 180 días, apenas necesarios para convocar a elecciones parlamentarias y presidenciales limpias, sin que luego yo pudiera, por expresa voluntad personal, optar a cargo de elección popular alguno. Se habría salvado la democracia, y el país se habría enrumbado bajo los principios de libertad, progreso, respeto al Estado de Derecho, alternabilidad democrática, y estaría ubicado en el sitial de liderazgo que le corresponde en el contexto latinoamericano, mejorando cada día la calidad de vida de sus habitantes. Es triste ver lo contrario: aversión a la libertad, desconocimiento de la voluntad popular, aferramiento al poder “como sea”, persecución política, acosamiento al empresariado, populismo asistencialista que no resuelve los problemas estructurales del desempleo y la pobreza. Resultado: carencia total de bienes y servicios, envilecimiento del poder adquisitivo del salario, pauperización de la clase media, e índices de pobreza superiores al 81%. 

7)    Dr Carmona, ¿qué le pasó a nuestro país para que llegáramos a esta situación donde no hay alimentos, ni medicinas, la atención hospitalaria es cada día más precaria. La inflación, la inseguridad y las colas son las noticias principales? Hay una tendencia, sobre todo entre los jóvenes, de querer abandonar el país. ¿Qué le diría usted a esos jóvenes que quieren irse del país?

Su pregunta está recogida en las anteriores, pero destaco el ambiente de desesperanza, de pesimismo, de angustia que abate el espíritu de tantos venezolanos, por la falta de oportunidades, por las humillantes colas a las que deben dedicar parte de su vida, el desmejoramiento de la calidad de vida, la hiperinflación, y porque Venezuela se encuentra hoy entre los países más inseguros del mundo. Ello pesa en la decisión de muchos de abandonar el país, en un lamentable éxodo, en búsqueda de tranquilidad y de nuevos horizontes. La descapitalización del talento humano es la peor que pueda afectar a un país, pues ha invertido en ello millones de horas de formación que no se recuperarán fácilmente aunque haya un cambio. Cada joven con el cual me cruzo en el exilio me duele, pero comprendo que han sido impelidos al éxodo por fuerza de las circunstancias. Confío no obstante en que un porcentaje de ellos retornará al país cuando Venezuela vuelva a ser como fue, un país de talento creativo y de oportunidades.   



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 12 de abril de 2016

RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DE ROBERT GILLES REDONDO A PEDRO CARMONA ESTANGA

Estimado Robert:

Hoy 11 de abril de 2016, a 14 lejanos años de la crisis política ocurrida en Venezuela cuando eras apenas un adolescente, recibo la carta abierta que con altura me dirigieras, en la cual formulas densos comentarios que motivan esta pronta y no rebuscada respuesta. Valoro mucho los aportes que realizas a través de tus escritos a la formación de opinión en Venezuela y en el mundo, con una calidad intelectual sobresaliente, por lo cual te felicito. Estás como yo en el exilio, aunque en países diferentes, y ambos sabemos de los sacrificios que ello impone, pues lejos de significar exilios dorados representan cambios determinantes de vida, impuestos por las adversas circunstancias políticas del país. A estas alturas de mi vida, como adulto mayor nada habría deseado más  que ver en pleno Siglo XXI a una Venezuela próspera, incluyente, democrática, con familias unidas, e inserta en el mundo global a la par de los mejores países emergentes del mundo. 

Como sabes, la fecha del 11A es utilizada por el régimen como un hito en el cual se pretende distorsionar la historia, victimizarse y a través de un patológico empeño, endiosar la figura del difunto Chávez, habiendo sido el autor indiscutible de este fracasado ensayo revolucionario. La izquierda mantiene una doble moral ante las dictaduras: unas buenas, las de izquierda y otras malas las de derecha, cuando ambas son igualmente malas, y en igual sentido manipula los hechos políticos a su conveniencia. Así, los dos intentos de golpe de 1992 contra el gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez son para ellos fechas de exaltación patriótica, ocultando que fueron violentas rebeliones militares armadas, causantes de numerosos muertos, heridos, y daños a la institucionalidad. Pero cuando se trata de los acontecimientos del 2002, en que se derrumbó el régimen tras la masacre de Puente Llaguno y se produjo un vacío de poder, se insiste en cuestionar hechos que fueron tan inesperados como complejos. Y como señalas, a la hora de la verdad, actores militares o civiles escondieron luego la mano y me endosaron las culpas, que no eludo, lo cual no me quita el sueño, pues es consustancial a la frágil condición humana achacar la responsabilidad de todo fracaso a otros, sin admitir cuota alguna, individual o como parte de la sociedad como conjunto. Siempre tengo presente la frase atribuida a Napoleón Bonaparte: “La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana”.

El hecho es que con errores u omisiones propias de un verdadero ”tsunami” político, ante el vacío de poder provocado por la renuncia de Chávez comunicada al país por el General Lucas Rincón y el Alto Mando Militar, y la desaparición del gobierno de la escena, se intentó formar un gobierno provisional a cuya presidencia fui llamado sin buscarlo, con el único objetivo de relegitimar los poderes públicos, ya en ese entonces conculcados por el proyecto totalitario de Chávez, ello a través de rápidos comicios que serían convocados en 90 días para el Parlamento y en 180 días para la Presidencia, bajo la supervisión internacional de la OEA para garantizar el pleno restablecimiento del orden constitucional, y sin que yo pudiera por disposición expresa, optar posteriormente a ningún cargo de elección popular.

El régimen juzga con doble moral los hechos del 11A por violatorios de la Constitución, aunque tenían asidero en el artículo 350 de la Carta Magna, pero promueve con desparpajo violaciones continuas a la misma, fraudes electorales, subordina los poderes públicos a la causa revolucionaria, ideologiza a la Fuerza Armada, y desconoce sin rubor la voluntad popular, impidiendo que la AN ejerza sus atribuciones constitucionales, a través de su nuevo brazo político: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado en forma írrita por la AN saliente, en diciembre de 2015. El régimen justifica ahí sí sin pudor sus ejecutorias, empujando al país a una grave crisis político-institucional, de consecuencias aún impredecibles. Un oscuro y oportunista jurista, el Sr. Herman Escarrá, ha aconsejado a Maduro promover una enmienda para acortar el período de la AN, en una de las más lamentables cabriolas políticas de los anales de la historia. Eso sí es triste, pasar a la historia como un vendido o traidor, caso que no es único en el chavismo.  

Como comentas en tu carta, la actual crisis nacional no tiene precedentes. Mientras esto escribo, se conoce la declaratoria de inconstitucionalidad dictada por el TSJ a la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional aprobada por la AN, como antes lo hizo con la del BCV y otras. Maduro no tiene recato en ordenar públicamente al TSJ tal declaratoria, ni ese órgano en arrodillarse ante el Poder Ejecutivo, pues fueron designados para eso, para obedecer, siendo que para los áulicos del régimen, la revolución está por encima de la Constitución y de las leyes, y que según el dúo Maduro-Cabello “jamás entregaremos el poder“. Bien anotas que la recolección de firmas en la calle en contra de la Ley de Amnistía, valiéndose del hambre y las penurias del pueblo ha sido un acto denigrante, sin justificación moral alguna. El gobierno sigue sembrando la cultura del odio, y también del ocio, y estimula con sus políticas la mediocridad educativa, la ordinariez, y la castración del talento. Es la naturaleza totalitaria del chavismo, como en la fábula de Esopo en que un escorpión le pide a una rana que lo ayude a cruzar el río prometiendo no hacerle daño. La rana lo sube a sus espaldas pero a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Esta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo cual el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza".

Coincido en que el ejercicio de la fuerza por parte del gobierno en un ambiente de miseria coacciona al pueblo, no obstante lo cual no les resulta posible ocultar el inmenso rechazo nacional, a niveles que lo hacen tambalear peligrosamente. Maduro, movido por los Castro y por los grupos radicales del régimen no solo desconoce la voluntad popular ante la AN, sino que estira la cuerda a límites extremos, amenazando con la insurrección popular si perdieran el poder. Es “vox populi” que en el seno del chavismo crecen las opiniones que se inclinan por una salida de Maduro para evitar el derrumbe del régimen, pero el CNE, como apéndice que es del gobierno, elude los trámites de convocatoria a un referéndum revocatorio, pues si se realiza este año habría elecciones, en tanto que si ocurre el próximo año asumiría el Vicepresidente Ejecutivo por el resto del período constitucional.

En lo económico, ningún ser pensante en el mundo atina a comprender cómo por incompetencia, fanatismo y falta de transparencia, el país ha sido llevado a la bancarrota, a la hiperinflación, a la destrucción del sector privado, el colapso de los servicios públicos y la implantación de una economía de guerra, donde el nivel de desabastecimiento global se acerca al 85%, incluyendo alimentos, medicinas, artículos de aseo, y hasta ataúdes para que los muertos descansen en paz. La moneda nacional está envilecida, y con ello el poder adquisitivo de los salarios, sin que se entienda cómo un país rico en recursos esté sometido a tan humillantes colas. Las reservas internacionales se agotan y se empeñan los lingotes de oro para obtener algo de liquidez inmediata. Como indicas, el país se está acabando de muchas maneras y por muchas vías. Varios analistas consideran que se ha producido un estallido del Estado. A manera de ejemplo, el sistema eléctrico nacional está colapsado por improvisación, empresas como Sidor tienen tres meses sin producir una tonelada de acero, las comunicaciones de larga distancia han sido suspendidas por las empresas internacionales, muchas líneas aéreas cancelan sus vuelos al país, otras excluyen de sus estados financieros las operaciones en Venezuela, y al final, todo ello se traduce en una triste cifra: el 81% de los venezolanos se encuentra en situación de pobreza. Se ha pretendido erróneamente construir una sociedad sin propiedad privada, y lo demuestran las masivas y fracasadas expropiaciones, y la negativa a promulgar la ley de titularización de viviendas otorgadas por el gobierno a los estratos populares, pues así dispone de una herramienta más de coacción y chantaje, potenciando al Estado como empresario, interventor, empleador y proveedor de asistencialismo, no para resolver los problemas estructurales de la pobreza, sino para mantener subyugadas a las clases menos favorecidas, pieza clave de la estrategia del gobierno.

En cuanto a la rampante corrupción, apreciado Robert, algunos analistas estiman que el saqueo perpetrado al patrimonio nacional supera los US$ 300 millardos, con billonarias cuentas de un largo listado de figuras del chavismo en el sistema financiero internacional, sin hablar del regalo a causas políticas afines como las de Podemos en España y los países del ALBA. ¿Es acaso concebible que un país en quiebra y con hambre siga regalando petróleo y dinero a Cuba y a los países del Caribe? ¿No es natural que el país reaccione ante tamaña ignominia? ¿Y qué decir de las actividades de narcotráfico y lavado de activos que compromete a altos funcionarios, oficiales de la FA y hasta miembros del entorno presidencial? Las investigaciones internacionales seguirán ampliando lo que apenas aflora como la punta de un “iceberg”. El libro de Tablante y Tarre: “El Gran Saqueo”, aporta suficientes elementos de juicio a ese respecto.

Ha llegado el momento, estimado Robert, de elevar la voz, de salir a la calle sin violencia, y de propiciar por medios constitucionales un cambio de orientación política, en favor de lo cual se expresó el pueblo el 6D. He afirmado sin reservas que hay que otorgar un voto de confianza y de apoyo a la AN en una crisis tan delicada y profunda, pero si la Asamblea no fuese capaz de hacer valer sus atribuciones y defender el mandato popular, sería también desbordada por la crisis.

Bien dices que este régimen, sin talante democrático, aferrado al poder “con todo” (Maduro dixit), y amenazando con insurrección, no sale del poder por medios democráticos. Eso lo sentí en carne propia en meses anteriores al 11A, cuando le insistí con genuina vehemencia a Chávez  sobre la necesidad de un diálogo para evitar una crisis política e institucional de alcances insospechados. Pero Chávez quiso pasar a la historia como un revolucionario, disruptivo, que impone, y no como un estadista incluyente y de diálogo. Por ello, la resistencia activa no violenta ante las decisiones ilegítimas del régimen, la toma de la calle por medios pacíficos, las vías legales para el cambio de régimen, y la desobediencia civil a las atrocidades del régimen, lucen como único camino de salida.

Los presos políticos, los exiliados, los perseguidos e inhabilitados claman por la restitución de su libertad y derechos. Los medios de comunicación asfixiados por la hegemonía informativa del Estado  o la falta de papel, sucumben sin poder comunicar al país noticias y opiniones críticas. La comunidad internacional es cada vez más sensible a los crecientes atropellos al Estado de Derecho, en especial por la situación de los detenidos políticos y el intento de cercenamiento a las facultades de la AN, como ya lo hicieron con Gobernadores y Alcaldes incómodos para el régimen.

Pero a la vez, Robert, notables acontecimientos están ocurriendo en nuestro entorno regional. Gústeles o no, el sol comienza a brillar de espaldas a los regímenes de izquierda radical, por su incapacidad para atender las necesidades de los pueblos, por el abuso de poder, por su aversión a la libertad, y por tantos robos y atropellos. Los socialistas de convicción ven con horror cómo la carta de presentación del Socialismo del Siglo XXI es la de estruendosos fracasos, a la cabeza de los cuales se encuentra el cuestionable ejemplo de Venezuela. De allí que los resultados del 6D en nuestra patria, el triunfo de Macri en Argentina, la negativa boliviana a la reelección indefinida de Evo Morales, la crisis política en Brasil asociada a la corrupción en Petrobras y el PT, y los recientes balances comiciales en Perú, donde dos movimientos de centroderecha se disputarán la segunda vuelta, hagan recordar las palabras del difunto Chávez parafraseando las Sagradas Escrituras: “El que tenga ojos que vea; el que tenga oídos que oiga”.

Comparto tus inquietudes sobre la pasividad de muchos venezolanos. Creo con convicción en el papel vital que le corresponde a la nueva generación de venezolanos a la cual perteneces, en la construcción del futuro, y admiro el arrojo de tantos jóvenes que han sacrificado sus carreras y hasta han ofrendado sus vidas, por la libertad del país. Pero no considero justo colocar sobre sus espaldas el pesado fardo de sacar al país del marasmo en el cual está sumido, y frenar el inconmensurable costo del éxodo de más de un millón de venezolanos al exterior. A ello deben también responder las generaciones maduras, y quienes por acción u omisión permitieron que el país fuese llevado al difícil trance en el cual se encuentra, impensable hace tan solo 18 años.  

En fin, estimado amigo, el 11A se trató sin éxito de salvar al país de esta tragedia. En esa fecha no eludí, bajo el riesgo de mi integridad personal y de mi vida, la responsabilidad de tratar de impedir la actual crisis múltiple que agobia al país, y que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada. Comparto tu observación de que ya no es del caso mirar hacia atrás, como no sea para aprender de los errores. Eso sí, el tiempo transcurrido confirma que ante una dirigencia gubernamental corrupta, sin escrúpulos ni compromiso democrático alguno, cuyo único objetivo fue llegar al poder por la vía electoral para demoler la democracia desde adentro, apoderarse del botín, pauperizar a la clase media, sembrar la lucha de clases, destruir la inversión y la iniciativa privada, establecer un modelo de estatismo exacerbado, de entrega al país a los cubanos y de privilegio a intereses foráneos, todo ello explica por qué en ese difícil y distante abril, la forma elegida para salvar la democracia fue detener el proyecto castro comunista del régimen, para llamar prontamente al pueblo, en su condición de depositario del poder constituyente originario, a limpias elecciones para la relegitimación de los poderes, y de esa forma enrumbar de nuevo al país por la senda de la libertad, prosperidad y democracia. Venezuela no estaría como ahora a la zaga del mundo, sino a la cabeza del liderazgo de América Latina, y nuestra población estaría disfrutando de un merecido y justificado nivel de bienestar y de progreso.

Con amistad y sincera estima,

Pedro F. Carmona Estanga
Bogotá, 11 de abril de 2016

“Para la verdad el tiempo, para la justicia Dios”.


CARTA ABIERTA A PEDRO CARMONA ESTANGA, DE ROBERT GILLES REDONDO

Estimado Doctor,

Me es grato dirigirme a Usted en un aniversario más de los hechos de abril de 2002 que le condujeron de forma temporal a la silla de Miraflores, convirtiéndose en el 49° Presidente de Venezuela de facto

Sobre esos hechos de infeliz memoria para tantas familias que perdieron a sus seres queridos en las calles de nuestro país, no quiero hablar. La historia habrá de juzgar con razón esta época y los hechos que han sobrevenido en el camino, en la angustiosa búsqueda de libertad del pueblo venezolano. 

También la historia tendrá que dejar clara la responsabilidad de los actores del 11 de abril, especialmente la del fallecido Hugo Chávez y sus colaboradores, así como la responsabilidad moral de muchos opositores que, aferrados a intereses de diversa índole, cometieron errores que hoy no podemos sino lamentar.

Debo decirle que soy enemigo de esa tendencia que le ha satanizado en filas opositoras, yo también y por otras razones lo he sido, es parte de la dinámica política de estos últimos 17 años. Es normal que el chavismo tenga dedicación exclusiva a esa tarea porque fue el hombre que no dejó en limpio el expediente del fallecido comandante, el que le devolvió con el apoyo de la sociedad civil la misma estocada que en 1992 él le había dado a la democracia. Pero, la diferencia entre lo sucedido el 4 de febrero y el 11 de abril es abismal. Para entonces Venezuela sólo atravesaba una crisis circunstancial y se hubiese decidido temporal de la democracia; en 2002 Venezuela ya había hecho presidente al líder de aquella intentona golpista y el país se encaminaba de forma temprana a este precipicio en el que nos encontramos: el del Estado fallido, el del hambre, la miseria, la violencia sin control (política y social) y la penetración del narcotráfico como política de Estado. Curiosamente, al hacer la aclaratoria sobre la satanización a la que regularmente es sometida su persona, recuerdo cuántos de esos opositores participaron de forma activa en esos hechos que tras la renuncia de Hugo Chávez, “la cual aceptó”, el vacío de poder generado y el acuerdo del conglomerado de actores para que Usted asumiese la Presidencia. Muchos pues decidieron lavarse las manos, excepto Usted que como me dijo en Bogotá durante una conversación hizo lo que tenía que hacer.

Pero no quiero caer en la tentación de hablar más sobre el 2002. No fui arte ni parte de esos hechos, 
entonces apenas tenía dieciséis años.

El tema central que he querido abordar en esta misiva de carácter público es la situación actual de nuestra lejana patria venezolana que halla hundida en la peor de sus crisis. Lo que se vive es inédito, tanto así que al escribirle tengo presente la imagen de unas personas recogiendo agua en plena avenida Andrés Bello de Caracas porque en sus casas no tienen desde hace tiempo y reviso un vídeo que registra el momento en que una Alcaldía reparte bolsas de comida a cambio de firmar contra la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, aprobada recientemente por la Asamblea Nacional. Sin detallar en los casos de linchamientos y quema de personas en las vías públicas que, lejos de ser un acto de justicia con un delincuente, es prueba explicita de una muy grave crisis moral que ha sido auspiciada por el régimen chavista desde siempre al demostrar que aquel que puede debe hacerlo sin importarle nada. La política de fuerza a la que sido sometida la sociedad venezolana empieza a dar frutos.

Frente a este drama la promesa de cambiar el rumbo este 2016 nos llevó a elegir una nueva Asamblea Nacional en el diciembre próximo pasado y a cuatro meses de funcionamiento ha sido propuesto como mecanismo para echar a Maduro del poder que usurpa: el referéndum revocatorio, la enmienda y la reforma constitucional, así como la exigencia de su renuncia. Y la constante promesa de la movilización nacional en la calle.

La respuesta del régimen no se ha hecho esperar. Ha ejercido control pleno y descarado para que los actos legislativos de la Asamblea Nacional sean anulados en su totalidad por la Sala Constitucional del tribunal supremo de justicia y más recientemente ha llamado a sus muy escasos seguidores a una rebelión permanente contra este Poder del Estado, elegido democráticamente. Incluso el Ministro de la Defensa ha tenido el tupé de inmiscuirse públicamente en asuntos de carácter civil como el tema de la Ley de Amnistía, hecho que viola Constitución Nacional y denigra a la institución armada cuya obediencia a la institución civil es vital para el funcionamiento democrático de una República.

La verdad es que Nicolás Maduro, de dudosa nacionalidad, no tiene más respaldo que el de la cúpula militar y el tribunal supremo, como se ha venido advirtiendo. 

El pueblo se acabó, se consume diariamente en las colas que hay para adquirir los escasos productos que todavía quedan en el mercado. Habrá de recordar que se habla de hasta un 90% de desabastecimiento a nivel nacional. Sumado a ello está el trágico desabastecimiento de medicinas de todos los niveles que configura, sin lugar a duda, una verdadera crisis humanitaria que pocas personas pueden comprender en su verdadera dimensión y gravedad. De hecho, la falta de comprensión de lo que vivimos, de lo que fuimos y de lo que seguiremos siendo es responsabilidad de la apatía que mayoritariamente ha tenido y tiene la sociedad venezolana. Si bien es cierto que muchos están conscientes de la necesidad de salir de Maduro, muy pocos entiende que más que una necesidad (incluso de carácter histórica) es también y principalmente una conditio sine qua non para la existencia misma de la sociedad en el futuro inmediato. Porque sí es cierto que el país no va a desaparecer como se pregona hoy en día para reclamar esperanza en este momento, pero la aunque el territorio venezolano no desaparezca literalmente, puede acabarse de muchas otras, como por ejemplo la temida profecía popular de una guerra civil como desenlace de esta pesadilla. Nuestro país realmente se está acabando de muchas maneras.

Y es en medio de esta pesadilla donde las nuevas generaciones mantienen vivo el deseo de encontrar respuestas a sus más sentidas interrogantes sobre el futuro inmediato de la nación. Aunque la realidad nos obligue a estar resignados y a sentirnos aherrojados. Tales interrogantes podrían ser respondidas al paso con cualquier frase de consuelo-esperanza, pintoresca o no, como las que sentencian año tras año que “a diciembre no llegan”. Pero en el fondo sabemos que el carácter de la crisis venezolana significa también que las opciones –todas- para salir de ella son de carácter aporético (inviables en el orden racional), de ahí que sigamos alimentados por la falsa promesa mesiánica de salidas mágicas. ¿Significará esto que estamos atrapados?

Acaso ¿será que a los venezolanos nos tocó escenificar durante mucho tiempo aquel poema del nicaragüense Rubén Darío? un país:

 “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto y no saber, ni de dónde venimos, ni adónde vamos”.

De allí nace, estimado doctor Carmona, mi convicción sobre la importancia de su voz en el ágora de la discusión, todos los venezolanos, de aquí o allá están en la obligación de elevar su voz y no permanecer indiferentes. Pese a la satanización. Pese a todo, incluso pese al ímprobo pensamiento del exilio. La respuesta no puede ser que debemos estra tranquilos porque el país no se acaba nunca, porque “siempre los protagonistas sobreviven hasta el final de la película”. Aunque hay tristes ejemplos de que no siempre es así. En La vida es bella, excepcional pieza cinematográfica, el sacrificio del protagonista era necesario para el futuro de su hijito. El Dr. Emanuel Tanay, psiquiatra superviviente del Holocausto, habla sobre este tipo de actitudes y pone como ejemplo su propia historia y la de su pueblo en el inicio de la  barbarie nazi:

“…Y así las cosas, la inmensa mayoría se sentó a dejar que todo sucediera, y antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado…”.

Los venezolanos no podemos seguir esperando sentados que todo suceda. “Lo importante es pensar con claridad y abandonar toda esperanza”, como dejó escrito Albert Camus. Este tiempo tiene que ser para cada uno de nosotros una apasionante entrega y una firme decisión para luchar contra este adverso destino que sufrimos, lleno de peligros, manteniendo la dignidad y la libertad de nuestras consciencias, siendo solidarios con un mensaje claro que no signifique esperanzas mesiánicas o milagrosas porque nuestro camino es sólo para venezolanos decididos a luchar adentro o fuera del país.

Así, en la postrimería de este mensaje (si puede llamarse así), creo que debemos que desconfiar de las profecías de cuatro esquinas que advierten el final de lo que ya es-supuestamente- insostenible. Los lamentos bíblicos ya no tienen mayor sentido, es cierto, porque estamos denunciando un modelo que nunca existió y que hartamente prometió la destrucción desde el principio. No se vale generar expectativas sobre una salida inmediata al drama, las expectativas insatisfechas son causa de peores males. Mejor será comenzar por aquel cambio que no precisa para su realización de un cambio de gobierno ni del derrocamiento de una dictadura y que es, a lo sumo, el mayor ejercicio del bendito artículo 350 constitucional: ciudadanos en libertad que bajo el imperio de la ley, que no ejerce el Estado, luchan digna, pacífica y democráticamente en cada calle de Venezuela. La salida de este tipo de regímenes, excepto unos escasos ejemplos milagrosos, no es en votaciones, es a través de grandes movimientos de calle, insisto de forma pacífica y muy bien articulados.
Por más cárceles que haya y grandes represiones, la libertad es un don que nunca se pierde realmente. Cohesionando a los ciudadanos en un movimiento de calle muy bien organizado, estaremos iniciando el problema de fondo de nuestro país desde siempre: el sistema. Sistema que ha condenado a los ciudadanos a ser masas sin forma que viven su cotidianidad, sin mayor compromiso que el de respirar y trabajar para sobrevivir.

11 de abril de 2016
Robert Gilles Redondo







sábado, 5 de marzo de 2016

LOS ESTERTORES DE UN RÉGIMEN SIN ESCRÚPULOS

El desconocimiento a la voluntad popular por parte del régimen gobernante en Venezuela aflora una vez más sin pudor ni límites. Al puro estilo Jalisco, los chavistas “si no ganan arrebatan”, esta vez no solo mediante el ventajismo, arbitrariedad o fraude, como tantas veces ocurrió en estos largos 17 años de ignominia, entre otros contra Alcaldes y Diputados, sino con la írrita sentencia de un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado irregularmente por el oficialismo en diciembre de 2015, cuando ya estaba elegida una Asamblea Nacional (AN) de mayoría opositora, ello para autoblindarse los ilegítimos Magistrados de la posibilidad de ser removidos por la AN, y eximir a representantes del Poder Ejecutivo y de la administración pública, de la obligación de someterse al control político y de rendición de cuentas establecidos en los artículos 187 y 223 de la Constitución.

El golpe de Estado perpetrado por quienes suelen acusar a la oposición de golpista, lo repito mil veces, es un eslabón más del golpe progresivo y continuado con que el régimen burla el Estado de Derecho para ejercer “como sea”, el poder en forma omnímodo. En esta infausta ocasión, un TSJ elegido ilegalmente y sin cumplir con las mayorías requeridas como lo denuncia Henry Ramos Allup, pretende cercenar las facultades que la Constitución atribuye a la AN para legislar, derogar leyes con otras leyes, reformarlas, interpelar a funcionarios públicos o solicitarle informaciones, investigar a los demás poderes públicos, decretar amnistías, ejercer las aprobaciones o autorizaciones previstas en el ordenamiento jurídico, proponer enmiendas o reformas a la Constitución, o censurar al Vicepresidente o a los Ministros, entre otras. Ello representa una oprobiosa manifestación totalitaria, que debe ser rechazada enérgicamente por el país y por la comunidad internacional.

Hasta diciembre último, las decisiones de la abyecta AN eran para el gobierno fuente sagrada de poder, por inconstitucionales que fueran. Cuántas veces no incurrió la AN en atrocidades jurídicas, aprobando leyes orgánicas con mayoría simple, transfiriendo parte de sus facultades de designación de integrantes de los Poderes Públicos al TSJ para eludir la exigencia de la mayoría de dos terceras partes, o defenestrando a Diputados electos por el pueblo, u otorgando poderes absolutos al Ejecutivo a través de leyes habilitantes, siempre con el aval de la aliada Sala Constitucional del TSJ. Pero como ahora la composición de la AN no le es favorable, hay que anular sus decisiones o limitar sus facultades a través de su brazo político, el TSJ. El colmo es que el Presidente de la República sea capaz de expresar que no se someterá a los dictámenes de la AN, en actitud de abierto desacato.

Estos hechos de tanta gravedad, exigen una acción contundente de la AN, de las fuerzas democráticas del país y de la comunidad internacional, como ha sido el pedido del Senado brasileño a su gobierno de invocar la Carta Democrática Interamericana, aunque sabemos que la OEA es un club de gobiernos donde solo ellos o el Secretario General pueden invocar dicha Carta. No dudo que ocurrirán más pronunciamientos de parlamentos o ex gobernantes solidarios con la causa de la libertad en Venezuela, pero nada se puede esperar de los silencios cómplices de los gobiernos de la región, que prefieren mirar a un lado cuando de Venezuela se trata. Eso sí, han estado prestos para actuar en casos como el de Zelaya en Honduras o el de Lugo en Paraguay, ambos destituidos constitucionalmente por sus Congresos. La doble moral socialista lleva al extremo de que, bajo un nuevo relativismo político, manipulador del concepto de soberanía, se minimizan los principios universales de DDHH y de libertades, pues para ellos hay dictaduras buenas, las de izquierda, y dictaduras malas, las de derecha, cuando ambas merecen igual reprobación. Así, la dictadura cubana es buena y la de Pinochet mala, o a Maduro hay que tolerarle las persecuciones a la disidencia política, sin que ni siquiera respete el derecho al debido proceso y a la legítima defensa.

La crisis humanitaria en Venezuela sigue entre tanto agravándose en una forma desgarradora. Ayer nomás vi por televisión la entrevista que hacía una periodista a un farmacéutico en Caracas, en que este no pudo contener el llanto al describir el sufrimiento de gente urgida de medicinas que recorren las calles como “corte de los milagros”, sin conseguir nada. Describía el profesional cómo llegan cientos de personas al día a los establecimientos, con cáncer, hipertensión, infecciones, asfixias por asma, convulsiones y todo tipo de males sin poder venderles medicinas, ocasionándoles una fuerte  afectación anímica. Igual pasa en los hospitales. Pero el gobierno niega que la OMS o las organizaciones mundiales envíen medicamentos al país para salvar vidas y aliviar las penurias de los enfermos. Quienes vivimos en el exterior podemos testimoniar cómo no hay día en que no recibamos algún pedido de amigos o familiares de envío de medicinas a altos costos, pues no tienen acceso a divisas. Y las otras facetas de la crisis humanitaria: la falta de alimentos, el colapso de los servicios públicos y la inseguridad personal desbocada siguen en pleno desarrollo, sin hablar de la hiperinflación que mina el poder adquisitivo del venezolano y lo sume en la más profunda desesperanza. La calidad de vida se ha ido al suelo, y por ello sigue incontenible el éxodo.

Ante ese estado de cosas, si este régimen que se ha deslegitimado desde la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente en 1999 mediante un referéndum consultivo; con las trabas impuestas al referéndum revocatorio a Hugo Chávez en 2004; el desconocimiento a la voluntad popular en 2007 cuando se negaron las reformas constitucionales propuestas por Chávez para implantar el Socialismo del Siglo XXI y la reelección indefinida, pero terminó haciendo lo que le vino en gana; el ocultamiento de la fecha de muerte de Chávez en diciembre de 2012 y los subsiguientes decretos espurios del difunto; la sucesión ilegal de Chávez a Maduro en la provisionalidad; el fraude en las elecciones ganadas por Capriles; la aprobación de varias Leyes Habilitantes a los Presidentes para reforzar el autoritarismo; hasta las atrocidades que hoy describimos en contra del mandato dado por el pueblo a la nueva AN y la impugnación de varios de sus integrantes, todo ello obliga a recurrir con urgencia y sin violencia a los medios que la propia Constitución establece para restablecer la vigencia de sus normas. Desde el derecho a protestas pacíficas, la desobediencia civil a decisiones nulas de toda nulidad, a la exigencia a Maduro de que demuestre su nacionalidad, cosa que no ha podido evidenciar, pasando por recurrir a instancias internacionales en búsqueda de la solidaridad ante una crisis de tales magnitudes y riesgos, o ejercer los caminos legales para el recorte del mandato presidencial o su revocatoria, o la invocatoria de las cláusulas que consagran el desconocimiento de toda legislación o autoridad que contraríe los principios democráticos o menoscabe los derechos humanos (artículos 333 y 350 de la Constitución).

La responsabilidad de la nueva AN es cumplir y hacer cumplir el mandato recibido del “soberano” y ejercer sin cortapisas sus atribuciones. Por su parte, el deber de la camarilla integrista del régimen liderada por Diosdado Cabello, es evitar que el país se deslice a la confrontación y a la violencia con la acción de los colectivos o milicias, y el de la FAN asumir su obligación de mantener la independencia, y ser garante de la soberanía y del orden interno. Sería imperdonable que el agónico régimen prefiera inmolarse o enguerrillar al país, antes que admitir que los órganos del Estado “emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos” (artículo 5 de la Constitución), soberanía que quedó inequívocamente expresada en los comicios del pasado 6D. 


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 21 de febrero de 2016

EL DERECHO A LA LIBERTAD

El régimen totalitario chavista liderado por el dúo Maduro-Cabello, se empecina en desconocer la contundente expresión de voluntad popular manifestada en las elecciones parlamentarias del 6D, marcadas por un claro signo de protesta y de deseo de cambio en la sufrida nación venezolana.

Las argucias oficialistas buscan obstaculizar a la Asamblea Nacional (AN) de mayoría opositora en el ejercicio de sus atribuciones constitucionales, a través la impugnación de los Diputados por el Estado Amazonas, la ilegal designación por la moribunda legislatura anterior de 13 Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y 21 Suplentes, o mediante la intención de convertir a esa espuria instancia, en árbitro de las decisiones de la AN. Así ocurrió con la declaración de constitucionalidad por el TSJ del decreto de Emergencia Económica previamente rechazado por la AN, con las continuas amenazas del régimen de desconocer la ley de amnistía a los perseguidos políticos aprobada en primera instancia, o la ley de titularización de la propiedad de las viviendas otorgadas en años pasados a la población de menores recursos, o en forma general, con la estrategia de bloquear las decisiones de la AN y negarse a concurrir a los debates de control político. Ello configura un desacato a la institucionalidad democrática, y otra expresión del golpe de Estado que se ha venido ejecutando progresivamente en los últimos 17 años contra la Constitución que el propio régimen promovió e hizo aprobar en 1999, como está documentado en tantos análisis jurídicos, y en la obra “La historia inconstitucional de Venezuela”, del jurista Asdrúbal Aguiar Aranguren.

Entre tanto, el colapso económico y social se agrava de manera indetenible. El país se hunde en una economía de guerra y en una crisis humanitaria sin precedentes. El BCV reconoce que la inflación cerró en 181% en 2015, pero las estimaciones para este año se desbordan, mientras que la producción petrolera cae a cerca de 2,3 millones de barriles diarios, las reservas internacionales apenas alcanzan US$ 15 millardos, y el gobierno adelanta subrepticias ventas de oro en Suiza para literalmente “raspar la olla”. La secuencia de improvisaciones en la designación del equipo económico con personas fanáticas e incompetentes ha quedado una vez más evidenciada en el nombramiento y posterior remoción de dos ministros en el lapso de un mes, ambos de un perfil vergonzoso.

Las medidas económicas anunciadas esta semana por el gobierno son solo paños de agua tibia ante una crisis de colosales proporciones. En efecto, si bien el aumento de precios de la gasolina marca una ruptura al temor del gobierno de abandonar 20 años de costoso congelamiento, se abre una fuerte brecha entre el valor de los combustibles de 91 y 96 octanos en una proporción 1 a 6, que seguirá implicando el despilfarro de los de menor octanaje, con precios que siguen siendo los más bajos del mundo.  De otra parte, la devaluación de la paridad oficial a 10 Bs. por dólar cuando en el mercado paralelo se ubica en 1.045 (100 veces más), no tendrá efecto alguno si no se abre una ventanilla cambiaria libre y flotante que permita atender las necesidades de divisas de la economía para atemperar la paralización del aparato productivo por falta de insumos, y el consecuente desabastecimiento de alimentos y medicinas, causantes de la crisis humanitaria que lleva a la muerte a decenas de personas al día, y del creciente fantasma de una hambruna generalizada. El gobierno sigue empecinado en creer que solucionará los problemas con Consejos Comunales y un “Estado Mayor” para la supervisión y control de precios, con planes de “revolución tributaria”, corporaciones productivas, abastos bicentenarios que son objeto de inmensos “guisos”, o con más gasto ineficiente destinado a misiones que no resuelven problemas, sino que subyugan a un pueblo fatigado de penurias, mediante el asistencialismo de un Estado macrocefálico y fracasado. Nada se hace para reactivar la inversión y la producción nacional, agravando la dependencia externa de alimentos, medicinas y bienes.

Como si fuera poco, la insólita decisión gubernamental del pasado 10 de febrero de crear la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg) manejada por el Ministerio del Poder Popular para la Defensa (MPPD) para ejecutar todo tipo de actividades de servicios petroleros, de gas y minería definidas en una interminable lista, es calificada por algunos como un “golpe de Estado” del Ministro de la Defensa General Padrino Vladimir Padrino López, sea para fortalecer el poder militar o para atacar vicios de la industria, pero no es lógico ni admisible que se cree una nueva entidad administrada por militares, en un campo que requiere de un alto nivel de especialización y conocimiento, en lugar de salvar a la golpeada PDVSA, la cual pasó de ser una de las primeras empresas energéticas del mundo a una débil compañía, politizada, saqueada, sin rumbo ni capacidad operativa o de inversión.

La Asamblea Nacional presidida con firmeza por Henry Ramos Allup, se encuentra en estos cruciales momentos ante el reto de cumplir sin cortapisas sus atribuciones legales, y hacer respetar la voluntad popular. Las leyes de amnistía y de titularización de la propiedad de las viviendas sociales deben de un lado seguir su curso aprobatorio, como también la reversión de la inmoral designación hecha en diciembre pasado por la AN de los magistrados del TSJ. Además, ante el choque de trenes provocado por el gobierno, la AN tiene ante sí la compleja tarea de definir prontamente un camino apegado a la Constitución y a formas no violentas, para cumplir con el cambio exigido por el mandato popular, u optar por la desobediencia civil a las tropelías del régimen. Y es que el caos y la bancarrota en los que se encuentra la nación no admite espera, pues la Venezuela que debería estar a la vanguardia de América Latina se muere de mengua, y tristemente se ubica en todos los indicadores de desempeño y transparencia, entre los diez países más atrasados del mundo.

Ante esa realidad, si el obcecado gobernante Maduro se resiste a admitir la voluntad popular, a someterse al control democrático, y viola el deber establecido en el artículo 232 de la Constitución, de que el Presidente de la República es el responsable de “la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos”, los recursos los define la propia Carta Magna, entre otros el artículo 350, que consagra el “deber del pueblo de desconocer cualquier legislación o autoridad que contraríe los valores democráticos o los derechos humanos”. La crisis múltiple en la cual el régimen ha sumido a la nación, la peor de su historia como nación independiente, evidencia la nula disposición de aceptar la independencia de los poderes, por arbitrariedad, falta de talante democrático, abuso de poder, psicopatía de sus integrantes y por sumisión a los dictámenes de los hermanos Castro desde Cuba.

La crisis actual me hace también reflexionar sobre los cuestionamientos que con razón o sin ella se hacen de la crisis de abril de 2002, pues hoy como ayer no podía confiarse en los designios del Foro de Sao Paulo, y en poderes públicos ya en ese entonces conculcados por el chavismo, con los mismos fines que ahora afloran en toda su magnitud. Por ello, la opción de  llamar a elecciones limpias para que una nueva Asamblea Nacional relegitimara los poderes públicos y restableciera la senda democrática, no era del todo insensata. Nos habríamos ahorrado esta larga y oprobiosa tragedia.

Honor a la solidaria posición asumida en la AN por los Premios Nobel de la Paz Óscar Arias, Lech Walesa, y la surafricana Mpho Tutu, solicitando la liberación de los presos políticos, y condenando que en Venezuela se persiga o se someta a prisión a tantas personas por expresar sus ideas.   


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 17 de enero de 2016

EN LOS ALBORES DE UN NUEVO AÑO


Ha transcurrido la mitad del primer mes del nuevo año, el cual ha sido particularmente complejo para los venezolanos. Como era previsible, y lo anticipamos en artículo anterior, tras el contundente triunfo electoral de la oposición el 6D, el régimen gobernante ha recurrido a toda suerte de ardides y argucias para desconocer la voluntad popular. En primer término, con la ilegítima e inmoral designación de Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) al final de la legislatura anterior, pieza fundamental para el control del Poder Judicial y el desarrollo de las ulteriores estrategias del oficialismo. De seguidas, la impugnación de tres Diputados de la oposición, en una censurable actuación de la nueva Sala Electoral del TSJ, la cual abrió un conflicto de poderes, pues tras su juramentación por parte de la AN, el régimen amenazó a través del inefable Diosdado Cabello y del propio TSJ, con considerar nulas las decisiones que adoptara la Asamblea Nacional (AN) si no se desincorporaba a los Diputados impugnados, ante lo cual la oposición debió ceder para evitar un choque de trenes, y el Presidente Maduro pudo presentar su Memoria y Cuenta el pasado 15 de enero ante la AN, y no como pretendían algunos voceros del régimen, ante el TSJ. No sabemos cómo concluirá el tema de la representación de la oposición con 109 Diputados, pero varios destacados juristas opinan que si no se dilucida legalmente el caso, la oposición mantendría la mayoría calificada de las dos terceras partes. Pero los tentáculos inescrupulosos del oficialismo se orientan ahora a impugnar a otro Diputado opositor por el Estado Falcón, en una nueva manifestación de los golpes de Estado progresivos y continuados del régimen.

La presentación de cuentas del gobernante Maduro ante la AN fue de antología, pero se cumplió. Maduro quiso presentar un balance de gestión propio de Alicia en el país de las maravillas, pese a que el gobierno recibió un contundente voto castigo el 6D, producto de la incompetencia, la alarmante corrupción, la escasez y el caos económico, muy en especial una inflación que llegó al 200%, pese a que las cifras oficiales tardíamente suministradas por el BCV, la proyectan a septiembre de 2015 en torno al 140%, y a una situación de inseguridad pública que coloca a Venezuela entre los países más peligrosos del mundo. Pero no hay forma de cambiar las realidades y presentar un balance de gestión positiva, ni siquiera a través de la hegemonía informativa del Estado, ya que el pueblo lo vive y sufre día a día en carne propia, más allá de palabras huecas y de la pretensión de endiosamiento a la figura de Hugo Chávez, autor primigenio de la destrucción de la nación, o de tratar de hacer un cuestionable punto de honor nacional del retiro de sus retratos de la sede de la AN, cuando en realidad ello constituía una incalificable aberración institucional.

La respuesta firme del Presidente de la AN, Henry Ramos Allup al discurso de Maduro, permitió que el país escuchara por primera vez en cadena de radio y televisión una versión diferente a la de la poderosa red mediática del oficialismo. Los analistas comentan que ese día, el pueblo escuchó atónito en las calles por primera vez, palabras de Ramos, denunciando la grave crisis nacional y haciendo ver a Maduro que el gobierno no es el dueño absoluto del país, y que debe someterse al control político decidido por el pueblo. Pero también aceptando un diálogo con resultados. Dicho episodio me recordó pasajes del libro “La Tumba de Lenin” del autor David Remnick, ganador del premio Pulitzer, sobre cómo al inicio de la perestroika en la URSS, el pueblo comenzó a conocer los millones de crímenes, purgas y atropellos cometidos por el régimen estalinista, de manos del otrora adorado “padrecito”, y se enteró sobre cómo Stalin eliminó a una generación de disidentes o figuras valiosas que creían en el socialismo, pero no en la barbarie por él impuesta.

No he tenido una relación cercana con Ramos Allup, y en algún momento sostuvimos una pública polémica, la cual di por cerrada con respuestas firmes a expresiones que consideré impropias de su parte. Pero hoy, él ha recibido la inmensa responsabilidad histórica de presidir la AN, y de conducir a la AN a asegurar el mandato de cambio político recibido del pueblo el 6D,  y el ejercicio de la función de control político y de legislación que la Constitución atribuye a la AN. Por ello, sin reservas afirmo que Ramos Allup merece ser rodeado y recibir el más amplio apoyo de todas las fuerzas democráticas, sin visiones caudillistas, y contribuir al éxito de su gestión. Se requiere sí en esta etapa el concurso de los mejores juristas y estrategas del país, algunos de los cuales han emitido ya valiosas opiniones respecto de los dislates del gobierno para aferrarse  al poder “como sea” (Maduro dixit), e impedir que se consolide una nueva realidad política, la cual quiérase o no, ya comenzó.

Lo trágico es que ante la profunda crisis y el clamor nacional por la rectificación, Maduro se niega a modificar la política económica, decide ampliar el número de Ministros y diluye más la ya ineficiente gestión de gobierno, militariza más el gabinete ministerial gobierno intentando ganar el apoyo de dicho estamento, y reincide en el erróneo esquema que ha conducido al régimen al fracaso. Sorprende la baja calidad de los Ministros designados, entre ellos el de Economía Luis Salas, quien se expresa con ideas trasnochadas y perturbadoras, que no harán sino presionar el acelerador hacia el abismo, entre otros con la Emergencia Económica decretada, sometida a consideración de la AN.

Un análisis del Economista y académico Humberto García Larralde, pone de manifiesto cómo el propósito es disponer a discreción de recursos presupuestarios remanentes del 2015 y del 2016 para “gasto social”, es decir, las misiones; la requisición del sector privado de medios de producción, transporte y distribución de alimentos y bienes de primera necesidad; la agilización de procedimientos administrativos para la contratación pública o trámites cambiarios para la importación, incluyendo medidas para restringir los flujos monetarios y transacciones de moneda nacional y de divisas. Concluye García Larralde en que se trata de un mayor control sobre recursos presupuestarios y activos del sector privado, dicho de otra manera, en una patente de corso para aplicar mayores controles, y el usufructo discrecional de bienes y recursos financieros.

De otra parte, la referencia de Ramos Allup al peligro de la participación militar en política, recibió una destemplada respuesta del General Padrino, Ministro de la Defensa, de que el papel no deliberante de la Fuerza Armada es cosa del pasado. Qué despropósito. Cómo se atropella la Constitución y se debilita o expone más a la institución armada, como garante que es de la soberanía nacional y de la constitucionalidad. Buenos artículos han escrito al respecto Carlos Raúl Hernández y el General (r) Carlos Peñaloza, quien defiende la denominación de la Fuerza Armada Nacional prevista en la Constitución, sin el agregado de bolivariana, pues conlleva una fuerte connotación política. Fue triste escuchar la irracional declaración del Comandante General de la Armada, Almirante Montplaisier, de que ahora más que nunca son bolivarianos y chavistas, en lugar de luchar por unas FAN pulcras, institucionalistas e independientes de ideología política alguna.

En suma, se configura un panorama complejo e incierto, ante el cual la comunidad internacional debe seguir vigilante. Valga destacar la reciente y valiosa segunda carta dirigida por el Secretario General de la OEA Luis Almagro al Presidente Maduro, en la cual defiende su ineludible obligación de vigilar por los principios de la Carta Democrática de la OEA, denunciando nuevas violaciones del régimen venezolano al Estado de Derecho. Y así mismo, la digna y solidaria actuación del ex Presidente de Colombia Andrés Pastrana y de otros ex gobernantes en favor de la libertad en Venezuela. Quiera Dios que la obcecación del gobierno en desconocer las reglas del juego, no lleve al país por un camino de confrontación de la mano de una camarilla de fanáticos, o al decir de un conocido psiquiatra venezolano, de psicópatas que ejercen el poder sin pudor, pretendiendo perpetuarse en el mismo. De ser así, el soberano, al que tanto se invoca y que se expresó inequívocamente el 6D, sabrá exigir cambios aún más profundos, y como tales, impredecibles.   


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"