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domingo, 21 de diciembre de 2014

LA "REALPOLITIK"


Sorpresivo, controversial, histórico, fue calificado el anuncio de los Presidentes Obama y Castro de restablecer las relaciones diplomáticas suspendidas desde 1961, hecho titulado por el influyente diario El País de España, como “La Caída del Muro del Caribe”. No han faltado reacciones adversas en la comunidad cubano-norteamericana, por considerar que es un paso sin condiciones de los Estados Unidos que fortalecerá a la dictadura cubana. Pero Obama argumenta que el bloqueo a la isla fracasó y que es necesario revisarlo, en tanto que del lado cubano se asume que llegó el momento de sustituir la etapa de confrontación mantenida durante más de 50 años, por una de distensión, respetuosa de las  diferencias. El benefactor de Cuba Nicolás Maduro bajo las pautas de su predecesor, parece haberse enterado como nosotros, a través de los medios informativos.

Mucho se ha escrito sobre esta expresión de “Realpolitik” (política de la realidad) de las partes, la cual busca superar la expresión remanente de la guerra fría, bajo la visión de EUA de que ello podría estimular cambios políticos futuros en Cuba. En ese país, el olfato de los hermanos Castro exacerbó los temores de que la extrema dependencia económica respecto de Venezuela, mayor que la que en el pasado mantuvieron con la Unión Soviética, plantea al país una peligrosa vulnerabilidad, en especial ante el posible colapso de la economía venezolana, en manos de un régimen desprestigiado por su ineptitud y capacidad destructiva. Basta con mirar los indicadores de riesgo país y de inflación, los más altos del mundo, la agravación de la situación fiscal por el derrumbe de los precios del petróleo, la caída de las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela, el dislocamiento de la política cambiaria con una paridad sideral en el mercado paralelo, la crítica escasez de divisas, el desabastecimiento de bienes de primera necesidad, y la insostenibilidad del irracional subsidio a la gasolina, entre otros, para constatar que la economía venezolana se hunde en un pantano, sin que se perciba disposición alguna de rectificación de parte de los obcecados gobernantes, entrampando al país en un círculo de desaciertos en aras del fracasado Socialismo del Siglo XXI.

Si en lo económico llueve, en lo político y en lo internacional no escampa. De una parte, el pronunciamiento de las NNUU exigiendo la liberación de Leopoldo López y otros presos políticos, al igual que de organizaciones de DDHH como Human Right Watch, son obstinadamente desconocidos por el régimen. Maduro declaró literalmente que ni que llegaran a derrocarlo saldría libre Leopoldo López, condenándolo de facto ante un Poder Judicial sumiso, mientras la valiente opositora María Corina Machado es imputada por el presunto delito de conspiración junto a otros disidentes venezolanos residentes en el exterior. De otra parte, el Congreso de los Estados Unidos, ante los atropellos y torturas contra los estudiantes que protestaron desde febrero pasado, aprobó por la unanimidad de ambas Cámaras sanciones contra unos 56 funcionarios del régimen venezolano acusados de violar los derechos humanos, tras lo cual, a 24 horas del anuncio de reanudación de relaciones con Cuba, Obama puso el ejecútese a dicha Ley, según se insiste no dirigida contra Venezuela sino contra personas, a quienes se impedirá visitar dicho país y se les congelarán los bienes en dicho territorio. Resulta paradójico que a raíz de ello, el gobierno pretenda ahora imputar por traición a la patria al Director de la Mesa de la Unidad Democrática Jesús Torrealba, por el solo hecho de admitir las sanciones de los Estados Unidos.

Otro hecho relevante al nivel internacional, simultáneo con la decisión de EUA, fue la aprobación por el Parlamento Europeo de una resolución que condena rotundamente la persecución política en Venezuela, el uso de la violencia y el encarcelamiento de manifestantes, y pide que se respeten la independencia judicial y los derechos humanos. La resolución, que contó con 476 votos de socialistas, liberales, conservadores y reformistas, contra 109 negativos y 49 abstenciones, hace un llamado político para que el Consejo Europeo, los 28 Estados miembros y la jefa de la diplomacia europea, soliciten la liberación inmediata de los manifestantes detenidos en Venezuela, y que se desarmen y disuelvan los grupos armados progubernamentales. En cambio, las tibias medidas de respaldo de los países del ALBA y Unasur, por compromisos económicos o ideológicos, no han sido suficientes para contrarrestar la negativa matriz de opinión que respecto de Venezuela prevalece en el ámbito mundial.   

Ante tal estado de cosas, Venezuela cierra el año 2014 con perspectivas inciertas y un crecimiento económico negativo. Las pugnas dentro del propio oficialismo tienen al mandatario Maduro atado de manos para la adopción de las heroicas decisiones requeridas para enfrentar la crisis, aunque luce en realidad que prefiere la inmolación a la rectificación de rumbos. Todo lo contrario al pragmatismo de aliados como los Presidentes Correa, Morales y Mujica, cuyas economías evolucionan con mayor pragmatismo por una senda sustancialmente mejor que la venezolana, en otra expresión de “Realpolitik”, y confirmando aquello de que los amigos acompañan al difunto hasta el cementerio, pero no hasta la tumba .

María Corina Machado considera que el 2015 será “el año del despertar del pueblo y de la transición” en Venezuela, con apego a principios democráticos. Las encuestas confirman que la favorabilidad de Maduro ha caído a niveles históricamente bajos, en torno al 30%, mientras que la Encuesta Keller (IV, 2014) muestra que un 71% opina que hay que devolver empresas expropiadas a sus antiguos dueños para que haya oferta de productos en el mercado, el 81% que la empresa privada es importante para el progreso de los venezolanos, el 80% que hay que garantizar la propiedad privada, el 62% que la propiedad privada está amenazada, el 80% que si no se respeta la propiedad privada no habrá empresas fuertes, y el 77% centra los más graves problemas nacionales en la escasez, costo de vida y delincuencia.

El año 2015 será complejo y crucial para el régimen venezolano y difícil para América Latina, pues la ralentización de la economía mundial y la caída del precio de los productos básicos acentuarán las crisis fiscales y marcarán un menor crecimiento económico, ante demandas populares insatisfechas. Pero será de grandes expectativas en lo político por las razones anotadas, y porque habrá un cambio de orientación en Argentina, y pese al continuado fraude electoral, en la composición de la Asamblea Nacional venezolana.  

Deseo a los lectores una Feliz Navidad y Año Nuevo, con renovadas esperanzas por un futuro mejor para la sufrida patria, que ya no soporta tanta arbitrariedad, corrupción y privaciones, de parte de un régimen forajido que la aísla, de la mano de los países más atrasados del planeta.


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 19 de octubre de 2014

LA DESTRUCCIÓN DE VENEZUELA: HAZAÑA HISTÓRICA


La destrucción progresiva y continuada de una nación privilegiada como Venezuela en estos 16 años de régimen chavista, no tiene parangón histórico. Muchos países han atravesado por crisis coyunturales que han podido sortear con políticas adecuadas, excepción hecha de otro caso emblemático en América Latina: el de Argentina, país también privilegiado que gracias al populismo no logra salir de las crisis económicas recurrentes, pero que cuenta al menos con instituciones relativamente independientes, con posibilidades de mejora si se diera en 2015 un cambio en la orientación política. Aún en el caso de países como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, regidos por modelos autocráticos y principios del Socialismo del Siglo XXI, el manejo de la política económica ha sido más realista y pragmática, con resultados distintos a los del inmenso fracaso venezolano, originado en el dogmatismo e incompetencia castrochavista, caso digno de documentar para el estudio académico y político en la posteridad.

En otras latitudes, países como China y Vietnam han optado por modelos capitalistas en lo económico y un sistema político unipartidista, que les ha permitido alcanzar niveles sorprendentes de progreso, hasta el punto de que China sería a la vuelta de un año la primera potencia económica del mundo. Ello no habría sido imaginable bajo la cerrazón y pobreza que caracterizaron al gobierno de Mao, hasta el visionario golpe de timón de Den Xiaoping en 1978. Es también admirable el caso de las economías ex socialistas de Europa Central y Oriental, las cuales dieron un viraje hacia la democracia y la economía de mercado, hasta el punto de que en su gran mayoría hacen hoy parte de la Unión Europea de los 28, exhibiendo una transición exitosa. Hace poco hice un recorrido por Eslovaquia, Hungría, la República Checa, la ex Alemania Oriental, Berlín reunificada y Moscú, pudiendo apreciar cómo después de décadas de sistema comunista, hoy son naciones que ven distante esa experiencia, símbolo de la negación extrema de la dignidad humana y del régimen de libertades, ello aunque en el caso de Rusia prevalece un gobierno autocrático, con vocación imperial no desterrada, pero dentro de un modelo de economía de mercado que facilita el logro de sus objetivos de desarrollo económico y social.

El caso del régimen gobernante en Venezuela es inexplicable, pues ve de reojo esas experiencias, para adentrarse en las arenas movedizas de un trasnochado revanchismo, y de un exacerbado estatismo que ha fracasado en todas las naciones que han transitado por el comunismo ahogando a la iniciativa privada, factor indispensable para el desarrollo de una nación, sin que el Estado sea capaz de sustituirla. En una entrega anterior en este Blog analizamos las principales razones que determinan que la economía venezolana esté en el abismo, y lo difícil que resultará sacarla adelante, no obstante las cuantiosas reservas disponibles de recursos naturales no renovables. Por desgracia para el país, a lo largo de estos 16 años se han dilapidado unos US$ 1,5 billones que no volverán, de los cuales no quedan sino la destrucción del aparato productivo, el deterioro de la calidad de vida, de la infraestructura, de la institucionalidad, y distorsiones macroeconómicas y actitudinales en la población de una profundidad tal, que costará sudor y sangre superar a las generaciones venideras. Esa es la hazaña histórica lograda y cacareada por el régimen.

Las cifras no mienten respecto de la profundización de la crisis, entre ellas la aguda caída de las reservas internacionales, las cuales se encuentran en el orden de los US$ 19 millardos, con reservas líquidas que cubren apenas una semana de importaciones. La reducción de los precios petroleros ampliará el hueco fiscal, pese a lo que con ligereza anuncian voceros del gobierno, pues si con precios cercanos a 100 dólares por barril el déficit del sector público era del 15% del PIB, con el petróleo a $80, la merma de ingresos por exportaciones podría llegar a US$ 20 millardos. Como si fuera poco, el Banco Central de Venezuela financia en forma creciente a PDVSA, es decir intensifica emisiones inorgánicas, combustible ideal para el fuego inflacionario que devora a la nación. Aunque hasta ahora se ha honrado la deuda externa, pues un “default” sería catastrófico, no es menos cierto que el gobierno ha colocado al país en una mora comercial del orden de US$ 12 millardos. Solo a las líneas aéreas se les debe US$ 4 millardos, además de la los compromisos con proveedores de materias primas, alimentos, medicinas, material hospitalario, transporte y bienes de capital. El gobierno declara con orgullo que seguirá apretando las tuercas del otorgamiento de divisas, con lo cual ya no solo sufren viajeros, jubilados, gente de negocios o estudiantes, sino que se acentúa el crítico nivel de desabastecimiento prevaleciente en todos los bienes de primera necesidad.

Lo grave es que no hay visos de adopción de medidas que ataquen estructuralmente dichos males. Así, después de tanta expectativa por un anunciado “revolcón” en política económica, nada ocurrió. El mercado cambiario sigue cerrado y distorsionado por una nefasta política de cambios múltiples con inmensas brechas, a raíz de lo cual hasta las Navidades auguran ser grises, como tengo el recuerdo en mis años mozos de un triste diciembre en la Praga comunista de los años 60, ciudad convertida hoy en la París del Este. El subsidio a la gasolina es irracional e incosteable, por unos US$ 12 millardos por año, sin que el gobierno se atreva a corregirlo gradualmente, porque le teme, y porque Maduro no ejerce el poder pleno, sino que lo comparte con varios grupos, entre ellos el todopoderoso Diosdado Cabello, el Ministro del Interior Rodríguez Torres, el Ministro Ramírez, la oligarquía militar, y hasta los colectivos.  

Por ello, el país está sumido en un círculo perverso, del cual podría salir reduciendo el gasto público, y los cuantiosos recursos que destina a la ayuda petrolera externa con fines políticos; aproximando los tipos de cambio y flexibilizando el mercado; reduciendo los subsidios al mercado interno de combustibles, para al menos cubrir costos; y reactivando el aparato productivo nacional para depender menos de las importaciones, sin estatismos y exacerbados controles.

En lo político-social, la gangrena institucional hunde al país, dado el propósito inmodificable del régimen de colocarse al margen del Estado de Derecho en aras de una revolución que se antepone al orden constitucional y ante la implacable persecución a la disidencia, desconociendo los pronunciamientos de los organismos internacionales y de Derechos Humanos. Además, profundiza fracturas y siembra antivalores en  la población, entre ellos mediante la tolerancia con los grupos irregulares conocidos como “colectivos”, que no son otra cosa que un paramilitarismo que ha corroído el papel de la Fuerza Armada y de los cuerpos de seguridad, cobrando una nueva víctima en el horrendo crimen del Diputado Serra, líder político de dichos colectivos. No hay que seguir endilgando culpas de la descomposición nacional a la extrema derecha, ni al “imperio” ni a Uribe, y aunque el gobierno afiance la hegemonía informativa para ocultar su fracaso, es hora de que trabaje en resolver los problemas del día a día de los venezolanos, atender su desesperanza, detener la anarquía, y frenar el incomensurable costo del éxodo de venezolanos al exterior.

Hace poco escuché al Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello en uno de sus programas radiales, y sentí pesar al ver cómo un hombre con tanta responsabilidad e influencia, optó por un camino de radicalismo extremo, de continuas amenazas contra estudiantes y disidentes, y anuncia que el próximo CNE será de ellos, electo por el TSJ y no por la Asamblea Nacional. Difícil pensar así en un diálogo entre las fuerzas en pugna en el país, pues no hay talante democrático en la conducta de un régimen que solo admite la paz basada en rendición. La oposición debe saber que si no hay árbitro ni reglas electorales equitativas, no hay posibilidad alguna de que en futuros comicios ocurra otra cosa que la continuación de descarados fraudes electorales para asegurar la perpetuación del régimen en el poder.    


Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

viernes, 8 de agosto de 2014

VENEZUELA HACIA EL ABISMO


Hoy 7 de agosto, día la independencia de Colombia y de la gloriosa Batalla de Boyacá, tras la cual Bolívar emprendió la reconquista de la libertad en Venezuela, me siento de nuevo a reflexionar sobre la situación de la sufrida patria que me vio nacer.

Nada preocupa más a mi ánimo que la destrucción del conocimiento acumulado en el país y de su sistema educativo, impulsores del éxodo de tantos venezolanos al exterior. Esa, la del talento humano, es la mayor descapitalización que puede sufrir una nación, ya que puede resultar en un alto porcentaje irrecuperable de cara hacia el futuro. En efecto, los emigrantes van organizando su vida en otras latitudes, por lo cual difícilmente estarían dispuestos a retornar, aun en escenarios de cambio en la realidad política. Y más allá de la diáspora, estimulada por las políticas del régimen que pauperizan a la clase media, resulta lamentable el desarraigo que se va produciendo en no pocos compatriotas que no desean pisar el suelo patrio mientras subsista la inseguridad, el aislamiento y la escasez de los bienes más elementales, todo lo cual lesiona el orgullo del gentilicio nacional. Hoy en el exterior, la venezolanidad genera sentimientos de conmiseración y de dolor ajeno, al ver hundirse al país en manos inescrupulosas e incompetentes.

Algunos hechos recientes merecen especial mención: las amenazas del régimen a los gobiernos holandés y antillano por la detención del General Hugo Carvajal, cuyo prontuario delictivo es a raíz de ello más conocido en el mundo, y su cuestionada liberación e indigno recibimiento en Caracas, con la presencia del primer mandatario y la cúpula gobernante, quienes con jolgorio avalaron las torcidas ejecutorias de ese prominente miembro del régimen. Estados Unidos, vacilante en su accionar ante su enemigo político, no tuvo más opción que tomar medidas suspensivas de visados para 24 integrantes del gobierno o violadores de derechos humanos, sin que conozcamos sus nombres. ¿Qué diría Walid Makled, extraditado a Venezuela por Colombia con el compromiso de un juicio imparcial, actualmente hundido en las mazmorras del régimen para que no hable, entre otros sobre la sociedad con el General Carvajal en los hilos de la corrupción?

Duele de otra parte ver a Venezuela, rica en recursos naturales, al borde de la bancarrota, en virtud de políticas populistas que han llevado al derroche de billones de dólares en proselitismo y compra de conciencias nacionales e internacionales, amén de la destrucción del aparato productivo público y privado, causantes de profundas distorsiones macroeconómicas y de la degradación de la calidad de vida, todo lo cual hiere las fibras más sensibles del alma nacional. La gente se ve obligada a dedicar muchas horas de sus vidas no a fines productivos, sino a hacer largas colas y casi mendigar bienes elementales, desde alimentos a útiles de aseo personal, autopartes, servicios públicos, y hasta el parque de aviones comerciales está paralizado en un 70% por falta de repuestos. En suma, la economía venezolana está dislocada por el alto nivel de endeudamiento, la voracidad del gasto público y la peor de las opciones elegida: el financiamiento del gasto por parte del Banco Central de Venezuela, lo cual representa combustible para el fuego inflacionario que agobia al país, uno de los mayores del mundo. 

En un análisis reciente del destacado analista petrolero Ramón Espinasa, he encontrado valiosas explicaciones a la crisis nacional prevaleciente. Destaca Espinasa cómo a partir de 1999 se inició el desmantelamiento de PDVSA, para constituirse en un brazo operativo del gobierno, abandonando las políticas de desarrollo del personal basadas en la meritocracia, con una pérdida de 280.000 años de experiencia. En cuanto al desempeño, el documento destaca entre otros:

a.       El deterioro de la producción de petrolera, de 3,5 Mbd en 1998, a 2,6 M/bd en 2013.

b.      El aumento de empleados de PDVSA, de 42.000 en 1998, a 110.000 en 2013, con una fuerte caída en la productividad.

c.       Aumento en los costos de producción por barril, de US$ 4 en 1998, a US$ 24 en 2013.

d.      Un incremento sustancial del consumo doméstico de derivados de petróleo, de 470.000 b/d en 1998, a 780.000 b/d en 2013.

e.      El descenso en el precio de la gasolina de US$ 0,11/litro en 1998 a 0,02 en 2013, provocando pérdidas de oportunidad del orden de los US$ 33 millardos por año.

f.        La reducción del excedente exportable de 3 M/bd en 1998, a 1.8 M/bd en 2013.

g.       En 1998 se exportaba a EUA 1.7 M/bd, y en 2013 0.8 M/bd; del saldo restante, 0,5 M/bd se dirigieron a China, en parte para el pago de la deuda, 0,5 M/bd a la India, y 0,2 M/bd al Caribe, Centro y Suramérica, en condiciones altamente concesionales.

h.      El ingreso real por exportaciones de PDVSA fue de US$ 46.300 millones en 2013, pero si se hubiesen mantenido las condiciones y mercados de 1998, habrían sido de US$ 109.500 millones, es decir ingresos menores del orden de US$ 63.200 millones por año.

i.         Hay aumento de las importaciones de productos finales como consecuencia del deterioro del aparato refinador. Hoy se importan de EUA 84 m/bd, de un total de unos 160 m/bd, valorados en US$ 8.200 millones en 2013.

j.        Considerando el pago intereses por la deuda de PDVSA, el ingreso neto por exportaciones fue de solo US$ 34.000 millones, lo cual evidencia la causa principal de escasez de dólares que confronta el país, y la razón principal de la profunda crisis por la cual traviesa.

En lo político, el panorama no es mejor. Los estudiantes que protestaron en meses pasados fueron maltratados, judicializados, y amenazados de que si son nuevamente detenidos irán a la cárcel, como medio para desmovilizarlos. El pasado 4 de agosto el gobernante Maduro dijo con orgullo que la Guardia Nacional Bolivariana, convertida en instrumento represor del régimen, contará con equipamientos antidisturbios de nueva generación, para extinguir cualquier intento de protesta futura. Ese cuerpo, que defendió valerosamente la institucionalidad democrática en los intentos de golpe de Estado de 1992, está hoy adoctrinada al estilo castrista, y es la expresión de la más execrable brutalidad ejercida contra estudiantes y civiles indefensos.

El juicio contra Leopoldo López no se ha iniciado aún, pero se le tratará de condenar con el mismo guion seguido al Comisario Simmonovis. No se quedan atrás los valerosos Alcaldes presos y tantas víctimas del brutal proceder persecutorio, hasta extremos no vistos ni siquiera bajo el régimen del “presidente eterno” del PSUV: Hugo Chávez Frías, impulsor de la destrucción moral, institucional y económica de la República.  Y como si fuera poco, la compra fantasma de El Universal, como antes de Globovisión y de la Cadena Capriles, saca del juego a destacados columnistas, para alinearse con  la hegemonía informativa del Estado. Definitivamente, no hay cosa que moleste más a una dictadura que la crítica.  

La anunciada venta de CITGO en los Estados Unidos, joya de la corona del patrimonio nacional, liquidará la estrategia de internacionalización petrolera adelantada como política de Estado antes de la llegada al poder del chavismo, todo ello por tratar de reducir riesgos políticos y obtener nuevos recursos para financiar el déficit fiscal y el caos administrativo. Ello constituirá otro craso error del régimen gobernante, de lo cual deberá rendir cuentas hacia futuro. No le ha bastado con endeudar salvajemente al país, vender petróleo a futuro y dilapidar los recursos de todos los venezolanos, sino que opta por liquidar valiosos activos para asegurar su permanencia en el poder.

La oposición está también, a no dudarlo, en una crisis de estrategia y de liderazgo. No son momentos para canibalismos. Pero es necesario reorganizarse, oxigenarse, y ser capaces de presentar un plan alternativo convincente a un pueblo que, según las encuestas, cree mayoritariamente que las cosas en Venezuela van muy mal, pero que no ve en la oposición una oferta convincente. Una cosa es cierta: sin claridad de propósitos y unidad, no habrá esperanzas de un futuro mejor para el país y para las nuevas generaciones. Los jóvenes, legítimos defensores de su futuro, tienen por tanto esta vez, la primera palabra. 

 

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 20 de abril de 2014

¿SINCERIDAD EN EL DIÁLOGO?


Escribo esta nota el Domingo de Resurrección, día en que Cristo, quien pasó por el mundo haciendo el bien, venció a la muerte y a las tinieblas, y al resucitar nos abrió el camino hacia la luz y la vida eterna.

La crisis política por la cual atraviesa Venezuela en el momento actual, es la más grave después de los acontecimientos de los años 2001 a 2003. Hay un cambio importante de protagonismos, pues ahora predomina la voz de una generación de jóvenes que protestan en legítima defensa de su futuro, y ya no solo del liderazgo tradicional de los partidos o de los movimientos sindical o gremial, como también de las regiones, especialmente el Estado Táchira. 

Como doloroso saldo de más de dos meses de confrontación se registra medio centenar de muertos, y un número mucho mayor de heridos, detenidos y torturados, producto de la represión oficialista, ejecutada por la Guardia Nacional y por las fuerzas paramilitares armadas y auspiciadas por el gobierno.

El régimen se ha visto forzado a instancias de la comunidad internacional, más que por sus propias convicciones, a abrir un diálogo con las fuerzas opositoras representadas en la Mesa de la Unidad Democrática. Para quienes condenan las protestas juveniles, la primera pregunta que cabe es: ¿Habría sido posible este paso, si el gobierno no se hubiese visto forzado por las manifestaciones, a ofrecer un diálogo, al menos de apariencias? ¿No nos muestra la experiencia vivida que el régimen solo reacciona –aunque engañosamente- cuando percibe un riesgo visible a la gobernabilidad, o cuando la opinión pública internacional le es adversa? ¿En otras circunstancias habría sido viable una cadena nacional de radio y televisión para escuchar a voceros de la otra mitad del país?

Más allá de los deseos, pues la mayoría de los venezolanos creemos en medios pacíficos para la solución de los conflictos, es importante evaluar si existe voluntad de rectificación por parte del gobierno. En lo inmediato, sin sorprendernos, hemos escuchado al copresidente Diosdado Cabello, nuevo líder del ala radical del régimen, manifestar que no está planteada negociación alguna sobre el modelo de gobierno, sino tan solo escuchar a la oposición y, sin decirlo, que se desmonten las protestas. Así, en simultáneo con las primeras reuniones celebradas, se lanzaron duras descalificaciones contra Henrique Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado y otros dirigentes, y se negó la posibilidad de amnistía o indulto a los presos, perseguidos o exiliados políticos.

Si algo es consustancial a una negociación entre fuerzas antagónicas en medio de una crisis, es abrir el juego a posibilidades de cambio, es especial del factor generador de la crisis. Así lo demuestran experiencias históricas como la paz en Irlanda del Norte, el desmonte del apartheid en Sudáfrica, las guerras en Centroamérica, la negociación con las FARC en La Habana, o las transiciones políticas en España y Chile.

En el caso venezolano, hay que recordar experiencias vividas en estos largos 16 años del régimen en el poder, en los cuales nunca ha existido disposición para reconocer a la otra parte como adversarios sino como enemigos políticos, ni vestigio alguno de intento de aglutinar a la nación y gobernar para ella, sino fracturar, dividir e imponer, salvo que la oposición acepte subordinarse. Lo demuestra así la falta de concertación en la redacción de la Constitución de 1999 en el  seno de la Asamblea Nacional Constituyente, y en los hechos posteriores a su aprobación, pues entre una Constitución y otra se vulneró la nueva Carta Magna en cuanto a la integración de los Poderes Públicos, para conculcar su independencia y someterlos al Poder Ejecutivo.

Más tarde, viví desde la Presidencia de Fedecámaras en 2001, un frustrado intento de diálogo, cuando de manera genuina y persistente plantee al Presidente Chávez la necesidad de abrir espacios de debate, más allá de las diferencias, lo cual habría permitido un enfoque más inclusivo, y hasta importantes cambios de orientación, sin llegar a la confrontación. Pero el resultado fue de imagen, al aceptarse constituir un grupo de trabajo que presidió el Ministro Giordani, pues al final se impusieron los 48 Decretos Leyes mediante Ley Habilitante en noviembre de 2001, lo cual llevó a la ruptura de dicho acercamiento, y al primer paro nacional que me correspondió liderar en diciembre de 2001.

Igual pasó con el tenaz intento de diálogo respecto del futuro de PDVSA y al rechazo a su politización en el 2002, factor clave en el desencadenamiento de la crisis política de abril de ese año. Y así podríamos seguir enumerando, sin olvidar el fracaso de la mesa de diálogo abierta tras la crisis del 11 de abril, y del intento de concertación política de 2004, en el cual sirvió de facilitador el Secretario General de la OEA César Gaviria, bien reseñado por el columnista Carlos Blanco en su entrega del 20 de abril de 2014.

Es obvio que todo diálogo entre contendores plantea condiciones, pues lo contrario sería una aceptación sumisa de reglas impuestas por la otra parte. En el momento actual, para generar bases de confianza, es necesaria la inclusión en la mesa de otros grupos opositores, en especial los estudiantes; la liberación de los presos políticos; el cese de la represión; el desarme de los colectivos y la incautación de armas en manos de la población; el reconocimiento del derecho a la protesta; la designación de los integrantes del Poder Público con períodos vencidos conforme a las previsiones constitucionales; la restitución de Alcaldes y Parlamentarios destituidos ilegítimamente; un compromiso serio de lucha contra la inseguridad y la corrupción; el cese del acoso a la iniciativa privada; el respeto a la libertad de expresión,  con límites a la hegemonía informativa del Estado; la asignación de recursos a las Universidades públicas, hoy asfixiadas presupuestariamente; la independencia del Poder Judicial; la garantía de elecciones limpias, con equidad; el cese de la ideologización de la educación primaria y secundaria; la “descubanización” de la nación, y rectificaciones que impidan la inminente bancarrota económica del Estado.

En fin, cambios que permitan un reencuentro nacional y abran el camino a un futuro de paz y progreso, y que contengan la grave diáspora que descapitaliza al país de lo mejor de su talento humano, como consecuencia de la frustración, la falta de oportunidades, y el empobrecimiento de la clase media.

Está pues por demostrarse si en esta oportunidad se darán condiciones para un diálogo sincero, y en ello, el gobierno tiene la palabra. Las experiencias del pasado obligan a estar alerta para no caer en el juego de la ya conocida táctica oficialista de propiciar diálogos para desmovilizar a la oposición, hacer creer al mundo que se han resuelto los problemas, y luego, alcanzados sus objetivos, salirse con las suyas con promesas incumplidas, aunque la verdad sea dicha, no se ha hecho ninguna en el presente, como no sean las consuetudinarias e implacables amenazas contra la disidencia.

 



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

"EL 11A FUE UNA OPORTUNIDAD PERDIDA": ENTREVISTA HECHA POR SEBASTIANA BARRAEZ EN EL SEMANARIO QUINTO DÍA, A LOS 12 AÑOS DE LA CRISIS DE ABRIL



El 11A fue una oportunidad perdida

Por: Sebastiana Barráez Pérez
Edición 898 - QUINTO DÍA, 11/04/14

Carmona y por qué cayó el gobierno que sucedió a Chávez

En exclusiva para Quinto Día, dice que “la FANB ha cohonestado la mayor entrega de soberanía de la historia patria, a manos del régimen cubano, que es quien gobierna a Venezuela”

barraezsebastiana@gmail.com

Es  larense y siendo presidente de Fedecámaras era conocido como un hombre tranquilo, gentil y sin extremismos. Quizás por eso a algunos les cuesta ubicarlo a la cabeza del golpe de Estado del 11 de Abril 2002, que sacó a Hugo Chávez del poder por algunas horas. Vive en Colombia asilado. Allí da clases en la universidad y está enterado de lo que sucede en Venezuela a cada minuto. Él es Pedro Francisco Carmona Estanga.

A veces, cuando lo he visitado en Bogotá, hablamos largo rato sobre aquellos días de abril, sobre los cuales hay tanto por saber. Cuenta que como presidente de la máxima empresarial, le tendió puentes a Chávez para el diálogo, pero resultó infructuoso. “Ellos –Chávez, Maduro-no desean pasar a la Historia como estadistas, que dialogan y conciertan, sino como revolucionarios que imponen su voluntad y no reconocen la existencia de más de una mitad del país que disiente, sino que la consideran un enemigo al cual hay que vencer y destruir”.

Destaca que aquel 11A los únicos que tuvieron contacto con Chávez fueron militares, y al final, dos testigos civiles: Monseñores Baltasar Porras y Azuaje.

Niega tajantemente que haya sido una manifestación popular lo que determinó el regreso de Chávez a la presidencia. Lo justifica como una crisis política y militar, que no permitió que el gobierno provisional se consolidara.

Recuerda que uno de los principales problemas para que se consolidara el interinato fue que parte importante del estamento castrense consideró que a Chávez no se le permitiera salir a Cuba, porque debía ser juzgado. Carmona dice que a las pocas horas, Chávez negaba la renuncia en un fax que logró transmitir desde Turiamo, además del grupo que comandó el General Raúl Isaías Baduel, factor determinante al final de la crisis.

¿A 12 años del 11 de aquel abril, cree que valió la pena todo el episodio en el que usted participó?

Hay tres cosas en la vida que no tienen reversa: la palabra dicha, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. El 11A fue, sin duda, una oportunidad perdida para modificar el equívoco rumbo de un  régimen que ha culminado, en el presente, en el totalitarismo y la bancarrota. El objetivo era llamar de inmediato a un proceso electoral limpio, en el cual el pueblo, depositario del poder constituyente originario, tuviera la última palabra respecto de la transición y el futuro político del país.

¿Se arrepiente?

A pesar de las incomprensiones, no me arrepiento de haber dado un paso adelante para tratar de salvar a Venezuela de la descomunal tragedia en que se encuentra sumida. Así tenemos que ver el pasado, a 12 años de distancia, y no como suelen hacerlo el gobierno y algunos detractores, tratando de colocar en el 11 de Abril el centro de los males que hoy se viven, cuando en realidad se pretendía evitarlos mediante vías democráticas. Ha habido especial esmero en reescribir la historia y enlodar a quienes nos jugarnos el pellejo en aquellas difíciles circunstancias.

¿Qué siente hoy, luego de tantos años de estar lejos de su patria, asilado en  otras tierras?

No pienso en mí, pese a que, a mis años de vida, jamás habría imaginado vivir en el exilio. Pienso más en la destrucción provocada por un régimen corrupto, inepto e ideológicamente fanatizado, que ha sembrado profundas divisiones, odios y lucha de clase entre los venezolanos, que ha acabado con las instituciones y ha cumplido una misión casi imposible: la de derruir la economía venezolana, pese a su potencial y riqueza. Venezuela debería estar a la vanguardia de América Latina, y da dolor verla en el ranking de los países de peor desempeño del mundo.

¿Tan mal la ve?

Sin duda. Duele además ver la creciente diáspora de venezolanos en el exterior, buscando oportunidades o alejándose del ambiente de inseguridad, anarquía y represión en que está envuelta nuestra sufrida patria. Todo ello hace más duro el alejamiento de la patria, cosa que el régimen se empeña en hacer sentir con más saña, pues ni siquiera otorga documentos de identidad a quienes tenemos la condición de asilados, pese a que se trata de un derecho inalienable de los venezolanos.

Aquella acción, en lugar de acabar con la revolución bolivariana, parece que la asentó por más de una década.

Asumo responsablemente mis ejecutorias, no ajenas a errores u omisiones, y veo que, contrariamente al sentido de su pregunta, que muchos deberían reflexionar sobre si de haberse consolidado el breve gobierno provisional que encabecé, se habría evitado la larga noche y las pesadillas que estamos viviendo, pues el país habría retomado sobre bases sensatas y de alternabilidad, de la mano de los gobiernos democráticos que hubieren sido electos, un camino de prosperidad, paz y progreso, como realmente se lo merece.

¿Los años pasan y sin duda que usted debe recordar algunos hechos con más claridad que otros, podría decirnos qué sucedió en aquella famosa reunión efectuada en Venevisión?

Mejor consulte a su anfitrión, el señor Gustavo Cisneros, pues no permanecí en ella hasta el final.

¿Se considera un golpista?

No. Pese a la reescritura de la Historia, soy un hombre de profundas convicciones democráticas, y mi espíritu ha sido, a lo largo de mi vida, amplio, tolerante y proclive al respeto al adversario, y a propiciar encuentros y entendimientos. El 11A hubo un vacío de poder que trató de ser llenado por un gobierno provisional que no habría estado en ejercicio más de seis meses, tras convocar a dos procesos electorales. Y para quienes todavía me atribuyen ambiciones personales, debo recordarles que a pedido explícito de mi parte, se incluyó en el Decreto de formación del gobierno provisional una disposición que impedía que pudiera aspirar a cualquier cargo de elección popular.

¿Cómo ve el país hoy cuando se cumplen 12 años del 11A?

Como ya mencioné, veo al país sumido en una profunda crisis económica, política y social, cubanizado, actuando con una brutal capacidad de represión contra los estudiantes que luchan por defender su futuro, defenestrando diputados y alcaldes, apresando opositores, torturando y violando derechos humanos en forma flagrante y sin escrúpulos. De otra parte, el pésimo manejo económico ha llegado a límites inexplicables.

¿Cree como algunos que es intencional o sólo es mala política?

He llegado a la conclusión de que no es concebible tanta torpeza, y que por lo tanto lo que el régimen propicia es la pauperización de la clase media y la liquidación de la iniciativa privada, para encontrar allí el terreno abonado para la plena implantación del castrocomunismo, dentro de la más pura dialéctica marxista. Los daños, pues son inconmensurables.

¿Doctor Carmona usted no cree que hubo mucha apetencia de poder y que los militares estaban dispuestos a quedarse con ese privilegio?

Jamás lo habría permitido. El compromiso era salir rápido del poder y enrumbar a la nación en un camino de libertades, paz y progreso. Además, sin haber conocido en profundidad a muchos actores castrenses que se rebelaron el 11A, no dudo de la prevalencia de un espíritu democrático en la  totalidad de ellos. Vergüenza da ahora un estamento militar mayoritario indigno, que ha convertido a la institución en un partido político armado, al servicio de una causa política, y que ha cohonestado la mayor entrega de soberanía de la historia patria, a manos del régimen cubano, que es quien gobierna al país en todos sus elementos estratégicos.



"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

sábado, 15 de marzo de 2014

UN MES DE IGNOMINIA


Ha transcurrido un mes de protestas juveniles a lo largo y ancho del país, ante un estado de cosas que en este mismo Blog hemos calificado antes como calamitoso, por la combinación entre: inseguridad, anarquía, desabastecimiento, degradación moral, lucha de clases, antivalores, represión, quiebra virtual de una nación rica, inflación, endeudamiento, falta de divisas, alianza del gobierno con paramilitares o “colectivos”, cubanización, entrega de soberanía, corrupción, abuso de poder, hegemonía informativa del Estado, y tantos otros males asociados al totalitarismo.

Los jóvenes han salido a la calle a luchar por un futuro que les ha sido arrebatado; por el rescate de una Venezuela de oportunidades y del orgullo de la venezolanidad; por el respeto a derechos y libertades propios de naciones civilizadas; por la alternabilidad política mediante elecciones limpias; por el imperio del Estado de Derecho y el reconocimiento al adversario político, en circunstancias en que voceros del régimen afirman que jamás abandonarán el poder, pues la revolución llegó para quedarse; por la insólita ruina de un país endeudado, donde no hay dólares, bienes, inversiones, infraestructura, y hasta las líneas aéreas se alejan por falta de pagos, contribuyendo sin desearlo al aislamiento de la nación, ya con escasos visitantes.

La juventud percibe con dolor que uno de los países más ricos de la región, el de mayores reservas petroleras del mundo, vive un proceso de pauperización, de nivelación hacia abajo, de liquidación del aparato productivo y de la iniciativa privada, en aras de un fanatismo que ni siquiera los socios del ALBA salvo Cuba aplican, aunque hay que decirlo, al menos en esa oprobiosa dictadura, la parásita que vivió antes de la URSS y ahora de Venezuela, hay mayor institucionalidad, y con puño de hierro ofrecen al pueblo cubano a su manera, seguridad y orden, inexistentes en Venezuela.

Los jóvenes de hoy ven con pesar la diáspora de sus amigos y compañeros, en un drenaje de talento humano que empobrece aún más a la nación. Ven con rabia cómo se desmorona la educación, y cómo se regodea la banda gobernante con graduar médicos en tres años, siendo que la carrera de enfermeros es de cinco años en cualquier lugar del mundo, y que todos los países emergentes hacen descansar sus estrategias de desarrollo en educación de alta calidad. Duele al país y a los  jóvenes que las Universidades públicas de tradición: la Central, Simón Bolívar, Zulia, Los Andes, Carabobo y Oriente, las cuales no han podido ser tomadas por el oficialismo ni por la fuerza ni por la vía electoral, están siendo asfixiadas por la vía presupuestaria, llevando a sus docentes, o a desertar o a languidecer como mendigos.

El balance de la jornada de protestas es doloroso: cerca de 30 vidas segadas, centenares de heridos, presos, torturados, vejados, mientras Leopoldo López sigue encarcelado, se dictan medidas privativas de libertad contra otros, se somete al Alcalde Antonio Ledezma y a otros Alcaldes opositores al escarnio público, se ataca de nuevo brutalmente a la valiente María Corina Machado y a sus acompañantes en el Estado Bolívar por de la misma diputada que lo hizo antes en la Asamblea Nacional, ello ante el silencio cómplice del gobierno, mientras las calles siguen tomadas por los grupos paramilitares, armados, financiados y protegidos por el gobierno y por la Guardia Nacional.

A confesión de parte, relevo de pruebas, dice la sabia conseja. El gobernante Maduro, sigue imputando a los Estados Unidos y a la derecha todos los males del país, y no a su incompetencia, pero reconoce abiertamente que los “colectivos” son su principal arma de defensa, al afirmar:

“Eso sí, todos los colectivos, en un momento dado, si los gringos algún día nos invadieran, les saldrían como hormigas y se los tragarían como pasó en Vietnam. Nos tragaríamos a los gringos vivos, como millones de hormigas nos los tragaríamos; y no solo aquí en toda América Latina, oyeron”.

La reacción es la de una política internacional manejada en forma visceral y a las patadas: ruptura de relaciones diplomáticas con Panamá por proponer un análisis de la crisis venezolana en la OEA; la neutralización del organismo y el traslado de la discusión a la Unasur, convertida en una instancia política y no de integración económica; acusaciones contra Estados Unidos y expulsión de diplomáticos de ese país;  y la búsqueda de solidaridades regionales sobre bases ideológicas, de necesidades de petróleo nacional subsidiado, o de apego a los restos del botín venezolano.

Los jóvenes protestan porque la institucionalidad desapareció, porque no hay libertad de información bajo una hegemonía oficialista, y porque la economía se desliza hacia el abismo. Varios analistas hablan ya de la implosión de la economía venezolana, todo lo cual se refleja en que el país registra uno de los índices de riesgo-país más altos del mundo, y que consecuentemente las tasas de interés aplicables a su deuda soberana, sea de niveles protuberantes.

Pese a la indiferencia internacional, algunas voces se han manifestado en forma solidaria, como las de los Congresos de Chile y Estados Unidos, del Parlamento Europeo, de los ex Presidentes Oscar Arias, Alan García, Alejandro Toledo, Oswaldo Hurtado, Luis Alberto Lacalle, Jorge Quiroga, Federico Franco, Álvaro Uribe, Fernando Henrique Cardoso, entre otros, clamando por el cese de la represión, por un diálogo sincero, y por el derecho a la protesta de los venezolanos.

¿Diálogo? ¿Es factible esa opción, sin duda deseable? Quien esto escribe lo intentó genuinamente con Hugo Chávez en 2001 con resultados fallidos, pues ni Chávez ni Maduro ni el régimen creen en ello, sino en la subordinación pasiva de los opositores a los designios del régimen. Ellos no desean pasar a la historia como estadistas, que dialogan y conciertan, sino como revolucionarios que imponen su voluntad y no reconocen la existencia de más de una mitad del país que disiente, sino que la consideran un enemigo al cual hay que vencer y destruir.

¿Qué pensarán los jóvenes inmersos en la protesta?: que para ello es menester el reconocimiento a la otra parte, el cese de la represión, la liberación de los presos políticos, el desarme de los colectivos, una voluntad verdadera hacia la paz, la reconfiguración de la integración de los poderes públicos cuyos integrantes tienen períodos vencidos, que se atiendan necesidades vitales y perentorias de la población, que se descubanice el manejo estratégico de la nación, y que se discutan los grandes problemas nacionales con sinceridad, apertura, y se admita la alternabilidad democrática con elecciones limpias, confiables y supervisadas, pues la perpetuación del régimen no solo es contraria a los más elementales principios constitucionales, sino que puede sumir a Venezuela en un conflicto fratricida, de larga duración y nefastas consecuencias.
Pero mejor, escuchemos a ellos mismos:
 


"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

domingo, 16 de febrero de 2014

INDIGNADOS

La semana que concluye ha sido de enorme brutalidad en Venezuela. Los jóvenes estudiantes iniciaron el día de la juventud, 12 de febrero, una manifestación pacífica en Caracas ante la Fiscalía General de la República, para solicitar seguridad, garantías, libertad para los estudiantes presos a raíz de manifestaciones previas, y cambios en las políticas gubernamentales. Las manifestaciones tuvieron eco en numerosas ciudades del país, y en todas fueron duramente reprimidas por el oficialismo y por las bandas paramilitares afines al gobierno. El resultado ha sido de tres muertos, decenas de heridos, detenidos y jóvenes salvajemente maltratados, como lo evidencian tantos testimonios gráficos que pese a la censura no han podido ocultarse, gracias a los dispositivos fotográficos en manos de la población, y a las efectivas redes sociales.

El mundo ha podido constatar el talante del régimen y del gobernante Maduro, quien no ha tenido empacho en declarar que así lo llamen dictador, impondrá su voluntad y el orden revolucionario, por encima de todo. Califica una vez más de fascistas y golpistas a los opositores, atribuye a Álvaro Uribe estar estimulando  un golpe, insulta a los líderes disidentes y dicta medidas de detención contra el dirigente Leopoldo López, y contra un diplomático de impecable trayectoria democrática, el Embajador Fernando Gerbasi, cuya hija Nathalie sufrió inexplicables represalias. Tratarán además de levantar la inmunidad parlamentaria a María Corina Machado, ejemplo del coraje de la mujer venezolana. 

Los estudiantes están indignados y han encendido la mecha de manifestaciones que se han prolongado a lo largo de varios días, pese a los riesgos de duras represalias. ¿Analicemos el porqué de la indignación de los jóvenes?:

-          Indignados porque sienten que su futuro y esperanzas han sido coartados por el totalitarismo y por la falta de oportunidades.

-          Indignados porque miles de compañeros han debido abandonar el país, en una trágica diáspora de talento de la generación de relevo, la cual puede perderse para siempre.

-          Indignados porque las universidades oficiales, que no han podido ser tomadas por el oficialismo ni por la vía electoral ni por la fuerza, están siendo asfixiadas por la vía presupuestaria, para arrodillarlas en un inaceptable chantaje.

-          Indignados por la represión insultante de que es objeto la disidencia en el país, con la participación activa de los cuerpos de seguridad del Estado, y de los llamados “colectivos” armados, que no son otra cosa que grupos paramilitares que actúan con impunidad ante la complacencia del gobierno.

-          Indignados por los abusos de poder del régimen, por la injusticia, la falta de independencia de los poderes, y el abierto desconocimiento a la Constitución y el Estado de Derecho.

-          Indignados por la inseguridad y anarquización imperantes en el país, los asaltos, asesinatos, secuestros y la ausencia de garantías y de orden público.

-          Indignados por el abandono de la infraestructura, la cual fue en el pasado orgullo de los venezolanos, y por la falta de inversión en obras públicas, mientras se ofrendan ingentes recursos a países ideológicamente afines.

-          Indignados por la inflación rampante, la pauperización de la clase media y el desabastecimiento de bienes de primera necesidad, el cual alcanza un 28%.

-          Indignados por el insólito nivel de corrupción que invade a todos los estamentos del Estado, y por el recrudecimiento de actividades delictivas y del narcotráfico, de los cuales no son ajenos altos círculos gubernamentales o castrenses.

-          Indignados por las limitaciones a la libertad de expresión e información, por la hegemonía informativa del Estado, por la falta de suministro de papel a los periódicos, todo lo cual priva a los ciudadanos del derecho a estar informados.

-          Indignados por la malversación de los recursos públicos, por la falta de transparencia y rendición de cuentas, y por el calamitoso estado de la economía, la cual luce el triste record de ser calificada como la de mayor riesgo país del mundo.

-          Indignados por la cubanización de la nación país y por la entrega sin límites de soberanía a una potencia extranjera.

-          Indignados por la destrucción institucional del país, entre ellos PDVSA y la Fuerza Armada, la militarización del gobierno y la subordinación castrense a la causa política del oficialismo.

-          Indignados por la siembra de odios, lucha de clases, por la exclusión, el nepotismo, y por el fanatismo ideológico que invade al país en todos sus niveles, en especial en el sistema educativo nacional.  

Esas y muchas otras razones, generan sentimientos de malestar y de protesta, amparada en preceptos constitucionales. Y es que lejos del mensaje oficialista de que se trata de un movimiento fascista que trata derrocar al gobierno, este se niega a reconocer a la oposición como adversaria, salvo que se subordine, y la considera un enemigo al  cual hay que aniquilar, para implantar plenamente el modelo castrocomunista. La juventud luce dispuesta a defender sus derechos y su  futuro, por la vía de la resistencia activa no violenta. La comunidad internacional, ausente y tímida en la defensa de los derechos humanos y la democracia, tiene al menos ahora suficientes evidencias sobre el talante totalitario del gobierno, y de su total disposición de acorralar a la oposición democrática en Venezuela, y eternizarse en el poder a cualquier costo.




"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

martes, 7 de enero de 2014

Quince años de totalitarismo en Venezuela


Con los albores del 2014 se conmemoran en Venezuela 15 años de un régimen que llegó al poder en 1999 por medios democráticos, gracias a una combinación de ingenuidad y engaño, con el único propósito de copar todos los espacios y demoler la democracia desde adentro. Coincide dicho aniversario con los 55 años del régimen castrista en Cuba, una de las más longevas dictaduras de la historia, sin que haya atisbo alguno de que la gerontocracia gobernante en ese país tenga la intención de propiciar una apertura política, ello ante la mirada pasiva de quienes en el planeta todavía creen que las dictaduras de izquierda son tolerables pero no así las de derecha, cuando en realidad toda dictadura, independientemente de su signo, debe merecer sin dobles morales la censura de parte de la comunidad internacional.

El cierre del año 2013 evidenció para la economía venezolana un balance calamitoso, como resultado de la combinación entre fanatismo ideológico, incompetencia y desconocimiento de las reglas más elementales de la economía. Así, no obstante el maquillaje de cifras y la aplicación de costosos subsidios, la inflación cerró en 56,2%, en virtud de un gasto público desbordado, financiado inorgánicamente y con un creciente endeudamiento. El gobierno se rehúsa a entender que el ilegal financiamiento del Banco Central al gasto corriente, unas veces a través del techo impuesto al nivel de las reservas internacionales, otras a la entrega al Ejecutivo de las utilidades cambiarias, y finalmente el apoyo financiero a PDVSA, han hecho crecer brutalmente el circulante sin relación alguna con la masa de bienes y servicios producidos, siendo que la inflación es un fenómeno eminentemente monetario, cuya expresión final es el aumento en el índice de precios.

El desabastecimiento de bienes de primera necesidad se mantiene en torno al 23%, no obstante los millardos de dólares destinados a la importación, con lo cual se traslada la generación de empleo hacia otras naciones, mientras que el aparato productivo interno sigue abatido. El colmo es imaginar que con más intervención del Estado y regulaciones masivas de precios, hasta de los vehículos usados, se solucionarán problemas que responden a causas estructurales diferentes a la infantil cantaleta de la “guerra económica” propiciada por la oposición y el imperialismo. La incitación a los saqueos de meses precedentes y la conminación a los comerciantes a liquidar inventarios a bajos precios, no hará sino agravar los problemas en el presente año, pues sin dólares será imposible lograr la reposición de los inventarios, salvo que lo hagan al tipo de cambio paralelo, con la relación de precios que ello supone.

En el ámbito cambiario, luce inevitable una nueva devaluación del bolívar ante la profunda brecha de 1 a 10 entre el tipo de cambio oficial y el paralelo. Pero el gobierno no aprende de sus propios errores. Cuando devaluó el bolívar en enero de 2013 de 4,30 a 6,30, una paridad irreal, se vio obligado a restringir severamente el otorgamiento de divisas requeridas para cubrir las crecientes necesidades de importación de la nación. Por tanto, si se decreta una nueva devaluación y se mantiene cerrada la llave de la divisas, solo se “correrá la arruga”, el cambio paralelo seguirá disparándose, y con ello la corrupción y arbitrariedad que lo acompañan. El gobierno ha decidido estatizar más el comercio exterior mediante la creación del Centro Nacional de Comercio Exterior, pero ello resultará un intento fútil, aunque coherente con el modelo del Socialismo del Siglo XXI.

En el plano político, el régimen se radicaliza y Maduro se siente depositario del legado de Chávez para la plena implantación del castro comunismo, a través del llamado Plan de la Patria, programa a todas luces inconstitucional. La aprobación de una nueva Ley Habilitante por parte de la Asamblea Nacional permite a Maduro gobernar a su antojo, siguiendo los pasos de su predecesor, y por ello el esfuerzo para lograr el voto No. 99 requerido, constituyó otro capítulo ignominioso en la historia política del régimen. Pero, según la dialéctica marxista, el fin justifica los medios. El Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, en una muestra más de su creciente intolerancia, insiste en proclamar que no hay dialogo posible con los “enemigos”, a los cuales simplemente hay que derrotar, salvo que se subordinen incondicionalmente al orden existente.

Hoy, Día de Reyes, la opinión pública se ha conmovido con el vil asesinato en una importante arteria vial del país de la hermosa Miss Venezuela 2004 Mónica Spear y su esposo, dejando herida y huérfana a su hijita de tan solo 5 años. No se trata de politizar la noticia como lo afirman los áulicos del oficialismo. Simplemente es evidenciar que el país se les fue de las manos, por proteger a los malandros y propiciar la impunidad, y ahora recoger velas les resulta imposible. Y es que en Venezuela se vive el peor de los mundos. Se supone que las autocracias ofrecen seguridad y orden. Pero en el país prevalece una dictadura en medio de la más absoluta inseguridad y anarquía, lo que lleva a pensar que la misma obedece a políticas de Estado.  

En la tolda opositora, son crecientes las voces que demandan un replanteamiento de la estrategia y la eventual renovación de su liderazgo, pues ha quedado evidenciado que con las mismas prácticas ventajistas del oficialismo y la manipulación electoral, los votantes sienten que la expresión de su voluntad no ha sido respetada, y ello estimula la abstención, como ocurrió en las elecciones municipales del pasado diciembre. No es por tanto descartable que se abran espacio nuevas figuras en la dirigencia opositora, y que gane terreno la opción de la resistencia no violenta ante las prácticas antidemocráticas y violatorias del Estado de Derecho del gobierno, las cuales se han convertido en cotidianas e impúdicas, sin que ya ni siquiera se cuiden las formas.

Releyendo en los días navideños la autobiografía de Nelson Mandela “El largo camino hacia la libertad”, se  evidencia cómo ese ser superior al cual rinde justo homenaje el mundo entero, fijó su meta en la lucha contra la segregación, cosa que desde lo político y no de lo racial existe en la Venezuela de hoy; bajo un ideal del nacionalismo sudafricano y panafricano, concepto también pisoteado en un país entregado a Cuba; de unidad de todos los sudafricanos por encima de sus orígenes tribales o europeos, no de fractura como en Venezuela; y para ello promovió una movilización destinada a extender el derecho de representación de los sudafricanos negros como bandera en la lucha por la libertad. Mandela se distanció de las estrategias del Partido Comunista, pues no confiaba en su dirigencia e intereses, y se inspiró más en la campaña de resistencia pasiva emprendida en la India por Mahatma Gandhi, quien terminó derrotando al imperio británico con firmeza y persistencia, pero sin disparar ni un tiro.

Luce así que en la Venezuela de hoy, la resistencia pasiva no violenta, contra todo acto que sea aprobado por el régimen en forma ilegítima, respaldada en principios pétreos de la Constitución vigente, es el camino que se abre, pues de lo contrario el régimen seguirá afincando sus garras para perpetuarse en el poder e imponer sus designios, emulando a sus mentores y mandantes cubanos.   

El inicio de un nuevo año, tras tres lustros de totalitarismo y duras experiencias, obliga por tanto a una reflexión serena y prudente sobre las formas pacíficas de resistencia ante un régimen deslegitimado, que ha sembrado destrucción, corrupción, desinstitucionalización, fracturas y odios por doquier, y que no duda en utilizar todos los medios a su alcance para implantar un modelo ajeno a la idiosincrasia y deseos de los venezolanos, pulverizando el patrimonio nacional, pauperizando a la población, y entregando la soberanía a una nación extranjera y a sus aliados, para el logro de sus perversos fines.




"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"