domingo, 1 de mayo de 2011

IN MEMORIAM: BEATO JUAN PABLO II

Hoy 1º de mayo de 2011, el Papa Benedicto XVI beatificó a su predecesor Juan Pablo II en una emotiva ceremonia celebrada en la Plaza de San Pedro en Roma. Más de un millón de personas procedentes del mundo entero, entre ellos clérigos, gobernantes y gente del común, homenajearon al Papa viajero, al de los jóvenes, al de los afligidos, al que marcó historia como líder religioso, y como factor importante en la caída del comunismo en Polonia y en Europa Central y del Este. Juan Pablo II supo además ganarse el corazón de los latinoamericanos, pues peregrinó incansablemente por estas tierras, al considerar que en este Continente joven, la fe católica mantiene especial arraigo. Por ello, los latinoamericanos acompañaron con alegría y devoción la ceremonia de beatificación, y la sintieron como propia.
La oportunidad es por tanto propicia para destacar algunos rasgos del pensamiento de Juan Pablo sobre aspectos morales, sociales y políticos, de vigencia para una América Latina que da muestras de debilitamiento en valores y en organización política. Y es que Juan Pablo II y su país natal Polonia sufrieron lo peor de los totalitarismos de doble signo, y de ello ha quedado huella en su libro “Memoria e Identidad”.[1]
Juan Pablo II menciona en dicha obra cómo él experimentó personalmente las “ideologías del mal”, primero el nazismo, y después el comunismo. Dice Juan Pablo que muchos aspectos del nazismo eran terribles, pero otros no eran visibles, ni todos se daban cuenta del mal que se cernía sobre Europa. Se trataba de “una gran erupción del mal”, mientras sus responsables trataban de ocultar sus crímenes ante el mundo, como lo hicieron posteriormente los comunistas en Europa Oriental. Dice el Beato: “Dios concedió al hitlerismo doce años de existencia, y cumplido este plazo, el sistema sucumbió. Ese fue el límite que la Divina Providencia impuso a semejante locura”. El comunismo sobrevivió por más tiempo, dice Juan Pablo, pero “ese mal era en cierto sentido necesario para el mundo y para el hombre. En efecto, en determinadas circunstancias de la existencia humana, parece que el mal sea en cierta medida útil, en cuanto propicia las ocasiones para el bien”. Es decir, que junto al mal no ha faltado el bien, pues “nunca las dictaduras comunistas lograron sofocar el anhelo de libertad de los pueblos subyugados”. En otras palabras, el bien ha resultado siempre victorioso, y “tras la experiencia punzante del mal, se llega a practicar un bien más grande. Sólo en Él (en Dios) todas las naciones y la humanidad pueden cruzar el umbral de la esperanza”.
  Según Juan Pablo, “la historia de la humanidad es una trama de la coexistencia del bien y el mal... el bien persiste al lado del mal y crece en el mismo terreno que la naturaleza humana…. por lo cual ésta conserva capacidad para el bien”. En Polonia, dice Juan Pablo, tras las llegada al poder del comunismo, en las universidades se puso todo tipo de obstáculos a cualquier tipo de pensamiento filosófico que no respondiera al modelo marxista, y se recelaba de prestigiosos profesores que mantenían posturas críticas respecto al materialismo dialéctico, limitando su influjo en la formación de los estudiantes y propiciando el abandono del cristianismo como fuente de pensamiento filosófico. “Las filosofías del mal propiciaron el exterminio físico, pero también una destrucción moral, pues se impedía drásticamente el ejercicio de los derechos”. “A los que están sometidos a una actuación sistemática del mal, no les queda nada más que Cristo y su cruz como fuente de defensa espiritual y como promesa de victoria”.
Para Juan Pablo: “Los valores son las luces que iluminan la existencia, y en la medida en que el hombre se trabaja a sí mismo, brillan cada vez más intensamente en el horizonte de su vida”. A ello cabría añadir que uno de los pivotes sobre los cuales descansan las ideologías del mal, ha sido la destrucción de los valores y la siembra de antivalores como: crímenes, arbitrariedades, culto a la personalidad, restricción de libertades y corrupción. Juan Pablo destaca cómo los cincuenta años de lucha polaca contra el totalitarismo tuvieron un significado providencial, pues pusieron de manifiesto la necesidad de autodefensa de todo un pueblo, no únicamente desde una postura negativa. En efecto, dice Juan Pablo, la sociedad polaca no sólo rechazó al hitlerismo demoledor, o al comunismo como un sistema impuesto desde el Este, sino que con su resistencia mantuvo ideales de gran contenido positivo, que la impulsaba a oponerse, sobre todo por una profunda toma de conciencia de los valores religiosos y civiles que subyacían en el rechazo, a unos niveles desconocidos en la historia de Polonia. Por ello fueron capaces de soportar una prueba de una dimensión que quizás ningún país del mundo habría superado. Y añadía Juan Pablo que si algo debe aprenderse de los años de dominación de las ideologías del mal y de la lucha contra ellas, es ir a la raíz, al programa cristiano, a la luz de la enseñanza de San Pablo: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien”.
Juan Pablo enfatiza en que el concepto de patria es lo mismo que el patrimonio, el conjunto de bienes que hemos recibido de nuestros antepasados, “la herencia y a la vez el acervo patrimonial referido al territorio, pero también los valores y elementos espirituales que integran la cultura de una nación”. Y los polacos, que fueron despojados de su territorio y atropellados, supieron mantener su patrimonio espiritual y los lazos culturales heredados de sus antepasados. Ello más bien, decía Juan Pablo, preparó a los polacos para el gran esfuerzo que les permitió recuperar la independencia de la nación y a reaparecer en los mapas, de los cuales no “logró borrarla ni siquiera la frenética borrasca de odio desencadenada de oeste a este entre 1939 y 1945”, gracias al engarce entre el aspecto material y el espiritual, entre la cultura y la tierra, y a un clamor al espíritu de la nación. “Cuánto ha favorecido el concepto de la patria eterna a la disponibilidad para servir a la patria temporal, preparando a los ciudadanos para afrontar todo tipo de sacrificios por ella, muchas veces heroicos”. “Ello explica con hondura, el valor moral del patriotismo”. “Cualquier amenaza al gran bien de la patria se convierte en una ocasión para verificar el amor a todo lo que es patrio”. Y los polacos han sido a lo largo de la historia capaces de grandes sacrificios para salvaguardar ese bien o para reconquistarlo, conservando su memoria histórica.
Las reflexiones contenidas en este homenaje a Juan Pablo II en el día de su beatificación, que providencialmente ha coincidido con la muerte del peor terrorista de la historia, Osama Bin Laden, deben servir de luz a venezolanos y latinoamericanos que sufren influencias redivivas de las ideologías que tanto sufrió Juan Pablo. Y reivindicar hoy el deber irrenunciable de la Iglesia y de los católicos laicos en participar activamente en la vida social y democrática, la cual no es del dominio del Estado, como lo plantean los regímenes totalitarios. Para Juan Pablo “la ética social católica apoya la solución democrática, porque responde mejor a la naturaleza racional y social del hombre”. “La caída del nazismo primero, y después de la Unión Soviética, es la confirmación de una derrota. Ha mostrado toda la insensatez de la violencia en gran escala, que había sido teorizada y puesta en práctica por dichos sistemas. ¿Querrán los hombres tomar nota de las dramáticas lecciones que la historia les ha dado? O, por el contrario ¿cederán ante las pasiones que anidan en el alma, dejándose llevar una vez más por las insidias nefastas de la violencia?”
Veamos estos versos de Juan Pablo II, beatificado y quizás futuro santo, a pedido del pueblo:
La libertad hay que conquistarla permanentemente, no basta con poseerla!
Llega  como un don,
se conserva con ardua lucha.
El don y la lucha están escritos en páginas ocultas
y, sin embargo, evidentes.
Pagas por la libertad con todo tu ser,
llama entonces libertad a eso,
a lo que, pagando, puedes poseer siempre de nuevo.
Con este pago entramos a la historia,
Recorremos todas sus épocas.
¿Por dónde pasa la división de las generaciones
entre los que no han pagado bastante
y los que tuvieron que pagar más de la cuenta?
Y nosotros, ¿de qué lado estamos?
La historia cubre las batallas de la conciencia
Con un manto de acontecimientos;
un manto tejido de victorias y derrotas;
no las encubre, las destaca.
Débil es el pueblo si acepta la derrota,
Olvidando que fue llamado a velar,
hasta que llegue su hora.
Y las horas vuelven siempre en la órbita de la historia.
He aquí la liturgia de los hechos.
Velar es la palabra del Señor y la del Pueblo,
que hemos de aceptar siempre nuevo,
Las horas son salmodia de conversaciones incesantes.
Vamos a participar en la Eucaristía de los mundos.


[1] Juan Pablo II: “Memora e Identidad”, traducción de Bogdan Piotrowski, Editorial Planeta, Bogotá, Colombia, 2005.

"Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios"

1 comentario:

  1. Hermoso y denso escrito con motivo de la Beatificacion de un hombre notabilisimo. Encuentro muy interesante la llamada de atencion que hace Pedro sobre lo significativo de la exaltacion de la bondad, la alegria, el espiritu de sacrificio y las infinitas virtudes de este gran hombre q fue el Papa Juan Pablo II en un dia 1 de mayo q recuerda a los martires de Chicago, q exalta las cualidades de los trabajadores q fueron comunes con el caracter y actividades de Wojtila y q por los caminos incomprensibles para nosotros, que Dios traza para la humanidad, tienen lugar el mismo dia en que el sinonimo de la maldad demoniaca, Osama Bin Laden, desaparece por fin de la faz de la tierra. Sera esta una intermediacion del Papa ante Dios nuestro senor, para continuar su gestion de ir poniendo la paz y el orden divino en el mundo?

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