sábado, 11 de marzo de 2017

VENEZUELA: ¿UN ESTADO FALLIDO?

El kafkiano cuadro de Venezuela sume a la población en la desesperanza, aunque muchos mantienen una firme lucha contra la dictadura que oprime al pueblo. Hace poco me preguntaba un intelectual colombiano cómo era posible que los venezolanos aguantaran hambre y hurgaran en las basuras, o que morían por falta de medicinas o asesinados por el hampa, y que la clase media estuviese pauperizada, sin que algo ocurriera. La respuesta no era fácil, pero le respondí: un pueblo subyugado por un Estado omnipotente y por el terror, no es capaz de sobreponerse fácilmente, pero llega el día en que se rebela contra el yugo; es explicable la desesperanza, pues el régimen ha sido implacable y la desunión cunde en las toldas opositoras, pero no hay dictaduras eternas y la crueldad siempre termina mal. Hasta Stalin pronunció la frase: “Cuando la dictadura es un hecho, la revolución es un derecho” para justificar el movimiento bolchevique; como es del caso recordar a Albert Camus: "La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas", reflexión pertinente para la crisis venezolana, en la cual se afincan las garras de un régimen forajido que se tomó el poder y arruinó a la nación, con una respuesta errática de los sectores opositores, como si se estuviese enfrentando a demócratas.

Desde mi último desahogo en este Blog ha corrido mucha agua bajo el puente: se esfumaron las esperanzas del referéndum revocatorio, el régimen burló al pueblo anulando la Asamblea Nacional y el mandato constitucional de convocar a elecciones de gobernadores y alcaldes en diciembre pasado, mientras la crisis humanitaria se acentúa, fracasó un remedo de diálogo que solo sirvió para ganar tiempo y oxigenar al régimen, y la economía continúa hundiéndose, provocando la agravación de la pobreza y el deterioro continuo de la calidad de vida de los venezolanos.

El régimen responde con la cantaleta de la guerra económica y las agresiones del imperialismo, acentúa la militarización y la represión contra la disidencia, ignora la voluntad popular, garantiza la impunidad a los involucrados en corrupción, narcotráfico y violación de los Derechos Humanos, y busca asideros en los movimientos extremistas mundiales, en especial el Foro de Sao Paulo. La comunidad internacional comienza a reaccionar sumando voces de denuncia ante una situación que no solo concierne a los venezolanos como es el latiguillo oficialista, sino que al tratarse de una crisis humanitaria y casi un genocidio, atañe a la comunidad mundial. Las voces de rechazo crecen con pronunciamientos de Jefes de Estado o de Gobierno, NNUU y la OEA, intelectuales y dirigentes políticos, que claman por el cese a la represión, el derecho a elegir de los venezolanos, la liberación de los presos políticos y la apertura a la asistencia internacional humanitaria, hasta ahora rechazada por un gobierno que con ello agrava el sufrimiento del pueblo. Pero a su vez, se amplía la lista de funcionarios acusados por Estados Unidos de lavado de activos y narcotráfico, situación que ha tocado a figuras tan relevantes como el Vicepresidente Ejecutivo El Aissami y la familia presidencial. 

Es triste constatar hasta dónde ha llegado la tragedia de manos de la camarilla gobernante, la cual no tiene límites en el cinismo al proclamar que el país está bien, y que todo es producto de una campaña de desprestigio internacional. En ello ha estado acompañada por la voz de Raúl Castro, virtual copresidente de Venezuela, a quien tuvieron la osadía de colocarle la banda presidencial al conmemorarse cuatro años de la muerte de Chávez, ocasión en la que reiteró el respaldo de Cuba al totalitarismo chavista, en retribución a los recursos y el poder estratégico que se le ha entregado.

El trofeo atribuible al Socialismo del Siglo XXI se ve reflejado en los siguientes datos principales:

  • Venezuela registra el nivel más bajo de reservas internacionales en décadas: US$ 10.500 millones, por la aniquilación del aparato productivo, la extinción de las exportaciones no petroleras y la quiebra de PDVSA. Un 50% del parque industrial está destruido, y sobrevive solo un tercio de los establecimientos agrícolas y comerciales. La que fue segunda empresa energética del mundo es calificada hoy como la peor empresa del planeta. El gobierno ha vendido oro de las reservas para proveerse de caja, y ha comprometido activos en garantía de préstamos, como es el caso de Citgo y las ventas de petróleo a futuro a China y Rusia.
  • Venezuela registra el récord de endeudamiento de su historia: US$ 150.000 millones entre PDVSA y el Estado. En el 2017, deberá pagar US$ 9.700 millones como servicio de la deuda, generando preocupaciones por el riesgo de “default”, o la necesidad de liquidar más activos.
  • Los ingresos de divisas de Venezuela dependen en 96% de las exportaciones petroleras. Es el nivel más alto de la historia, acentuando la vulnerabilidad de la nación, en contravía con los indispensables objetivos de diversificación económica.
  • Venezuela registra el récord de inflación mundial en los últimos años, pulverizando el poder adquisitivo del salario. En 2016 habría alcanzado un 600%, y el FMI pronostica que si no hay corrección de rumbos, podría llegar en 2017 a 1.700%.
  • Ningún país en guerra registra el índice de desabastecimiento de alimentos y medicinas de Venezuela de un 80%. La masa que no puede hacer las tres comidas al día, es alarmante. 
  • Venezuela acumula la devaluación mayor de su historia en los últimos 18 años. De Bs. 500 por dólar promedio en 1998 se cotiza hoy en el mercado paralelo por encima de 4.000.000 de bolívares viejos, es decir 8.000 veces más que la que paridad que recibieron.
  • Venezuela se ubica en el Índice de Corrupción de Transparencia Internacional como el país más corrupto de América Latina, y el noveno del mundo durante dos años consecutivos.
  • Venezuela encabezó el índice mundial de miseria en 2016 del Instituto Cato, Universidad Johns Hopkins, desplazando a Siria, hecho que toca al corazón de la revolución socialista.
  • Venezuela es el segundo país más inseguro del mundo. De 20 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1998 ha pasado a 92, y Caracas a 119, primera capital del planeta. Así, en el país mueren asesinadas 30.000 personas por año, más que en cualquier guerra reciente.
  • El país de inmigración y de oportunidades muestra hoy una cifra cercana a los 2.000.000 de emigrantes, en la que ha salido parte esencial de su talento humano a cerca de 90 países, destacando Estados Unidos y España con un 80% del total.
  • Venezuela es el puente del 50% de la cocaína exportada por Colombia, permeando a todos los estamentos de la sociedad venezolana, en especial a altos círculos oficiales y militares.
  • Los ingresos petroleros recibidos por el régimen, estimados en cerca de US$ 1 billón (millón de millones) superan los presupuestos nacionales desde Páez a Caldera II, lamentablemente malversados o saqueados, sin que la población perciba un mejoramiento de su nivel de vida.
  • Enfermedades endémicas como la malaria, dengue, zika y afines, han crecido en los últimos años en forma exponencial; la malaria ha aumentado en 630% en los últimos 15 años.
  • Venezuela es el tercer peor país para la creación de empresas del mundo, pues el estatismo, los controles y las condiciones adversas, lo hacen virtualmente inviable.  
Triste balance, tristes récords, y negro futuro. Solo un cambio sustancial de políticas permitirá sacar al país del caos y la anarquía en que se encuentra. Si con estos simples datos, amén del descalabro fiscal y tantos otros desbarajustes, el pueblo no asume con determinación la defensa de sus derechos fundamentales, quizás sean los ecuatorianos los que nos estén mostrando que lo del Bravo Pueblo nos está quedando grande, y que ellos lo están asumiendo en su país con coraje.  


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

viernes, 16 de diciembre de 2016

"ANNUS HORRIBIILIS"

Concluye un año negro en las aspiraciones de la mayoría de los venezolanos de encontrar salidas a la honda crisis en la cual se encuentra inmerso el país desde hace 18 años. Emulando a la Reina Isabel II en 1992 y a Koffi Annan en 2004, el 2016 ha sido para Venezuela un “Annus Horribilis”.

De una parte, se acentuó la depresión económica y la inflación, pues el PIB decrecerá en cerca de un 10%, en tanto que la inflación bate un nuevo record mundial en torno a 500%, con una tendencia alcista para 2017 en que podría superar el 1.000%, pese a los irracionales subsidios existentes. La pronunciada devaluación del tipo de cambio en la segunda mitad del año impulsó la inflación y con ello la pauperización de la población, amén de los graves problemas de escasez, de colapso del sistema de salud y de inseguridad personal imperantes. La decisión del gobierno a comienzos de año de devaluar el tipo de cambio oficial a Bs 10 y crear un tipo de cambio flotante, significó una promesa vacía y fracasada. El retiro de circulación de los billetes de Bs. 100 en forma arbitraria e improvisada, amargó las Navidades de comerciantes y de ciudadanos que protestan con razón, pues no entienden cómo pueda haberse procedido de esa manera absurda en plena temporada festiva.

El gobierno es incapaz de rectificar ante un estado de cosas caótico como el existente, y reincide en asfixiar al moribundo sector privado de la economía. Me conmovió el relato de un comerciante italiano con 40 años de vínculo con el país, que fue obligado a vender sus productos por debajo de costos, y manifestó que se regresaba a su natal Nápoles, triste y arruinado. El gobierno incautó además millones de juguetes a una empresa privada para repartirlos a los niños en nombre del gobierno, cometiendo un acto injustificable de piratería, que incrementa la desconfianza en un país que registra el índice de riesgo país más alto del mundo. Y por último, el gobierno limitó la venta de inmuebles y otras propiedades, en un afán de seguir entorpeciendo las operaciones mercantiles.

La venta de oro fue uno de los recursos desesperados del gobierno para obtener caja, lo cual ubica el nivel de las reservas internacionales en apenas a US$ 10.800 millones, mientras las de Colombia son de US$ 46.500 millones, pese a una coyuntura económica desfavorable. El gobierno sigue culpando a la derecha, al imperio y a la guerra económica de sus reiterados fracasos, los cuales son vistos por el mundo con perplejidad, pues no se comprende cómo el país pueda haber sido llevado a la virtual bancarrota. Nótese que el PIB se contrajo en un 20% entre 2013 y 2016, y que se registra un déficit en la balanza de pagos, no solo atribuible a la caída de los precios del petróleo, sino a la destrucción del aparato productivo, a la falta de inversión y a la extinción de las exportaciones no petroleras. El déficit fiscal fue del 9% del PIB en 2015 y sube este año, siendo financiado por el Banco Central con emisiones inorgánicas, que actúan como combustible a la hiperinflación reinante.

Si por el lado de la economía llueve, por los lados de la política truena. El año 2016 fue también terrible en atrocidades contra la institucionalidad y el Estado de Derecho. Comenzando por el accionar del írrito Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y de una Sala Constitucional amoral, que ha desconocido a la Asamblea Nacional (AN) de mayoría opositora, para obedecer de manera abyecta a los mandatos del gobierno. El TSJ desconoció todas las decisiones de la AN y a tres de sus Diputados, pues el propósito ha sido anularla. Sus últimas tropelías fueron el bloqueo al referéndum revocatorio como salida constitucional a la crisis, en una burla al país después de que la oposición sorteara los obstáculos puestos por el servil CNE a la recolección de firmas. Y a última hora, el TSJ ha tenido el descaro de designar a dos de los rectores del CNE, atribución que corresponde constitucionalmente a la AN, ello porque en la conformación del CNE descansa la vida del régimen.

Con respecto al diálogo gobierno-oposición, el año cierra en forma igualmente bochornosa. Maduro convenció al Papa Francisco de que la salvación de la crisis era la facilitación del Vaticano al diálogo impulsado por Ernesto Samper y Unasur, con la participación de tres ex presidentes comprometidos en oxigenar al régimen hasta 2019. No sorprende que el gobierno haya incumplido los compromisos anunciados en noviembre, y por ello, ante la falsedad de sus ejecutorias, la oposición se negó a sentarse de nuevo en la mesa con el gobierno. El Secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolín debió dirigir una carta al gobierno conminándolo a cumplir dichos compromisos, la cual motivó soeces declaraciones del Diputado Cabello, vocero del régimen en cuanto insulto haya que expresar.

El Presidente de la AN ha dicho que el diálogo está muerto, pero el gobierno había matado ya el revocatorio. Ante las tensiones exacerbadas en este diciembre, la reunión de enero carece de sentido, pues solo favorecería a un régimen manipulador, que está técnicamente revocado. Otro de los atropellos cometidos tiene que ver con la posposición de las elecciones de gobernadores y alcaldes por el CNE, pues no es prioritario para un régimen que considera a Venezuela como su hacienda. Maduro prevarica al amenazar con las armas antes que ceder el poder, ni ahora ni en el 2018. La comunidad internacional debe por tanto condenar el golpe progresivo y continuado que ejecuta el régimen, como lo hizo Mercosur para furia del gobierno, al suspender a Venezuela por incumplidora de compromisos, entre ellos el protocolo democrático de dicho organismo, y negarse a recibir a la Canciller Rodríguez, quien protagonizó un vergonzoso espectáculo en Buenos Aires. La OEA debería por su lado activar la Carta Democrática sin demoras, basado en el informe Almagro.

En cuanto a la oposición, la reciente Encuesta Keller muestra importantes mensajes a la MUD y a la dirigencia política. La sociedad no acepta más que se antepongan intereses individuales o grupales sobre el interés común, o que se tomen decisiones en cenáculos cerrados. Pese a que la AN decidió retomar recientemente la hoja de ruta hacia la desobediencia cívica y para el antejuicio de méritos contra el Presidente de la República, y que desconoce la designación hecha por el TSJ de dos miembros del CNE, es menester repensar la estrategia futura de la MUD, incluir asesores de alta respetabilidad, y enfrentar las críticas que afloran en su seno. Los jóvenes ya hacen tienda aparte de la dirigencia política y, bien lo sabemos los venezolanos, ni la desunión ni la antipolítica pasional son buenos aliados. En lo personal, habiendo vivido complejas experiencias pasadas, soy prudente en juicios hacia la MUD, pero considero llegado el momento de encarar las preocupaciones existentes.  

El año 2016 ha sido también doloroso por el éxodo acelerado de decenas de miles de venezolanos, que comienzan a generar sentimientos adversos en otros países, pues ya no solo se trata de profesionales e inversionistas que eran bienvenidos, sino de personas sin preparación o recursos que prefieren aventurarse a pasar trabajo en el exterior, antes que vivir la crisis humanitaria y de inseguridad que afecta al país. Es desgarrador ver a gente desesperada por el hambre escarbando la basura en busca de alimentos, o muriendo por falta de asistencia hospitalaria o de medicinas.

Ante ese balance catastrófico, producto de la acumulación de errores desde 1999, y de la negativa pertinaz del gobierno a rectificar en materia económica, en reconocer la voluntad popular, liberar a los presos políticos y detener la represión a la disidencia, es necesario recurrir a la desobediencia cívica no violenta de manera sostenida, conectando con el sentir de las mayorías. La muerte de Fidel Castro, de tanta influencia en las decisiones del gobierno, deja huérfano a Maduro pero no desasistido, pues el castrismo y el Foro de Sao Paulo siguen brindándole fundamental apoyo.

Que Dios bendiga a Venezuela y le traiga algo de sosiego en esta Navidad, con fe y determinación en la lucha por un futuro mejor. Creo que pese a todo, la fuerza divina nos acompaña en estos tiempos aciagos. Una Feliz Navidad y Año Nuevo a los lectores, y en especial a las víctimas de la violencia oficialista, o que sufren de persecución, exilio o privación de la libertad, derecho este que es pivote sobre el que descansa la dignidad del ser humano.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 2 de octubre de 2016

LAS FELONÍAS DEL RÉGIMEN

La Academia Española de la Lengua define la felonía como: “deslealtad, traición, acción fea”. No es otra cosa lo que ha ocurrido en las trágicas circunstancias de Venezuela a raíz de las ejecutorias arbitrarias del régimen gobernante, de abuso de poder, ilegitimidad sin límites, desprecio a la voluntad popular y a la comunidad internacional, destruyendo instituciones, conculcando su independencia, y traicionando la Constitución que el propio régimen impulsara en 1999.
   
En los últimos meses la careta totalitaria ha terminado de caer, reafirmándose que para el oficialismo “el fin justifica los medios”, y que el objetivo último es aferrarse al poder “como sea”, sin reconocer el derecho de la población a promover la revocatoria del mandato presidencial, a la vez que se subordina a objetivos ideológicos foráneos y hunde al país, sin voluntad de diálogo o rectificación alguna, en la peor crisis humanitaria desde que existe como nación independiente.

Es doloroso constatar el caos imperante en Venezuela en todos los órdenes: el económico, caracterizado por la hiperinflación, el desbarajuste monetario, la quiebra de PDVSA, la insolvencia fiscal, la caída de las reservas internacionales, la ubicación del país entre los de peor desempeño del mundo, la destrucción de valor y del aparato productivo, la persecución a la iniciativa privada y un nivel de desabastecimiento propio de una economía de guerra. En el orden político-moral: el recrudecimiento de la persecución contra la disidencia y la terca negativa a liberar a los presos políticos; la impunidad cómplice ante la corrupción y la protección a funcionarios públicos involucrados en robos, narcotráfico o lavado de activos, algunos de los cuales son premiados con posiciones ministeriales; la toma del país por la delincuencia y el crimen organizado bajo la anarquía y la anomia; el estímulo a colectivos armados de alta peligrosidad; el otorgamiento de contratos a allegados al régimen, como el concedido recientemente a William Ruperti para que se enriquezca, reparta beneficios y financie la defensa jurídica de los “narcosobrinos” detenidos en EUA; y la militarización del gobierno, a niveles que sorprenden a propios y extraños. En el orden institucional, el desconocimiento de las atribuciones de la Asamblea Nacional por parte de un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado de manera inmoral, convirtiendo a dicha institución en el centro de atrocidades jurídicas, como “bufete jurídico” que es del gobierno; el afán de Maduro de gobernar mediante Decretos de Emergencia Económica espurios; las limitaciones a la libertad de prensa y de información; las trabas impuestas por un CNE impúdico a salidas constitucionales como lo es el referéndum revocatorio, tensando más aún la crisis, o la no convocatoria a las elecciones regionales que deberían celebrarse en los próximos meses, las cuales, al decir de voceros del régimen “no son prioritarias”. En lo internacional, la profundización del desprestigio del régimen, el creciente éxodo de venezolanos al exterior, causante de la pérdida de talento humano, disgregación de las familias, problemas humanos y migratorios; los fracasos sufridos en la OEA, el Mercosur, los organismos encargados de Derechos Humanos y en la reunión de los No Alineados organizada en Margarita, a inmensos costos. En suma, un cuadro patético, deplorable, depredador.

El obtuso régimen, al mejor estilo castrocomunista, lleva al país al aislamiento y a una peligrosa ruptura. Basta con escuchar a la fanática camarilla cercana al gobernante: los hermanos Rodríguez, Cabello, Al Aisami, Jaua, Bernal y compañía, proclamar que no habrá revocatorio ni ahora ni en el 2017, sin dar tregua a la oposición. La voluntad de diálogo no existe ni por asomo. La fallida gestión del Secretario General de Unasur Ernesto Samper, ya próximo a cumplir su lánguido mandato, y la de los complacientes expresidentes Rodríguez Zapatero, Torrijos y Fernández, ha evidenciado que no existe talante democrático alguno en el gobierno, pues para la oposición dialogar no puede significar una adhesión sin condiciones. Ahora se comenta de la mediación del Papa Francisco, ante lo cual la Iglesia destaca como condición que haya disposición de las partes de acordar reglas, y aludiendo al gobierno, dejar de lado posiciones irreductibles que tienen el juego trancado. Por su parte, el Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Monseñor Diego Padrón, ha reafirmado que es necesario permitir el referéndum revocatorio, y que el gobierno libere presos y rectifique ante la intensificación de las persecuciones políticas.

Siendo casi imposible que el referéndum revocatorio se realice este año, el país no puede permanecer de brazos cruzados, sino que tendrá que desplegar estrategias unitarias hacia la movilización de calle de las mayorías para enfrentar a un régimen deslegitimado. La oposición no debe tampoco limitar las opciones al revocatorio, sino contemplar estrategias como la eventual convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, o la activación de la desobediencia cívica no violenta ante las decisiones inconstitucionales del régimen, ello apoyado en preceptos legales vigentes. Con esta postura, defendida por María Corina Machado y otros dirigentes me identifico como alternativa válida, complementaria con cualquier otra, pero necesaria en el corto plazo.

El país confía en que pese a la adhesión de la cúpula militar a este deplorable estado de cosas, la institución armada abra los ojos, y se dé cuenta que el régimen le ha dado poder, laxitud en muchos negocios, y los involucra en gestiones de gobierno, entre ellas en el exiguo suministro de alimentos y en el control de puertos, para involucrarlos y hacerles saber que el fracaso no es de Maduro y su gobierno, sino que el caos es compartido. No obstante, aflora la disidencia de algunos oficiales que colaboraron con Chávez, como también de algunos ex ministros, como también se escuchan algunas expresiones más conscientes de altos oficiales, en el sentido de que el papel que el país espera de las FFAA no es el ejercicio de la represión o la fuerza contra las fuerzas de la disidencia democrática.  


Otras cosas ocurren en el mundo, que ofrecen a Venezuela una luz de esperanza después del largo silencio cómplice de la comunidad internacional, entre ellas las posiciones de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Perú ante la crisis; reacciones más firmes en el Congreso de los Estados Unidos, el Parlamento Europeo, la OEA bajo Almagro y en otras naciones de la región, las cuales asumen que el totalitarismo y las bayonetas no pueden cerrar el paso a un amanecer democrático en Venezuela. De otra parte, al cierre de estas líneas se conoce que el pueblo colombiano se inclinó por el NO en el plebiscito sobre los términos del acuerdo de paz de La Habana con las FARC. Ello implicará, como ya lo anunciaron las partes, la búsqueda de entendimientos en torno a algunas condiciones que no fueron halladas aceptables por la mayoría, lo cual no dudo permitirá construir bases sólidas, compartidas por la sociedad y perdurables, pues el país entero participa de un sincero anhelo de paz. No obstante, para el oficialismo venezolano y la ultraizquierda latinoamericana el resultado es quizás un revés, pues imaginaban que las FARC lograrían con estos acuerdos la modificación del modelo político, económico y social de Colombia, y la construcción de una Gran Colombia guiada por los postulados del Socialismo del Siglo XXI, modelo que fracasó en Venezuela de una manera estrepitosa, como ha sido la constante en todos los países en los cuales se ha intentado. Por el contrario, Colombia encontrará una senda de paz justa, democrática y socialmente responsable, para regocijo y merecimiento de sus habitantes, del mundo entero y de las nuevas generaciones. 


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 16 de julio de 2016

REFLEXIONES DE VIDA AL LLEGAR A MIS 75 AÑOS

He llegado por la gracia de Dios a mis 75 años de existencia. Siento que la vida ha transcurrido en forma vertiginosa, porque es por naturaleza efímera, como son efímeros los aspectos materiales y de poder, siendo que al final lo que queda en buenos o malos tiempos es la familia y los buenos amigos ajenos a circunstancias e intereses, forjados en la comprensión y en valores compartidos.

Doy gracias a Dios por los años de vida concedidos, y por el preciado don de la salud y de la energía que conservo, con los cuales todo se puede, en especial una vida intelectual y laboralmente activa, dedicada hoy a contribuir al reto de la educación superior a nuevas generaciones de colombianos conscientes de la necesidad de formarse mejor en un mundo cada vez más exigente y competido, que requiere de talento humano sofisticado y de calidad. He superado así la esperanza de vida que en Colombia es de 71 años, cuando hace apenas 30 años era de 64. Lo que se agregue es ganancia, confiando sí que sea con calidad, pues he sido tan vital e independiente, que ruego a Dios que me mantenga en estos predios solo mientras pueda vivir dignamente y valerme por mis propios medios.

Los últimos 14 años de la vida han transcurrido en el exilio colombiano. Inicialmente imaginé que sería más corto, dadas las complejas situaciones a las cuales ha estado sometida mi natal Venezuela, pero no ha sido así. Los ciclos históricos deben cerrarse para que surja con fuerza y arraigo la necesidad de un cambio. Se dice que el momento más oscuro de la noche es el previo al amanecer. Y si bien esta etapa de la vida ha implicado importantes privaciones, ha resultado enriquecedora en experiencias, en un ambiente hospitalario, que mueve a que con el pasar del tiempo, el país que me acoge vaya convirtiéndose sin esfuerzos en una segunda patria.

Colombia es un país hermoso, de contrastes, de gente buena, laboriosa y acogedora, con escasas minorías violentas incubadas al abrigo de viejas confrontaciones políticas. Es un país de regiones: la meseta cundiboyacense, el eje cafetero, la costa atlántica, la costa Pacífica, la región andina, los llanos orientales, el sur nariñense, cada una de ellas con particularidades definidas a lo largo de siglos de aislamiento por una difícil topografía, cortada por tres cordilleras. El grado de arraigo a otro país se va midiendo cuando se es capaz de sentir esas realidades, idiosincrasias, costumbres y tradiciones. Y nada mejor que vivirlas de la mano de la juventud desde la academia, y a la par entender los profundos cambios generacionales que han ocurrido desde los “baby boomers” de los años 40-50” a la generación “X” de los años 70 y siguientes, hasta la generación “Y” o “millenials” de los 90 a la actualidad. Entender esos cambios es también esencial para educar con pertinencia.

Este tiempo me han servido igualmente para continuar formándome, rompiendo paradigmas y demostrando que no hay edad para mejorar. Terminé mi Doctorado en Economía en el año 2010, tras 5 años de intensa dedicación, y realicé también una Especialización, una Maestría, un Programa de Alta Gerencia, y varios cursos y Diplomados. Con ello he procurado a la vez predicar con el ejemplo a los más jóvenes, pues unos flaquean u otros se retiran tempranamente. La vida tiene que ser de retos permanentes, hasta el día de la partida de este tránsito terreno.

Hoy recuerdo con renovado afecto y gratitud a mis abnegados padres, a mis antepasados, a quienes tengo permanentemente a la vista en mi estudio en una hermosa foto familiar en la vieja casona caroreña donde mi abuelo Federico Carmona fundó el Diario El Impulso en 1904. Y agradezco con inmenso amor a Gladys, mi compañera inseparable de camino en las buenas y en las malas a lo largo de casi 50 años, así como a esos seres vitales del alma: mi amado hijo Gustavo Adolfo, mi noble nuera Anabela y mis adorables nietecitos Isabella, Nicolás y Tomás, quienes han iluminado con alegría esta etapa de la existencia. El “abuelazgo” es una hermosa experiencia cuando por ley natural el sol comienza a colocarse a las espaldas, e insufla nuevos bríos e ilusiones de vida. Y valoro más que nunca el afecto que me profesan mis hermanas, sobrinos y primos. 

Hoy recuerdo como si fuera una película mi niñez tan feliz en la casa paterna en Barquisimeto, los imborrables años de colegial en un mundo apacible y seguro; mi Universidad, la vida capitalina que me abrió horizontes amplios y promisorios, luego proyectados a lo global desde mis tempranas experiencias diplomáticas en Europa y América Latina. No olvido tampoco a tantos compañeros de luchas en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto de Comercio Exterior, el SELA, la Junta del Acuerdo de Cartagena, en Industrias Venoco, Avex, Asoquim, Conindustria, Fedecámaras y en la Academia. Y a muchos amigos y amados familiares que por designios de Dios ya no nos acompañan.

El camino de la existencia es más allá de los deseos y buenas intenciones, una ruta empavonada de logros y alegrías, junto a altibajos, reveses y frustraciones. Algunos pensadores nos ayudan a entenderlo. Churchill decía: “Si en su vida no hay fracasos, es porque no está tomando suficientes riesgos”, y para Ortega y Gasset: “El verdadero tesoro del hombre, es el tesoro de sus errores”, en tanto que para Benjamin Franklin: “El éxito es posible si existe también la posibilidad del fracaso”.

Pero jamás habría podido imaginar desde que vi la luz del mundo hasta los 60 años de edad en que salí al exilio, que Venezuela pudiese ser llevada a la destrucción económica, política, institucional y moral por el peor gobierno que haya tenido el país desde la independencia. Nací en una Venezuela pobre, en plena guerra mundial, con muchas limitaciones. Viví la alegría de la llegada a mi hogar de los primeros electrodomésticos, los automóviles citadinos, y a partir de allí he tenido la fortuna de ser testigo del más profundo cambio histórico sufrido por la humanidad, gracias a las revoluciones de la informática, las TIC, la medicina, los transportes, la biotecnología, la robótica y la nanotecnología. 

Vi por tanto la evolución de la Venezuela rural al país de oportunidades, en el cual emergió una próspera clase media. Era imposible avizorar que en lugar de seguir avanzando hacia la vanguardia de América Latina, asumiría el poder una banda de rapaces, resentidos, guiados por ideologías foráneas orientadas a demoler la democracia desde adentro, fracturar al país y llevarlo a la desinstitucionalización, la bancarrota económica y la violencia. Pero guardo esperanzas de que el estruendoso fracaso del llamado socialismo del siglo XXI, causante de una crisis humanitaria sin precedentes, llegará a su fin más temprano que tarde. Lo trágico es que el costo no es de 18 años sino de décadas de atraso, y de profundas distorsiones y cicatrices que será necesario restañar. En un momento de la vida traté de interponerme sin éxito a la tragedia que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada. Ahora solo le pido a Dios que pueda al menos ver los albores de un nuevo amanecer de libertad para mi amada patria.


Pero a la vez veo con angustia cómo este joven siglo, tan prometedor en avances del conocimiento, enfrenta peligrosos cuadros de violencia, inseguridad e intolerancia. Los populismos, corrupción, ultranacionalismos, el integrismo islámico, las oleadas migratorias e innegables problemas ambientales, de agua, calentamiento global y de distribución de la riqueza, están llevando al planeta por un camino incierto, que atenta contra la supervivencia del género humano.

¿Estamos acaso ante la inminencia del choque de civilizaciones de que habló Huntington? O como dice Yuval Harari en su fascinante libro “De animales a Dioses”, si bien el “homo erectus” sobrevivió cerca de dos millones de años, es improbable que el “homo sapiens” se mantenga en el planeta por 1.000 años más, es decir que dos millones más de existencia del ser humano están por fuera de toda previsión. Esa es la dimensión de tan admonitorio vaticinio.  


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 24 de mayo de 2016

MENSAJE ABIERTO A JULIO BORGES

Con indignación recibo su desafortunada intervención en la Asamblea Nacional, en la cual, pretendiendo atacar a Nicolás Maduro, lo asocia indebida y groseramente a mi nombre.

Pese a mi talante respetuoso, no puedo dejar pasar este agravio sin manifestarle el más firme rechazo. No es aceptable que por figuración, confunda usted a una persona de bien, con una trayectoria de vida limpia, libertaria, dedicada al estudio, al trabajo, a construir y a contribuir durante largos años al progreso y bienestar de la patria, y a la defensa de la libertad, para que con infeliz ironía me mencione junto al nombre de un depredador, líder del continuismo del régimen más nefasto y destructivo de que tenga registro la historia patria.

El 11 A afloró una crisis política que venía incubándose como reacción al talante totalitario de Hugo Chávez, a la masacre de Puente Llaguno, y a las órdenes de Chávez de masacrar a una inmensa manifestación pacífica. Se abrió así un brevísimo período de facto para llamar al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a rápidas elecciones limpias bajo la supervisión de la OEA, para relegitimar poderes públicos que ya se encontraban totalmente conculcados por Chávez, como parte del siniestro plan de demoler la democracia republicana y sustituirla por el Socialismo del Siglo XXI. En otras palabras, imponer un modelo de orientación castrocomunista, el cual, el tiempo se ha encargado de demostrar, ha liquidado la democracia, el aparato productivo, los derechos humanos, y ha llevado a Venezuela a una crisis económica y humanitaria de proporciones históricas mundiales.

Yo al menos no vacilé en dar un paso adelante no buscado, para tratar de evitar la tragedia que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada, y me jugué hasta la integridad personal para evitar la consumación del caos en el cual se encuentra sumida nuestra sufrida patria. No sé si usted pueda decir lo mismo. En la opinión pública, algunos lo califican de blando, colaboracionista o creen que ha conducido erráticamente a una organización política como Primero Justicia,  llamada en sus orígenes a ocupar enormes responsabilidades. No hay cosa más importante en un político que la coherencia, la dignidad, la firmeza y la claridad de ideas, y creo que a usted le está faltando.

No olvido sus halagos y palabras de aliento del pasado. Y le digo, soy contrario al canibalismo en las toldas opositoras y no creo que para salir de este nefasto régimen convenga la descalificación entre quienes luchan por el rescate de la institucionalidad democrática en el país. Pero su atropello me obliga a reaccionar enérgicamente, y a decirle que no tiene usted ningún derecho a ofender. Luche con vigor contra la dictadura, y no mancille a quienes estamos en el exilio, limitados en la capacidad de expresión, atacados sin tregua por el régimen y por quienes disfrutan haciendo leña del árbol caído. Le exijo se disculpe en forma pública. Ojala tenga la altura y valentía de hacerlo.   




"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 8 de mayo de 2016

LA RESPUESTA AL TOTALITARISMO


La crisis política en Venezuela evoluciona como la crónica de una muerte anunciada, con altas dosis de realismo mágico garcíamarquiano, y un silencio cómplice de la mayor parte de la comunidad internacional. En anteriores reflexiones expresamos que si el régimen se negaba a aceptar la voluntad popular y las reglas del juego institucionales, en abierto desafío al Estado de Derecho, como corresponde a su naturaleza totalitaria, la oposición no tendría otra opción que declararse en desobediencia cívica y resistencia no violenta, con base en claros preceptos constitucionales. Algunos dirigentes mundiales han exhortado al régimen gobernante para que abra espacios de diálogo nacional con tolerancia, pero ello ha caído de nuevo en terreno árido.   
 
También expresamos en nuestro última entrega que la Asamblea Nacional (AN) electa el 6D con amplia mayoría opositora, tenía el deber de garantizar el cumplimiento del mandato popular y de defender sus atribuciones, por encima del impúdico Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado de manera ilegítima en diciembre pasado por la AN saliente. Es así como la Sala Constitucional del TSJ, convertida en el brazo político de la dictadura, bloquea todos los actos legales aprobados por la AN y cercena sus atribuciones, hasta el punto de dejarla sin margen de acción, pese a que el Poder Legislativo y el Presidente de la República, son los únicos de elección popular, en tanto que los otros son poderes derivados. No se trata así de un conflicto de poderes, sino de la anulación del Poder Legislativo por parte del Ejecutivo y de uno de sus apéndices: el Poder Judicial. 
 
Tal ha sido el caso de la ley de amnistía, la reforma a la ley del Banco Central de Venezuela, la de titularización de la propiedad de viviendas populares a sus beneficiarios, la censura al Ministro de Alimentación, la ley que otorga un bono a pensionados o jubilados, el aval del TSJ a la emergencia económica previamente negada por la AN, y el bloqueo a las facultades de la AN para investigar o interpelar a altos funcionarios del gobierno, entre otros. Los Diputados oficialistas y el gobierno se regodean burlándose de la bancada opositora, y a las entradas de la AN grupos violentos oficialistas agreden a los Diputados, mientras el TSJ convierte actos legislativos o de control político, perdonen la expresión, en papel sanitario. Eso sí, con la habitual doble moral olvidan deliberadamente que cuando eran mayoría hicieron uso y abuso de la AN para defenestrar a parlamentarios o funcionarios de elección popular, designar funcionarios a su antojo, y violentar las mayorías requeridas para ciertas decisiones, entre ellas la aprobación de leyes orgánicas o la cesión de facultades al Ejecutivo para hacer y deshacer a través de leyes habilitantes. No olvidemos tampoco que en la etapa democrática, en la “malhadada cuarta República”, el Congreso llegó a destituir por causas no probadas a un Presidente constitucional en ejercicio, como fue el caso de Carlos Andrés Pérez, quien acató cívica y democráticamente la decisión para evitar conflictos institucionales, en una infeliz decisión, que ha tenido costosas secuelas políticas para el país.
 

La cereza del postre la ha constituido la reciente decisión de la Sala Constitucional del TSJ de modificar el reglamento interior y de debates de la AN, en un acto de naturaleza supraconstitucional que configura otro golpe de Estado más, orientado a sujetar los actos legislativos de la AN al visto bueno previo del Poder Ejecutivo, y a mecanismos de asambleísmo popular. El jurista Allan Brewer Carías, quien ha analizado el tema, considera que “con esa sentencia, la Sala Constitucional se colocó por encima de la Constitución, primero estableciendo con evidente usurpación de funciones una normativa para el funcionamiento de la Asamblea Nacional que solo esta puede dictar al aprobar su Reglamento Interior y de Debates; estableciendo obligaciones al Poder Ejecutivo que solo la Asamblea Nacional puede sancionar mediante ley, todo con el objetivo de eliminar totalmente la función legislativa de la Asamblea Nacional, al someter inconstitucionalmente la sanción de las leyes al visto bueno previo por parte del Ejecutivo Nacional”. Concluye Brewer afirmando que con esa sentencia del TSJ, “la Asamblea Nacional ha quedado incinerada por obra del Juez Constitucional”.  

 
Otro interesante informe del jurista José Amando Mejía, afirma que la Sala Constitucional a través de sus sentencias “ha tenido el propósito de provocar una degradación constitucional, al generar un vaciamiento y deterioro de la institucionalidad de la AN”. Por ello afirma que la AN “tiene el deber de desconocer a la Sala Constitucional del TSJ”, como mecanismo de rescate de la propia Constitución, la cual está siendo violada abiertamente por el TSJ. Expresa Mejía que el desconocimiento de la Sala Constitucional a la nueva Asamblea Nacional constituye un mecanismo constitucional legítimo, jurídicamente incuestionable y políticamente necesario, y que la AN tiene la obligación de activarlo para restablecer la efectiva vigencia de la Constitución, y que si no lo hace quebrantaría a su vez la Constitución, al someterse a una autoridad que como órgano del poder público ha violado gravemente la Constitución que estaba obligada a garantizar y respetar. Por tanto considera que el TSJ ha incurrido en una clara violación de la Constitución, y ello es una prueba fehaciente de que la Constitución del 99 perdió su efectiva vigencia. Mejía concluye en que: “La Sala Constitucional violó la Constitución al quitar y arrebatar la fuerza normativa de la Constitución para asumirla como propia y subyugar el texto constitucional para acomodarlo a su libre albedrío y a los intereses del Presidente de la República. La Constitución no es un una norma complaciente ni acomodaticia a los intereses del Poder Ejecutivo, ni un paraíso normativo donde el Presidente de la República como jefe del gobierno puede hacer lo que le da la gana, actuar sin control e ignorar las competencias de los otros poderes del Estado. La fuerza normativa de la Constitución es la misma que obliga a la Sala Constitucional, a los demás poderes públicos y a todos los venezolanos”.

En otro plano, la iniciativa opositora de convocar a un referéndum revocatorio del Jefe de Estado está siendo objeto de torpedeos para evitar que se concrete este año, mediante la dilación en la entrega de las planillas por parte del CNE, con lo cual ganó dos meses, y para el proceso de verificación de firmas el gobierno designa a una comisión de integristas presidida por el inefable Jorge Rodríguez, expresidente del CNE y hermano de la Canciller Delcy Rodríguez, la misma que declaró esta semana en la OEA que la crisis en Venezuela es mediática y obra del imperialismo, dejando boquiabierto al planeta entero. Es obvio que pese a los esfuerzos de la oposición y la entusiasta respuesta del pueblo en la recolección de firmas, el gobierno está convirtiendo el referéndum en una carrera de obstáculos, a lo cual Maduro añade sin rubor que los revocatorios constituyen una opción y no una obligación, mientras el inefable Diosdado amenaza e intimida al pueblo y a los funcionarios públicos que firmen, como si se tratara de un acto delictivo.

Dada la simultaneidad de tales hechos con la crisis política brasileña, comparemos cómo las instituciones de ese país no han vacilado en adelantar el juicio político contra la Presidenta Dilma Rouseff, cumpliendo todas las etapas previstas en la Constitución, sin dejarse arredrar por las denuncias de golpe y presiones de un régimen agonizante, envuelto en actos manifiestos de corrupción y desviación de fondos. Lo de Brasil no es ni la milésima parte del saqueo y malversación de recursos protagonizado impunemente por el régimen venezolano, agravado por delitos de abuso de poder, atropello a los Derechos Humanos y anomia a los cuales se ha conducido a la nación.
 
 
Sea por las razones expuestas, por la nacionalidad no demostrada de Maduro, por la desbordada corrupción, la debacle económica, la crisis humanitaria, o por los golpes continuados contra el Estado de Derecho, ha llegado el momento de levantarse pacífica y constitucionalmente ante el totalitarismo, para hacer prevalecer la voluntad democrática de la mayoría del pueblo venezolano, y desconocer con determinación a la tiranía imbricada entre el gobierno, el TSJ y el Poder Electoral. Mañana será quizás demasiado tarde, so pena de que el pueblo tome en sus manos caminos impredecibles, y no necesariamente deseables.  

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 16 de abril de 2016

ENTREVISTA HECHA POR LA PERIODISTA SEBASTIANA BARRÁEZ, SEMANARIO QUINTO DÍA, CARACAS 15/04/2016

1)    El país está azotado por el problema económico, moral y de inseguridad.  ¿A la luz de la distancia, cómo percibe al país?

El país vive en efecto, la peor crisis económica, política, institucional y moral de su historia. El gobierno se niega a admitirlo, a asimilarlo, pese al estruendoso fracaso del modelo, pero no tiene capacidad para rectificar. Maduro está atrapado en un país colapsado, en quiebra, pero no se atreve a ordenar un giro que lo salvaría, sea por limitaciones, fanatismos, por la influencia cubana, o porque se siente heredero del discurso y políticas populistas del difunto Presidente, que eran solo sostenibles con el chorro petrolero, a las cuales cree que traicionaría si en algo se aparta de ellas. El ala radical que lo rodea le impide también moverse, y todo ello lo sufre amargamente el pueblo, que ha traspasado el límite de la escasez a una situación de hambruna, penurias, muertes por falta de medicinas y carencia de todo tipo de bienes de primera necesidad. ¿Hasta dónde es posible aguantar un cuadro de hiperinflación, depresión económica, desabastecimiento propio de una economía de guerra, colapso de los servicios públicos, inseguridad desbordada, fuga de talentos, envilecimiento del salario, pauperización de la clase media, represión política, corrupción rampante, desconocimiento de la voluntad popular expresada el 6D, y progresivo aislamiento internacional? Nadie lo sabe. Solo sé que es un cóctel explosivo, una olla de presión a punto de estallar, reflejada en un profundo malestar y en el abierto rechazo al régimen gobernante. 
  
2)    Las relaciones de nuestro país con Colombia han tenido altos y bajos momentos. La figura de Álvaro Uribe siempre aparece en el centro de esa álgida relación. ‎En realidad ¿hay  desde Colombia un plan para derrocar al gobierno venezolano?

Es triste ver cómo una relación bilateral que se desarrolló promisoriamente a lo largo de décadas en el marco de la CAN, ha sido destruida por el presente régimen, por políticas económicas incompatibles y porque no se cree en la integración económica como base para la construcción de valor. Fui actor en los esfuerzos de integración andina y latinoamericana, y me duele constatar la destrucción de valor ocurrida. El intercambio colombo-venezolano apenas supera hoy los US$ 1.000 millones, con barreras,  deudas, siendo que hasta 2008, había excedido los US$ 7.000 millones. La frontera lleva 7 meses cerrada, y ello no ha resuelto problemas que ameritan más entendimiento y cooperación entre las autoridades, atacando los males de la inseguridad, el contrabando, el crimen organizado y el narcotráfico. El cierre fronterizo ha agravado el sufrimiento de poblaciones que tienen un carácter transfronterizo, con nexos de sangre, cuyas realidades no son entendidas por el centralismo caraqueño y bogotano. Sobre supuestos planes desde Colombia para derrocar al gobierno venezolano y el presunto involucramiento de Uribe, ello es una de las manoseadas estrategias del régimen para buscar enemigos externos y tender cortinas de humo a su rotundo fracaso. No les doy ningún crédito ni importancia. 

‎3) Dr. Carmona, a usted lo respaldó un grupo de militares que pretendió llevarlo al poder, hoy seguiría considerando que los militares son una alternativa para Venezuela?

La alternativa para Venezuela es la de un gobierno civil, democrático, garante de la Constitución, del Estado de Derecho, de la independencia de los poderes públicos, capaz de aglutinar voluntades para rescatar a Venezuela de las cenizas. La recuperación de Venezuela será ardua, y comprenderá temas álgidos como: a) Reconciliación nacional sin impunidad; b) Reconstrucción institucional del país; c) Desarme de la población, de la delincuencia y de grupos violentos; d) Recuperación económica, productiva, cambiaria, de inversión, derrota de la inflación y puesta en orden de una economía desbarajustada; e) Los militares a sus cuarteles, a cumplir con el mandato legal de ser apolíticos, no deliberantes, subordinados al poder civil y encargados de velar por la paz, la soberanía y la seguridad nacionales; f) Lucha sin cuartel contra la corrupción; g) Reorientación de la política internacional en función de los verdaderos intereses nacionales.
 
4)    Han pasado 14 años desde aquellos días del 11 de abril. ¿Está arrepentido de su participación en aquel hecho histórico? 

Hay momentos de la vida que no se escogen, sino que lo impulsan a uno sin buscarlo, al ojo del huracán. El 11A fue un tsunami político, complejo, inesperado, cuyo único objetivo fue relegitimar los poderes públicos mediante elecciones limpias e inmediatas, pues ya en ese entonces estaban conculcados por el gobierno de Chávez, como parte esencial de su proyecto totalitario. La crisis de abril tuvo un importante detonante en la toma política de PDVSA, en la aprobación arbitraria del paquete de Decretos-Leyes, en la resistencia a la negociación de contratos colectivos pendientes, y en la insatisfacción nacional con el rumbo autocrático que Chávez imprimía a su gobierno. No habría jamás deseado que se desencadenara la crisis, y en aquél entonces fui sincero con Chávez, al advertirle lo que veía venir, y en proponerle un amplio diálogo; pero más pudo su afán revolucionario que la visión de estadista de que careció, con la cual habría evitado el choque de trenes.

5)    Los gobiernos de Chávez y de Maduro han usado siempre como excusa de la crisis económica y política del país lo que sucedió el 11A. ¿No se siente usted en parte responsable  de que Venezuela se mantenga en constante crisis?

El 11A y la crisis actual son una consecuencia de la obcecación del régimen y no una causa. Más consecuencias tuvo en su momento el paro petrolero de 2012-2013. Seamos claros: la crisis económica y política responde al afán oficialista de imponer al país un modelo estatista, controlista, intervencionista a ultranza, empeñado en estatizar y destruir empresas productivas y asumir sin éxito su control, que ha eliminado la autonomía del BCV para convertirlo en financista del gasto público con emisiones inorgánicas, aplicando una absurda política cambiaria controlada y múltiple, y avalando la liquidación de las reservas internacionales del país para proveer de liquidez al Ejecutivo. El gobierno derrochó la bonanza petrolera, apostó por un país sin sector privado y erró costosamente. En lo personal no comparto ese modelo, pues creo en la economía de mercado con responsabilidad social, con una paridad cambiaria única y libre, con estímulos a la inversión privada, precios justos y diversificación productiva. El gobierno arrasó con las exportaciones no petroleras y ha hecho depender como nunca a la economía del sector extractivo. En fin, no me siento responsable de los desaciertos del régimen, a los cuales adverso, pues han llevado al país a la ruina, colocándolo entre los países de peor desempeño económico del mundo, según todos los indicadores mundiales existentes.   

6)    Muchos venezolanos nos seguimos preguntando qué sería de este país hoy si usted se hubiese quedado en el poder. ¿Cómo lo imagina usted?

Habría sido efímero, de 90 a 180 días, apenas necesarios para convocar a elecciones parlamentarias y presidenciales limpias, sin que luego yo pudiera, por expresa voluntad personal, optar a cargo de elección popular alguno. Se habría salvado la democracia, y el país se habría enrumbado bajo los principios de libertad, progreso, respeto al Estado de Derecho, alternabilidad democrática, y estaría ubicado en el sitial de liderazgo que le corresponde en el contexto latinoamericano, mejorando cada día la calidad de vida de sus habitantes. Es triste ver lo contrario: aversión a la libertad, desconocimiento de la voluntad popular, aferramiento al poder “como sea”, persecución política, acosamiento al empresariado, populismo asistencialista que no resuelve los problemas estructurales del desempleo y la pobreza. Resultado: carencia total de bienes y servicios, envilecimiento del poder adquisitivo del salario, pauperización de la clase media, e índices de pobreza superiores al 81%. 

7)    Dr Carmona, ¿qué le pasó a nuestro país para que llegáramos a esta situación donde no hay alimentos, ni medicinas, la atención hospitalaria es cada día más precaria. La inflación, la inseguridad y las colas son las noticias principales? Hay una tendencia, sobre todo entre los jóvenes, de querer abandonar el país. ¿Qué le diría usted a esos jóvenes que quieren irse del país?

Su pregunta está recogida en las anteriores, pero destaco el ambiente de desesperanza, de pesimismo, de angustia que abate el espíritu de tantos venezolanos, por la falta de oportunidades, por las humillantes colas a las que deben dedicar parte de su vida, el desmejoramiento de la calidad de vida, la hiperinflación, y porque Venezuela se encuentra hoy entre los países más inseguros del mundo. Ello pesa en la decisión de muchos de abandonar el país, en un lamentable éxodo, en búsqueda de tranquilidad y de nuevos horizontes. La descapitalización del talento humano es la peor que pueda afectar a un país, pues ha invertido en ello millones de horas de formación que no se recuperarán fácilmente aunque haya un cambio. Cada joven con el cual me cruzo en el exilio me duele, pero comprendo que han sido impelidos al éxodo por fuerza de las circunstancias. Confío no obstante en que un porcentaje de ellos retornará al país cuando Venezuela vuelva a ser como fue, un país de talento creativo y de oportunidades.   



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 12 de abril de 2016

RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DE ROBERT GILLES REDONDO A PEDRO CARMONA ESTANGA

Estimado Robert:

Hoy 11 de abril de 2016, a 14 lejanos años de la crisis política ocurrida en Venezuela cuando eras apenas un adolescente, recibo la carta abierta que con altura me dirigieras, en la cual formulas densos comentarios que motivan esta pronta y no rebuscada respuesta. Valoro mucho los aportes que realizas a través de tus escritos a la formación de opinión en Venezuela y en el mundo, con una calidad intelectual sobresaliente, por lo cual te felicito. Estás como yo en el exilio, aunque en países diferentes, y ambos sabemos de los sacrificios que ello impone, pues lejos de significar exilios dorados representan cambios determinantes de vida, impuestos por las adversas circunstancias políticas del país. A estas alturas de mi vida, como adulto mayor nada habría deseado más  que ver en pleno Siglo XXI a una Venezuela próspera, incluyente, democrática, con familias unidas, e inserta en el mundo global a la par de los mejores países emergentes del mundo. 

Como sabes, la fecha del 11A es utilizada por el régimen como un hito en el cual se pretende distorsionar la historia, victimizarse y a través de un patológico empeño, endiosar la figura del difunto Chávez, habiendo sido el autor indiscutible de este fracasado ensayo revolucionario. La izquierda mantiene una doble moral ante las dictaduras: unas buenas, las de izquierda y otras malas las de derecha, cuando ambas son igualmente malas, y en igual sentido manipula los hechos políticos a su conveniencia. Así, los dos intentos de golpe de 1992 contra el gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez son para ellos fechas de exaltación patriótica, ocultando que fueron violentas rebeliones militares armadas, causantes de numerosos muertos, heridos, y daños a la institucionalidad. Pero cuando se trata de los acontecimientos del 2002, en que se derrumbó el régimen tras la masacre de Puente Llaguno y se produjo un vacío de poder, se insiste en cuestionar hechos que fueron tan inesperados como complejos. Y como señalas, a la hora de la verdad, actores militares o civiles escondieron luego la mano y me endosaron las culpas, que no eludo, lo cual no me quita el sueño, pues es consustancial a la frágil condición humana achacar la responsabilidad de todo fracaso a otros, sin admitir cuota alguna, individual o como parte de la sociedad como conjunto. Siempre tengo presente la frase atribuida a Napoleón Bonaparte: “La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana”.

El hecho es que con errores u omisiones propias de un verdadero ”tsunami” político, ante el vacío de poder provocado por la renuncia de Chávez comunicada al país por el General Lucas Rincón y el Alto Mando Militar, y la desaparición del gobierno de la escena, se intentó formar un gobierno provisional a cuya presidencia fui llamado sin buscarlo, con el único objetivo de relegitimar los poderes públicos, ya en ese entonces conculcados por el proyecto totalitario de Chávez, ello a través de rápidos comicios que serían convocados en 90 días para el Parlamento y en 180 días para la Presidencia, bajo la supervisión internacional de la OEA para garantizar el pleno restablecimiento del orden constitucional, y sin que yo pudiera por disposición expresa, optar posteriormente a ningún cargo de elección popular.

El régimen juzga con doble moral los hechos del 11A por violatorios de la Constitución, aunque tenían asidero en el artículo 350 de la Carta Magna, pero promueve con desparpajo violaciones continuas a la misma, fraudes electorales, subordina los poderes públicos a la causa revolucionaria, ideologiza a la Fuerza Armada, y desconoce sin rubor la voluntad popular, impidiendo que la AN ejerza sus atribuciones constitucionales, a través de su nuevo brazo político: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designado en forma írrita por la AN saliente, en diciembre de 2015. El régimen justifica ahí sí sin pudor sus ejecutorias, empujando al país a una grave crisis político-institucional, de consecuencias aún impredecibles. Un oscuro y oportunista jurista, el Sr. Herman Escarrá, ha aconsejado a Maduro promover una enmienda para acortar el período de la AN, en una de las más lamentables cabriolas políticas de los anales de la historia. Eso sí es triste, pasar a la historia como un vendido o traidor, caso que no es único en el chavismo.  

Como comentas en tu carta, la actual crisis nacional no tiene precedentes. Mientras esto escribo, se conoce la declaratoria de inconstitucionalidad dictada por el TSJ a la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional aprobada por la AN, como antes lo hizo con la del BCV y otras. Maduro no tiene recato en ordenar públicamente al TSJ tal declaratoria, ni ese órgano en arrodillarse ante el Poder Ejecutivo, pues fueron designados para eso, para obedecer, siendo que para los áulicos del régimen, la revolución está por encima de la Constitución y de las leyes, y que según el dúo Maduro-Cabello “jamás entregaremos el poder“. Bien anotas que la recolección de firmas en la calle en contra de la Ley de Amnistía, valiéndose del hambre y las penurias del pueblo ha sido un acto denigrante, sin justificación moral alguna. El gobierno sigue sembrando la cultura del odio, y también del ocio, y estimula con sus políticas la mediocridad educativa, la ordinariez, y la castración del talento. Es la naturaleza totalitaria del chavismo, como en la fábula de Esopo en que un escorpión le pide a una rana que lo ayude a cruzar el río prometiendo no hacerle daño. La rana lo sube a sus espaldas pero a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Esta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo cual el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza".

Coincido en que el ejercicio de la fuerza por parte del gobierno en un ambiente de miseria coacciona al pueblo, no obstante lo cual no les resulta posible ocultar el inmenso rechazo nacional, a niveles que lo hacen tambalear peligrosamente. Maduro, movido por los Castro y por los grupos radicales del régimen no solo desconoce la voluntad popular ante la AN, sino que estira la cuerda a límites extremos, amenazando con la insurrección popular si perdieran el poder. Es “vox populi” que en el seno del chavismo crecen las opiniones que se inclinan por una salida de Maduro para evitar el derrumbe del régimen, pero el CNE, como apéndice que es del gobierno, elude los trámites de convocatoria a un referéndum revocatorio, pues si se realiza este año habría elecciones, en tanto que si ocurre el próximo año asumiría el Vicepresidente Ejecutivo por el resto del período constitucional.

En lo económico, ningún ser pensante en el mundo atina a comprender cómo por incompetencia, fanatismo y falta de transparencia, el país ha sido llevado a la bancarrota, a la hiperinflación, a la destrucción del sector privado, el colapso de los servicios públicos y la implantación de una economía de guerra, donde el nivel de desabastecimiento global se acerca al 85%, incluyendo alimentos, medicinas, artículos de aseo, y hasta ataúdes para que los muertos descansen en paz. La moneda nacional está envilecida, y con ello el poder adquisitivo de los salarios, sin que se entienda cómo un país rico en recursos esté sometido a tan humillantes colas. Las reservas internacionales se agotan y se empeñan los lingotes de oro para obtener algo de liquidez inmediata. Como indicas, el país se está acabando de muchas maneras y por muchas vías. Varios analistas consideran que se ha producido un estallido del Estado. A manera de ejemplo, el sistema eléctrico nacional está colapsado por improvisación, empresas como Sidor tienen tres meses sin producir una tonelada de acero, las comunicaciones de larga distancia han sido suspendidas por las empresas internacionales, muchas líneas aéreas cancelan sus vuelos al país, otras excluyen de sus estados financieros las operaciones en Venezuela, y al final, todo ello se traduce en una triste cifra: el 81% de los venezolanos se encuentra en situación de pobreza. Se ha pretendido erróneamente construir una sociedad sin propiedad privada, y lo demuestran las masivas y fracasadas expropiaciones, y la negativa a promulgar la ley de titularización de viviendas otorgadas por el gobierno a los estratos populares, pues así dispone de una herramienta más de coacción y chantaje, potenciando al Estado como empresario, interventor, empleador y proveedor de asistencialismo, no para resolver los problemas estructurales de la pobreza, sino para mantener subyugadas a las clases menos favorecidas, pieza clave de la estrategia del gobierno.

En cuanto a la rampante corrupción, apreciado Robert, algunos analistas estiman que el saqueo perpetrado al patrimonio nacional supera los US$ 300 millardos, con billonarias cuentas de un largo listado de figuras del chavismo en el sistema financiero internacional, sin hablar del regalo a causas políticas afines como las de Podemos en España y los países del ALBA. ¿Es acaso concebible que un país en quiebra y con hambre siga regalando petróleo y dinero a Cuba y a los países del Caribe? ¿No es natural que el país reaccione ante tamaña ignominia? ¿Y qué decir de las actividades de narcotráfico y lavado de activos que compromete a altos funcionarios, oficiales de la FA y hasta miembros del entorno presidencial? Las investigaciones internacionales seguirán ampliando lo que apenas aflora como la punta de un “iceberg”. El libro de Tablante y Tarre: “El Gran Saqueo”, aporta suficientes elementos de juicio a ese respecto.

Ha llegado el momento, estimado Robert, de elevar la voz, de salir a la calle sin violencia, y de propiciar por medios constitucionales un cambio de orientación política, en favor de lo cual se expresó el pueblo el 6D. He afirmado sin reservas que hay que otorgar un voto de confianza y de apoyo a la AN en una crisis tan delicada y profunda, pero si la Asamblea no fuese capaz de hacer valer sus atribuciones y defender el mandato popular, sería también desbordada por la crisis.

Bien dices que este régimen, sin talante democrático, aferrado al poder “con todo” (Maduro dixit), y amenazando con insurrección, no sale del poder por medios democráticos. Eso lo sentí en carne propia en meses anteriores al 11A, cuando le insistí con genuina vehemencia a Chávez  sobre la necesidad de un diálogo para evitar una crisis política e institucional de alcances insospechados. Pero Chávez quiso pasar a la historia como un revolucionario, disruptivo, que impone, y no como un estadista incluyente y de diálogo. Por ello, la resistencia activa no violenta ante las decisiones ilegítimas del régimen, la toma de la calle por medios pacíficos, las vías legales para el cambio de régimen, y la desobediencia civil a las atrocidades del régimen, lucen como único camino de salida.

Los presos políticos, los exiliados, los perseguidos e inhabilitados claman por la restitución de su libertad y derechos. Los medios de comunicación asfixiados por la hegemonía informativa del Estado  o la falta de papel, sucumben sin poder comunicar al país noticias y opiniones críticas. La comunidad internacional es cada vez más sensible a los crecientes atropellos al Estado de Derecho, en especial por la situación de los detenidos políticos y el intento de cercenamiento a las facultades de la AN, como ya lo hicieron con Gobernadores y Alcaldes incómodos para el régimen.

Pero a la vez, Robert, notables acontecimientos están ocurriendo en nuestro entorno regional. Gústeles o no, el sol comienza a brillar de espaldas a los regímenes de izquierda radical, por su incapacidad para atender las necesidades de los pueblos, por el abuso de poder, por su aversión a la libertad, y por tantos robos y atropellos. Los socialistas de convicción ven con horror cómo la carta de presentación del Socialismo del Siglo XXI es la de estruendosos fracasos, a la cabeza de los cuales se encuentra el cuestionable ejemplo de Venezuela. De allí que los resultados del 6D en nuestra patria, el triunfo de Macri en Argentina, la negativa boliviana a la reelección indefinida de Evo Morales, la crisis política en Brasil asociada a la corrupción en Petrobras y el PT, y los recientes balances comiciales en Perú, donde dos movimientos de centroderecha se disputarán la segunda vuelta, hagan recordar las palabras del difunto Chávez parafraseando las Sagradas Escrituras: “El que tenga ojos que vea; el que tenga oídos que oiga”.

Comparto tus inquietudes sobre la pasividad de muchos venezolanos. Creo con convicción en el papel vital que le corresponde a la nueva generación de venezolanos a la cual perteneces, en la construcción del futuro, y admiro el arrojo de tantos jóvenes que han sacrificado sus carreras y hasta han ofrendado sus vidas, por la libertad del país. Pero no considero justo colocar sobre sus espaldas el pesado fardo de sacar al país del marasmo en el cual está sumido, y frenar el inconmensurable costo del éxodo de más de un millón de venezolanos al exterior. A ello deben también responder las generaciones maduras, y quienes por acción u omisión permitieron que el país fuese llevado al difícil trance en el cual se encuentra, impensable hace tan solo 18 años.  

En fin, estimado amigo, el 11A se trató sin éxito de salvar al país de esta tragedia. En esa fecha no eludí, bajo el riesgo de mi integridad personal y de mi vida, la responsabilidad de tratar de impedir la actual crisis múltiple que agobia al país, y que se veía venir como la crónica de una muerte anunciada. Comparto tu observación de que ya no es del caso mirar hacia atrás, como no sea para aprender de los errores. Eso sí, el tiempo transcurrido confirma que ante una dirigencia gubernamental corrupta, sin escrúpulos ni compromiso democrático alguno, cuyo único objetivo fue llegar al poder por la vía electoral para demoler la democracia desde adentro, apoderarse del botín, pauperizar a la clase media, sembrar la lucha de clases, destruir la inversión y la iniciativa privada, establecer un modelo de estatismo exacerbado, de entrega al país a los cubanos y de privilegio a intereses foráneos, todo ello explica por qué en ese difícil y distante abril, la forma elegida para salvar la democracia fue detener el proyecto castro comunista del régimen, para llamar prontamente al pueblo, en su condición de depositario del poder constituyente originario, a limpias elecciones para la relegitimación de los poderes, y de esa forma enrumbar de nuevo al país por la senda de la libertad, prosperidad y democracia. Venezuela no estaría como ahora a la zaga del mundo, sino a la cabeza del liderazgo de América Latina, y nuestra población estaría disfrutando de un merecido y justificado nivel de bienestar y de progreso.

Con amistad y sincera estima,

Pedro F. Carmona Estanga
Bogotá, 11 de abril de 2016

“Para la verdad el tiempo, para la justicia Dios”.


CARTA ABIERTA A PEDRO CARMONA ESTANGA, DE ROBERT GILLES REDONDO

Estimado Doctor,

Me es grato dirigirme a Usted en un aniversario más de los hechos de abril de 2002 que le condujeron de forma temporal a la silla de Miraflores, convirtiéndose en el 49° Presidente de Venezuela de facto

Sobre esos hechos de infeliz memoria para tantas familias que perdieron a sus seres queridos en las calles de nuestro país, no quiero hablar. La historia habrá de juzgar con razón esta época y los hechos que han sobrevenido en el camino, en la angustiosa búsqueda de libertad del pueblo venezolano. 

También la historia tendrá que dejar clara la responsabilidad de los actores del 11 de abril, especialmente la del fallecido Hugo Chávez y sus colaboradores, así como la responsabilidad moral de muchos opositores que, aferrados a intereses de diversa índole, cometieron errores que hoy no podemos sino lamentar.

Debo decirle que soy enemigo de esa tendencia que le ha satanizado en filas opositoras, yo también y por otras razones lo he sido, es parte de la dinámica política de estos últimos 17 años. Es normal que el chavismo tenga dedicación exclusiva a esa tarea porque fue el hombre que no dejó en limpio el expediente del fallecido comandante, el que le devolvió con el apoyo de la sociedad civil la misma estocada que en 1992 él le había dado a la democracia. Pero, la diferencia entre lo sucedido el 4 de febrero y el 11 de abril es abismal. Para entonces Venezuela sólo atravesaba una crisis circunstancial y se hubiese decidido temporal de la democracia; en 2002 Venezuela ya había hecho presidente al líder de aquella intentona golpista y el país se encaminaba de forma temprana a este precipicio en el que nos encontramos: el del Estado fallido, el del hambre, la miseria, la violencia sin control (política y social) y la penetración del narcotráfico como política de Estado. Curiosamente, al hacer la aclaratoria sobre la satanización a la que regularmente es sometida su persona, recuerdo cuántos de esos opositores participaron de forma activa en esos hechos que tras la renuncia de Hugo Chávez, “la cual aceptó”, el vacío de poder generado y el acuerdo del conglomerado de actores para que Usted asumiese la Presidencia. Muchos pues decidieron lavarse las manos, excepto Usted que como me dijo en Bogotá durante una conversación hizo lo que tenía que hacer.

Pero no quiero caer en la tentación de hablar más sobre el 2002. No fui arte ni parte de esos hechos, 
entonces apenas tenía dieciséis años.

El tema central que he querido abordar en esta misiva de carácter público es la situación actual de nuestra lejana patria venezolana que halla hundida en la peor de sus crisis. Lo que se vive es inédito, tanto así que al escribirle tengo presente la imagen de unas personas recogiendo agua en plena avenida Andrés Bello de Caracas porque en sus casas no tienen desde hace tiempo y reviso un vídeo que registra el momento en que una Alcaldía reparte bolsas de comida a cambio de firmar contra la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, aprobada recientemente por la Asamblea Nacional. Sin detallar en los casos de linchamientos y quema de personas en las vías públicas que, lejos de ser un acto de justicia con un delincuente, es prueba explicita de una muy grave crisis moral que ha sido auspiciada por el régimen chavista desde siempre al demostrar que aquel que puede debe hacerlo sin importarle nada. La política de fuerza a la que sido sometida la sociedad venezolana empieza a dar frutos.

Frente a este drama la promesa de cambiar el rumbo este 2016 nos llevó a elegir una nueva Asamblea Nacional en el diciembre próximo pasado y a cuatro meses de funcionamiento ha sido propuesto como mecanismo para echar a Maduro del poder que usurpa: el referéndum revocatorio, la enmienda y la reforma constitucional, así como la exigencia de su renuncia. Y la constante promesa de la movilización nacional en la calle.

La respuesta del régimen no se ha hecho esperar. Ha ejercido control pleno y descarado para que los actos legislativos de la Asamblea Nacional sean anulados en su totalidad por la Sala Constitucional del tribunal supremo de justicia y más recientemente ha llamado a sus muy escasos seguidores a una rebelión permanente contra este Poder del Estado, elegido democráticamente. Incluso el Ministro de la Defensa ha tenido el tupé de inmiscuirse públicamente en asuntos de carácter civil como el tema de la Ley de Amnistía, hecho que viola Constitución Nacional y denigra a la institución armada cuya obediencia a la institución civil es vital para el funcionamiento democrático de una República.

La verdad es que Nicolás Maduro, de dudosa nacionalidad, no tiene más respaldo que el de la cúpula militar y el tribunal supremo, como se ha venido advirtiendo. 

El pueblo se acabó, se consume diariamente en las colas que hay para adquirir los escasos productos que todavía quedan en el mercado. Habrá de recordar que se habla de hasta un 90% de desabastecimiento a nivel nacional. Sumado a ello está el trágico desabastecimiento de medicinas de todos los niveles que configura, sin lugar a duda, una verdadera crisis humanitaria que pocas personas pueden comprender en su verdadera dimensión y gravedad. De hecho, la falta de comprensión de lo que vivimos, de lo que fuimos y de lo que seguiremos siendo es responsabilidad de la apatía que mayoritariamente ha tenido y tiene la sociedad venezolana. Si bien es cierto que muchos están conscientes de la necesidad de salir de Maduro, muy pocos entiende que más que una necesidad (incluso de carácter histórica) es también y principalmente una conditio sine qua non para la existencia misma de la sociedad en el futuro inmediato. Porque sí es cierto que el país no va a desaparecer como se pregona hoy en día para reclamar esperanza en este momento, pero la aunque el territorio venezolano no desaparezca literalmente, puede acabarse de muchas otras, como por ejemplo la temida profecía popular de una guerra civil como desenlace de esta pesadilla. Nuestro país realmente se está acabando de muchas maneras.

Y es en medio de esta pesadilla donde las nuevas generaciones mantienen vivo el deseo de encontrar respuestas a sus más sentidas interrogantes sobre el futuro inmediato de la nación. Aunque la realidad nos obligue a estar resignados y a sentirnos aherrojados. Tales interrogantes podrían ser respondidas al paso con cualquier frase de consuelo-esperanza, pintoresca o no, como las que sentencian año tras año que “a diciembre no llegan”. Pero en el fondo sabemos que el carácter de la crisis venezolana significa también que las opciones –todas- para salir de ella son de carácter aporético (inviables en el orden racional), de ahí que sigamos alimentados por la falsa promesa mesiánica de salidas mágicas. ¿Significará esto que estamos atrapados?

Acaso ¿será que a los venezolanos nos tocó escenificar durante mucho tiempo aquel poema del nicaragüense Rubén Darío? un país:

 “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto y no saber, ni de dónde venimos, ni adónde vamos”.

De allí nace, estimado doctor Carmona, mi convicción sobre la importancia de su voz en el ágora de la discusión, todos los venezolanos, de aquí o allá están en la obligación de elevar su voz y no permanecer indiferentes. Pese a la satanización. Pese a todo, incluso pese al ímprobo pensamiento del exilio. La respuesta no puede ser que debemos estra tranquilos porque el país no se acaba nunca, porque “siempre los protagonistas sobreviven hasta el final de la película”. Aunque hay tristes ejemplos de que no siempre es así. En La vida es bella, excepcional pieza cinematográfica, el sacrificio del protagonista era necesario para el futuro de su hijito. El Dr. Emanuel Tanay, psiquiatra superviviente del Holocausto, habla sobre este tipo de actitudes y pone como ejemplo su propia historia y la de su pueblo en el inicio de la  barbarie nazi:

“…Y así las cosas, la inmensa mayoría se sentó a dejar que todo sucediera, y antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado…”.

Los venezolanos no podemos seguir esperando sentados que todo suceda. “Lo importante es pensar con claridad y abandonar toda esperanza”, como dejó escrito Albert Camus. Este tiempo tiene que ser para cada uno de nosotros una apasionante entrega y una firme decisión para luchar contra este adverso destino que sufrimos, lleno de peligros, manteniendo la dignidad y la libertad de nuestras consciencias, siendo solidarios con un mensaje claro que no signifique esperanzas mesiánicas o milagrosas porque nuestro camino es sólo para venezolanos decididos a luchar adentro o fuera del país.

Así, en la postrimería de este mensaje (si puede llamarse así), creo que debemos que desconfiar de las profecías de cuatro esquinas que advierten el final de lo que ya es-supuestamente- insostenible. Los lamentos bíblicos ya no tienen mayor sentido, es cierto, porque estamos denunciando un modelo que nunca existió y que hartamente prometió la destrucción desde el principio. No se vale generar expectativas sobre una salida inmediata al drama, las expectativas insatisfechas son causa de peores males. Mejor será comenzar por aquel cambio que no precisa para su realización de un cambio de gobierno ni del derrocamiento de una dictadura y que es, a lo sumo, el mayor ejercicio del bendito artículo 350 constitucional: ciudadanos en libertad que bajo el imperio de la ley, que no ejerce el Estado, luchan digna, pacífica y democráticamente en cada calle de Venezuela. La salida de este tipo de regímenes, excepto unos escasos ejemplos milagrosos, no es en votaciones, es a través de grandes movimientos de calle, insisto de forma pacífica y muy bien articulados.
Por más cárceles que haya y grandes represiones, la libertad es un don que nunca se pierde realmente. Cohesionando a los ciudadanos en un movimiento de calle muy bien organizado, estaremos iniciando el problema de fondo de nuestro país desde siempre: el sistema. Sistema que ha condenado a los ciudadanos a ser masas sin forma que viven su cotidianidad, sin mayor compromiso que el de respirar y trabajar para sobrevivir.

11 de abril de 2016
Robert Gilles Redondo